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Los enigmas de la novia devuelta en ‘Crónica de una muerte anunciada’
Película Crónica de una muerte anunciada

‘Crónica de una muerte anunciada’, del director Francesco Rosi, fue filmada en Mompox. 

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Archivo El Tiempo

Los enigmas de la novia devuelta en ‘Crónica de una muerte anunciada’

‘Crónica de una muerte anunciada’, del director Francesco Rosi, fue filmada en Mompox. 

Hace 40 años apareció esta novela. Análisis de los hechos que rodearon la publicación de la obra.

En un borrador de Crónica de una muerte anunciada, parte del archivo personal de Gabriel García Márquez depositado en el Harry Ransom Center en Austin, encontré un intrigante epílogo. El narrador explicaba allí el origen de la novela, basada en un crimen ocurrido en 1951 en Sucre, Sucre, donde residía la familia García Márquez.

Gabo vivía en Barranquilla. Allí se abría camino como periodista, cuando se enteró de que los hermanos Joaquín y Víctor Chica Salas habían matado a Cayetano Gentile, su amigo de infancia, en venganza por el honor perdido de su hermana, devuelta en la madrugada de su noche de bodas por Miguel Reyes Palencia al encontrarse con que su esposa no era virgen.

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Decía Gabo que, aunque el impacto de esa muerte lo había inspirado a convertirse en escritor, por 27 años había recogido testimonios y contado la historia a amigos y editores sin poder escribirla porque, de una manera que no lograba entender, estaba incompleta. Le tomó 27 años hallar el final para ponerla sobre el papel.

El final esperado llegaría por boca de Álvaro Cepeda Samudio, a quien acreditó el rumor de que los esposos de la novela habían vuelto y vivían en Manaure, “ ‘viejos y jodidos, pero felices’ ”. Aquella “revelación”, decía Gabo, “me puso el mundo en orden… Todo estaba entonces muy claro: por mi afecto hacia la víctima, yo había pensado siempre que esta era la historia de un crimen atroz, cuando en realidad debía ser la historia secreta de un amor terrible”.

La versión que acreditaba fuentes reales a la historia de amor de la novela fue excluida del manuscrito final, y descartada por lectores y críticos, pese a su posterior publicación en El País, bajo el título de ‘El cuento del cuento’. Años después, en Vivir para contarla, Gabo atribuiría el retraso en la escritura de Crónica a una promesa hecha a su madre, quien le pidió no publicar la historia hasta cuando muriera la mamá del muerto, enterrando aún más la fascinante historia de la reconciliación de los esposos.

A cuatro décadas de la publicación de Crónica en 1981, y a siete décadas de los hechos reales que la inspiraron, la historia de aquel “crimen atroz” sigue viva en la imaginación de los millones de lectores latinoamericanos que la leen en el colegio, y tantos otros iniciados en Gabo por esta, quizás la más legible de sus obras.

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Los misterios escondidos tras esa historia continúan siendo elusivos, pues pese al extraordinario talento de Gabo para hacer la realidad y la ficción indiscernibles, ninguna de sus obras ha desatado una cadena de equívocos tan compleja como la provocada por Crónica.

Este artículo es un homenaje en el aniversario cuarenta de la publicación y también un recuento de los malentendidos que marcaron la recepción de la novela (iluminados por el archivo personal de Gabo) y de los misterios irresueltos en torno a la protagonista del triángulo real, Margarita Chica Salas.

Del ‘crimen’ al ‘amor’

Los lectores de Crónica recordarán el drama que concluye con Santiago Nasar (Cayetano Gentile) cargando sus propias tripas tras ser acuchillado por los hermanos Vicario (Víctor y Joaquín Chica Salas).

El narrador, identificado con García Márquez en su faceta de periodista, relata básicamente tres historias entrelazadas: la del cronista que investiga la muerte de su amigo, la del asesinato, su ejecución y sus efectos, y la de los esposos Ángela Vicario (Margarita Chica Salas) y Bayardo San Román (Miguel Reyes Palencia), cuya unión es contrariada.

Se lanzaba el 28 de abril de 1981 en Bogotá y en Madrid, con un tiraje sin precedentes de un millón ciento cincuenta mil copias, la nueva novela del ya más popular de los escritores latinoamericanos.

El reportero recoge hechos y rumores, revelando sus dificultades para explicar una muerte que, aunque pregonada a gritos, nadie osó impedir, y que sigue pesando a sus testigos.

En medio de las dudas irresueltas expresa una sola convicción: Santiago Nasar era inocente del cargo de la deshonra. De esta certeza surge el misterio que obsesiona a lectores y críticos: ¿quién fue el verdadero amante de Ángela Vicario?

La tercera historia, la de la esposa devuelta, es oscurecida por la ambivalencia del narrador hacia Ángela Vicario, su prima. Mientras los hermanos vengadores son obligados a matar por un deber de hombres, y el esposo es para el pueblo “la única verdadera víctima”, la participación de Ángela en el crimen no es atribuida a la fatalidad, las circunstancias o legítimos errores, sino a su lealtad al hombre cuya identidad esconde acusando a Santiago de su deshonra. Hasta allí lo que en el epílogo citado Gabo denomina: la historia del “crimen atroz”.

Años después, cuando tras haber sido humillada, golpeada y exiliada del pueblo, Ángela reclama las riendas de su destino, sufre la súbita revelación de que ama a Bayardo, el arrogante pretendiente con quien se había casado para sacar de pobre a su familia.

Decidida a hacerse virgen de nuevo para él, Ángela dedica 17 años a escribir las cartas semanales que inspirarán el retorno del esposo agraviado, con el fajo de cartas bajo el brazo y sin haber abierto la primera de ellas. Este “final feliz” concluye la historia a la que el narrador del epílogo se refiere como el “amor terrible”. La película de Francesco Rosi basada en la novela privilegia esa historia de amor.

De las dos primeras historias es lugar común decir que están basadas en hechos reales, aunque la versión de esos hechos recreada por Crónica de una muerte anunciada, ratificada por la cobertura de prensa que acompañó la publicación de la novela, ha sido el origen de una extensa, y dañina, cadena de equívocos.

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Poco se ha dicho, en cambio, de los hechos que inspiraron la historia de amor. Tras los misterios más populares entre los lectores de la novela se agazapa la historia de la esposa devuelta, la violencia de la que fue objeto y los “terribles” amores que justificaron esa violencia.

Oculta permanece, además, la verdadera historia de la mujer que dio origen al personaje, Margarita Chica Salas, atravesada treinta años después del crimen cometido en su nombre por una segunda desgracia, la publicación de Crónica de una muerte anunciada.

Una novela anunciada

Los lectores contemporáneos de Crónica nos perdimos la fiesta del boom, cuando las novelas de los escritores latinoamericanos se anunciaban como la nueva película de la serie La guerra de las galaxias, y los libros empezaron a venderse en supermercados y se hablaba de Gabo como hoy se habla del youtuber de turno.

Nos perdimos también la alargada celebración del galardón más prestigioso recibido por un colombiano, el Premio Nobel de Literatura, otorgado un año después del lanzamiento de Crónica.

Entrevistas y afiches con el rostro sonriente del escritor anunciaron “el más importante acontecimiento editorial del mundo hispánico” (El País).

En Colombia, donde los reportajes de García Márquez se recibían con incomparable entusiasmo, el debate se centró en los préstamos al episodio real, revelados el mismo 28 de abril en el número inaugural de la revista Al Día.

García Márquez mismo le había regalado la primicia a la directora, María Elvira Mendoza, y les había recomendado a los periodistas que desenterraran los vestigios del crimen real de 1951. El artículo exhibía un diagrama de la plaza donde ocurrió, y emparejaba en una tabla a los personajes reales con los ficticios. Pero como delata su título, “Gabo lo vio morir”, los periodistas se habían dado licencias literarias en la reconstrucción de la escena, pues García Márquez no estaba con su familia cuando ocurrió el crimen.

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La publicación carecía de declaraciones de los sobrevivientes o los autores del crimen, y omitía el hecho conocido del noviazgo previo entre Margarita y Cayetano. Anotaciones de su puño y letra que se leen en la copia de García Márquez de ese artículo en el archivo de Austin señalan los “errores” o “influencias de la novela” sobre la historia recreada por los periodistas.

Los críticos acabarían por consagrar Crónica como una obra maestra de ficción, pero la confusión con lo real continuaría afectando a los personajes reales expuestos por la novela y su secuela. Treinta años después, el sistema judicial colombiano fallaría a favor de García Márquez una demanda de Miguel Reyes Palencia, mediante la cual requería, alegando derechos de autor, parte de las regalías del libro y reparación por los “perjuicios morales causados por la divulgación de su vida íntima”.

La sentencia de 2011 alude a rasgos estilísticos que ratifican el carácter de ficción del libro, y a una entrevista vendida por Reyes a Al Día poco después de publicarse el primer artículo, en la que expuso él mismo detalles excluidos de la novela.

En esta se declaraba engañado, aunque admitía conocer el rumor sobre Margarita, y se ufanaba de haberla golpeado y dado un cuchillo para que se matara, pues era Margarita, y no Cayetano, quien merecía morir esa noche.

La “crónica del novio defraudado” tuvo su saga en una memoria, y en sus entrevistas para los medios, ante los que siguió declarándose hasta poco antes de su muerte “el último personaje vivo de García Márquez”.

De la ficción a lo real

A las bases reales de la historia de amor y las consecuencias de la publicación de la novela sobre Margarita Chica Salas me refiero en un libro en curso. Basta aquí recrear las persuasivas alteraciones que cimentaron el desprestigio de la otra gran víctima de la tragedia original.

Los críticos acabarían por consagrar Crónica como una obra maestra de ficción, pero la confusión con lo real continuaría afectando a los personajes reales expuestos por la novela y su secuela.

La más decisiva fue negar rotundamente la relación entre el muerto y la novia. El manuscrito del archivo de Austin revela que hasta su penúltima versión, en el pueblo de Crónica, como en el real, circulaba el rumor de que Ángela no era “señorita”, y Bayardo San Román, como Miguel, se casaba sabiendo que su prometida había estado enamorada de otro. Tachaduras y anotaciones del autor atestiguan el cambio que cimienta el más seductor de los misterios de la obra.

Una segunda fundamental invención fue la resistencia de Ángela al matrimonio. En la vida real, Margarita se había casado por amor y contra la reticencia de su familia hacia un prometido de quien se decía que tenía mujer y dos hijos en otro pueblo.

Este giro, que perfilaría a Ángela como una novia rebelde y leal al amante escondido, explica la tercera gran creación de García Márquez, el amor tardío de Ángela por Bayardo.

La versión novelada y secundada por el artículo de Al Día se reprodujo en revistas y periódicos internacionales inspirando el juicio público al que fue sometida otra vez la esposa devuelta.

Décadas bordando vestidos de novia le habían ganado una vida tranquila. Acosada por reporteros que saltaban el muro de su patio y ofrecían sumas cuantiosas por entrevistarla, Margarita se replegó.

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Cuando se decidió a contar sus amores, en una entrevista otorgada a Blas Piña Salcedo, el daño estaba hecho. Frente a la exculpación de los hermanos, el testimonio del esposo, la omisión de su relación con el muerto y la promoción de su “inocencia”, solo quedaba una culpable.

Poco después de su muerte, un periodista japonés, Akio Fujiwara, retomaría su historia en un libro titulado La mujer sepultada, que aún no ha sido traducido al español.

Clásico contemporáneo

El cuadro sobre la “responsabilidad colectiva” ofrecido por García Márquez sigue vigente en una sociedad sumergida aún en las formas de violencia que alimentaron “el crimen atroz”. Una lectura contemporánea de Crónica supone revisar, además, la violencia ejercida sobre la protagonista femenina, la de la novela y la real.

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Lo terrible del inaudito amor entre los esposos, sugiere el epílogo, es que se nutre de la muerte de un inocente y de la forma extrema de machismo que movió a sus ejecutores. Pero lo más terrible de los sucesos que desviaron la vida de Margarita es que tanto el hombre que tomó su virginidad como el que la devolvió, al igual que sus hermanos, actuaron en nombre del amor, de esa terrible forma de amar que resulta de la obsesión por el control, propia de la masculinidad tradicional. Viva y vigente en nuestros días, aunque ya no cobre el honor de las hermanas, esa obsesión continúa instigando la muerte de miles de mujeres a manos de aquellos que las “aman”.

Por eso cabe preguntarse ¿qué habría sido de esta historia si no hubiera sido Cayetano sino Margarita la víctima fatal de la violencia? Machista. Temo que no habría habido “crimen atroz” ni novela anunciada; solo una víctima más de las tantas historias del “amor terrible” que siguen siendo el pan de cada día en Colombia, y más allá.

NADIA CELIS*
Para EL TIEMPO

*Escritora, investigadora y profesora en la Universidad Bowdoin College, en Brunswick (EE. UU.).

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