La iniciativa mariachi

La iniciativa mariachi 

El músico y crítico musical Óscar Acevedo habla de la fragilidad de la economía de los músicos. 

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de mayo 2020 , 01:42 p.m.

Durante la última semana se ha vuelto habitual escuchar la serenata mariachi del mediodía en varios puntos de Bogotá. Este arrullo ranchero que empezó hace unos días como una tanda breve de canciones se ha ido convirtiendo en un programa de hasta cuatro horas, como sucedió el jueves pasado.

Unas veces tocaban por el costado norte del edificio y otras por el occidente para deleitar a otros vecinos del sector, aunque es posible que haya sido otro conjunto mariachi el que continuó con la música por el barrio.

No deja de ser inquietante esta presencia recurrente porque es obvio que la necesidad los ha llevado a tocar por propinas en las calles de la ciudad. Teniendo en cuenta la buena calidad del conjunto, se nota que esta decisión de salir a tocar sin contrato es desesperada. Simboliza el inminente derrumbe de este modus vivendi tan frágil, pero a la vez tan habitual en nuestro medio.

Casos similares se dan en otras latitudes, inclusive más democráticas y pudientes como España, donde las agremiaciones de intérpretes, compositores y contratistas del entretenimiento le piden desesperadamente ayuda al Gobierno por todos los medios.

Una simpática anécdota que me ocurrió en Londres ilustra cómo algunos músicos también trabajan en informalidad en pleno primer mundo. Hace algunos años asistí a una pequeña fiesta de boda en un barrio estudiantil londinense y espontáneamente apareció una banda de gitanos tocando de forma aparentemente generosa sus festivas canciones.

Los asistentes a la boda se animaron a pedir más y más hasta que los ya no tan amigables gitanos decidieron cobrar por su intervención al ver que no había propina, con tan mala suerte que me escogieron a mí para el cobro coercitivo. Cuando el gordo de la pandereta me apercolló con fuerza para exigir su tarifa, presionando las afiladas latas de la pandereta sobre mi cuello, los compañeros de jolgorio se apresuraron a hacer una vaca para pagarles y así sacarme del lío.

Espero que el covid-19 no nos lleve a esos niveles de desespero y que logremos diseñar mecanismos de trabajo y remuneración ingeniosos para no tener que acudir a estos extremos. Insisto en que las plataformas de distribución digital deben ser las primeras en proponer alternativas para los músicos de los que tanto se lucran. Y ojalá sea rápido.

Columna de Óscar Acevedo, músico y crítico musical. Correo: acevemus@yahoo.com

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