Los mejores discos de la década 2010-2019

Los mejores discos de la década 2010-2019

Rock, electrónica, hiphop y un poco de psicodelia conforman un listado muy profundo de la década.

David Bowie

La muerte de la estrella del rock David Bowie el 10 de enero, apenas dos días después de publicar su ansiado álbum Blackstar el día que cumplió 69 años, tomó por sorpresa a sus fanáticos.

Foto:

Archivo Particular

Por: Daniel Casas
13 de diciembre 2019 , 09:05 p.m.

Para empezar, hay que decir que este es un ejercicio insano e irresponsable. No tiene lógica escoger diez discos que representen diez años de historia discográfica. Así que la selección es meramente subjetiva y cada uno podrá tener sus favoritos y no favoritos. Cada quién podrá hacer su listado, extenderlo, comprimirlo, hacerlo limitado o eterno.

Estos diez títulos, sin ningún orden de importancia, hacen parte del pensamiento y del criterio de quien escribe. Cierto es que la lista podría haber incluido títulos –y conste que los menciono aquí al comienzo y no al final– como Uptown Special, de Mark Ronson; Like Clockwork, de Queens of the Stone Age; Mojo, de Tom Petty & The Heartbreakers; A Seat At The Table, de Solange; Plastic Beach, de Gorillaz; James Blake, de James Blake, o When We All Fall Asleep, Where Do We Go?, de Billie Eilish.
Sin ir más lejos, creo quedar en deuda con algún disco de agrupaciones como Vampire Weekend, The Foals, The National, Arcade Fire, The War on Drugs, o similares, pero la selección es de 10 y el espacio no dio para más.

Sin más, aquí están 10 discos que a mi juicio representan buena parte de lo que fue el ámbito del rock, el pop, el soul y el hip hop en esta década que termina.

Daft Punk - Random Access Memories (2013): con su cuarto álbum de estudio, Daft Punk se muestra intuitivo, perfeccionista y preciso. Random Access Memories se alimenta no solo de los agraciados ritmos, sonidos y voces afectadas que hacen su marca registrada, sino de factores que lo hacen genial.

Random Access Memories

Random Access Memories

Foto:

Sony Music

La presencia del legendario guitarrista Nile Rodgers y su estilo chic para el tema Get Lucky, uno de los más populares de la década, o el rescate del genio de la música electrónica, Giorgio Moroder, le permiten ese rótulo. Otros invitados, Julian Casablancas, Todd Edwards y, ante todo, Pharrell Williams (en Get Lucky y Lose Yourself to Dance) completan un álbum muy original de funk, disco y electrónica.

Florence + the Machine - Ceremonials (2011): no puede tener mejor título un álbum cuyas canciones son verdaderos rituales, algunas veces épicos, a manera de himnos solemnes con cargas orquestales que adornan la increíble voz de Florence Welch.
Aventurándose más allá de lo logrado con Lungs, su álbum debut en 2009, este parece arrastrar la propia historia de la música popular británica.

Grandes coros, arreglos brillantes, dinámicas que permiten a una misma canción ir de lo explosivo a lo reflexivo, y que se expresa en su éxito Shake It Out, en el grandilocuente What the Water Gave Me, el intenso No Light, No Light o el potente y sentido Spectrum.

Kendrick Lamar - To Pimp a Butterfly (2015): la gran revelación en el mundo hip hop durante esta década es Kendrick Lamar, y este disco fue su momento cumbre. Un creativo paisaje cargado de jazz, funk, soul y mucha experimentación, en medio de un estilo de fraseo genial.

Bajos maravillosos, arreglos de vientos aquí y allá, y una buena dosis de efectos sutiles, para un álbum que cuenta, además, con la colaboración de leyendas del funk y del soul como George Clinton y Ronald Isley. Lamar incluye aquí piezas geniales como King Kunta, así como consignas sociopolíticas y de esperanza, especialmente en Alright y The Blacker The Berry.

David Bowie - Blackstar (2016): Bowie publicó Blackstar el día de su cumpleaños 69 y solo dos días antes de morir, y logró una producción maravillosa. Realizada con preciados músicos del ambiente jazzístico de Nueva York, se trata de una conjugación aun extraña de música excepcional, profunda, plagada de melancolía, con densas fases de rock-jazz, como lo son su tema titular y Dollar Days.Pero igual en ambientes vertiginosos y demoledores, como Sue (Or in a Season of Crime), o en fuertes y marcadas cadencias, como Lazarus y Girls Love Me. Insuperable.

Cada uno podrá tener sus favoritos y no favoritos. Cada quién podrá hacer su listado, extenderlo, comprimirlo, hacerlo limitado o eterno

Lorde - Pure Heroine (2013): con solo 17 años de edad, la neozelandesa Lorde irrumpió en la escena musical con este álbum de electro-pop y dream pop (fusión de texturas y atmósferas de teclados), con beats muy marcados y espaciados, en medio de un cautivante estilo vocal capaz de transmitir, con la misma sencillez, inconformidad, ansiedad y ensueño.

Su éxito más grande, Royals, con su pegajosa melodía, es la muestra perfecta de lo que es Pure Heroine: un disco complejo, crudo, pero cautivante.

Frank Ocean - Channel Orange (2012): Ocean pareció reinventar el rhythm and blues en 2012 con este, su álbum debut. Amalgama increíble de sonidos sutiles y armoniosos deambulando entre el soul, el funk, el hiphop, soportado en fórmulas electrónicas y dentro de un matiz psicodélico.

Temáticas sociales y románticas en una lección efectiva de cómo encontrar belleza a partir de lo sencillo. Sus canciones desbordan sentimiento y pasión, en un formato poco convencional pero igualmente atractivo en su juego vocal. Un reto, sin duda, que sin gratuidad fue considerado como uno de los mejores de ese año.

Rihanna - Anti (2016): en 2012, con Unapologetic, consolidó su sonido, mezcla de pop y rhythm and blues, con tintes de reggae, EDM e incluso hiphop.

David Bowie – Blackstar

18. David Bowie – 'Blackstar':  vigésimo quinto y último álbum de estudio de Bowie.

Foto:

Columbia Records

Rihanna

Anti es uno de los discos más completos de  Rihanna

Foto:

Universal Music


En 2016, su último álbum, Anti, y salvo su éxito Work al lado del rapero Drake, la muestra en un disco pretencioso, no para vender canciones, sino para exhibir una cantante arriesgada, involucrada en atmósferas por lo general oscuras, minimalistas, que va de sentidas baladas (Desperado y Never Ending), reminiscencias al doo wop (Love on the Brain), algo de R&B electrónico (Needed Me) hasta una lenta conjugación de R&B con rock-pop asincopado (Kiss It Better y Consideration).

Arctic Monkeys - AM (2013): potentes, enérgicos, resolutos en su propuesta, con un rock limpio, elaborado, con potentes golpes de batería, guitarras precisas y Alex Turner al mando vocal con sus características inflexiones.

El quinto álbum de estos ya maduros británicos es rebosante de estilos: rock, blues, psicodelia, R&B y hard rock. Es cadencioso y con beats marcados en Do I Wanna Know?, Arabella, Why'd You Only Call Me When You're High? o Knee Socks, que marcan un paso a distintas tendencias, que van de la nostalgia de No 1. Party Anthem a la potencia de R U Mine? y I Want It All.

Beyonce - Lemonade (2016): no se trata de un álbum para hacer éxitos, aunque los tuvo. Es, por el contrario, una carta de presentación universal en torno al desafecto, la infidelidad, la fractura del amor.

Los problemas con su esposo Jay Z son llevados a una impresionante colección de temas reflexivos, catárticos, de gran expresión musical afroamericana, diversa e impactante. Los invitados, Jack White, The Weeknd, James Blake y Kendrick Lamar, agregan momentos emotivos e intensos a la grabación. Y si bien el summum parece ser Freedom, con su matiz épico y la presencia de Lamar, Lemonade se antoja ambicioso, con la señora Knowles-Carter en una magnificente interpretación vocal.

Radiohead - A Moon Shaped Pool (2016): luego de The King of Limbs, su apuesta de 2011, en un álbum que parecía de transición, Radiohead volvió en 2016, deambulando por las inhóspitas melancolías que caracterizaron sus discos de la década anterior.
Rock artístico, sustentado en superficies de teclados, ritmos apenas insinuantes, adornado por repentinos flashes de guitarras y Thom Yorke en su expresión vocal más depresiva.

Radiohead

A Moon Shaped Pool

Foto:

XL Recordings


Solo Burn The Witch, como especie de fanfarria, e Identikit, en su forma rítmica, parecen marcar una diferencia.

A esta altura no se sabe si Radiohead es de fórmulas, pero en medio del desasosiego que genera su música, también es cierto que nos enfrentamos a canciones grandiosas que atrapan, envuelven y nos obligan a regresar.

DANIEL CASAS 
Para EL TIEMPO


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