Los 60 años de La Sonora Dinamita de Lucho Argaín

Los 60 años de La Sonora Dinamita de Lucho Argaín

Nacido para la música en el barrio Getsemaní, este cantante puso a los mexicanos a bailar la cumbia.

La Sonora Dinamita

La Sonora Dinamita fue absorbida por México. Pero la marca sigue siendo de Discos Fuentes.

Foto:

Carlos Pereda / AFP

Por: Humberto Vélez Coronado
29 de diciembre 2019 , 07:46 p.m.

Siempre exitosa, La Sonora Dinamita, nacida como colombiana y ahora mexicana, celebrará en el país de los mariachis, en 2020, su 60.° aniversario de existencia (con interrupciones), un caso tal vez único de supervivencia musical en medio de los vaivenes que imponen los nuevos ritmos en boga.

En México es emblema de lo que originalmente fue la cumbia colombiana y que hoy es tan mexicana como lo son la cumbia peruana, la argentina o el género ‘típico’ panameño, que evolucionaron desde el ritmo de nuestra costa Atlántica.

La Sonora Dinamita nació en 1960 como la cristalización de una de las muchas ideas que bullían en la mente inquieta de don Antonio ‘Toño’ Fuentes, un profeta en su tierra que siempre anduvo a la caza de novedosos formatos musicales.

Así nacieron la Orquesta de la Emisora Fuentes, en 1940; Pedro Laza y sus pelayeros, en 1952, y la Sonora Cordobesa, en 1959.

En vez de ponerse al frente de los Laboratorios Fuentes, el próspero negocio familiar, y asegurarse un futuro en su natal Cartagena, en 1934 Fuentes introdujo en Colombia la industria discográfica, porque aquí los discos llegaban importados de México y Argentina.

El experimento de La Sonora Dinamita consistió en usar el formato que impuso la Sonora Matancera, con base en trompetas y piano (más adelante con el acompañamiento sonero de un tres cubano), para un género predominantemente de porros y cumbias, y dejando de lado las letras campesinas y el sonido de las bandas sabaneras: fue hecha pensando en el mercado foráneo.

Fuentes seleccionó y condujo a los mejores músicos de la costa Atlántica a Medellín, para hacer grabaciones en estudio (por mucho tiempo siguió siendo una agrupación que no hacía presentaciones en vivo).

Y aparece Lucho

Un vocalista y prolífico compositor cartagenero, Luis Guillermo Pérez Cedrón (20 de febrero de 1927 – 15 de enero de 2002), llegó a ser la pieza clave que hacía falta.
Hizo sus pinitos como cantante con Pedro Laza y sus pelayeros y en la Sonora Cordobesa, con muchos cortes compuestos por él.

Fuentes lo rebautizó ‘Lucho Argaín’ porque en México había un intérprete de rancheras llamado Luis Pérez Mesa.

Lucho, desde niño, quería vestir nuestros aires vernáculos con
un nuevo traje proveniente del Caribe afroantillano, para dar rienda suelta a todo su talento

Argaín no era nuevo en la nómina de Fuentes. En 1956 grabó con Curro, el hermano menor de Toño, su primer trabajo, acompañando (voz y maracas) al invidente Julián Machado y su violina (dulzaina) en Las cosas de Goya, que trajo al respaldo Yo la vi, composición de Argaín.

“Yo la vi: / Yo la vi compadre yo la vi / no era sombra de lo que antes era / esa mujer que a mí me hizo sufrir / hoy es una pobre cabaretera/”.

Pero Lucho desde niño quería vestir nuestros aires vernáculos con un nuevo traje proveniente del caribe afroantillano, para dar rienda suelta a todo su talento: “Oía mucha música. La que más sonaba, la de los sextetos cubanos, el conjunto de Machín, el Trío Matamoros, Orlando Guerra ‘Cascarita’, con la Casino de la Playa, José Barros”, le contó al escritor Roberto Montes Mathieu, en su libro Cantantes y compositores del Caribe colombiano (2012).

Su juventud transcurrió en la calle de San Juan, en el viejo arrabal de Getsemaní, en medio de dificultades y trabajando en los oficios más disímiles –alguna vez fue portero de un burdel–, para ayudar a su familia, procedente del Sinú cordobés, hasta cuando ingresó en el ejército y se dedicó a la música.

“Barrio de leones / sincero de corazones”, dice en Soy getsemanisense, que se convirtió en himno de los cartageneros.

“Barrio de Getsemaní / Con tus grandes deportistas / Boxeadores, beisbolistas / Cantantes y pregoneros, / Que lo sepa el mundo entero / Que aquí en la plaza del Pozo / Fue que un cubano glorioso / Dio el grito de independencia,/ Aquí nació la insurgencia / Del pueblo cartagenero”.

Los tiempos heroicos

De la primera época de la Sonora quedaron tres elepés, con los arreglos de Lalo Orozco. Ritmo, en 1960, con Yo la vi y Mayen raye, de autoría de Lucho Argaín.

Al año siguiente Dinamita, que incluyó La cumbia barulera y Golpes que da la vida, de su inspiración, y en 1962 el tercero y último disco de larga duración, Fiesta en el Caribe, del que se impuso el bolero Separación, en la voz de Lucho, que marcó su disolución por desavenencias entre los miembros, que quisieron tener sus propias orquestas.

Con un paso siempre adelante de la competencia, Fuentes se dio cuenta de que el favoritismo del público se inclinaba por los conjuntos, en demérito de las grandes orquestas.

No de otra manera se puede explicar la desaparición de la orquesta Sonolux, activa de 1957 a 1959 dentro del mismo modelo de poner en disco la música tradicional, pero con un formato de gran orquesta, bajo la dirección de Juancho Vargas. Tres años después se extinguió –en lo que pudo ser su muerte definitiva– La Sonora Dinamita.

“... los clubes sociales comenzaron a contratar a conjuntos juveniles para entretener a los hijos de los socios, desplazando a las orquestas. (…) Lo cual llevó a que, por ejemplo, Lucho Bermúdez se fuera a vivir a Bogotá en 1962”, acota Juan Sebastián Ochoa en su libro Sonido sabanero y sonido paisa (2018).

El receso se mantuvo por largos 14 años, pese a los clamores que venían desde México, que por lo pronto eran correspondidos con compilados de éxitos anteriores. Entre tanto, Fuentes enroló a Lucho en Los Corraleros de Majagual por cinco años, cuando Alfredo Gutiérrez le pidió, en 1965, que lo secundara, en Sonolux, en la creación de un nuevo conjunto. Tres años después se repitió la mudanza cuando fueron a las toldas de Codiscos, para fundar Los Caporales del Magdalena (Fiesta en corraleja).

El renacer de La Sonora

Relatan Ofelia Peláez y Luis Felipe Jaramillo, los historiadores oficiales de Discos Fuentes, en su libro Colombia musical (1996), que en 1977 los hijos de Toño Fuentes, Pedro y José María, encargados de la dirección, fueron a tocar la puerta de la casa de Lucho cuando este estaba ya retirado, con el propósito de convencerlo de que reactivara La Sonora Dinamita, para responder a la insistente demanda del mercado mexicano.

Este conjunto se hizo muy popular en México, donde cumplió un importante papel en la difusión internacional de la cumbia (aunque los números de este momento diferían bastante de las grabaciones de 1962), además ganar varios discos de platino y otros premios”, sostiene Peter Wade en su obra Música, raza y nación (2000).
Años más tarde, de hecho, Argaín reconocería: “Todo mi triunfo se lo debo al país de las rancheras”.

Así se inició la segunda y más vertiginosa etapa de éxitos de Lucho Argaín y la Sonora, en 1978, ya con la orquesta debidamente posicionada entre los bailadores mexicanos. Su primera salida con destino a la tierra de los mariachis coincidió con el lanzamiento de su quinto elepé titulado El meneíto, que incluyó Se me perdió la cadenita, un tema infaltable desde entonces en todos los bailes de música tropical y en el repertorio tropical de las agrupaciones colombianas.

En 1980 viajaron por primera vez a Estados Unidos a las fiestas de independencia de Los Ángeles, California. En Europa, en 1989, se dieron a conocer mediante presentaciones en Madrid, Londres e islas Canarias. En 1991 volvieron a Estados Unidos, a Nueva York, donde se presentaron en el Madison Square Garden. Luego vinieron Washington, Dallas y Houston.

En tiempo récord salieron cuatro LP que contaron con los arreglos de Julio García y Fruko: Fulminante; La explosiva; La detonante y La inimitable, con éxitos como Del montón, Maruja, Feliciana y El Tao tao. Su temática, paulatinamente, vino cambiando de sentido hacia unas letras más picantes y juguetonas con la profusa secuela que se desprendió del LP Mi cucu de 1990.

A raíz de un caso de piratería detectado en Los Ángeles, California, en 1993 y con permiso de la disquera, la orquesta empezó a llamarse La Sonora Dinamita de Lucho Argaín. Se estima que sus ingresos a lo largo de su carrera, por presentaciones y las regalías de más de quinientas composiciones, alcanzaron el millón y medio de dólares, quizás la más alta percibida jamás por un músico colombiano, con raras excepciones.

Si bien sus seguidores identifican la agrupación con la voz de Argaín, un variado elenco de voces, ha cantado con La Sonora Dinamita: Armando Hernández, Louis Towers, Rodolfo Aycardi, Nando Malo y Carlos Piña, y en las voces femeninas la India Meliyará, Margarita La Diosa de la Cumbia (A mover la colita), Zoila Nieto y Luz Stella, entre muchos otros.

Respecto del número de producciones discográficas de La Sonora original, la cifra alcanza los 52 álbumes, gracias al férreo control ejercido por Discos Fuentes en sus grabaciones, al que le pertenece el registro intelectual, que fue radicado en los estudios JGS de Monterrey, Nuevo, León México, a partir del 2003. Allí lanzaron el último álbum titulado Juntos por la Sonora, en 2016.

Ciertamente, la celebración se ha visto deslucida ante el gran esfuerzo que deben hacer sus seguidores para saber cuál es la verdadera cumplimentada entre el centenar de “Sonoras Dinamita” que pululan en México, luego del fallecimiento de Argaín en 2002. Sus viudas Elsa López y Marilú Reyes, con sus cuatros hijos, se han enfrascado en una batalla legal, a la cual se sumaron exintegrantes de la agrupación como La India Meliyará y Margarita la Diosa de la Cumbia, sin contar las imitaciones, con demandas por su razón comercial.

Quedan dos reflexiones. Una: la carátula de Ritmo, su primer LP, de 1960, resultó premonitoria: una indígena, brazos en alto, adora una consola de grabación. Interpreto: mientras haya alguien que grabe, habrá Sonora Dinamita.

Y dos: las composiciones de Argaín hoy le habrían valido, como a muchas de la salsa, el calificativo de “políticamente incorrectas”.

“Si vieran aquella ingrata / Esa que vivió conmigo / La que busca otro marido / Porque yo no tenía plata/ Y si la vieran cómo anda / Con la misma ropa anda / Con la misma ropa anda compadre / Y ya se está poniendo flaca”.Pero ¿alguien se ha eximido de bailarlas?

HUMBERTO VÉLEZ CORONADO

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