Melomanías / Opinión

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Óscar Acevedo revisa las formas en las que se almacena y se consume la música a través del tiempo.

Por: Óscar Acevedo
08 de noviembre 2019 , 09:20 p.m.

Analizando mi trayectoria de melómano, encuentro que la forma de oír y guardar la música caduca cada tanto tiempo, obligando al oyente a adaptar sus hábitos de escucha a nuevas y costosas tecnologías. No alcanza ya a pasar ni una década sin que cambie la forma de acceder a la música con sistemas que relegan al olvido el aparato anterior. Recuerdo pasar tardes enteras de los años sesenta junto a la victrola familiar poniendo el mismo disco hasta el cansancio, incluyendo el ritual de darle manivela al aparato cada vez que se terminaba la canción del grueso acetato, que solo traía una por lado.

Después vino el tocadiscos monofónico, una importante adquisición que nos permitió dar el salto a la modernidad en la familia para escuchar los alborotos del rock de la época. El nuevo acetato era mas liviano y permitía incluir hasta seis canciones por lado sin tener que estar cambiando discos cada tres minutos, gran adelanto.

En los años setenta di el salto a la independencia juvenil con la adquisición de una casetera que me permitió empezar una colección de música grabada en esas cintas magnéticas tan versátiles. Se podía borrar y regrabar en ellas cuantas veces fuera, renovando la lista de éxitos sin gastar un peso. Inclusive hice grabaciones en casete de mis primeros guitarrazos logrando tener una perspectiva de lo que era hacer música.

A comienzos de los años ochenta ya tenía unos 200 discos en mi colección de casetes, pero el estudio de música me obligó a concentrarme en otra forma de almacenar canciones: las partituras. Entre tanto apareció el Compact Disk, un artefacto que prometía ser el definitivo por su alta calidad sonora, lo que obligó a los melómanos a adquirir muchos CD nuevos y otros que ya tenían en formatos anteriores.

No pasaron veinte años cuando el computador se consolidó como el medio de almacenamiento de música por excelencia, condenando el CD al retiro forzoso. El Internet parecía señalar el fin de la industria musical a comienzos de siglo, pero vinieron el Ipod, Youtube, los celulares y ahora las plataformas digitales son la sensación, aunque no demoran en desaparecer. Ante tanto cambio he optado por seguir oyentes calificados que recomiendan conciertos de alta calidad en redes y vivir la verdadera experiencia musical en vivo, sin ninguna interferencia.

ÓSCAR ACEVEDO
Músico y crítico musical
Correo: acevemus@yahoo.com

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