‘Con Trump ya no hay Casa Blanca. Es una presidencia de uno’

‘Con Trump ya no hay Casa Blanca. Es una presidencia de uno’

El periodista Jay Rosen habló de los retos que afronta el periodismo, durante el Festival Gabo.

Jay Rosen ganó un premio de Reporteros sin Fronteras en 2005 por su blog PressThink.

Jay Rosen ganó un premio de Reporteros sin Fronteras en 2005 por su blog PressThink.

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Foto: Joaquín Sarmiento. Festival Gabo

Por: Julio César Guzmán
03 de octubre 2019 , 07:08 p.m.

“En mi opinión, este es el momento más peligroso para la libertad de prensa desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque también es cierto que más personas tienen acceso a medios de comunicación como nunca antes”. La frase del experto Jay Rosen, una autoridad en temas de periodismo en Estados Unidos, tiene el sabor agridulce de estos tiempos.

Rosen, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU) desde antes de que internet se extendiera por el mundo, becario en Harvard y Columbia, y quien publica en The New York Times, The Washington Post y Los Ángeles Times, está en Medellín, invitado por el Festival Gabo de periodismo.

Este jueves dio una charla, también agridulce, sobre el futuro del periodismo, en la que los sabores dulces corrieron por cuenta de los nuevos modelos de negocio que se ofrecen como oportunidades. Pero los agrios surgieron de las amenazas que enfrentan los periodistas contradictores del poder.

Convertir a la prensa en un objeto de odio es una gran parte del movimiento que llevó al poder a Donald Trump –dijo en entrevista con EL TIEMPO antes de su charla–. Un tercio del electorado estadounidense, que son sus partidarios más apasionados, ha estado aislado en un circuito de información propio, en donde Trump es la mayor fuente de información sobre Trump. Ese es un sistema autoritario de noticias. Aquellas personas, su ‘base’, ¡ahora desconfían de los hechos que reportan los periodistas solo porque provienen de periodistas!”.

Para Rosen, es inmensamente diferente el periodismo en su país desde que llegó al poder el nuevo mandatario: “Antes, cuando el presidente de los Estados Unidos se iba al extranjero, solía hablar en favor de la libertad de prensa y exigía una conferencia de prensa conjunta con los periodistas del país anfitrión. Ahora, cuando el presidente de EE. UU. se va al extranjero, ataca a la prensa estadounidense y simpatiza con los dictadores que usan el poder estatal para controlar a los medios. Era costumbre que si el Presidente decía algo que los hechos demostraban que era falso, la Casa Blanca se apresuraba a aclararlo y corregirlo. Ahora, The Washington Post ha documentado más de 12.000 mentiras y declaraciones falsas provenientes de Trump. La fuerza más poderosa para desinformar al público estadounidense es el actual presidente de los Estados Unidos. Eso es salvaje, eso es enorme”.

Usted dice en Twitter que ‘ya no hay Casa Blanca’. ¿Por qué?

Lo que dije es que no hay Casa Blanca en el sentido que siempre le han dado los periodistas. Antes del actual mandatario, la Casa Blanca no solo era el nombre del edificio donde vive el Presidente y donde tiene una oficina: era el nombre de una operación en la que el personal y los asesores siempre estaban en la misma página que el Presidente y, por lo tanto, podían explicar su pensamiento. Si el Presidente decía algo que era difícil de entender o respaldar con hechos, la Casa Blanca lo aclaraba. Del mismo modo, cuando la Casa Blanca anunciaba algo, se podía suponer que venía del Presidente, o al menos representaba su pensamiento y su agenda.

Con Trump en el cargo, todo eso se destruye. Cuando se pregunta a asesores como Kellyanne Conway sobre algo extraño que dijo Trump, es probable que ella responda: “Tendrá que preguntarle”. Trump se siente libre de contradecir a sus ayudantes en el lapso de una hora. Su cuenta de Twitter a menudo sorprende a las personas que trabajan para él. Y la sala de información de la Casa Blanca ha dejado de funcionar. No hay más sesiones informativas. Por eso dije que no hay Casa Blanca en el sentido en el cual los periodistas han usado siempre ese término. Ahora es solo Trump y otras personas que trabajan en el edificio. Es una presidencia de uno.

Membresías al rescate

El tema principal de la charla de Rosen fue el nuevo modelo de membresías, en el que los usuarios se convierten en ‘miembros’ de un medio de comunicación a cambio solo de buen periodismo. Según él, no es lo mismo que el modelo de suscripciones, porque este se basa en un producto, mientras que las membresías significan unirse a una causa.

A manera de ejemplo, el catedrático sostiene que en las suscripciones, si no tienes dinero, no ves el contenido. En las membresías, lo que paga uno puede financiar a otro que no pague pero sí vea el contenido.

Recientemente, el sitio holandés De Correspondent recaudó 2,6 millones de dólares en membresías para expandir su operación en inglés a EE. UU. y países angloparlantes de Europa, con el nombre The Correspondent.

Sin embargo, el golpe de opinión que produjo, en el cual también participó Rosen, ha sido cuestionado por publicaciones como el Nieman Lab, de la Universidad de Harvard, que reportó que solo había contratado un periodista en EE. UU., para ocuparse del cambio climático, y que otros cuatro escribirían en inglés desde Italia, Nigeria, India y Londres.

“No soy portavoz de The Correspondent –le aclaró Rosen a EL TIEMPO–. Pero fui su ‘embajador’ durante la campaña de membresía que realizaron en noviembre y diciembre de 2018, y he escrito mucho sobre su modelo. The Correspondent es diferente porque está diseñado para ser apoyado por los miembros. Eso significa que no hay anuncios, no hay multimillonarios, no hay una gran compañía de medios detrás de esto, no hay que rastrearlo en la web como hace Facebook, no hay que vender la atención de los lectores. Las personas que creen en el tipo de periodismo que hace The Correspondent aportan dinero para ser miembros y eligen cuánto dar.

También están invitados a compartir conocimientos y participar en el periodismo.
Su fórmula ha tenido éxito en Holanda, y ahora la ha extendido al mundo de habla inglesa. Tiene 50.000 miembros de más de 130 países. Otra cosa diferente de The Correspondent es que está diseñado para ser una publicación global, pero en inglés. Sus oficinas están en Ámsterdam y los escritores pueden ubicarse en cualquier lugar. Su periodismo no se origina en un solo país, como lo hacen The New York Times o El País.

¿Qué modelo de negocio sugiere?

No creo que haya un modelo de negocio que pueda recomendarse a las compañías de noticias. En cambio, cada compañía que aprenda a ganar suficiente dinero para sobrevivir y prosperar será original, una clase única. El resto de nosotros puede aprender de los intentos exitosos, pero no será posible copiarlos. Para la mayoría de las empresas, se requerirán muchas fuentes de ingresos, a diferencia del pasado, cuando dominaban la publicidad y la suscripción.

¿Aún está ‘de moda’ el periodismo cívico que usted pregonaba?

Creo que está hablando de periodismo ciudadano, no de periodismo cívico, que es algo diferente.

Mi definición de periodismo ciudadano es la siguiente: cuando las personas anteriormente conocidas como audiencia emplean las herramientas de los medios que tienen en su poder para informarse entre sí, eso es periodismo ciudadano. A veces sucede en las páginas de Facebook, pero, en general, esta no es una práctica que pueda satisfacer las necesidades de información de grandes públicos. Más prometedor es cuando los aficionados y profesionales colaboran en la investigación de algo. Por ejemplo, los proyectos CrowdNewsroom de Correctiv, en Alemania (usan información suministrada por el público).

¿Cuál es el mayor riesgo para el periodismo, especialmente en América Latina?

El surgimiento de figuras tipo Trump, como Bolsonaro, combinado con problemas en el modelo de negocios y la creciente desconfianza en la clase política y en los medios como establecimiento.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
Twitter: @julguz
Editor de la Unidad de Video de EL TIEMPO

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