Leonel García y su bolero ‘indie’ con sello mexicano

Leonel García y su bolero ‘indie’ con sello mexicano

El exintegrante del dúo Sin Bandera lanza su quinto álbum de estudio como solista, 'Amor pasado'.

Leonel García

Las influencias de Leonel García se reparten entre artistas en inglés y en español, como Leonard Cohen y Jorge Drexler, respectivamente.

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Floria González

Por: Mateo Arias Ortiz
17 de octubre 2020 , 09:55 p. m.

Queda poco de Sin Bandera en el Leonel García de 'Amor pasado'. En contraste con la balada pop un poco dramática que tanto éxito tuvo en la década del 2000, la música a la que ahora se aproxima el cantautor mexicano dialoga con la escena independiente de América Latina, pero, además, se potencia con los clásicos de su cultura.

Fusiones con Natalia Lafourcade, iLe, Cyrille Aimée y Melissa Robles dejan un regusto a bolero y a películas viejas mexicanas. En esta colección de reinterpretaciones de temas del tamaño de 'La media vuelta' —que suena con un toque de 'jazz'—, la voz de Leonel García (México, 1975) encaja con naturalidad y armonía. 

Él mismo acepta que con estas canciones ha rastreado de dónde viene lo ‘lloroso’ de su voz, que brilla homenajeando a la perspectiva del amor que había en el siglo pasado, y que complementa una trilogía musical conformada por este y otros dos álbumes: 'Amor futuro' (2014), 'Amor presente' (2018).

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Junto con Noel Schajris, en Sin Bandera, cultivó grandes éxitos: los Grammy Latinos, miles de copias vendidas, cientos de conciertos, mucho reconocimiento. Pero el camino que ha decidido tomar en su carrera en solitario tiene otro espíritu, que se aleja de lo pop y le apunta a la música de autor. Otra atmósfera. Una propuesta que escarba en el pasado para proyectarse hacia el mañana.

Desde la música, ¿qué significa explorar la identidad mexicana?

Es interesante explorar las raíces. Mucho de lo que significa mi canto proviene de lo que he oído desde niño. Y muchas veces registré esa influencia de manera inconsciente. A veces no es tan claro de dónde viene tu influencia. Echarse este chapuzón en el pasado es revisar a nuestros cantautores de décadas pasadas. Es interesante porque, de paso, me he descubierto a mí mismo. Digo: ‘Claro, con razón yo canto así, tan intensamente o de manera tan llorosa’. ¿Dé dónde viene eso? Pues no viene del 'R&B', que me gusta tanto; un poco del 'jazz', tal vez, pero no tanto. Me ha ayudado a rastrearme a mí mismo hasta ese origen.

¿Qué ha cambiado del lenguaje de ese entonces respecto al de hoy?

Desde esas canciones es posible entender la evolución que ha tenido la cuestión emocional y sentimental de las relaciones. ¿Cómo eran las relaciones en los años 60 o 70 en México y cómo son ahora? Por eso los personajes de las canciones van cambiando de características. Se puede hacer un estudio casi sociológico de cómo se ha desarrollado ese aspecto. No es un momento tan distante, pero hay grandes diferencias en cuanto a cómo se vivían las relaciones y cómo las plasmaban los artistas. Hoy, muchas formas en las que ellos hablaban serían, incluso, políticamente incorrectas. Hemos evolucionado.

Parece que usted ve el amor como un asunto bastante serio, no solo como un sentimiento adolescente. ¿Es un tema inagotable?

Creo que hasta que nos empecemos a extinguir como especie, es un tema que tiene que estar presente. ¿Cómo nos relacionamos con nuestra pareja? Mucho de lo que somos como sociedad nace de la forma en la que las personas se ponen de acuerdo en una serie de valores y conceptos.

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Cuando hablamos de corrupción y de violencia estamos hablando de cómo funcionan las relaciones nucleares. Y, también, cuando hablamos de alguien bien educado, honesto, que da su palabra y la cumple estamos hablando de unos padres que, en algún momento, llegaron a unos acuerdos. En el fondo, en ambos casos hablamos de relaciones, de amor y desamor.

Usted hace música que aborda esos temas, pero cuando la compone no suena así, como me está hablando ahora. ¿Cómo lograr el equilibrio para hablar de temas potentes sin que suene académico, pero tampoco ligero?

Sí, es un equilibrio difícil, pero se trata precisamente de lograr el puente entre esas dos cosas. La poesía hace que lo aparentemente mundano o cotidiano se vuelva más trascendente y tenga una profundidad mayor. Al escribir puedes lograr insertar ideas en los textos sin que sea evidente. Algo que podría parecerte normal, de pronto, a través de una pieza de arte o de una canción se vuelve un elemento de gran importancia. Creo que el arte suele tener cierta ideología, porque el artista cree en algo.

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Pero también tiene el potencial para que la gente se refleje en él lo suficiente como para que pueda cuestionar sus propias creencias. Si la pieza es demasiado lejana, pues ya no le cuestiona nada. Simplemente ya no se entiende, no interesa a nadie. Poner cosas en las canciones que sean familiares puede lograr que una persona diga: ‘Ah, yo me parezco a eso’, o: ‘No, yo no me parezco a eso, pero me interesa ver cómo se comporta este personaje que me están planteando aquí’. Eso, me parece, comienza a modificar el comportamiento de las personas. Así me ha pasado a mí: hay canciones que me han cambiado. Lo que me han dicho ciertos autores en sus canciones me ha cambiado maneras de ver la vida.

¿Y esa visión de lo que debe lograr un artista la ha tenido desde el principio, o ha ido evolucionando con el tiempo?

Ha ido evolucionando. Cuando comencé a escribir canciones era más vivencial. Escribía sobre lo que me pasaba a mí, particularmente. Era un espejo para mí mismo, para ver lo que me estaba pasando. Pero luego, al ver el efecto que ha tenido mi música en los demás, comencé a querer que ese espejo también reflejara a otros. Así que mis canciones han dejado de ser sobre mí mismo y ahora intentan ser más universales, intentan hacer un registro de lo que está pasando alrededor. Esto ha logrado que el asunto se vuelva más interesante, creo yo, porque incluyo elementos de otras personas. Me he vuelto un artista que también utiliza la ficción a la hora de escribir canciones, no solo la autobiografía. El origen de mi trabajo se ha ido haciendo diferente.

La poesía hace que lo aparentemente mundano o cotidiano se vuelva más trascendente y tenga una profundidad mayor

Hablaba de autores que le han hecho ver otras maneras. ¿Qué nombres tiene a la mano?

Hay muchos. Ben Folds, Rufus Wainwright, Leonard Cohen, Nick Drake, Regina Spektor, en sus primeros discos. Hay autores que te hablan de temas como el amor desde perspectivas que nunca se te hubieran ocurrido. Cada artista te deja algo. También están los ‘anti’. Hay artistas que son antitodo, ¿no?

¿Sabina?

Sabina —dice al mismo tiempo—. Sí, Joaquín Sabina. ¿Ves? Cada artista te va planteando diferentes posibilidades de ruta. De todos puedes extraer algo para tu trabajo. Y, también, en español, hablaría del maravilloso Pau Donés, que nos dejó unas rolas tan sencillas y a la vez tan interesantes. También nombraría a Jorge Drexler, que siempre ha hecho un tremendo trabajo por intelectualizar la música, por meterse en los sentidos, por incorporar la ciencia dentro de su lenguaje.

De la generación del pop de los 2000, ¿usted es de los que tomó el camino 'indie' cuando llegó el reguetón?

Creo que es una hipótesis que es bastante acertada. Yo tengo la ideología de que el artista del mañana es un género en sí mismo. Es mi teoría. Eso va a llegar a ser. Cuando pienso en artistas que me gustan, como Frank Ocean, Bruno Major, Jacob Collier y otros que están comenzando y que están haciendo mucho ruido, veo que lo que tienen en común es que no los puedes encasillar en un solo género. Ellos son su propio género. Es muy difícil definirlos.

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Es algo que ya había pasado con Beck o con Björk. Me gusta esta idea de no seguir una ola, una moda. Me gusta el artista que diseña su propio universo. Y creo que la escena sí está dividida como tú dices: está el artista autosustentable, que diseña su propio sonido, y el artista que aprovecha algo que está funcionando bien y se suma. Aunque creo que dentro de la música urbana también hay artistas con su propio universo. Dentro de los géneros también hay propuestas únicas.

Usted ha pertenecido a ambos mundos: al popular y al selecto. ¿Cómo ha sido esa transición?

La he disfrutado mucho. Ese cambio coincidió con mi carrera de solista. Con Sin Bandera no alcanzamos a sentir esa pérdida de espacio en la industria porque llegara el reguetón. Nos separamos antes de que lo urbano fuera tan masivo. Y ahora que volvimos el año pasado tuvimos la sensación de que eso que dejamos ahí todavía permanece. Hicimos la canción 'En esta no', que fue tremendamente exitosa. Hicimos 164 'shows' en tres años y nos fue muy bien. Las personas de nuestra generación siguen ahí.

MATEO ARIAS ORTIZ
Redacción Domingo
EL TIEMPO
En Twitter e Instagram: @mateoariasortiz

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