El regreso a las raíces de Margarita García Robayo

El regreso a las raíces de Margarita García Robayo

Entrevista con la autora de 'El sonido de las olas', libro que reúne tres de sus novelas cortas. 

Margarita García Robayo

Aunque nació en Cartagena (1980), Margarita García vive desde hace varios años en Buenos Aries.

Foto:

Claudia Rubio/EL TIEMPO

Por: Juan Camilo Rincón*
11 de febrero 2020 , 09:06 a.m.

La obra de Margarita García Robayo nace en la orilla y termina en el mar, en la inmensidad de ninguna parte. Nació en Cartagena, pero es en Buenos Aires donde se extienden sus nuevas raíces. Es periodista, pero se define como escritora, valiéndose de su memoria emotiva para construir textos que hablan sobre la identidad, la huida, la insatisfacción, las grandes miserias y las pequeñas victorias.

Aunque sus novelas cortas transcurren en espacios específicos (Cartagena de Indias, Miami, alguna ciudad costera) y están teñidas con un rico color local, forman parte de una narrativa universal que se hace cargo de preocupaciones, miedos y anhelos que no se circunscriben a ningún territorio. La necesidad de ser alguien para otros, de encontrar un lugar, de ir hacia algún lado, de no sentirse ajeno, de pertenecer.

Las mujeres reinan en sus textos y dominan sus historias. Son diferentes mujeres, jóvenes y niñas que se sueñan de maneras diversas y que se edifican desde lo íntimo, siempre con dudas y preguntas. Mujeres atravesadas por temores y pocas certezas, en textos donde no todo se dice, no todo se entrega y la incertidumbre se cuela por las grietas. Entre la huida, el secreto y el deseo se mueven los textos que Margarita García Robayo nos entrega en El sonido de las olas (Alfaguara, 2020). En estas tres novelas cortas (Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Educación sexual), lejos de hacer concesiones, la escritora nos presenta historias que incomodan como poderosas olas que erosionan.

Uno podría pensar que en las tres novelas hay elementos autobiográficos. ¿Es así?

Para mí la escritura es un ejercicio de memoria. En ese sentido, siempre contiene elementos autobiográficos, lo que no quiere decir que las historias o los personajes sean necesariamente un calco de mi vida.

En la primera novela, Hasta que pase un huracán, hay un recurso constante a los elementos naturales: la lluvia, el mar, las nubes, el viento, el huracán, que son reales, pero también metáfora. ¿Cómo ha sido su relación con estos?

Cuando naces y creces en el Caribe esos elementos son compañía permanente. Las lluvias son constantes y para mí eran un alivio, considerando que el resto del tiempo el calor era supremamente agobiante, pero la lluvia también es traicionera y trágica. Me interesa la impredecibilidad de estos fenómenos; me parecen una buena analogía de lo que termina siendo la vida.

Se siente que en las dos primeras novelas, las protagonistas necesitan huir de lo que las rodea, y hasta de sí mismas. ¿Por qué ese elemento atraviesa la narración?

Fueron mis dos primeras novelas, escritas de modo consecutivo. Es probable que la sensación de fuga fuera el elemento preponderante en mi mirada sobre las cosas, sobre el mundo, sobre mi vida. Pero más que fugarse, creo que lo que más determina a estos personajes es la sensación de incomodidad y, por momentos, rechazo de aquello que les tocó: su lugar en el mundo no les es amable ni cómodo ni reconfortante, más bien todo lo contrario.

La forma de los diálogos es diferente entre la primera novela y las dos siguientes. ¿Cómo nace la decisión de trabajar los diálogos de una u otra manera?

Hasta que pase un huracán debió haber sido el único libro que escribí de corrido, es decir, de una sola sentada y en pocos días. Después, lógicamente, tuvo todo un proceso de corrección. Pero a lo mejor ese impulso original que tuvo la escritura es lo que se traduce en el ritmo vertiginoso que mencionas.

Margarita García Robayo

El libro es editado por Alfaguara.

Foto:

Archivo particular

En Lo que no aprendí usted logra llevarnos a lo que pasa por la cabeza de una niña, con un lenguaje sencillo. ¿Cómo fue el ejercicio de construcción del personaje?

Cada vez me parece más difícil la construcción verosímil de una voz infantil. Me parece que hay pocos autores que consiguen hacerlo bien, y en los libros, en general, los niños parecen adultos deficientes. Creo que forzar a un personaje a hablar como un niño es un poco destinarlo al fracaso, no suele salir bien. Creo, sí, en emular algunas de las cosas que son más características en la mirada de un niño, que básicamente son el desprejuicio y la curiosidad.

Volvamos a Hasta que pase un huracán. ¿Se trata de una novela de resignaciones o de asumir una vida vacía, pero sin desasosiego, hasta que pase un huracán y se lleve todo?

Es una novela sobre el sinsentido, sobre esa sensación que nos abraza por épocas a quienes hemos crecido en lugares donde la tendencia es la negación de todo lo que no contribuya a elaborar una visión edulcorada de la vida; donde abundan las miradas complacientes y poco críticas y la incapacidad de imaginar otros mundos posibles, aun dentro del mundo preexistente. Hablar de condescendencia o resignación sería casi mejor, porque implicaría la conciencia de una fatalidad inquebrantable y la decisión de aceptarla y atravesarla. No es el caso. El entorno de la protagonista de Hasta que pase un huracán no es ni siquiera consciente de esa fatalidad que los rodea; pareciera ser ella la única que la ve y, en consecuencia, es ella también la única que la padece.

¿Por qué utiliza el misterio, los secretos, lo que se oculta como elementos para sus narraciones?

Creo que, en muchos sentidos, me interesa más lo que no se cuenta, lo que no se ve, lo que solo se sugiere. Formalmente, en las narraciones, eso también me parece interesante, ese tipo de historias en las que la mayoría de las cosas no está dicha y uno se ve obligado a llenar huecos de información fáctica con explicaciones y teorías no necesariamente acertadas. También creo que es algo muy propio del tipo de sociedades a las que, al menos en estas tres novelas, me he querido referir: no decir nunca todo, guardarse partes de la historia, mentir para tener versiones que te dejen más cómodo con lo que quieres que sea el mundo.

Usted no hace concesiones respecto a los asuntos familiares; no los maquilla para que se vean asépticos, impecables. ¿Por qué es tan importante en su narrativa correr ese velo?

Es que me parece que si uno va a referirse a cuestiones sensibles, como es todo lo vincular –mucho más cuando esos vínculos se refieren a aspectos intocables como la familia, la madre, el padre, los hijos–, no se puede ser mezquino porque, entonces, no funciona el ejercicio en términos narrativos. Yo no hago concesiones en la literatura porque, por cursi que suene, intento dejar todo en el proceso de escritura. Además, tengo muy claro que la vida real es otra cosa; la vida real está llena de concesiones (y también de mezquindades, es cierto) en pos del cuidado que le ofrendamos a todo aquello que nos importa.

Margarita García Robayo

Las mujeres reinan los textos de García Robayo y dominan sus historias. Son diferentes mujeres, jóvenes y niñas que se sueñan de maneras diversas.

Foto:

Claudia Rubio/EL TIEMPO

La escritura es un ejercicio de memoria. En ese sentido, siempre contiene elementos autobiográficos, lo que no quiere decir que las historias o los personajes sean necesariamente un calco de mi vida

En sus novelas no hay un narrador omnisciente. ¿Por qué se construye el relato desde la primera persona?

No sabría decirlo. Es extraño porque, además, nunca me pareció sencilla la construcción de la primera persona, y en los cuentos (que fue lo que empecé escribiendo) siempre escribí en tercera persona. La explicación que suelo darme es que en esos textos escritos en tercera persona mi preocupación era más técnica, más estructural y, por lo tanto, estaba quizá más distanciada de lo que contaba. En estas novelas lo técnico pasa a un segundo plano porque hay un intento de introspección más consciente, y aunque no soy ninguno de los personajes que relato (o quizá soy un poco de todos), la primera persona me pone en un lugar de mayor cercanía con lo que intento contar.

Las protagonistas caribeñas de las tres novelas buscan la reivindicación de la identidad individual, de la necesidad de pertenecer a un lugar. ¿Es esa la intención de su libro?

A lo mejor es esa la intención de todos mis libros. Esa necesidad de encontrar un lugar en el mundo que ‘nos’ conforme. No parece algo posible, pero justamente es la búsqueda, mediante la formulación de preguntas constantes, infinitas, la que me parece interesante.

¿Cuáles son ‘esas cosas malas que pueden gustarle’ a la protagonista de Lo que no aprendí?

Supongo que todo aquello a lo que no puede acceder porque le está velado, es decir, escondido o prohibido de múltiples maneras. Se trata un poco de esa vieja idea de que aquello que no se ve suele ser lo que más atrae.

El color local es riquísimo y variado en las tres novelas. ¿Cómo fue el proceso de traducción a otras lenguas?

Yo creo que las traducciones son interpretaciones, versiones de la obra original que intentan acercarse a la esencia o al significado de la misma, aun cuando los caminos para llegar a ella sean otros. Cuando es en una lengua que conozco más o menos, como el inglés, intento seguirlas y acompañar el proceso, pero cuando no, realmente me olvido y me digo a mí misma que es lo mismo que poner un mensaje en una botella y lanzarla al mar. La verdad es que, ahora que lo pienso, el idioma es lo de menos. Publicar un libro es también eso mismo: uno nunca está seguro de si llegará a destino o no, si conectará con alguien o no, se entenderá mi punto o no. Se escapa de mi control y lo mejor que puedo hacer es soltarla y seguir con otra cosa.

JUAN CAMILO RINCÓN*
Especial para EL TIEMPO
@JuanCamiloRinc2
* Periodista cultural, investigador y escritor.

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.