Las misteriosas cartas de amor entre dos animales filosóficos

Las misteriosas cartas de amor entre dos animales filosóficos

El libro del profesor de filosofía Luis Eduardo Hoyos recoge las reflexiones entre dos enamorados

Luis Eduardo Hoyos

Luis Eduardo Hoyos es profesor de filosofía en la Universidad Nacional.

Foto:

HÉCTOR FABIO ZAMORA. EL TIEMP

Por: Simón Granja - redacción Domingo
18 de abril 2020 , 11:19 p.m.

Tiempo después de la muerte de la profesora Teresa Barragán en un accidente automovilístico en España junto con su esposo, el arquitecto Gregorio Tapias, el profesor y filósofo Luis Eduardo Hoyos recibió un día una sorpresiva llamada en su oficina de la Universidad Nacional. Un exalumno suyo de años atrás, Antonio Mariño, estaba al otro lado del teléfono: “Profesor, quiero hablar con usted. Tengo algo que le quiero dar. Almorcemos”, le dijo. A partir de ese momento, Hoyos se enteró de la relación amorosa que existió entre sus dos antiguos estudiantes, pues Mariño le entregó una serie de cartas que se habían escrito entre Teresa y él durante un año y medio, en las que debatían sobre dos temas fundamentales: el amor y la destrucción.

“Haga lo que quiera con ellas”, le dijo mientras almorzaban en un restaurante cerca de la universidad. Mariño había regresado de estudiar en Alemania y había decidido irse al Vaupés con una comunidad indígena. No quería saber nada de las cartas. Después de que Hoyos las leyó y se dio cuenta del material que tenía entre sus manos supo que eso era un libro. Le consultó a Mariño, y este le dijo que bueno, que lo firmara con su nombre, que no pusiera que él las había editado.

El libro salió hace unos meses. Está firmado por el profesor, aparece su perfil, y tiene una introducción en la que cuenta esa historia, cómo llegaron las cartas a sus manos, quién era Teresa y quién ‘es’ Mariño. La duda asalta, y surge entonces una pregunta ontológica: ¿existieron Teresa y Mariño?

Luis Eduardo Hoyos es profesor de Filosofía Moderna, pero también de Filosofía Moral y Filosofía Práctica en la Universidad Nacional. Actualmente enseña en el doctorado un seminario sobre democracia y filosofía; y en el pregrado, dos clases: un curso grande sobre la filosofía de Schopenhauer y un seminario que se inventó llamado ‘Concepciones de la felicidad desde los antiguos hasta las teorías del bienestar actuales’.

“En la Nacional llevo muchos años, empecé en el 94. Me encanta el ambiente estudiantil y la energía de los jóvenes. Uno como profesor tiene que ser sensible a ellos, a sus realidades”, dice. EL TIEMPO tuvo una conversación con él.

Estudiantes como Teresa y Antonio... ¿cómo fue enseñarles a ellos?

Teresa era una mujer de extracción baja, su padre era panadero o algo así. Una mujer muy fuerte, aguerrida. Superbuena estudiante, se fue a Alemania, se doctoró, volvió y conoció a Antonio, ella era mayor que él, varios años. Él es un pelado pilo, más clase media, sensible, bueno, pilo. Está en el Mitú. Allá se va a quedar.

¿Por qué cree que se creó ese vínculo tan estrecho con usted para que Antonio le entregara las cartas?

Ella fue asistente mía, me quería mucho. Más que él. Ella hablaba de mí. Él también es chévere, fue muy cercano académicamente. Estuvo en Alemania mucho tiempo. Ya tendrá 40 años. Teresa conoce a Gregorio, la relación entre los dos es muy larga, y vivieron juntos, se enrollaron, y en esas apareció Antonio. Él aún no se había ido. Toda esta historia de amor tan fuerte no la conocía, no tenía ni idea.

¿Cuándo se enteró?

Por las cartas. No sé más que lo que cuentan en las cartas, que me las entregó Antonio hace años. Fue como al año de la firma de paz. No es preciso en la correspondencia. Hay dos fases; ellos se escribieron antes. pero se perdió. Seguro las tiene él.

Yo me enamoré de Teresa, qué personalidad la de ella...

(Risas) Fue asistente mía, yo trabajé muy cerca de ella. Era muy dura, muy exigente, pero también muy humana, muy estimada. Pero fuerte. Era un animal filosófico. Incansable, argumentaba y contraargumentaba, miraba dónde había prejuicios, dónde malas concepciones. No tenía problema en decirle a uno que era un pendejo o que lo que decía era una pendejada. Materialista; filosóficamente, muy clara.

¿Cómo fue cuando él le entregó las cartas?

Me llamó a la oficina, sonó el teléfono. Yo estaba de director. ‘Quiubo, Hoyos. Habla Antonio Mariño’. Era un poco serio conmigo. Yo creo que me quiere, aunque pienso que me tenía celos, pero pues yo nunca tuve nada con Teresa (risas). Ella me quería mucho, en la amistad también se pueden tener celos. ‘Quiubo, Antonio. ¿No estaba en Alemania?’. ‘No, yo ya regresé. Hablemos. Vamos a almorzar’. Fuimos a un restaurante cerca de la universidad. Un tipo muy fresco, muy tranquilo, está sobrado. Está feliz en Mitú, en la selva. Me dijo: “Mire acá está esta vaina, haga lo que quiera. A mí me da mamera”. Aunque la actitud era como ‘si usted no hace algo, yo busco qué hacer’. Traje las cartas a Planeta, y les gustaron.

¿Cuál fue su impresión cuando las leyó?

Me gustaron mucho. Ellos son muy teóricos. No son cartas fáciles de leer, toca volver a leer algunos párrafos. Hay un género que fue muy importante que era la correspondencia filosófica, que es literario pero filosófico. Hay grandes maestros de eso en la historia, empezando por Platón, Séneca, Rousseau, Voltaire... O también diálogos; la filosofía tiene muchos géneros, pero se han perdido, ahora se ha dedicado a los papers. Entonces, yo creo que ellos tenían la intención de hacer algo más con esas cartas, por eso trabajaban con tanto cuidado cada carta, la mandaban en archivos adjuntos, ellos revisaban bien cada texto. Teresa hacía esquemas para exponer las ideas. Yo creo que hasta las imprimía. Unos ñoños.

Es un libro muy coyuntural...

Sí, es Antonio el que está más obsesionado con que el país se está autodevorando. Él explica muy bien su punto, la última carta sobre política es tremenda. Pero ella le dice que no más. A mí me parece que está un poco harto de Teresa, que está perdiendo la discusión en temas políticos. La última carta sobre el tema de él sobre política es muy tenaz porque es muy pesimista.

Filosofía en torno al amor... es algo que se ha perdido un poco ¿Se ha dejado de pensar en el amor?

Yo pienso que los filósofos en general han pensado poco sobre el amor, en comparación con otros temas es poco. Yo creo que es un poco inexplicable porque es un fenómeno impresionante de la vida humana. Algo que dice él que es muy lindo, y es que el amor es esa experiencia de intimidad en la que se incluye a otro. Hay subjetividad pero intersubjetividad, y eso es muy especial. En la amistad no es lo mismo. En cambio, ahí están las dos personas desnudas, descubiertas. Eso, por un lado, es un fenómeno. Hoy en día hay de todo para todo. Se habla un poco del tema, pero creo que sí hacía falta este libro. Ellos tienen posiciones distintas, no opuestas; podrían ser complementarias, pero ella es muy dura. Teresa era muy erótica, muy sensual, muy chévere. Una mujer fascinante. Mire, usted se enamoró de ella. Pero le cuento que conozco a gente que se ha enamorado de Antonio.

¿Quién?

Mi mujer. A ella le encanta. Dice que Teresa es demasiado tenaz. Yo creo que le tenía celos también (risas). Una mujer muy fría, muy dura. Teresa le dice a Antonio que si no hay pasión y deseo, entonces no es nada de amor.

¿Cree que tienen relación el amor y la destrucción?

Es un buen punto. Sí van juntos, pero yo creo que todo lo que favorece el amor desfavorece la destrucción. No estoy diciendo nada del otro mundo con esto. Es algo muy simple, pero todo lo que apunte al amor va a neutralizar lo que Freud llamaba el tánatos, los impulsos de muerte. Yo creo que, más bien, el amor contrarresta la destrucción. Lo que pasa es que en estas cartas son los dos asuntos. Él tiene mucha necesidad de hablar de la destrucción de Colombia como un ejemplo, porque él ve que hay una destrucción masiva en muchas sociedades.

¿Qué reflexiones le dejaron a usted como filósofo? Por ejemplo, sobre el amor. ¿Qué le cuestionó esto?

Sí, me impresionó que dos personas tuvieran tanta claridad sobre el tema. Cada uno desde su punto de vista. Esa tesis de la construcción de nosotros que elaboró él, pues es algo que todos hemos pensado de alguna manera, pero que expone demasiado bien. Pone unas características particulares, son muy analíticos. Él es muy vital... Lo que me pareció muy impresionante es que él en su teoría de construcción de un nosotros está hablando de Gregorio y de Teresa, aunque no lo dice. Y cuando Teresa le dice: ‘Le falta el deseo’, está hablando de ellos dos. Como que le está diciendo: ‘Usted habla del amor sin meter el deseo y la pasión, sin meternos a nosotros dos; para mí, lo que nosotros dos tuvimos, ese es el amor’. Lo otro es una relación con Gregorio: ‘Yo amo a Gregorio, es mi amor, pero pues eso se parece más bien a una amistad superbién jalada con mucho tiempo que a lo que el amor-pasión es’. Me da la impresión de que ella nunca sintió algo tan fuerte en su vida como lo que sintió por Antonio, es mi impresión. Él lo sugirió cuando hablé con él.

¿Qué le han dicho los filósofos que lo han leído?

Hacen preguntas, a los filósofos les habla mucho el libro. Pero, obviamente, no lo encuentran tan pesado, y preguntas puntuales sobre la destrucción de la sociedad, todo el asunto de Eloísa y la eutanasia... Esa parte de Eloísa interesa mucho. Básicamente, esas dos cosas, el tema práctico-político y la obsesión de Antonio con la destrucción. Por ejemplo, la escena del pájaro que se estrella contra la ventana... Está muy sensible él. Estaba muy solo en Alemania, entonces todo lo tiene muy alborotado emocionalmente. Se ha discutido mucho la frase de ‘matar es fácil’, alguien me sugirió llamarlo así. Habría sido un buen título, pero un poco violento, y no trata solo sobre eso. Habría que decir que matar y morir es fácil porque está lo de la eutanasia y se estrellan en el carro.

¿Cómo se enteró de la muerte de Teresa?

Me enteré en la universidad por un correo de conocidos. Ella estaba en vacaciones intersemestrales.

¿Qué fue lo último que ella le dijo?

Últimamente no nos veíamos tanto. Como colegas. A veces almorzábamos. Ella estaba trabajando en la Universidad, de planta.

¿Ha vuelto a hablar con Antonio?

Un poco, con la salida del libro. Yo lo invité a las charlas. Me dijo que para qué. Sería bueno que fuera, podría pasar.

¿Ellos dos existen de verdad o son creación suya?

(Risas) ¿En qué cambia el asunto si son reales o no? ¿Es importante saberlo? Un amigo de Alemania me escribió, leyó el libro, me dijo: “¿Teresa y Antonio existen o no?”. Y yo le respondí: “El lector decide”.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo @simongrma

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