Borges, los amores fallidos de un genio sentimental

Borges, los amores fallidos de un genio sentimental

Hace una semana se cumplieron 34 años de su fallecimiento en Ginebra (Suiza).

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Borges, de 86 años, y María Kodama, de 41, se casaron por poderes, pocos meses antes de la muerte del escritor.

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Getty Images

Por: Harold Alvarado Tenorio
19 de junio 2020 , 10:54 p.m.

Jorge Luis Borges (1899-1986) creó dos tradiciones para sus antepasados: una militar y otra literaria. Uno de sus bisabuelos comandó la caballería de Junín. Su abuelo paterno luchó contra los indígenas de las fronteras. Isidoro Acevedo –abuelo materno– luchó contra Rosas.

Su padre es autor de la novela El caudillo y traductor de las versiones inglesas de Fitzgerald de las casidas de Omar Jayyam.

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Nacido en una casa con patio y aljibe, su infancia trascurrió en Palermo, en las orillas de Buenos Aires, rodeado de inmigrantes, cuchilleros y compadritos, donde su padre tenía una biblioteca de libros ingleses. Buscando cura para la ceguera del padre, la familia viajó a Suiza en 1914.

En Ginebra terminó el bachillerato en el Liceo Calvin, una escuela protestante donde leyó a los poetas expresionistas y simbolistas y descubrió a Schopenhauer. En Mallorca escribió Los ritmos rojos y Los naipes del tahúr, libros nunca dados a la imprenta. En Madrid y Sevilla participó y publicó en grupos y revistas ultraistas.

De regreso a Buenos Aires creó una sucursal del movimiento, e hizo amistad con Macedonio y Guiraldes, admiradores de Lugones.

Dos años más tarde, antes de emprender un segundo viaje a Europa publicó Fervor de Buenos Aires, con treinta y tres poemas que hablan del truco, de Rosas, Benarés, de su afecto por los zaguanes, las parras, los aljibes, los atardeceres, los arrabales y las desdichas que depara el amor.

Los años de entreguerras harían de Borges uno de los grandes escritores de nuestra lengua y un clásico universal.

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Repudiando del Ultraismo escribió ensayos, cuentos y poemas sobre los arrabales, el tango, la milonga o los brutales duelos con facón de compadres y cuchilleros y más tarde fábulas que imitaban las secuencias del cinematógrafo o parecían ensayos y ensayos que parecían cuentos, fantásticos y mágicos que terminó por recoger en Ficciones o El Aleph, haciendo gala de un europeísmo que jamás renunció a su humor porteño para especular sobre el tiempo, el espacio, lo infinito, el destino del hombre, apoyado en citas y libros apócrifos.

Cerca de los 40 años Borges tuvo que emplearse de tiempo completo en una biblioteca de donde pasaba los días leyendo, escribiendo o haciendo fichas bibliográficas en el más completo anonimato. A poco de morir su padre, tuvo un accidente que casi le cuesta la vida, pero cambió el rumbo de su literatura.

Retrasado para la cena de nochebuena, como no funcionara el ascensor subió apresurado la escalera sin percatarse de que un batiente de una ventana estaba abierto, la herida se infectó y una septicemia elevó las fiebres y alucinaciones.

Temiendo haber perdido la memoria escribió Pierre Menard, autor del Quijote, contra las presunciones estilísticas de Amado Alonso, que en Buenos Aires se disponía a dar a publicar el primer libro que estudió la obra de Pablo Neruda, con quien Borges tenía un contencioso a raíz de sus flirteos con Norah Lange, uno de sus amores secretos, inmortalizada por Marechal como la Solveig Amundsen de Adán Buenosayres.

Desde entonces supo que la realidad es tan ilusoria como la ficción, y puede proveernos de mejores instrumentos para navegar en el proceloso mar de las apariencias.

En 1944 conoció a Estela Canto, una comunista, atractiva y nada convencional, muy infiel sexualmente, adicta al licor de malta, de la cual se enamoró sin ser correspondido. Gracias a sus confidencias sabemos que Georgie era hondamente sentimental. A ella dedicó El Aleph, cuyo manuscrito le obsequió y ella subastó por 30.000 dólares y permanece en la Biblioteca Nacional de España.

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Borges, que había sido desde su regreso partidario de los radicales y de Hipólito Irigoyen, con la elección de Perón, al manifestarse contra el nuevo gobierno renunció a su cargo de bibliotecario al ser designado ‘Inspector de mercados de aves de corral’ para humillarle luego de un arresto policial de su madre y hermana por antiperonistas.

Supo que la realidad es tan ilusoria como la ficción

Las dictaduras –dijo entonces– fomentan la opresión, fomentan el servilismo, fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor”.

La Década Sombría (1950-1960) hizo de Borges un autor reconocido en el continente. No solo se desempeñó valerosamente por tres años como presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, sino que aparecieron las primeras traducciones de sus cuentos, y fue divulgado en 12 lenguas europeas, al recibir el Premio Formentor que le otorgaran Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma en Palma de Mallorca junto a Samuel Becket.

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Con la caída de Perón, una recomendación del padre de Bioy Casares al general Pedro Eugenio Aramburu hizo a Borges director de la Biblioteca Nacional. La Universidad de Buenos Aires, director del Instituto de Literatura Alemana. La del Cuyo, Doctor Honoris Causa, título al que seguirán otros de los Andes de Colombia, Columbia, Yale, Oxford, Michigan, Santiago de Chile, Cincinnati, Sorbona y Tucumán.

En 1979, siendo ministro de Educación de Adolfo Suárez, el franquista del grupo Tácito, José Manuel Otero, con un jurado donde estuvo Dámaso Alonso, le adjudicó el único Premio Cervantes ex aequo, o “en pie de igualdad” que existe, junto a un poeta menor llamado Gerardo Diego.

Al enterarse de la infamia, Borges preguntó si era a tres que se había concedido el premio, si a Borges, a Gerardo o a Diego, y agregó, con esos 5 millones de pesetas al fin podré comprar la enciclopedia Espasa, que para entonces tenía más de 21 volúmenes.

Al cumplir 68 años, temiendo quedar solo casó por la Iglesia católica con Elsa Astete, una viuda de 57 años. El matrimonio duró dos años plenos de anécdotas.

Dieciséis años después, tres meses antes de morir, se casó por poder con María Kodama, concluyendo una serie de encuentros amorosos que habían comenzado con Concepción Guerrero, y continuado con Cecilia Ingenieros, Estela Canto, Haydée y Norah Lange, María Ester Vásquez, Silvina Bullrich, Bettina Edelberg, María Luisa Levinson, Ulrike von Külmann, Emma Riso Platero, Margot Guerrero, Susana Bombal, Elvira de Alvear, Odile Baró…

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Al cumplir 68 años, Borges se casó por la Iglesia con Elsa Astete Millán, de 57 años. El matrimonio duró dos años.

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Tomada del libro Los dos Borges, de volodia teitelboim

Elsa fue una de las siete hijas de la dueña de una pensión de La Plata donde vivió Pedro Henríquez Ureña, amigo y maestro de Borges. La conoció cuando ella tenía 17 años y él, 26. Le dijo que se casara con él, pero ella no aceptó. 25 años después, ya viuda, ella aceptó casarse.

Elsa no hablaba ni ingles ni francés y gustaba cantar, muy mal, tangos, veía mucha televisión y no recordaba los sueños. Aduciendo estas quejas, Borges terminó con el matrimonio, no sin antes enviar a unos peones a recoger a la calle Belgrano la Enciclopedia Británica.

María Kodama es hija de un sintoísta japonés descendiente de samuráis, químico y fotógrafo y de una pianista, hija de un alemán y una católica española. El padre llevaba 30 años a la madre y aunque nunca vivieron juntos, parece le contaba historias de cuchilleros japoneses, e inculcó en ella el honor, el deber, la responsabilidad y la lucidez suficientes para admitir que en este mundo podemos hacer de todo siempre que no nos mueva el temor.

Kodama –que quiso ser marino, que practicó la equitación y la natación, bailaba flamenco, rock, salsa, sirtaki y baidoushka, la danza de los carniceros griegos– decidió dedicarse a la literatura, según la mitología que ella misma creó, cuando descubrió en Borges la mágica relación que existe entre las palabras y los sentidos que ellas delatan.

En 1986, al descubrir que tenía cáncer hepático y temiendo que se hiciese de su agonía un espectáculo, decidió quedarse en Ginebra. Pasó los últimos meses de su vida recibiendo visitas y revisando la edición de sus obras completas para La Pléiade de Gallimard.

En este mundo podemos hacer de todo siempre que no nos mueva el temor

Estuvo algún tiempo en el hotel L'Arbalette y sus últimos tres días, en un departamento de la Grande Rue que parece perteneció a Margarite Yourcenar. Las semanas anteriores había iniciado el estudio del árabe.

Según Kodama, Borges deseaba continuar sus saberes de japonés, pero como no encontrara preceptor y viera en un anuncio que un egipcio de Alejandría lo enseñaba y lo hacía a domicilio, le invitó al hotel y viendo a Borges comenzó a llorar.

Había descubierto al autor que más leía en los últimos años. El alejandrino dibujaba en las manos de Borges las letras del alfabeto árabe, y bebiendo té, le repetía la música de las palabras.

Borges murió lentamente y en silencio el sábado 14 de junio de 1986, a las 7:47 de la mañana. Ese mediodía, en Buenos Aires, Bioy Casares salió para comprar los diarios. Un joven con cara de pájaro le dijo: falleció Borges. “Seguí mi camino, escribe Bioy, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges”.

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Sus restos reposan en Plainpalais. En la lápida 41, hecha por el escultor Eduardo Longato en una piedra áspera y blanca donde puede leerse “Jorge Luis Borges” y, debajo, “And ne forhtedon na”, junto a un grabado circular con siete guerreros, una pequeña cruz de Gales y los años “1899/1986”. La inscripción “And ne forhtedon na”, formulada en anglosajón, traduce “Y que no temieran”.

La cara posterior de la lápida tiene la frase Hann tekr sverthit Gram ok leggr í methal theira bert, que se corresponde al capítulo 27 de la Saga Volsunga: “Él tomó la espada, Gram, y la colocó entre ellos desenvainada”.Como todo mundo sabe, el Premio Nobel no merecía a Borges.

HAROLD ALVARADO TENORIO
PARA EL TIEMPO

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