Libros imperdibles del Hay Festival 2019

Libros imperdibles del Hay Festival 2019

El crítico literario Jorge Iván Parra nos dice cuáles son los autores para leer.

Lectura

Hay Festival 2019 será del 31 de enero al 3 de febrero.

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123RF

Por: Jorge Iván Parra
20 de enero 2019 , 09:49 p.m.
Dientes Blancos-Zadie Smith (Salamandra)

Es de no creer que Smith haya escrito semejante novela a los 24 años, tanto por su extensión como por el tiempo que abarca (todo el siglo XX). Es la historia de dos matrimonios: Alfred Archibald Jones y Clara Iphegenia Bowden, y Samad Iqbal y Alsana. El destino de ambas familias se entrevera desde la guerra que junta a los dos hombres dentro de un tanque cuyos demás ocupantes mueren.

La novela se va en compaginar las culturas afrocaribeña, islámica, bengalí e inglesa. Las fricciones sociales y religiosas son descritas por Zadie con amenidad, mostrando que la integración es una falacia. Ser jamaiquino o indio es ser diana a la que hasta maestras racistas apuntan con todo, así los sonetos de Shakespeare ensalcen la piel oscura: “No, guapa, es morena. No es negra. (…)No parece probable, a no ser que se tratara de una esclava, y no parece lógico que el autor dedicara una serie de sonetos a un lord y después a una esclava”.

Corolario de la obra: ser inmigrante, negro o indio en Londres, por mucho que se tengan “dientes blancos”, es verse conminado a buscar aceptación a cualquier precio: meterse en pandillas (como Millat, hijo de Iqbal) o hacerse alisar y cortar el pelo soportando quemaduras (como Irie, hija de Alfred). De lo contrario, es verse abocado a la marginación.

Aquellos años del boom -  Xavi Ayén (RBA)

Sin la pesadez de la jerga académica ni la pompa intelectual, este volumen, que no desconoce lo escrito antes, es lo más cercano a una biblia del Boom. Reconoce el trabajo de críticos como Luis Harss (el que inventó el Boom), Ángel Rama (el de más enfoque crítico), Pepe Donoso (el de los contrastes con la narrativa española) y Emir Rodríguez Monegal (el más incluyente).

Pero él mismo sienta posición con criterios y definiciones: “El Boom existió porque no hay estrategia de mercado capaz de sostener semejante explosión de ventas en todo el mundo, de autores, además, diversos y con un público internacional no conocido hasta entonces”. Queda claro que la ciudad que convocó a los autores –no a todos a la vez ni por mucho tiempo– fue Barcelona, y queda claro que sin la apuesta de Carlos Barral como editor y de Carmen Balcells como agente literaria, no hubiera sido posible. Queda sustentado que la llave que abrió el chorro fue La ciudad y los perros. ¿Qué fue, al fin de cuentas el Boom, conformado por autores de estéticas muy diferentes? Ni grupo ni generación; a lo mejor sí tuvo de movimiento, pero lo más plausible es como señaló Caballero Bonald “un condominio cultural” que, según Ayén, “rompió con las literaturas nacionales”, y creó, según Fuentes, la conciencia de lo latinoamericano.

Cegador - Mircea Cartarescu (Funambulista)

Abordar las páginas de este libro no deja de ser riesgoso: muchos pasajes pueden afectar la sensibilidad del lector. La narrativa del genio rumano es una mezcla de recuerdos, alucinaciones, imágenes cribadas por el noctambulismo, y también lo que Bachelard llama ensoñación.

La novela es un magistral monólogo interior y un excelso ejercicio de pensamiento verbal, cuya forma es la prosa poética cargada de imágenes que le llegan al narrador desde la infancia y se alimentan de su soledad. Mircea nunca duerme, es como un autista que desde la fantasmagoría de su buhardilla mira a través de la ventana a su ciudad: Bucarest, en su pasado y en su presente. La novela es ubérrima en descripciones que van de lo poético a lo grotesco, pasando por lo onírico; en pasajes que superan lo pintado por el Bosco en El jardín de las delicias, e inclusive lo mostrado por Dante en sus estrofas más terroríficas. Ejemplo de lo anterior es el capítulo en el que se narra la singladura de los Badislav para fundar el pueblo rumano. Esto y las dos estadías de Mircea en el hospital son el insumo para una obra solo comparable con las otras dos de la trilogía Cegador. En Cartarescu, el mundo es de inspiración, por un lado proustiana (cualquier detalle dispara los recuerdos); por otro, kafkiana (cualquier imagen dispara las pesadillas).

Medio sol amarillo - Chimamanda Ngozi Adichie (Random House)

Tal como Yaa Gyasi y Tayne Selasi hicieron respecto a Ghana, y asimismo Gael Faye respecto a Burundi, la joven Chimamanda describe con crudeza, valentía y mucha calidad literaria la historia de Nigeria. La extendida novela se plantea al comienzo como la narración de dos historias de amor paralelas en un tenso contexto poscolonial. Por un lado, Olanna y Odenigbo, el profesor revolucionario igbo, y, por el otro, Kainene, hermana de aquella, y Richard, el escritor inglés. En ambos casos, las diferencias culturales interfieren en las relaciones de pareja, en las que se mantiene una calma chicha porque en cualquier momento a alguien le da por pelar el cobre. Pero transcurrido un tercio de la novela, esta da un viraje hacia una cruenta guerra civil y un espeluznante pogromo en contra de los igbos: “En Zaria habían matado a hachazos a los maestros, en Sokoto habían prendido fuego a una iglesia católica y en Kano una mujer embarazada había sido abierta en canal”.

La impune sucesión de masacres y los continuos golpes de Estado conducen a la inevitable secesión (propiciada en principio por los británicos), dando origen así a un nuevo país, la República de Biafra, cuyo símbolo es una bandera de bandas rojas, negras y verdes, y en el centro, un luminoso “medio sol amarillo”.

Memorias de una osa polar - Yoko Tawada (Anagrama)

El mérito de esta novela está en su originalidad y en la limpieza de su escritura, pero el contenido político que la hace interesante en los dos primeros capítulos casi desaparece en el último, y lo mismo sucede con la toma de posición frente a la sociedad.

Tawada cuenta su historia apoyándose en tres voces narrativas, las de dos osas polares (Bárbara y Tosca) y la de Knut, el osezno hijo de esta. Ello sugiere una fábula, pero en realidad los personajes parecen más humanos disfrazados que animales alegóricos. Están demasiado humanizados. Mientras la historia transcurre en la antigua URSS y en la Alemania de la caída del muro de Berlín, la crítica al comunismo es enjundiosa y pasajes aparentemente superficiales llevan veneno, y la novela se sostiene y mantiene el interés. Pero cuando corre por cuenta del último narrador, el relato deviene cuento infantil; se vuelve prosaico y pierde su fuerza. Aun así propone un debate desde la ética y va desgranando ideas como la siguiente, para que la pensemos:

“Los seres humanos odian todo lo que sea antinatural –me explicó Michael–. Creen que los osos deben ser osos siempre. Y lo mismo piensan quienes afirman que la clase baja debe ser siempre la clase baja. Para ellos, cualquier otra cosa iría contra natura”.

JORGE IVÁN PARRA
Para EL TIEMPO
parrapower2001@yahoo.com

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