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‘Olvidé decir que me violaron’, del libro 'Voces de mujeres'
Libro 'Voces de mujeres'

Las ilustraciones del libro estuvieron a cargo de la artista Daniela Sanín Ángel.

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Daniela Sanín Ángel

‘Olvidé decir que me violaron’, del libro 'Voces de mujeres'

Las ilustraciones del libro estuvieron a cargo de la artista Daniela Sanín Ángel.

Relato de la periodista española Rosa María Calaf, del libro Voces de mujeres #periodistasvalientes.

Un cartel publicitario desde el que sonreía una pareja, ante lo que parecía ser un centro médico, rezaba ‘Lo que gaste ahora lo ahorrará con creces después’. Es decir, aborte su feto femenino y no tendrá dote que pagar en el futuro. Lo vi, allá por los 70, en las calles de la entonces Madrás, al sur de la India.

No fue hasta 20 años después que se prohibió informar del sexo tras las ecografías así como el aborto selectivo. Sin embargo, en los 2000, todavía me repetían el dicho popular: "Invertir en una niña es como regar el jardín del vecino". Se calcula que, anualmente, a unos imprecisos dos millones de indias no se las permite ni siquiera nacer. China no va a la zaga.

El bengalí Amartya Sen, premio nobel de Economía, estima que faltan cien millones de mujeres en el planeta por no recibir el mismo trato que los hombres en salud, educación, seguridad.

(Lea además: No Es Hora De Callar amplifica voces de periodistas del mundo en un libro)

Asia encabeza esta cifra que habla, silenciosamente, de abandono y desigualdad extendida por los continentes. Tan silenciosamente como silenciadas se querrían las imágenes que mi caminar por la vida ha prendido en mi retina y que el periodismo me ha permitido difundir para romper ese atronador silencio.

Libro 'Voces de mujeres'

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Archivo particular

Hoy no abro el archivo de los agravios más cercanos sino la memoria de los distantes.

Muchachas “rebeldes” asesinadas en Pakistán por sus allegados en defensa del honor de la familia y madres acurrucando a sus hijos en habitaciones agujereadas por la metralla. De parto en hospitales mozambiqueños sin cristales y ancianas rompiendo hielo en calles soviéticas. Niñas salvadoreñas obligadas a cambiar escuela por trabajo doméstico y adolescentes africanas mutiladas. Mujeres filipinas buscando pedazos de sus hijos tras un atentado suicida. Oenegés al rescate de pequeñas camboyanas en la prostitución infantil.

Jeyakumari vendía para comer sus últimos abalorios nupciales, en Sri Lanka. Saher, viuda de guerra en Irak, obligada a un “matrimonio temporal”, sexo por alimentos para sus hijos.

(Puede ser de su interés: Cinco grandes mujeres poetas colombianas).

Son símbolos de cotidianidad injusta y violencia estructural extrema contra la mujer, en un modelo androcéntrico

Violeta, cuyo embarazo a los 13 años, en una zona rural colombiana, siguió un documental supuestamente formativo. No aparecía el padre. A mi pregunta del por qué, la extrañada respuesta fue que “el problema y sus consecuencias son solo para ella y ellas”. Fatuma Zainab, política ugandesa, detenida con otros opositores y desnudada en público. “Solo me desnudaron a mí”, me precisó al teléfono. Una torturada argentina en la Esma, tras relatar en el Juicio a la Junta Militar las atrocidades infligidas, comentó al salir “olvidé decir que me violaron”.

Son historias de desprecio por los derechos humanos y de lucha incansable por el futuro. Son símbolos de cotidianidad injusta y violencia estructural extrema contra la mujer, en un modelo androcéntrico. En el que, si bien, la cruz es la discriminación, opresión y represión generalizada, la cara, desde luego, es la resistencia sin par de las mujeres por mantenerse como pilar central del vivir cada día y cimiento decisivo para el progreso de la comunidad.

(Le recomendamos: Abdulrazak Gurnah: un nobel que ha narrado el trauma y el dolor de África)

Son realidades que exigen mi compromiso como persona y periodista; mi tiempo para llegar a lo que algunas ni siquiera pueden expresar y a lo que otros no quieren mostrar. Si un reto vale la pena es, sin atisbo de duda, el de contar la vida en femenino. Para que el relato del mundo en el que vivimos esté completo.

ROSA MARÍA CALAF*
*PERIODISTA ESPAÑOLA

Visibilizar la violencia de género

Jineth Bedoya, periodista de EL TIEMPO, quien dirige la campaña ‘No es Hora de Callar’, se dio a la tarea de reunir en las páginas de ‘Voces de mujeres’ los testimonios de 20 periodistas de América, Europa y África.

“Ellas nos acercan a las realidades que vemos tan lejanas y nos entregan un trozo de la valentía con la que ellas hacen su trabajo”, anota Bedoya.

El libro, apoyado por este diario, ONU Mujeres y la Embajada de Suecia, es de distribución gratuita y se puede descargar de la página de ELTIEMPO.COM. (Aquí).

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