El drama venezolano puertas adentro: las novelas del chavismo

El drama venezolano puertas adentro: las novelas del chavismo

Mientras crisis en Venezuela se hace ineludible, surge un ‘boom’ literario sobre fracturas del país.

Manifestación en contra de Nicolás Maduro

Una mujer durante una manifestación en Caracas en contra de Nicolás Maduro.

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Miguel Gutiérrez / EFE

Por: Roberto Careaga C. - El Mercurio (Chile) - GDA
01 de septiembre 2019 , 10:30 p.m.

“¿Tú me puedes decir qué carajo está pasando en Venezuela?”, escucha al teléfono Iván Rincón, un agente del G2, la Dirección de Inteligencia Cubana. La llamada es una sorpresa, no solo porque llega en la mitad de la noche, mientras él está con una mujer, sino porque no tiene idea de lo que pasa en Venezuela. Y él tiene que saber, pues su misión es monitorear los movimientos políticos venezolanos, y allá, en ese momento, el 4 de febrero de 1992, está surgiendo el teniente coronel Hugo Chávez al mando de un comando que da un golpe militar.

Casi al mismo tiempo, en Washington, suena el teléfono de la agente secreta estadounidense Cristina Garza y la pregunta se repite: “¿Qué está pasando en Venezuela?”. Lo que pasaba era el inicio de nueva época y esa es la historia que cuenta el analista internacional Moisés Naím en su primera novela, ‘Dos espías en Caracas’.

Analista internacional de reconocida trayectoria, Naím –venezolano, residente en Estados Unidos– viene escribiendo sobre Chávez prácticamente desde que dio ese golpe fallido. Luego ha sumado una serie de libros y múltiples intervenciones en prensa, intentando entender el dramático proceso político que después de 20 años tiene a la República Bolivariana de Venezuela sumida en una crisis política y económica. Tras años usando datos, ahora Naím prueba con la ficción en ‘Dos espías en Caracas’ (Ediciones B) y narra el ascenso de Chávez hasta su muerte en 2013 en clave de ‘thriller’ político. Presentada en enero de este año en Colombia, la novela es parte de una oleada de títulos que están contando desde distintos ángulos cómo se vive en Venezuela.

La misma semana en que se publicó el libro de Naím, también apareció la primera novela de la periodista venezolana Karina Sainz Borgo, ‘La hija de la española’, que desde un ángulo íntimo fija su mirada en la descomposición social y económica de Venezuela, específicamente desde Caracas. “Vivir se había convertido en salir a cazar y regresar vivo. En eso consistían nuestros actos más elementales, incluso el de sepultar a nuestros muertos”, cuenta la narradora de ‘La hija de la española’, en un eco que recuerda a libros reconocidos internacionalmente de Alberto Barrera Tyszka o Rodrigo Blanco Calderón, pero también a una decena de otros con circulación solo venezolana de Eduardo Sánchez Rugeles, Ana Teresa Torres, Gisela Kosak o Carlos Noguera. El tema se ha vuelto ineludible: violencia y pobreza, caos político, exilio, a veces con el mismo Chávez como personaje.

“Nuestros narradores, sobre todo a partir del siglo XXI, empezaron a darse cuenta de que había una ruptura en el manejo de lo público en el país. Y lo que muestran es un país que entra en una crisis estructural, desde un punto de vista político, social, incluso cultural”, dice desde Caracas el crítico literario Carlos Sandoval, quien escribió para ‘The New York Times’ una crónica sobre el larguísimo apagón eléctrico que se vivió en su país. Su voz viene desde el interior de una ciudad que él define como una “pujante urbe en una realidad distópica: anárquica, primitiva, inhumana”, y coincide con el diagnóstico literario que desde Madrid hace la periodista y escritora venezolana Michelle Roche Rodríguez: “Todas las novelas que están produciendo los venezolanos, tanto los residentes en Venezuela como fuera del país, tocan de alguna manera el tema que yo llamo la narrativa del deterioro. Es la narrativa del chavismo”.

Ciudades arrasadas

Según Roche Rodríguez, la coincidente publicación de las novelas de Moisés Naím y Karina Sainz Borgo dan cuenta de la “internacionalización de la crisis venezolana”. Aunque el tema ha sido insoslayable desde hace años para la comunidad internacional y sobre todo para la latinoamericana, el enfrentamiento que le ha planteado el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, al mandatario oficial Nicolás Maduro ha avivado el fuego de la crisis ante los ojos del mundo. Pero, ya antes, el mundo literario estaba atento: publicada por editorial Lumen en español, ‘La hija de la española’, de Sainz Borgo, fue uno de los manuscritos que el año pasado sorprendieron en la Feria del Libro de Frankfurt y sus derechos fueron vendidos a 22 idiomas. La novela sigue a Adelaida, quien tras la muerte de su madre, se enfrenta a una ciudad arrasada, peligrosa, en la que de pronto aparece la posibilidad de irse: un pasaporte para huir.

“Estar en la calle a las seis de la tarde era una manera estúpida de rifarse la existencia. Cualquier cosa podía matarnos: un disparo, un secuestro, un robo. Los apagones se alargaban horas y empalmaban las puestas de sol con una oscuridad perpetua”, se lee en las primas páginas de esta obra. Y más adelante: “Como el pan, el Alprazolam escaseaba y el desánimo se abría paso con la misma fuerza de la desesperación de quienes veían desaparecer todo cuanto necesitaban: las personas, los lugares, los amigos, los recuerdos, la comida, la calma, la paz, la cordura. ‘Perder’ se convirtió en un verbo igualador que los Hijos de la Revolución usaron en nuestra contra”.

El retrato general de Sainz Borgo no es el de todo desconocido en las páginas literarias. En la novela ‘The night’ (2016), Blanco Calderón narraba una historia de escritores y asesinos, y aunque no aparece ni una vez el nombre de Chávez, de fondo están las peligrosas calles caraqueñas, asediadas por sombras desconocidas o ladrones en motocicletas al amparo de los apagones. El paisaje aparece también en ‘Mujeres que matan’ (2018), la última novela de Barrera Tyszka, que cuenta la historia de un grupo de mujeres que unidas en un club de lectura dan rienda suelta a la venganza. Algo no tan inesperado en esa sociedad que Barrera Tyska no identifica del todo; solo habla de su autoridad, llamándola Alto Mando.

“La situación económica era terrible, el dinero no alcanzaba para nada, los precios cambiaban cada día, había que hacer cola para comprar cualquier producto y, muchas veces, ni siquiera se conseguía. No había harina, no había arroz, pero también escaseaban las medicinas, los desodorantes o las toallas sanitarias. La ciudad parecía estar llena de zombies o de fantasmas, deambulando, caminando sin sentido, en cualquier dirección”, escribe en ‘Mujeres que matan’. Y más: “Pero el Alto Mando decía que no había hambre. El Alto Mando aseguraba que el hambre era una manipulación mediática. El Alto Mando denunciaba que el hambre era invento de los enemigos. El Alto Mando decía que el Alto Mando defendía y protegía a todos los ciudadanos de una invasión extranjera. El Alto Mando repetía que gracias al Alto Mando el pueblo se había salvado”.

No es la primera vez que Barrera Tyszka aborda el tema. Fue mucho más explícito en ‘Patria o muerte’ (2015), ganadora del Premio Tusquets, una novela en que narraba el impacto en la sociedad venezolana de los últimos días de vida de Chávez. Y si ha vuelto al tema es porque no puede dejar de hacerlo: ‘Mujeres que matan’ iba a estar ambientada en México, pero el autor solo empezó a avanzar la escritura cuando mudó la trama a Venezuela: “Entendí que no podía huir de mis heridas: mi país también es una de las obsesiones que mueven mi escritura”, dice, consciente de ser parte de un grupo de escritores que hablan de su país. “Es algo que viene dándose desde hace tiempo. No solo en la narrativa. También hay una poesía extraordinaria y crónicas sorprendentes sobre todo lo que está ocurriendo. Creo que además es inevitable que el país esté presente, de muy distintas maneras, en lo que escribimos hoy. Es una guerra que invade todo, incluso el lenguaje, la ficción”, añade.

Es inevitable que Venezuela esté presente, de muy distintas maneras, en lo que escribimos hoy. Es una guerra que invade todo, incluso el lenguaje, la ficción

Caída del ‘boom’

Viene de hace años. En el 2002 Israel Centeno publicó ‘El complot’, una novela sobre un plan de asesinar al Presidente Comandante, que, aunque no tenía nombre, era evidente que apuntaba a Chávez. La periodista Michelle Roche Rodríguez agrega una novela premonitoria: “ ‘Nocturama’, de Ana Teresa Torres, una descripción muy irónica de Venezuela que debe leerse en clave de ciencia ficción, pero que sin embargo todo lo que ella ha puesto ahí ha ocurrido: los apagones, la falta de agua, la gente hurgando en la basura. Ella lo dijo 12 años atrás. Ahí estaba la noción del deterioro”, dice Roche, y el crítico Carlos Sandoval enmarca aquel título en una suerte de ‘boom’ editorial venezolano de títulos, de no ficción primero y luego de ficción, para intentar entender la deriva del proceso bolivariano.

Sandoval cree que para hacerse una idea de los últimos años en Venezuela, son útiles ‘The night’, de Blanco Calderón; también ‘En rojo’ (2011), de Gisela Kosak, un volumen de relatos crítico sobre la vida social bajo Chávez, y ‘Blue label /Etiqueta Azul’ (2010), de Eduardo Sánchez Rugeles, una novela sobre la desesperada necesidad de emigrar de la clase media. Y añade otra más: ‘Crónica de los fuegos celestes’ (2010), de Carlos Noguera, un relato sobre el golpe militar que sufrió Chávez en 2002 que, precisa, resultó ser un “panegírico” al mandatario fallecido. Sandoval explica que el libro fue parte de una fuerte política editorial estatal que, con editoriales como Monteávila y la Fundación Escuela el Perro y la Rana, empezó a publicar a autores que defendían la causa bolivariana.

Pero esas políticas están en retirada. También el ‘boom’ editorial de inicios del siglo XXI. Una editorial clave en la publicación de autores venezolanos como Alfa hoy está congelada, mientras el grupo Planeta dejó de publicar a escritores locales y Penguin Random House cerró su sede en Caracas. El año pasado no hubo ni convocatoria para el prestigioso Premio Rómulo Gallegos, que no se entregó, y las principales cadenas de librerías –Nacho y Tecniciencias– han cerrado decenas de sucursales. “La actividad cultural está muy deprimida. El mundo editorial está muy deprimido. Ya nadie está publicando a autores venezolanos de forma masiva”, dice Sandoval.

Que los escritores venezolanos dejen de escribir sobre Venezuela es difícil. Quizás ahora su circulación sea aún más reducida y, como plantea Michelle Roche Rodríguez, llegó el momento de la internacionalización: en los próximos meses llegarán a Chile desde España ‘La hija de la española’, de Karina Sainz Borgo, y ‘Dos espías en Caracas’, de Moisés Naím. En mayo llega la suya, precisa Naím, al teléfono desde Washington. Y adelanta qué esperar: “Yo llevo más de 20 años narrando, analizando e investigando esa máquina de sorpresas en la que se volvió Venezuela. He utilizado las técnicas del periodismo, de las estadísticas y las ciencias políticas. Pero siempre sentía que había una parte del cuento que yo sabía, pero que no estaba pudiendo contar, porque era muy clandestina, no podía verificarla. Decidí que la única manera de contar la verdad de lo que ha ocurrido en Venezuela es a través de la ficción”, dice. Y añade: “La gran historia es Cuba, que ha ocupado a Venezuela de una manera furtiva, clandestina, y por eso es que es invisible”.

ROBERTO CAREAGA C.
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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