Los 30 años de ‘El general en su laberinto’

Los 30 años de ‘El general en su laberinto’

La novela de Gabo sobre los últimos días de Bolívar (publicada en 1989) está más vigente que nunca.

Gabriel García Márquez

‘El general en su laberinto’ se publicó en 1989. Algunos críticos la incluyen en el ‘top’ de las mejores obras de Gabo.

Foto:

Edgard Garrido / Reuters

Por: Santiago Andrés Gómez - Razón Pública
28 de abril 2019 , 08:00 p.m.

‘El general en su laberinto’ nos cuenta el último viaje de Simón Bolívar, desde Bogotá hasta su destino final, en San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, donde murió por una suma de dolencias agravadas por el trajín y la amargura de la derrota política.

El tema, como García Márquez lo agradecía, proviene de un cuento de Álvaro Mutis. Sin embargo, esa inspiración fue solo una ocasión aprovechada. El libro, considerado uno de los más importantes de su autor, nace en realidad del contexto político de los años ochenta.

En una entrevista inédita con el cineasta Jorge Alí Triana, él nos contaba que fue testigo personal de la conmoción física y los desvelos con que Gabo vivió desde París la toma del Palacio de Justicia por el M-19. El dato parece una simple anécdota, pero es significativo.

En las primeras páginas de ‘El general en su laberinto’, el asalto de un grupo de santanderistas se describe igual a como fue difundida la noticia de la toma del Palacio, que buscaba un juicio público contra el presidente Betancur.

Dice la novela: “Los estudiantes del colegio de San Bartolomé se habían tomado por asalto las oficinas de la Corte Suprema de Justicia para forzar un juicio público contra el general, y habían destrozado a bayoneta y tirado por el balcón un retrato suyo de tamaño natural, pintado al óleo por un antiguo abanderado del ejército conservador”. (Edición de La Oveja Negra, 1989, 20).

La analogía de esta acción contra Bolívar con la toma del M-19, una guerrilla bolivariana, es una de las claves del mensaje de la novela. Este mensaje nos muestra que la violencia política que nos fundó y caracteriza es contradictoria por esencia.

En este caso se muestra que, desde siempre, lo que para unos es vandálico, para otros puede encarnar “un juicio político”, o sea, un dictamen investido de autoridad moral. Esto además comprueba que el diálogo que proponía ‘El general en su laberinto’ era con la realidad del presente.

Por algo, Jorge Alí Triana cuenta que Gabo se puso a temblar cuando supo de la toma del Palacio. Luego, el M-19 entregaría las armas, pero casi al mismo tiempo se fundaba en Colombia la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que agrupaba las demás guerrillas del país.

Entre tanto, el comunismo hacía agua en la Cortina de Hierro, y la caída de Castro era profetizada por muchos. En Colombia, con el fortalecimiento de los grupos paramilitares y el genocidio de la UP, la guerra política se encarniza.

En las entrevistas de esos tiempos, García Márquez afirma que Colombia está “al borde del holocausto” y es escéptico sobre el destino del continente. Años después le contará a su biógrafo Gerald Martin que en los años ochenta, su vida fue angustiosa.

Lo que hará el escritor con su novela es un llamado continental al diálogo a partir de una reflexión sobre la vanidad del poder. Sin embargo, ese llamado no ha sido del todo advertido, pues ‘El general en su laberinto’ ha sido objeto de polémicas más bien miopes.

Un debate excluyente

La novela fue recibida como si fuera un simple ejercicio académico. Una polémica sectaria se abrió sobre la imagen que daba el novelista sobre Bolívar. El mismo García Márquez confesó por esos días que buscaba crear una nueva academia de historia en Colombia. Decía: “Voy a organizar un grupo de historiadores jóvenes, no contaminados, para tratar de escribir la verdadera historia de Colombia (no la historia oficial), para que nos cuenten en un solo tomo cómo es este país y para que el resultado se lea como una novela” (según N. Pernett, ‘García Márquez y la historia de Colombia’. ‘El Malpensante’, n.º 152, p. 60).

Pero es impropio para un historiador que su trabajo se lea como una novela. Para García Márquez, una novela es mucho más que un relato ameno o verídico: una novela es una metáfora del mundo. Por esa ambigüedad, ‘El general en su laberinto’ plantea una postura difícil de precisar.

Para muchos, esa postura es bolivarista. EL TIEMPO, en el editorial que le dedicó al libro, ejemplificó la tendencia de muchos académicos a ver en la novela histórica de Gabo una idealización del Libertador y un ataque a sus enemigos y al centralismo bogotano.

Otros, en cambio, como lo resalta el académico Enrique de Gandía en un estudio minucioso, vieron en ‘El general en su laberinto’ una desmitificación y una parodia de Bolívar que levantó las protestas de los bolivaristas de toda América.

Así que 'El general en su laberinto' era un enigma que nadie podía descifrar. Todos tenían sus razones, pero la verdad es más sutil. Como lo ha descubierto el novelista Pablo Montoya, García Márquez ve el encanto de Bolívar en su derrota. Así, la novela sería una exaltación compasiva.

Sin embargo, hay todavía algo más. Por compasiva que sea, la exaltación de Bolívar en la novela es un denuesto del infierno en que se vuelve la lucha política, pues la libertad debe imponerse por las armas. El hallazgo de la novela es la complejidad del liderazgo político. Ese liderazgo es una paradoja, pues todo idealismo pasa ante los ojos de amigos y enemigos por ser una búsqueda de poder y de gloria. Pero ese hallazgo enorme de ‘El general en su laberinto’ se debe a una estrategia narrativa: el autoexamen de un hombre que agoniza.

Al final de una vida turbulenta, Bolívar va y viene entre la decadencia física y la lucidez mental. Está en el límite de sus capacidades y puede verlo todo con una claridad que no tiene ninguna de las personas que lo rodean. Ahora bien, esa claridad es deprimente. Así que la novela toma partido por un Bolívar deshecho que es el producto de una existencia a la vez brillante y frustrada.

Pero, por otro lado, el autor hace su llamado a la unidad continental desde una derrota humana que logra advertir los errores del héroe en su pasado. Lo más admirable es que este llamado al diálogo está expresado por la voz del Libertador cuando dice: “El no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos” (p. 236). Lo que nos resulta tan difícil de entender en nuestra América es la palabra “todos”.

Porque ‘El general en su laberinto’ tampoco se ahorra críticas a los opositores de Bolívar. Los ideales del héroe en su retiro están intactos.

La voz de la experiencia

El periplo final de Bolívar, echado de Bogotá, bajando por el Magdalena, errante a orillas del Caribe, “triste de esperar sin saber qué ni a quién” (228), es en ‘El general’ una metáfora perfecta de nuestro país y nuestra historia.

El mismo Bolívar parece la figura perfecta que García Márquez se estuviera preparando para retratar desde los desencantados militares de sus primeras novelas hasta el retirado coronel Aureliano Buendía de ‘Cien años de soledad’ y el dictador triste de ‘El otoño del patriarca’.

Para la profesora Olga Vallejo, de la Universidad de Antioquia, ‘El general en su laberinto’ es la mejor novela de Gabriel García Márquez, y el historiador Nicolás Pernett, experto en Gabo, la considera la última de sus grandes novelas.

Lo que vendrá de allí en adelante para su autor será una transacción, como dice Pablo Montoya, con la dirigencia de Colombia. ‘Noticia de un secuestro’ será un relato que consumará el giro más conformista que Gerald Martin indica desde ‘El amor en los tiempos del cólera’ en la obra del caribeño.

Lo que nos queda es volver y tratar de entender el horror que fue, según su autor, la escritura de El general. Es nuestro deber pasar de los libros más vistosos y juguetones de Gabo a su novela más sabia.

En los 200 años de nuestra independencia hay que comprender el sentido exacto de nuestra frustración, atender al carácter noble de la experiencia cuando un Bolívar agotado dice en la novela, jugando ajedrez con fray Sebastián de Sigüenza: “El que almuerza con la soberbia cena con la vergüenza” (202).

SANTIAGO ANDRÉS GÓMEZ*
Razón Pública
* Crítico de cine, realizador audiovisual y escritorRazón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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