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Los títeres millonarios de Vladimir Putin
Vladimir Putin

Cuando Putin (der.) vio la necesidad de retirarse declaró su apoyo como nuevo presidente a Dmitri Medvédev (izq.), uno de sus mejores amigos.

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Dmitry Astakhov. EFE

Los títeres millonarios de Vladimir Putin

‘Democracia envenenada’ revela la vida de lujos de Dmitri Medvédev, a quien Putin llevó al poder.

La constitución rusa dice que nadie puede ser presidente por más de dos periodos seguidos. Al final de su segundo mandato Putin vio la necesidad de retirarse y declaró su apoyo como nuevo presidente a Dmitri Medvédev, que en ese momento era primer viceministro de Estado. En 2008 Medvédev ganó arrolladoramente en las elecciones, a las cuales Garri Kaspárov, su oponente, llamó “una farsa”. La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (Osce) se abstuvo de enviar observadores a las elecciones en protesta contra las limitaciones que habían sufrido por parte de las autoridades. Medvédev propuso a Putin como ministro de Estado y la Duma Estatal lo aprobó poco tiempo después. La Duma ha estado dominada desde 2003 por Rusia Unida, el partido de los aliados de Putin.

A pesar de que la elección presidencial fue criticada por ser poco democrática, Medvédev, trece años más joven que Putin, generó expectativas sobre un desarrollo de las libertades. Durante sus cuatro años como presidente, estas alternaban entre fortalecidas y debilitadas. Los medios de comunicación rusos y occidentales discutían si era Medvédev un títere de Putin. En la actualidad, Medvédev, después de renunciar el pasado enero como primer ministro, es vicepresidente del Consejo de Seguridad del país.

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***

En el río Volga, en su parte superior, no muy lejos del oriente de Moscú, están situados los antiguos principados que en la Edad Media lucharon contra la influencia y el poder central. En la actualidad forman el ‘Anillo de oro de Rusia’. En la ciudad de Yaroslavl se puede pasear por las calles del centro protegidas por la Unesco. Kostromá muestra su plaza de mercado con los diminutos quioscos comerciales de finales del siglo XVIII. En Tutáyev se pueden admirar las cuatro catedrales del siglo XVII que se erigen como un palacio de cuento de hadas a lo largo del río, mientras que la pequeña Yúrievets ha construido un museo dedicado a su hijo más grande, el cineasta Andréi Tarkovski. Pero referirse a la atracción más importante de Plios puede ser difícil. La finca Milovka, que el conde Chernov mandó a construir en el siglo XVIII, está encerrada por una cerca de seis metros de altura.

Afortunadamente, los drones con cámara han llegado también a Rusia y si alguien ha sabido sacarles provecho es Alekséi Navalni y su Fondo para la Lucha contra la Corrupción (FBK, por sus siglas en ruso), organización que presentó fotografías de un vuelo sobre la propiedad Milovka, que mide ochenta hectáreas. Lo primero que se ve después del sistema de muelles es un telesquí que se extiende a lo largo del río. Para compensar la poca diferencia de altura, construyeron allí una colina artificial. El dron vuela sobre una casa de huéspedes de tres pisos, luego sobre un campo de fútbol y cinco invernaderos, dos garajes y dos edificios que, de acuerdo con las licencias de construcción, son un hotel para el personal. Cuando el dron se vuelve hacia la casa principal debe pasar sobre dos lagos artificiales y cinco viviendas más para el personal. Al lado de la remodelada edificación principal, construida en 1775, hay dos casas de huéspedes, una con una piscina que se extiende en varios niveles hacia abajo por la terraza. Más abajo, hacia el Volga, el dron sobrevuela algo que recuerda a un palacio de cuentos de hadas de Disney, que según el registro público es “una casa con piscina”. El sector descubierto está, por lo demás, lleno de prados, arbustos bellamente cortados y un tablero de ajedrez de unos tres por tres metros. Las estaciones de comunicación y los tres helipuertos revelan que quienes viven allí son gente importante.

La finca Milovka es la cabaña vacacional de Dmitri Medvédev. En marzo de 2017, la FBK publicó un documental de cincuenta minutos sobre otras propiedades de las que dispone Medvédev: al occidente de Moscú, cerca del poblado de Znamensky, Medvédev tiene una villa con un área de 2.822 metros cuadrados. Dentro de las altas cercas hay casas para huéspedes, un lago artificial y una piscina enorme. En Sochi, a unos pasos de distancia del estadio de esquí, se encuentra una residencia todavía más grande, de unos 4.177 metros cuadrados. La casa tiene un ‘spa’ de más de 1.000 metros cuadrados, helipuerto y varios complejos para los vigilantes y huéspedes. FBK avalúa la propiedad en siete millardos de rublos, es decir, más de noventa y seis millones de euros. Al sur de Moscú, en la región de Kursk, Medvédev construyó una granja no muy lejos del pueblo donde nacieron su papá y su abuelo paterno, Mansurovo. Detrás de un alto cercado hay un campo de fútbol, un lago artificial, garajes y viviendas para los guardas y una casa principal de aproximadamente 1.500 metros cuadrados. Afuera hay dos helipuertos y una estación de gasolina. A la granja le pertenecen 27.000 hectáreas de tierra y 3.000 cabezas de ganado. En San Petersburgo hay un edificio suntuoso, de antes de la Revolución, con cariátides, grifos y escaleras de mármol y seis apartamentos que están a disposición de Dmitri Medvédev. En varios de ellos hay ascensor para automóviles desde el garaje, así que uno puede subir en el carro y luego entrar directo a la sala. Cerca de Anapa, en la costa del mar Negro, donde las preciosas colinas están adornadas con viñedos, Medvédev tiene una propiedad inmensa. Sin embargo, no es el único viñedo en su colección, pues también tiene uno en la Toscana. La construcción principal es del siglo XVII y tiene treinta habitaciones.

El reto para la FBK y otras organizaciones que investigan las propiedades de los políticos rusos es que estas no están registradas a nombre de sus dueños. Las propiedades de Medvédev proceden de diferentes “regalos” y pertenecen a supuestas fundaciones deportivas y a proyectos sociales. De todas formas existen suficientes indicios de que el político ruso las utiliza como residencias privadas. Por ejemplo, su cuenta de Instagram está llena de fotografías que fueron tomadas dentro de las propiedades. En Mansurovo, los habitantes cuentan que a menudo ven al político en camino a o desde “la cabaña”.

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La mayoría de las fundaciones son dirigidas por Iliá Yeliseyev, quien era compañero de estudios de Leyes de Medvédev en San Petersburgo. Cuando Medvédev fue llevado a Moscú por Vladimir Putin, Yeliseyev llegó después, y a medida que Medvédev fue ascendiendo en la vida política, Yeliseyev ha subido con él. Tan pronto como Medvédev se convirtió en presidente de la junta directiva del gigante energético Gazprom, Yeliseyev se convirtió en vicepresidente de la junta directiva de su filial Gazprombank. La granja vinícola en Italia es propiedad de una compañía registrada en Chipre por Yeliseyev, que también es dueña de dos yates Princess que cuestan entre de 50 y 100 millones de euros. Ambos yates fueron bautizados Fotinia, que es el nombre en griego de Svetlana, la esposa de Medvédev. De vez en cuando, ambos se dejan ver en el muelle de Plios, la pequeña ciudad situada en la llamada ‘Suiza del Volga’.

Comprar y restaurar estas propiedades, según FBK, ha costado casi seiscientos cincuenta millones de euros. Esto sin el precio de mantenerlas en operación, con cocineros, personal de limpieza, jardineros y personal de seguridad. Las revelaciones de la FBK muestran que las fundaciones de la red Medvédev han recibido regalos de tres de los oligarcas más ricos de Rusia –Alisher Usmánov, Leonid Michelson y Leonid Simanovsky–, de aproximadamente cuarenta billones de rublos, unos quinientos veintiséis millones de euros. La propiedad en Znamenskoye, en las afueras de Moscú, fue donada legalmente por Usmánov. “Usmánov solo le dio esto de regalo a una estructura estrechamente ligada al político. ¿Cómo llamas a esto? Correcto. Un soborno”, dice irónicamente Navalni en el video documental. Además, la fundación recibió créditos de dos cifras en billones de rublos por parte de Gazprombank, el banco propiedad del Estado donde Iliá Yeliseyev era vicepresidente.

El documental de Medvédev ha sido visto más de dieciséis millones de veces en Youtube, y en la página web de FBK es el documental de Navalni que mayor atención ha recibido. Esto se debe a que ninguna de las anteriores “víctimas” de Navalni ocupaban una posición tan alta como Medvédev. Por otra parte, el documental muestra el uso absurdo del dinero de la élite en una época en la que muchos rusos sienten la crisis económica en carne y hueso. Y en tercer lugar, porque Medvédev ha estado entre los políticos rusos con uno de los discursos más intransigentes contra la corrupción. “El lazo debe apretar el cuello de los corruptos. Este es un concepto que toda la sociedad rusa comparte. Sin excepción”, dice Medvédev al comienzo de la filmación.

¿Y qué pasa con el presidente? FBK nunca ha hecho un documental similar sobre Putin, pero otros han puesto su foco en él. Karen Dawisha, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami en Oxford, Ohio, se tomó siete años estudiando archivos, medios de comunicación e informes escritos por anteriores dirigentes del Kremlin que están en el exilio. Entrevistó a diplomáticos occidentales con mucha experiencia en Rusia, miembros de la oposición y, sobre todo, periodistas independientes que, en diferentes momentos, han investigado las acusaciones de corrupción contra el presidente. La conclusión de su libro, ‘La cleptocracia de Putin’, es clara: Putin ha “construido un sistema basado en el saqueo masivo a un nivel que no se ha visto en Rusia desde la época de los zares”. Además de ser responsable del sistema con el que se han enriquecido Medvédev y sus aliados políticos, Putin ha acumulado por su propia cuenta valores por miles de millones de rublos, dispone de más de veinte residencias oficiales, cincuenta y ocho aviones y cuatro yates. El líder sufre de “avaricia incontrolable, del deseo de querer ser dueño de lo que legalmente pertenece a los demás”.

BERNHARD MOHR*
* Cortesía de Rey+Naranjo Editores

Lupa a los excesos rusos

Bernhard Mohr (1978), periodista y editor en Cappelen Damm, una de las más importantes editoriales noruegas, hace un recorrido por la Rusia de los últimos años, que ha pasado de una aparente democracia, con todos los desmanes neoliberales de la época Yeltsin, a la autocracia y el dominio total del Estado por parte de Putin. El lector encontrará en este libro un relato sobre el desmonte del Estado social de derecho y la apropiación de los recursos de un país para el beneficio propio.

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