Pilar Lozano: relatar es su cuento

Pilar Lozano: relatar es su cuento

Fue de las reporteras que contribuyeron a abrir espacios para mujeres en los medios de comunicación.

Pilar Lozano

Pilar es egresada de la Javeriana y ejerció la reportería cuando estaba en los primeros semestres. “Desde los 16 años –dice con orgullo– estoy trabajando”.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: MYRIAM BAUTISTA
04 de marzo 2019 , 06:58 p.m.

Su nombre se destaca dentro del nutrido grupo de mujeres que, en los años setenta del siglo pasado, llegaron a las redacciones de revistas, periódicos, emisoras y noticieros de televisión a hacer reportería en todos los campos. Periodistas recién graduadas no solamente escribían en las páginas femeninas, sino que lo hacían en todas las demás secciones.

Fueron Pilar Lozano y esas otras colegas quienes abrieron de par en par las puertas de los medios a esas decenas de mujeres que hoy son profesionales todoterreno. Pilar lozano, egresada de la Javeriana, ejerció la reportería en sus primeros semestres. “Desde los 16 años, dice con orgullo, estoy trabajando”.

Recién graduada se fue de jefa de prensa del desaparecido Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), a Nariño y Putumayo, cargo en el que duró dos años, y que recuerda con cariño. Conocer la Colombia profunda la hizo enamorarse de esas tierras lejanas, de sus habitantes, y se entusiasmó con la idea de escribir sobre sitios que eran en esos años aún más exóticos que hoy. También nació en esa época su único hijo.

Su periplo de reportera incluyó las revistas Mujer y Cromos; periódicos como este diario; Caracol Radio, en el popular programa Llegaron las mujeres con las famosas Virginia Vallejo, Tulia Eugenia Martínez, Margot Ricci y Amparo Pérez, su directora; y en noticieros de televisión como Contrapunto con Jaime Soto.


Eran años en los que los activos y diversos grupos de izquierda captaban seguidores por doquier. Pilar Lozano, curiosa y con ganas de contribuir a la construcción de un país más equitativo, no fue ajena a esta agitación política. Militó en el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (Moir) no solo vendiendo el periódico Tribuna Roja, sino como integrante de la redacción de ese privilegiado y machista grupo que lo escribía.

Durante un par de años le dedicó buena parte de las horas del día a esa causa, y tal vez por esa entrega fue tildada de ‘comunista’, estigma que muchos directores y jefes de redacción encontraron peligroso.

Acumuló en poco tiempo ocho despidos, que no tuvieron que ver con su desempeño, sino con el pánico que causaban entre los directivos de los medios su cercanía con la izquierda
y su gusto por cubrir más temas relacionados con las causas del pueblo que con las de sus gobernantes. No sería la única. Su gran amiga, la periodista María Isabel García, del Partido Socialista, sufrió similares consecuencias.

Esa inestabilidad laboral volvió a Pilar una periodista free-lance. Trabajó muchos años para la revista Diners, cuando la dirigía la versátil, inteligente y siempre festiva periodista Consuelo Mendoza, a la que Pilar Lozano llamó, y sigue nombrando, señora Consuelito. Le proponía siempre artículos para viajar. Se fue a las cuatro puntas del país para hacer un amplio reportaje sobre las fronteras. Para los 40 años de la revista, Pilar sugirió hacer una crónica con los pueblos que cumplían 40 años de fundados, y se fue a recorrer media Colombia para entregar amenas y vibrantes historias de esas poblaciones. También escribió la ruta de 'La vorágine'.

Otra escritura

No tener horarios ni que cubrir la noticia diaria le dejaba a Pilar tiempo, sobre todo porque ya había colgado su militancia política. Se estrenó, entonces, como escritora con un relato para niños, 'Socaire y el capitán loco', al que le encontró fácilmente editor. Quedó entonces ligada con ese mundo fantástico, y le propuso al Círculo de Lectores, prestigiosa editorial en los años 80, un libro que entusiasmara a los adolescentes con la geografía. Así surgió uno de sus textos más reconocidos. 'Colombia, mi abuelo y yo' se ha reeditado tantas veces que ya perdió la cuenta. Con ilustraciones de Olga Cuéllar, este libro se lo dedicó Pilar a su hijo Juan Salvador. Fue por este libro por el que siguió pisando fuerte por la ruta de la literatura infantil, en la que brilla con luz propia.

Al ‘El País’ de España

En esas estaba cuando se le presentó la posibilidad de ser la corresponsal del excelso periódico, ayer más que hoy, El País de España, y sin dudarlo dos veces optó al cargo. Duró 23 años. Cubrió no solo la guerra, sino que escribió sobre deportes, libros, arquitectura, escritores, moda y del tema que le pidieran. Durante años fue la única y exclusiva periodista que informaba sobre Colombia en España.

Su firma se hizo famosa entre los cientos de lectores españoles y colombianos residentes en Madrid, Barcelona, Valencia y demás ciudades españolas que se acostumbraron a leer páginas enteras reportando sobre historias de dolor y muerte de esos años 80 y 90, en las que, sin celular ni ayudas como las de hoy, enviaba sus crónicas desde las oficinas de Telecom, disputándose una cabina con colegas nacionales y extranjeros que eran los primeros en llegar a los lugares en donde se produjeron masacres, asesinatos selectivos, capturas de narcos, tomas guerrilleras y éxodos masivos que dejaron pueblos vacíos y familias errabundas por el territorio nacional.

Sin final feliz

Como corresponsal internacional tuvo asiento de privilegio en las ruedas de prensa, en aviones oficiales y en las rutas comerciales; también viajaba periódicamente a Madrid para intercambiar opiniones con sus colegas de la redacción central. Pero –todo tiene su final, como dice la canción de salsa– llegó una jefa que se sentía que era la que más sabía sobre América Latina y de manera áspera le hacía saber que ella era la que mandaba. No duró mucho tiempo Pilar Lozano en entender que su hora había llegado, así que, además de la escritura de sus libros, comenzó a trabajar con los ministerios de Educación y de Cultura, como promotora de lectura y de escritura, en pueblos remotos.

Precisamente, debía ir a trabajar con bibliotecarios de alguna población un fin de semana cuando sucedió la muerte de Alfonso Cano, y su jefa la conminó a partir de inmediato para el lugar de los hechos. Fue ahí cuando le dijo que no podía, que tenía un compromiso que no iba a alterar, y su colega no vaciló en darle las gracias por los servicios prestados.

“Me sentí feliz de no tener que cubrir esa noticia. De no repetir lo que siempre escribíamos ante estos hechos;
de poder entregar mis conocimientos a unos maestros que organizaban una biblioteca pública en la que cientos de niñas y de niños leerían por primera vez literatura. Sentía que era útil a la sociedad, y eso me hizo dichosa. Pasé años felices en El País, pero viajar por Colombia incentivando la lectura y la escritura me produce más satisfacciones, y aunque siempre llego con un sabor amargo por la dura vida de la gente en el campo y la provincia, mi incidencia para que la lectura y escritura se extienda me fortalece”.

Osadía internacional

Y, desempleada como estaba, una gran amiga de nacionalidad alemana le propuso irse a trabajar a los servicios en español de la Deutsche Welle, en esa época con sede en Bonn. Su amiga sería la jefa, y la invitaba a que le dieran un vuelco al manejo de la información. Sin hablar una palabra de alemán, Pilar se matriculó en un curso rápido del idioma y empacó maletas para alejarse del país por tres años. Dos semanas antes de usar el pasaje, su amiga le contó que había renunciado, pero que su contrato seguía vigente si quería. Y claro que quiso.

Tres años muy difíciles no solo por culpa del poco alemán que sabía, sino porque sus jefes y colegas no fueron simpáticos. A ninguno le cabía en la cabeza que fuera capaz de hacer su trabajo sin hablar alemán perfecto. Ella lo logró. Se esforzó el triple y contó con el apoyo externo de personas latinoamericanas y alemanas que la ayudaron. La experiencia fue enriquecedora. Cuando se le venció el contrato volvió a empacar la maleta y regresó al país que ama y al que extraña a rabiar. “La vida tiene sentido para mí en este país. Quiero a Alemania, pero lo que viví fue agrio”.

Hoy, mejor que ayer

Y sigue Pilar Lozano, con su dulzura, su empatía hacia maestros y alumnos, con su convencimiento por lo que hace, relatando sus historias por pueblos, veredas, colegios, escuelas, secretarías de educación y bibliotecas públicas. Repite que si logramos mejorar la calidad de la educación, avanzaremos por la ruta del progreso y el desarrollo.

No lee periódicos, ni oye radio ni ve noticieros de televisión con la asiduidad con la que lo hacía en su época de corresponsal
, pero su opinión sobre la educación coincide con la expresada, por ejemplo, el día de la entrevista, un martes del mes de febrero, por dos de los mejores opinadores sobre la educación en Colombia: Francisco Cajiao en su columna de EL TIEMPO y Moisés Wasserman en una entrevista en El Espectador, cuando sostuvieron, con argumentos distintos, que el país ha ganado en cobertura educativa, pero que el nivel es mediocre tirando a malo y que así no habrá progreso.

El número 20

Está a punto de lanzar 'La historia, los viajes y la abuela', libro que duró cinco años escribiendo, con otros tres que ya están en circulación. Declara que ha sido el más difícil de escribir. En más de una ocasión fue a donde sus editores, Penguin Random House, a decirles que no seguía, pero siempre se encontró con una voz que la animaba a terminar porque lo que estaba escrito era bastante bueno, y valía la pena que lo culminara.

Se trata de la historia de Colombia, narrada por una abuela sesentera, pila, viajera y osada, como es ella, a sus dos nietos.
Un relato que abarca desde que los españoles tocaron tierra colombiana, en Santa María del Darién, hasta el día en que se fueron, más de 300 años después.

“Además de entregar un relato histórico exacto, lo debo construir de manera amena y contarlo como les hablo a mis nietos, Aitana y Lorenzo. Eso no es fácil. Leí montones de libros. El mismo hecho tiene diversas versiones, y tuve, como con las notas periodísticas, que contrastar las fuentes y hacer investigación rigurosa para no equivocarme ni equivocar”.

Y refiere con pelos y señales algunos de esos acontecimientos. Amena pero, sobre todo, rigurosa narración que hará a los maestros más fácil su tarea de enseñar la historia y a los jóvenes menos reacios a conocer esos años de lucha y resistencia hasta la independencia, de la que se cumplen este año 200 años, este libro le hará compañía al de geografía y también le reportará buenos dividendos.

Dos premios de periodismo Simón Bolívar, uno de crónica, Julio Daniel Chaparro, y el Vida y obra del Círculo de Periodistas de Bogotá, son algunos de los galardones que ha recibido en su larga y emotiva vida de periodista la siempre joven y entusiasta Pilar Lozano, hoy ya con 20 títulos con su nombre y apellido.

MYRIAM BAUTISTA
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