Celso Piña, rebelde del acordeón de un mundo vallenato paralelo

Celso Piña, rebelde del acordeón de un mundo vallenato paralelo

El músico fallecido el miércoles a los 66 años, impulsó la música colombiana en su natal Monterrey

Celso Piña y Alfredo Gutiérrez en el Carnaval de las Artes 2010

Celso PIña y Alfredo Gutiérrez en el Carnaval de las Artes 2010, en aquel encuentro en el Amira de la Rosa, el moderador fue Marco Aurelio Álvarez.

Foto:

Guillermo González. Archivo / EL TIEMPO

Por: Liliana Martínez Polo 
22 de agosto 2019 , 11:01 p.m.

Existe un mundo vallenato paralelo al que conocemos en Colombia. Si nuestra capital vallenata es Valledupar, la de ese otro mundo es Monterrey (México).

Ese otro universo, hijo del vallenato (y de la cumbia nuestra), nació espontáneamente cuando no era tan fácil acceder a cualquier canción con solo teclear el título en un buscador. En los años 70, un acetato o una copia en casete –aunque muchas veces fuera pirata– de Alfredo Gutiérrez o Aníbal Velásquez era una joya para los sonideros (DJ, en términos regiomontanos). La gente –acostumbrada a los aires norteños– seguía esos nuevos sonidos que le permitían bailar.

Y Celso Piña, fallecido el miércoles pasado, siendo aún menor de edad (aunque había pasado por numerosos oficios, desde tendero hasta fabricante de tacones y empleado de limpieza en un hospital), vio que no bastaba con oír lo poco que llegaba desde una región de Colombia que en su entorno mexicano parecía casi imaginaria.

“Yo le ayudaba a un cuate que era sonidero –contó en una entrevista con EL TIEMPO en su primera visita a la Colombia, en el 2010–. Y un día me dijo: ‘Óyeme, Celso, voy a ir al barrio La Campana a tocar discos. ¿Me ayudas?”.

Piña (nacido el 6 de abril de 1953) nunca olvidó cómo la música atrajo a la gente hacia la colina donde quedaba ese barrio –ahora icónico para el movimiento musical que se formó después-. “Le ayudé a poner la corneta –decía el músico refiriéndose a un bafle grande, lo que llamaríamos un picó–, en las partes más altas, a pesar de que había un aguacerazo. La música comenzó a sonar. Vi cómo la raza iba subiendo por la colina; hombres y mujeres venían subiendo al baile. Me quedé mirando y dije: ‘Si esta es la convocatoria que tiene esto, ¿cómo será cuando toque alguien en vivo? Yo voy a tocar esa música’ ”.

Se podría decir que esa fue la génesis de ese otro mundo vallenato paralelo en el que Celso Piña –fallecido de un ataque cardiaco en una clínica de Monterrey– se convertiría en el Cacique de La Campana, en un símil con nuestro Cacique de La Junta, Diomedes Díaz. También le dirían a Piña el Rebelde del Acordeón, tal como en Colombia se le dice a Alfredo Gutiérrez.

Celso Piña

Celso Piña, durante un conversatorio en Querétaro.

Foto:

Efe

Piña tenía 17 años cuando decidió hacer esa música, pero debía aprender. No había tutoriales de YouTube ni profesores de estos aires (ni siquiera en Colombia). Le tocó, como a los primeros juglares, aprender de oídas y con lo que había: un acordeón de teclado que le regaló su padre (y que a la primera oportunidad cambió por uno de botones) y un disco de Alfredo Gutiérrez que encontró en una tienda y por el que le cobraron lo que para él era una fortuna.

Lo compró sumando ‘lana’ con otro par de amigos que oían con fervor el vallenato. Eso implicó oír la música por turnos. Piña lo tenía una semana y aprovechaba para sacarle las notas al acordeón. Y debía esperar dos semanas (mientras lo oían sus amigos) para seguir trabajándolo. “Por eso digo que Alfredo Gutiérrez es mi profesor virtual”, dijo 30 años después, ya consagrado, convertido en figura de culto gracias al álbum Barrio Bravo (2001), por el que fue nominado al Grammy Latino.

Su primera vez en tierras colombianas fue en Barranquilla. Heriberto Fiorillo lo trajo en enero del 2010 al Carnaval de las Artes, con el objetivo de juntar al ídolo de Monterrey con Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velásquez.

Para ese entonces, ya Valledupar y Monterrey se habían descubierto y hermanado, gracias al vallenato. Ya varios mexicanos –que por él descubrieron esta música– habían venido a concursar en el Festival de la Leyenda Vallenata, y ya se había fundado un festival, a imagen y semejanza del nuestro, por allá.

Sin proponérselo, Celso Piña había fundado un movimiento: de su primer grupo, La Ronda Bogotá, se desprendieron otras bandas reconocidas (La Tropa Vallenata, por ejemplo). Estas se volvieron un fenómeno, y con los años y la creciente facilidad de conseguir música, la ciudad se convirtió en una plaza importante para las giras de artistas vallenatos de finales de los 90 y comienzos de siglo. El Binomio de Oro, Los Inquietos, toda orquesta colombiana era recibida con llenos impresionantes en los escenarios de Nuevo León.

Lo primero que pidió al aterrizar en Barranquilla en enero de ese año fue conocer el río Magdalena.

La vallenatología, a los mexicanos, incluso los intérpretes, les quedaba más lejos. El público imaginaba a Valledupar y su entorno como una tierra prometida. El mismo Celso Piña llevaba décadas haciendo música colombiana –con su estilo y sentimiento propio– sin haber puesto pie en el país hasta esos días del 2010. Así que lo primero que pidió al aterrizar en Barranquilla en enero de ese año fue conocer el río Magdalena, y en la entrevista afirmó: “Después de conocerlo, ya me puedo morir tranquilo”.

“La primera vez que fui a Colombia pensaba que allí me iba a encontrar a puros Celsos Piña”, dice el mexicano Luis Manuel López Carrera, acordeonero mexicano y gestor cultural que trabajó con Piña en sus comienzos. López Carrera recuerda que Piña se vestía con camisas tropicales según su imaginario de la música folclórica del Caribe, y que en esos tiempos lo contrató como presentador. "Me decía que él no sabía como expresarse ante la gente fina. Entonces yo subía a escenario, lo presentaba y hablaba un poco de lo que sabía del vallenato colombiano".

Más adelante, Piña pasaría a ser una figura de lo popular que coqueteaba con el mundo de la intelectualidad que supo apreciar bien la importancia del fenómeno. "Al final adoptó una pinta más roquera", dice López Carrera, quien por su lado organizó muchas comitivas para que los aspirantes a músicos vallenatos de su ciudad vinieran a competir en el festival de Valledupar.

Celso Piña y Alfredo Gutiérrez en el Carnaval de las Artes 2010

El abrazo de Celso Piña y Alfredo Gutiérrez, en el Carnaval de las Artes 2010.

Foto:

Liliana Martínez Polo / EL TIEMPO

“Celso fue el primero que se atrevió en una ciudad como Monterrey, donde se oía otro estilo de acordeón, a tocar otra cosa –agregó López Carrera–. Hizo algo que nadie más habría hecho”.

De Barrio bravo -del que se desprendió su éxito Cumbia sobre el río- en adelante, sus colaboraciones con artistas del rock, el pop y el hip hop, le mostraron un camino hacia el estrellato musical internacional. Celso Piña fue por escenarios del mundo con sus versiones de la Cumbia sampuesana, La piragua y Los caminos de la vida. Pero también produjo letras propias. 

Por eso digo que Alfredo Gutiérrez es mi profesor virtual.

Del encuentro entre Piña, Gutiérrez y Velásquez del Carnaval de las Artes quedó el recuerdo de las lágrimas de emoción del mexicano al interpretar su música para sus maestros y para un público agradado por haber marcado su primera visita.

Más adelante, el público colombiano lo vería en escenarios bogotanos, incluso tuvo su momento de brillo en Rock al Parque 2015, evento en el que aún no se ha presentado ningún otro artista vallenato. Hizo giras internacionales; Vive Latino también lo recibió con aplausos. En total grabó 27 álbumes. Sin embargo, le quedó un sueño pendiente: presentarse alguna vez en la capital del Cesar.

“Me gustaría venir (a Valledupar) para participar con temas míos, canciones que han nacido en mis noches de insomnio. Concursar no con el fin de ganar, sino para que la gente vea lo que viene desde Monterrey a Valledupar. Quiero tocar en la plaza Alfonso López, y ya estando allá, como dijo Juancho Polo: ‘Donde quiera que uno muera, todas las tierras son benditas’”.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACCIÓN DE CULTURA
@Lilangmartin

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.