Un mensaje optimista para un mundo en crisis

Un mensaje optimista para un mundo en crisis

Prefacio e introducción del nuevo libro del expresidente y nobel de Paz Juan Manuel Santos.

Juan Manuel Santos

El expresidente entrevistó a varias personalidades de la vida nacional para su libro.

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Cortesía Juan Pablo Gutiérrez

Por: Juan Manuel Santos
01 de agosto 2020 , 10:30 p.m.

El expresidente Juan Manuel Santos escribió un libro que reúne y evalúa, con perspectiva optimista, las cifras del progreso de Colombia durante los últimos 30 años.Adelanto editorial.

Este libro se concibió en Dubái en marzo de 2019, después de escuchar una conferencia magistral del profesor de Harvard Steven Pinker, en la que mostraba con datos impresionantes el inmenso contraste entre el progreso del mundo y el estado de ánimo de sus pobladores. Su intención era contribuir a la recuperación de la esperanza y el optimismo como condiciones necesarias para seguir progresando en un momento en que la humanidad se sentía agobiada y en cierto modo frenada por la incertidumbre.

Al escuchar sus planteamientos, tuve la convicción de que eso era lo que necesitábamos en Colombia. A pesar de los importantes avances y logros de los últimos tiempos, predominaba en el país un ambiente de pesimismo desaforado, producto en buena parte de la polarización política. La mayoría no veía o no quería ver lo que afuera nos reconocían y aplaudían. Fue así como, a mi regreso de Dubái, reuní a varios expertos, muchos de los cuales trabajaron en mi gobierno como ministros, para utilizar la metodología de Pinker y construir, con cifras y hechos contundentes e irrefutables, lo que denominamos “una inyección de optimismo” para contrarrestar el desánimo y el desasosiego que imperaban.

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Este ejercicio muestra los resultados de los últimos 30 años bajo un criterio en el que insistí mientras preparábamos el texto: no se trata de ahondar en la polarización con la actual administración y su partido de gobierno, a pesar de que fueron injustos e implacables con el nuestro, sino de aportar nuestro grano de arena para la recuperación de la esperanza y de esa sana costumbre de poner a “la patria por encima de los partidos”.

Es también una manera de reivindicar en forma implícita lo realizado por nuestro gobierno en la segunda década del presente siglo. Los hechos y las cifras hablan por sí solos, y eso es lo que queda para la historia.

Si miramos la realidad que muestran las cifras de los organismos internacionales y los indicadores de progreso de las entidades oficiales, nunca habíamos estado tan bien


Algunos me advirtieron que nadie entendería la publicación de un libro optimista, lleno de buenas cifras, en medio de un país indignado que se volcaba a las calles, cacerola en mano, para protestar y reclamar por ene mil causas. Caería como mosco en leche, fue la expresión que algunos utilizaron.

Algo de razón había en esta advertencia y por ese motivo le agregamos al vaso medio lleno, que se concentra en mostrar los grandes logros de las últimas tres décadas, una parte que llamamos el vaso medio vacío, que habla de las falencias, de lo mucho que todavía queda por hacer, y trata de explicar las múltiples razones por las que tantos ciudadanos del mundo y tantos colombianos salieron antes del coronavirus, y seguramente seguirán saliendo después a protestar en las calles. Los dos vasos –el medio lleno y el medio vacío– se escribieron antes de que se declarara la pandemia, pero mantienen plena vigencia porque es un análisis de unas cifras que tiene un corte: el 31 de diciembre del 2019, la fecha en que termina la tercera de las tres décadas analizadas.

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Por supuesto el covid-19 cambió todo y también el sentido de este libro, pero no su esencia: transmitir un mensaje de esperanza y optimismo. Se agregó una última parte, el 'annus horribilis', para analizar las nefastas consecuencias de esta calamidad pero desde un punto de vista positivo. Como en toda tragedia, por más triste y dolorosa que sea, siempre surgen lecciones y oportunidades, y en esta última parte se hace un esfuerzo para identificar algunas de ellas. Hay un mensaje claro y este es el nuevo sentido del libro: si Colombia pudo salir del infierno en el que vivíamos hace 30 años para convertirse en una estrella de la región en muchos sentidos, también podemos salir de esta encrucijada y quedar incluso mejor de lo que estábamos antes de la batalla contra el nuevo coronavirus.

El pesimismo genera narrativas que facilitan la destrucción institucional, el populismo y el autoritarismo

Introducción. El vaso medio lleno

Hace tres años, David Byrne, el músico y vocalista de la banda Talking Heads, una de las más contestatarias de los años setenta y ochenta del siglo pasado, se dio a la tarea de fundar un medio de comunicación llamado 'Razones para estar alegre'. Ahí solo escribe noticias positivas que nos ayudan a comprender la importancia de visibilizar el cambio social, concentrarnos en lo bueno y resaltar los logros que entre todos hemos conseguido.

En sus propias palabras –y estamos hablando de uno de los artistas que más se han preocupado por recoger el sentir de cientos de grupos musicales de todo el mundo–: “Parece que el mundo va camino al infierno. Me levanto todas las mañanas, leo la prensa y digo: ‘¡Oh, no puede ser!’. Así, paso la mitad del día deprimido. Me imagino que eso también le ocurre a usted”.

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¿Por qué traigo a colación a este músico? Porque, si nos atenemos a las marchas, a las protestas, al inconformismo de las clases medias y a las propias encuestas, diríamos que Byrne, cuando queda desolado luego de dar una ojeada a las noticias, tiene razón y que no estamos mejor que cuando estábamos peor.

Si en Colombia nos guiamos por lo que vemos o leemos en los medios de comunicación o en las redes sociales, es fácil concluir que el país atraviesa por uno de sus peores momentos. La percepción de la ciudadanía es que las cosas no van bien. Con algunas excepciones, de coyunturas o episodios con impactos especialmente positivos que levantan de manera momentánea el ánimo de la gente, esta sensación de pesimismo es permanente, como si todo fuera de mal en peor. La encuesta Gallup de febrero de 2020, que pregunta por el ánimo de la gente, muestra en su más reciente medición que el 73 % de los colombianos cree que las cosas van a empeorar y solo el 16 % cree que van a mejorar.

Pero una cosa es el estado anímico y otra los hechos comprobables. Si miramos la realidad que muestran las cifras de los organismos internacionales y los indicadores de progreso de las entidades oficiales, nunca habíamos estado tan bien. El avance de Colombia en casi todos los frentes ha sido muy importante, por no decir extraordinario, sobre todo en este siglo. Y de acuerdo con la última encuesta (diferente a la citada en el párrafo anterior) de la Asociación Mundial WIN-Gallup con el Centro Nacional de Consultoría, seguimos siendo el país más feliz del mundo o, por lo menos, de los 46 países encuestados. Los más felices pero, al mismo tiempo, los más pesimistas, según parece.

El pesimismo que reina no solo en Colombia, sino en América Latina y en casi todo el mundo, no se justifica si lo contrastamos con los avances económicos y sociales que se han registrado, como bien lo sostiene el famoso profesor de Psicología de Harvard Steven Pinker, en diversos libros que son hoy referencia obligada entre académicos, como 'En defensa de la Ilustración' o 'El ángel que llevamos dentro'. Lo dice también en el prólogo que tuvo la amabilidad de escribir para este libro.

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El pesimismo hay que contrarrestarlo porque es un freno para el progreso de las sociedades y naciones, para el emprendimiento y para la inversión. El pesimismo genera narrativas que facilitan la destrucción institucional, el populismo y el autoritarismo. Los fanáticos detestan el progreso pues no encaja en sus visiones únicas. En la izquierda se niega el progreso social. En la derecha se niegan los avances en seguridad. Por eso, en la medida de lo posible, y por supuesto sin desconocer la realidad ni los problemas, es importante contener el pesimismo, neutralizarlo o, de ser posible, usar la técnica del 'jiu-jitsu' (arte marcial japonés que utiliza la energía del contrario para devolverla con más fuerza) y convertirlo en optimismo.

Con todos sus defectos, el sistema político no solo ha impedido que nuestra economía caiga en populismos irresponsables de izquierda o de derecha, sino que ha respondido a las diferentes crisis

A eso quiere contribuir este libro: a demostrar que –por lo menos en los índices que tradicionalmente se han utilizado para medir el desarrollohemos progresado mucho, y que, si bien todavía tenemos un largo camino por recorrer, no podemos desconocer –ni conviene– lo mucho que hemos avanzado. Pero este progreso, como lo apunta Pinker, “es invisible para la mayoría de la gente que no se informa en el mundo de los números sino con los titulares. El periodismo, por su propia naturaleza, esconde el progreso porque publica eventos súbitos en lugar de tendencias graduales. Muchos de los acontecimientos que suceden súbitamente son malos: una guerra, una matanza, una pandemia, un escándalo, un colapso financiero. Mucho de lo bueno consiste o bien en que nada pasa –un país libre de guerras o de hambrunas– o en que las cosas suceden gradualmente y se consolidan a través de los años, como los descensos en pobreza, analfabetismo o enfermedades”.

Colombia, un ejemplo

Colombia ha sido un caso de éxito inobjetable en estas últimas tres décadas, que fue el período de tiempo que se escogió para este libro. El comienzo de los años noventa supuso un punto de quiebre: se aprobó una nueva Constitución en 1991 y se inició un cambio de modelo de desarrollo con la llamada apertura económica. También se tuvo en cuenta que muchas de las estadísticas hacia atrás no eran fáciles de conseguir, no existían o no eran comparables. 

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¿Por qué Colombia ha sido el país más estable de América Latina y por qué ha logrado indicadores tan positivos en los últimos tiempos? Porque ha tenido una política económica responsable y coherente. Con todos sus defectos, el sistema político no solo ha impedido que nuestra economía caiga en populismos irresponsables de izquierda o de derecha, sino que ha respondido a las diferentes e inevitables crisis con relativo éxito. Sacamos pecho por ser el único país de la región que no ha renegociado su deuda externa desde la gran depresión de los años treinta. Esto último ha facilitado que el financiamiento –la sangre y savia de las economías– fluya y sea más barato.


Colombia ha podido atraer al servicio público una masa crítica de buenos tecnócratas (el mejor ejemplo es el Banco de la República) y, en materia de reformas para superar problemas graves, ha existido, por fortuna, una especie de acuerdo tácito entre los partidos políticos para sacarlas adelante en el Congreso. Un caso muy mencionado fue el paquete de reformas que se aprobó a comienzos del siglo para salir de la peor crisis económica de los últimos 90 años. En 1999 la economía había decrecido un 4,2 %. Fue el único año de los últimos 30 en que Colombia decreció, mientras países como Brasil, Venezuela, Argentina o Perú sufrieron muchos años de crecimientos negativos en el mismo período. Algo parecido podría decirse de la forma como se superó hace un lustro el peor choque externo también desde la Gran Depresión, cuando la drástica baja en el precio del petróleo hizo que perdiéramos de un plumazo el 20 % de nuestros ingresos fiscales. En ambos casos me correspondió poner mi granito de arena: en el primero como ministro de Hacienda y en el segundo como presidente, y por eso puedo decir que el Congreso y las Cortes, no sin dificultades ni duras negociaciones, como es obvio, se portaron a la altura. Ese privilegio de tener gobernabilidad y armonía entre los poderes públicos no lo han tenido muchos otros países de la región.

JUAN MANUEL SANTOS

Prefacio e introducción del nuevo libro del expresidente Juan Manuel Santos, ‘Un mensaje optimista para un mundo en crisis’, que estará disponible en librerías próximamente.

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