Marta Gómez, la voz que precisa el mundo

Marta Gómez, la voz que precisa el mundo

La colombiana relanzó un álbum de canciones infantiles y compuso una tema sobre el confinamiento.

Marta Gómez Cantautora colombiana

Tras cinco años, Marta Gómez lanza ‘Una ventana para soñar’, un disco en el que les canta a los niños con fusiones y sonidos del folclor.

Foto:

Nicolás Serrano

Por: Karen Parrado Beltrán
14 de junio 2020 , 12:30 a.m.

La cantautora colombiana, residenciada ahora en Barcelona, reflexiona en esta entrevista con EL TIEMPO sobre su carrera, la pandemia y los desafíos para los días venideros. A propósito del obligado confinamiento surgió la canción 'Emergencia'.

En el universo que Marta Gómez creó en 'Una ventana para soñar' las estrellas se besan, las nubes hacen colisiones de perlas, hay suspiros de medias lunas y vientos que son juglares. La cantautora colombiana, que ha hecho una carrera excepcional en la música folclórica latinoamericana, relanzó el pasado 16 de abril, en plataformas digitales, un álbum de 2015 para “sacar lo mejor de estos momentos duros”.

El álbum es una recopilación de canciones infantiles que la artista ha compuesto a lo largo de su carrera y grabó a petición de la Secretaría de Educación Distrital de Bogotá para apoyar la implementación de la jornada completa durante la administración de Gustavo Petro.

En él participan las voces de los niños del coro Canta Bogotá Canta, dirigido por María Teresa Guillén, quien fue maestra de la artista en su adolescencia.

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“Nos fuimos con el trío de mis músicos: un percusionista, un guitarrista y yo, a escuelitas de punta a punta de Bogotá a cantar para apoyar la jornada completa. Fue maravilloso, una experiencia preciosa”, recuerda sobre las giras de promoción del álbum, que en ese entonces se regalaba a las instituciones educativas.

Fue por una sugerencia de su mánager por lo que Marta Gómez decidió publicar 'Una ventana para soñar' 'online', para que todo el mundo pueda encontrar en él la canción que precisa. EL TIEMPO habló con ella desde su casa en Barcelona, donde vive hace más de una década.

Sigo siendo una cantautora, les sigo cantando a la paz, a los niños que trabajan. El mismo concepto que hago en un disco para adultos lo puse en servicio de los niños desde letras diferentes

Increíble que un material hecho hace cinco años parezca tan actual, hecho como para este momento...

Sí, pero es que eso pasa con las canciones. Cuando todo esto de la pandemia empezó, las canciones que se me venían más a la mente eran las de niños, y dije: ‘Qué curioso que en el primer en vivo que hice canté una canción de este disco que se llama 'La vida está por empezar', y en un momento dice “que hoy más que nunca una canción precisa el mundo” y, claro, todo el mundo dijo: ‘¡Esta fue la canción de la cuarentena!’.

¿Cómo fue llevar la Marta de la voz y el proyecto adulto a la que canta canciones infantiles?

Es algo que me pregunté muchas veces. Es otro espectáculo, como si dijera el teatro versus una película. Yo sigo siendo una cantautora, les sigo cantando a la paz, a las mujeres, a los niños que trabajan. El mismo concepto que hago en un concierto o en un disco para adultos lo puse en servicio de los niños desde letras diferentes.
En cuanto a los ritmos y la música, no hay ninguna diferencia. Hay solos de violín, todos los instrumentos son reales, todos los ritmos son folclóricos. Yo de mamá me cansaba de oír música hecha para niños con una calidad muy baja, y decía: ‘Tendría que ser al contrario, tendríamos que darles a estas orejas nuevas instrumentos tocados con virtuosismo’.

La primera canción del álbum se llama 'Caminando va' y hace una reflexión muy bonita sobre el hogar, sobre caminar la vida, todo en la metáfora de un caracol. ¿Somos tan frágiles como un caracol?

Yo, en todas las canciones que hay animalitos siempre trato de que se haga esa reflexión. De decir: ‘¿Será aburrido ser un caracol o será maravilloso tener todo lo que necesitamos con nosotros? ¿Y no seremos también caracolitos y estamos teniendo en nuestra vida cosas que no necesitamos, y cargando con pesos que no necesitamos?’. Para mí, el caracolito es un emigrante que tiene que salir de su país, dejar todo y lo que pueda llevarse en la mochila, con eso se va, y se va muchas veces solo. Pero en el camino se encuentra también cosas bonitas, aprende a disfrutar del camino.

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Hace poco dijo en un medio colombiano que en la cuarentena estaba leyendo 'Una habitación propia', de Virginia Woolf. ¿Cómo cree que ha ido construyendo su habitación propia?

Con mucho sacrificio (risas). El trabajo de las mujeres es todavía muy mal valorado. Yo sigo pensando que hay un abismo entre hombres y mujeres, aun con nuestro privilegio de ya tener tantas cosas ganadas, que obviamente no se nos puede olvidar la diferencia que hay en nuestra vida comparada con las de nuestras mamás, ni hablar con las de nuestras abuelas y bisabuelas. Ahora que la gente está teletrabajando se da como por hecho que el trabajo del hombre es más importante, sea cual sea. Lo que siento, en general, es que seguimos todavía sin tener nuestra habitación propia, o si la tenemos nos toca defenderla con garras porque muchas veces nuestros compañeros ni siquiera son conscientes de que son machistas.

Yo de mamá me cansaba de oír música hecha para niños con una calidad muy baja, y decía: ‘Tendría que ser al contrario, tendríamos que darles a estas orejas nuevas instrumentos tocados con virtuosismo’

Hablaba hace poco de que a su generación le tocó vivir los apagones a comienzo de los noventa y, aunque no se compara ni de lejos con la situación actual, era un escenario por lo menos anómalo. ¿Qué refugios se construyen en esas situaciones?

Yo creo que lo más importante ante nuestros hijos y nuestras hijas es tratar de que este momento se recuerde con alegría. Yo me acuerdo de esos apagones como lo máximo. Era el momento en el que todos, sí o sí, teníamos que estar con una vela contando cuentos. Ahora mi esposo y yo hablamos mucho con mi hijo de lo que está sucediendo. De esto se acordará mi hijo cuando grande, y dirá: ‘Dios mío, a lo mejor mi mamá se acostaba llorando o sin saber si iba a tener trabajo al próximo año’. Pero se acordará también de cuando sembrábamos las semillas de limón en el balcón.

Pensaba en la película 'La vida es bella', cuando el padre trata de construir un universo paralelo para su hijo... La vida real termina pareciéndose un poco.

Yo pienso también en esa película, sobre todo en esa escena en la que a él lo van a ejecutar y se va marchando porque sabe que el niño lo está viendo. Hasta en las circunstancias más horrendas de la humanidad, como la guerra nazi, habrá niños que tendrán otros recuerdos, diferentes a lo realmente sucedió, y lo entenderán cuando sean grandes. Yo creo que eso es lo que va a pasar con nuestros chiquitos, que van a decir: ‘Wow, ¿yo viví eso? ¿Yo estuve dos meses encerrado? ¡¿Y qué hacíamos?!’.

Ha desarrollado una carrera como cantautora, aun en una época en la cual son más frecuentes los intérpretes. ¿Cómo conserva esa elección?

No es tanto una elección... Es que no puedo hacer otra cosa. A mí me parecería muy raro cantar canciones que no fueran mías; obviamente, sí lo hago, pero una de cada cien (risas). Ahora por supuesto que valoro y adoro el camino que seguí, porque las canciones son mi vida y me encanta componer, me encanta dar clases de composición y que la gente componga, pero realmente no fue una elección pensada. No me considero ni una compositora ni una cantante. Siempre estoy componiendo.

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¿En estos días ha compuesto algo?

¡Sí!, tengo una canción ahorita para el confinamiento. Me demoré mucho porque yo grabé pero, entonces, lo mandé a los músicos que están grabando desde lejos.

¿Puede dejarnos saber un poco de esa nueva canción?

Se llama 'Emergencia' (ya está disponible en plataformas). Emergencia, algo raro está pasando, la ciudad se está cerrando y de repente el mirarnos hacia dentro, el buscarnos hacia dentro, el buscarnos sonriendo se hace urgente...

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KAREN PARRADO BELTRÁN
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
En Twitter: @piedemosca

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