‘El Burro Mocho es un animal moderno’: Noel Petro

‘El Burro Mocho es un animal moderno’: Noel Petro

A sus 85 años, sigue buscando conectarse con la juventud a partir de sonidos del requinto eléctrico.

Noel Petro

Al ver la guitarra eléctrica, Noel Petro, el Burro Mocho, pensó en un requinto eléctrico y, en cuanto pudo costearlo, lo mandó a hacer.

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Mauricio León / EL TIEMPO

Por: Liliana Martínez Polo
06 de abril 2018 , 04:58 p.m.

“Mamá, estoy triunfando, mándeme pa’l pasaje”. La frase es casi una marca registrada de Noel Petro, conocido también como el Burro Mocho. Muchas generaciones de colombianos han visto a este músico, nacido en cercanías de Cereté, Córdoba, en 1933, saltando en escenarios, con una música tropical en fusión con los sonidos actuales, esos sonidos vienen de la mano del requinto eléctrico que ideó y mandó hacer en su juventud, porque sabía que sería emblema de su sonido.

Así, el Burro Mocho es un personaje de la música popular, inconcebible sin su requinto o sin que interrumpa las charlas cada cierto tiempo para imitar un rebuzno (seguido de un silbido y el sonido un pedo) y sin el saludo a la mamá eterna que lo espera en Sapo Muerto, un pueblo que Noel inventó para el Burro.

En una charla con el músico, que acaba de lanzar su canción El hombre sin cachos, Noel habla del Burro Mocho en tercera persona, como si fueran otro de cuya vida y sinsabores es testigo. Admite que el burro es como un personaje que nació cuando se ganó el apodo, el que vivió enamorado sin esperanzas de Claudia de Colombia, a la que menciona en algunas canciones. Solo cuando habla de su faceta de torero se torna más propenso a hablar en primera persona.

¿Por qué habla en tercera persona del Burro?

Porque me crie con los burros en Córdoba, los había por lados, y en el barrio había uno al que le cortaron las orejas y el rabo y se pasaba el día corriendo –atropellando todo– detrás de las burras. La gente gritaba: “Ahí va el burro mocho”. Yo tenía 8 o 10 años, y les decía a los pelados: “¿Qué hay, Burro Mocho?” y lo imitaba, por eso me pusieron el apodo. Al principio me sentía raro, pero, como yo mismo lo inventé, me daba gusto. Gozo cuando la gente se ríe de las cosas que digo.

Es como si hubiera creado un personaje...

Claro que sí. El Burro, siempre, desde niño: tras del toro y tras del canto y la guitarra. Veía a Los Panchos tocando el requinto y quería tocar como ellos. Pasó el tiempo, y un primo me prestaba la guitarra, me enseñaba un tonito y me la quitaba porque de pronto se la iba a dañar. Mi mamá no podía dármela. Una vez me compró una toda apecuecada, tanto que un maestro me dijo: ‘Dile a tu mamá que haga café con ella’, o sea, que la echara al fogón.

El comienzo

Antes de despegar como artista, con su primera grabación, Cabeza de hacha, el muchacho de Cereté fue ayudante de joyería en Montería, pasó a vivir a Medellín, pero muchos de los gestos del Burro ya iban consigo. Al joyero Alfonso Suárez, al que ayudaba –y que después lo llevaría a Medellín, más cerca del mundo artístico– le dedicaba casi todo su ingenio: “Yo le hablaba como ñato, caminaba como cojo, hacía una cantidad de morisquetas y cantaba; él gozaba con eso. Me cogió cariño y me llevó a Medellín”.

Entonces ya soñaba con lidiar toros en la Macarena de Medellín o en la Santamaría de Bogotá. Pero la música se dio primero.

Allí empezó a buscar a Edmundo Arias, un músico que, según le decían, podía abrirle puertas. Mientras lo hallaba, conformó el Trío Latino, junto con Cristóbal Pérez y Julio Erazo, todo para salirse de vivir en casa ajena. Varias veces ha contado la historia, de la arrendadora, doña Filomena, que al verlo llegar a compartir pieza con sus compañeros de trío musical, ella les dijo: “No me pagan el arriendo y sí me traen a otro costeño varado”.

Le pagaban con lo que conseguían cantando en fiestas. “Ya empezó el Burro a ganar para pagarle a Filomena y utilizar la dentadura, porque el Burro aguantaba más hambre que ratón de ferretería.

Finalmente, Noel Petro dio con Arias, le cantó y, según cuenta: “De inmediato llamaron a Sonolux, ya tenían el cantante que estaban buscando para grabar Cabeza de hacha”, era 1954.

Aún sin requinto...

El Burro andaba detrás del requinto electrónico. No tenía cómo mandarlo a hacer, porque yo lo inventé; quería uno, pero electrónico, porque oía la guitarra eléctrica. Ya después, los Viecco de Medellín me hicieron uno. Eso lo contaré en el libro.

¿El libro?

Mi apoderado, William Puche (v), está produciéndolo, y la canción de Un hombre sin cachos, y el disco, con el hijo mío que toca el bajo como productor musical. Ensayamos mucho, nuevos sonidos. El Burro es un animal moderno. La juventud está con el Burro por los sonidos que saca con el requinto. Se va a grabar con Adriana Lucía, ya le hizo solos a Martina y para una banda española. La juventud, metida con el Burro y el Burro, muy moderno, El hombre sin cachos tiene sonido de champeta y reguetón. Igual te canto un porro que un reguetón. El Burro estudia cinco horas cada día.

¿A qué hora?

A las cinco de la tarde, está el Burro empiyamado, apaga el celular, toma chocolate con salchichón y ensaya. A las 10 p. m., está roncando, y a las seis de la mañana pega un saltó y lleva a mi nena –Noelia Lucía, de 12 años– al colegio.

No tenía cómo mandarlo a hacer, porque yo lo inventé; quería uno, pero electrónico, porque oía la guitarra eléctrica

Nostalgia de torero

Noel Petro también fue torero. “Hace muchos años tomé la alternativa de matador de toros en Bogotá, me la dio Pepe Cáceres (fallecido después de ser corneado por un toro en Sogamoso, 1987); después de eso hice muy poquitas corridas y me retiré –recuerda Noel–. El toreo mío es muy serio. Con el requinto, le Burro brinca y se echa pedos, pero lo del toro es serio. Y toreé mucho como novillero –un novillero es un matador de toros que no ha tomado la alternativa–, pero cuando la tomé, al poco tiempo me retiré”.

Era una época distinta, no había tanta protesta contra el mundo taurino...

Están acabando con esa fiesta. Mucha gente, en contra del toro. Poca gente sabe cómo se cría. Un toro de casta no es un manso de matadero, es una fiera. Un toro de casta agarra a un torero y lo despedaza. Un toro no se puede torear dos veces, y los que se torean se matan. En la finca se torean las vaquillas, de 25 a 30 meses, para llevarlas a caballo, medirles la bravura. La vaquilla que pasa al semental es seleccionada, el semental también está seleccionado, buscando lo mejor. Los toros llegan a la plaza en cajones para que no se maten y den buen rendimiento.

¿Extraña ese mundo?

Mucho, y me duele. Me encantaría que la gente supiera cómo se cría un toro: el mimo y el cariño. Un torero quiere mucho al toro, el ganadero lo adora, el público taurino también. Pero al toro hay que matarlo en la plaza porque no se puede torear dos veces, y sería ridículo que a un toro de casta, con su categoría, lo fueran a llevar a un matadero. Así nadie lo explica, el toro es un niño mimado.

De vuelta a la música, su éxito más reciente fue ‘El ñato mama ron’, canción del Carnaval de Barranquilla en el 2009. ¿Qué vino después?

Es difícil que una empresa de discos te lance. Hablas con todo el mundo, y es un lío que te lancen. No hay que gastar dinero en eso, pues la mayoría de empresas de discos tienen dos o tres artistas, y eso es lo que manejan. Mi compadre William Puche creyó en el Burro y me ha grabado. Ya le mandé decir a mi mamá, allá en Sapo Muerto, que estoy triunfando. Estoy grabando desde que era un becerro, y pasan las etapas. Lo primero fue Cabeza de hacha, Me voy pa’l salto, La interesada. Pasa otro tiempo y Vuelve el Burro, Pepe Cáceres, Azucena...

También en está la del ‘rock and roll’...

Esa ya es de la cuarta etapa del Burro, que le grabó una canción a Claudia (de Colombia), y como ella se iba a casar a Nueva York, me fui al salto a tirarme por decepción, y no me tire porque estaba muy alto. Ahí vinieron La reina de las cruces, La papaya, El loco rock and roll y La cereza. El Burro sigue, rebuzna y echa pedos. Hizo una cantidad de canciones, El hombre sin cachos empieza a gustar, gracias a Dios.

¿Qué ha sido lo mejor de su carrera musical?

Cuando he recibido discos de oro, de platino y de salchichón; ah, no, de salchichón no. Y cuando he salido en hombros de una plaza, para no pagar carro. Hay satisfacciones y fracasos muy grandes, se cuentan en el libro.

¿Para cuándo está ese libro?

El que sabe es el compadre Puche, no creo que se demore tanto. El Burro lo cuenta, y el compadre agarra en el computador las cosas que me han pasado: desprecios, triunfos, de todo. Gracias a Dios y a La Virgen, El Burro sigue. El éxito yo lo busco donde esté, y es más fácil un sancocho de mondongo.

Y lo dice alguien que ha pasado toda su vida en la música...

Sí, el sábado 19 de marzo cumplí 40 años (en realidad cumplió 85), y me pienso quitar tres.

¿Cree que la tradición puede volver a sonar y hacer éxitos?

La música es como te voy a decir: una canción, del ritmo que sea, puede ser bonita, con buen cantante y buen arreglo. Si le hacen promoción, gusta; si no, no, aunque sea la superproducción.

Sin embargo, usted confía en la producción que está grabando...

En el disco viene El sapo, lo grabé otra vez, con bombardino. Vienen Diomedes, una canción que le escribí a Diomedes Díaz, y una cantidad de canciones con sonido actual, arreglos sabrosos y la dirección de José Noel, gran músico, bajista, hijo del Burro. Está metido de guitarrista el otro hijo del burro, y mi compadre Puche como productor. Él dice que el álbum estará el próximo año, por ahora mostramos las canciones. Cuando lancemos el disco hay que decirle a mi mamá con tiempo. ¿Le puedo mandar un saludo a mi mamá?: Mamá, estoy bien, ¿me está escuchando? Estoy acá en EL TIEMPO, estoy triunfando, mamá, mándeme pa’l pasaje. Chao”.

El recorrido de ‘Cabeza de hacha’

Cuando Noel Petro conoció a Edmundo Arias, este era director artístico de Sonolux y estaba buscando un intérprete para grabar una versión de una canción que le había llegado desde Argentina, pasando por Venezuela. Arias había guardado la partitura de la canción en un saco que envió a la tintorería. Así que cuando Petro apareció, solo había fragmentos y no se tenía información de su autor y había perdido la segunda estrofa y parte del estribillo. Por eso, muchos le atribuían a Petro la autoría de esta canción. Después se supo que la canción era una zamba argentina cuyo autor, Cristino Tapia, la bautizó, en 1921, como La tupungatina, que llegó a ser grabada por Carlos Gardel.

LILIANA MARTÍNEZ POLO@Lilangmartin

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