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Así sembró Luis Aurelio Vives el vallenato en su hijo Carlos
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Carlos Vives: la leyenda vallenataConozca las intimidades de uno de los artistas colombianos más reconocidos a nivel internacional y cómo fue su camino hasta convertirse en una leyenda viva del vallenato.
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Así sembró Luis Aurelio Vives el vallenato en su hijo Carlos

El padre del cantante samario fue un mecenas de los músicos vallenatos en Santa Marta.

El mundo conoció la afinidad de Carlos Vives con el vallenato cuando fue protagonista de la serie Escalona (1991). Pero su amor por este folclor ya existía desde su infancia. Se gestó en el patio de su casa, en su niñez y adolescencia en casa de su padre, Luis Aurelio Vives, en Santa Marta.

El padre, Luis Aurelio Vives Echeverría, médico otorrinolaringólogo, era una figura de su profesión en la ciudad. Junto con Aracelly Restrepo, el matrimonio tuvo cuatro hijos: Carlos, Guillermo, Luis Francisco y Juan Enrique. Pero, a la par de su reconocimiento como médico, la casa de Vives Echeverría era epicentro de grandes e inolvidables parrandas vallenatas que se iban alargando por días en Santa Marta e iban difundiendo el gusto por la música de los juglares de acordeón. 

Luis Aurelio, fallecido este lunes 5 de abril, a los 91 años, les contrató a sus hijos Carlos y Guillermo un profesor de guitarra. Que Guillo –ahora chef de Gaira Café– aprendió primero y que Carlos era más tímido, aunque se le notaba que quería cantar. Pero la influencia más importante estaba en el trato con los juglares que iban y venían por su casa llenándola de las más clásicas notas vallenatas. 

Tanto así que Ivo Díaz, hijo de Leandro Díaz, el compositor de Matilde Lina, dice que la familia Vives era como una embajada de su música en la ciudad costera. Se refería no solo a Luis Aurelio, sino también a su tío y a su hermano Rodrigo.

"Nosotros éramos asiduos visitantes –recuerda Díaz, reconocido cantante del folclor–. Íbamos con mi papá a la casa de Luis Aurelio, de su tío y de su hermano. Iba Leandro (Díaz), iba Emiliano Zuleta (Baquero), Alejo Durán, Luis Enrique, Abel Antonio, Carlos Huertas, Chema Gómez; todos esos juglares de provincia, gente del César y La Guajira, pasaban por su casa y la de Rodrigo, porque prácticamente eran unos mecenas. Eran quienes llamaban a todos esos músicos y los promocionaban con los amigos.

"Cada quince días estaban pasando por Santa Marta, en las casas de los amigos de Luis Aurelio –agrega Ivo–. Se reunían a jugar dominó, que era una forma de estar  reunidos y después del juego de dominó se armaba la parranda con Luis Enrique Martínez o con Armando Zabaleta. Rafael, su tío, era abogado, encargado de llamar a todo el mundo".

Todos esos juglares de provincia, del César y La Guajira, pasaban por su casa y la de Rodrigo, porque eran unos mecenas. A todos esos músicos los promocionaban con los amigos

Su tío era abogado, encargado de llamar a todo el mundo. Llamaba a los encuentros que se hacían en su casa o en la de Aurelio. Por eso, según Ivo Díaz, "Carlos Vives recogió esa fijación por la música vallenata en el patio de su casa. Era allí donde se hacían los mejores encuentros, eran como festivales permanentes". 

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Hay una anécdota famosa de Vives y Leandro Díaz, en esa época antes de que Aracelly y sus hijos viajaran a Bogotá –de común acuerdo con el padre– en busca de darles una mejor educación a los muchachos. Antes de ese viaje, que lo separaría de su padre, Vives soñaba con ser futbolista, se volaba de la casa para ir al barrio Pescaíto a jugar con el Pibe y otros futbolistas. 

Justamente para evitarlo, el padre de Carlos le imponía una misión a su hijo: encargarse de Leandro Díaz. "Mi papá se quedaba allá donde Luis Aurelio –relata Ivo–. Y él se lo encargaba a Carlos, que era muy joven. A mí y a mis hermanos, Carlos nos quitaba el puesto de atenderlo. También lo encargaba de atender a Alejo (Durán), entonces el amor de Carlos Vives por la música vallenata viene de ahí: el papá, en vez de castigarlo, logró más bien cultivar un interés por nuestra música".

Años después, Vives se haría publicista, sería actor, intentaría irse por el rock y finalmente llegaría a Escalona, donde se reencontró con lo que le movía las fibras del corazón desde la infancia.

Su padre siempre permaneció en Santa Marta. En entrevistas, Carlos Vives siempre ha dicho que pese a la distancia, el cariño en el corazón estaba intacto. Incluso confesó alguna vez que cuando le auguraron que no sería exitoso más allá de las fronteras de Colombia, Vives alcanzó a alegrarse porque eso le permitiría estar cerca de su padre.

 También relató que Luis Aurelio Vives, en sus últimos años, padeció una enfermedad degenerativa –párkinson– que fue minándolo lentamente. El doctor y mecenas del vallenato Luis Aurelio Vives falleció en su casa, a los 91 años, rodeado de su familia.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
@Lilangmartin

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