Secciones
Síguenos en:
Leer en voz alta: combustible para la imaginación
Niños leyendo

La lectura en los primeros años es clave para la estimulación del raciocinio, entre otras aptitudes.

Foto:

Claudia Rubio/EL TIEMPO

Leer en voz alta: combustible para la imaginación

Meghan Cox Gurdon explora en La magia de leer en voz alta el encanto de leer para los otros.

“Leer en voz alta fortalece los lazos del amor familiar, ayuda a construir el cerebro de los niños, aumenta su desarrollo socioemocional y potencializa su adquisición del lenguaje. Además, fomenta la imaginación, la alfabetización cultural y amplía los horizontes literarios. Es una excelente manera de reponer algo de lo que la tecnología, con todos sus beneficios, nos está quitando. ¡Y es divertido!”.

Con estas palabras, la escritora y periodista estadounidense Meghan Cox Gurdon nos invita, en La magia de leer en voz alta, a regresar a una tradición que se remonta siglos atrás, desde la Grecia clásica, cuando las historias se transmitían de manera oral. Una tradición tan fuerte que ha trascendido a nuestros días a través de las nuevas tecnologías como los audiolibros y los pódcast.

Cox es ensayista y crítica literaria de literatura infantil y juvenil desde hace más de 25 años en el diario The Wall Street Journal.

(Lea también: Leer en familia: cuando los libros encantan a grandes y a chicos)

En este libro reúne una serie de guías ideales para que padres y profesores desarrollen este hábito en niños, jóvenes y hasta en los adultos. En el libro, Cox desarrolla temáticas como la importancia de los libros ilustrados, el efecto de los clásicos en los niños, la generosa recompensa del vocabulario y, entre otros puntos, el desarrollo de la atención.

¿Cuándo descubrió el placer de la lectura?

No lo recuerdo. Me ha encantado leer desde que tengo memoria. Parece que siempre ha sido parte de mí, como el color de mis ojos.

Usted comenta que “la historia de la humanidad es la historia de la voz humana contando historias”. ¿Será que la lectura en voz alta fue la primera forma de entretenimiento?

¡Qué pregunta tan maravillosa! No lo sé. Mi conjetura es que la narración habría estado entre los primeros tipos de entretenimiento. ¿Es anterior a la pintura rupestre? ¿O a bailar alrededor del fuego? Eso no lo sé...

Meghan Cox Gurdon

Meghan Cox Gourdon también ha sido colaboradora para ‘The Daily Thelegraph’ y ‘The Washington Post’, entre otros medios.

Foto:

cortesía Michael Kress

Para muchos, leer en voz alta a veces se toma como algo ridículo. ¿Cómo romper ese paradigma?

Es cierto que leer en voz alta no se parece a las demás cosas de nuestra vida. Es una forma especial de estar con otra persona que puede percibirse como incómoda al principio. Podemos ser tan autocríticos: preocupándonos de que estamos pronunciando mal algunas palabras, o disgustándonos con el sonido de nuestras voces, o sintiéndonos autoconscientes. Pero en realidad, leer en voz alta –en el sentido de ser alguien a quien le lean– es algo que experimentamos todo el tiempo. Es lo que pasa cuando escuchamos la radio o un audiolibro. Es lo que sucede en las iglesias, mezquitas o sinagogas; escuchamos a alguien leyendo –o recitando– los textos sagrados. Así que como adultos ya hemos experimentado esta tradición. Entonces, sí, a veces hay un poco de rareza momentánea cuando empezamos a leer por primera vez, pero incluso los escépticos se sorprenden por la rapidez con que la incomodidad disminuye y el placer de las palabras comienza a envolverlos y atraparlos.

(Le puede interesar: Cien años de Gianni Rodari, el escritor que revolucionó la literatura infantil)

Además de que puede ser una buena forma de desconectar a los niños de la tecnología. ¿Qué consejo les da a los padres?

Reservar tiempo para leer juntos todos los días, convirtiéndolo en algo especial y amoroso, es muy efectivo. La mayoría de los niños anhelan la aprobación y atención de sus padres, y la lectura compartida es una de las maneras más efectivas de hacer que ese ‘tiempo juntos’ tenga lugar. Curiosamente, son los padres más ocupados los que más necesitan leer en voz alta, porque les da una manera de potencializar ese limitado tiempo que tienen con sus hijos. Una vez al día, leer algunos libros ilustrados o un capítulo de una novela hace todo esto: construye la relación, mejora la confianza, reduce el estrés, llena la mente de los niños con el lenguaje, estimula su desarrollo cognitivo y, superimportante, les da a los niños toda la atención de sus padres. Pero las tabletas y los teléfonos tienen que apagarse, ya que la tecnología no es un buen compañero durante el tiempo de lectura en voz alta.

¿Cuáles cree que son los errores más comunes de los adultos (padre o maestro) al enseñar a un niño el hábito de la lectura?

La enseñanza de la lectura no es mi especialidad, pero creo que cuando presentamos los libros a los niños como si fueran algún tipo de carga, o una montaña para escalar, hacemos más difícil el descubrimiento del deleite y el placer que hay en ellos. Esta es otra ventaja de la lectura en voz alta. Si comenzamos a leerles a los niños cuando son pequeños, cuando les llegue el momento de aprender a leer van a llegar con una larga experiencia de la alegría por las historias.

Y entonces ¿cómo leer con ellos?

Estoy a favor de la libertad. Eso significa darle a un niño la libertad de moverse si no quiere quedarse quieto, y la libertad de tocar y jugar con sus libros, y la libertad de pedir la misma historia una y otra vez (incluso si el pobre adulto se está volviendo medio loco con la repetición), la libertad de saltar al final de libros aburridos para encontrar algo más emocionante. Quiero que los niños y las familias experimenten los libros como una delicia, no como una obligación.

Meghan Cox Gurdon

El libro es editado por Urano en Colombia.

Foto:

Archivo particular

También anota que la lectura en voz alta puede crear una conexión importante entre dos personas...

Leer en voz alta es una manera de pasar tiempo con otra persona sin tener que conversar. Ahora, puede ser gratificante conversar, pero no todas las relaciones –y no todas las situaciones en la vida– lo hacen fácil. Si tenemos un adulto y un bebé, ¡la conversación es muy unilateral! Si las personas involucradas son progenitor y adolescente, la conversación podría sentirse como forzada para el adolescente. Y si una persona es muy mayor, frágil y cansada, puede que no haya mucho que decir. Un libro nos alivia de la necesidad de pensar cosas nuevas para decir y nos da una historia que podemos disfrutar juntos, una historia que es sacada de la página por el lector y ofrecida como una especie de regalo al oyente. Leer juntos es una experiencia de unión que construye la relación en formas que son químicas, emocionales, generacionales y culturales.

(Lea además: Libros para niños, objetos maravillosos)

Incluso es, como dice, una “vía de escape al sufrimiento...”.

Déjame contarte una historia sobre algo que pasó en Navidad el año pasado. Mi madre ha tenido recientemente problemas de salud que la han dejado sintiéndose mareada, inestable y temblorosa. Ella tiene miedo y pasa mucho tiempo preocupada por sus síntomas. De repente pasó de ser una mujer activa, vivaz e independiente de 77 años a ser una persona angustiada, aparentemente diez años mayor. En Navidad le pregunté si podía leerle, y ella estuvo de acuerdo. Así que nos acomodamos en el sofá y le leí una traducción de Cicerón de Cómo envejecer. Fue una experiencia notable para ambas. La última vez que habíamos leído algo juntas, yo era una niña pequeña. Y ahora me encontraba leyéndole algo a ella, y tuvo el placer relajante de escuchar. Mientras tanto, ambas estábamos asimilando la sabiduría sobre la vida y el envejecimiento de un hombre que vivió hace 2.000 años. Durante un par de horas, mi madre se olvidó del tormento de su propia situación y fue capaz de viajar a través del tiempo, para familiarizarse con este reconfortante y viejo romano.

¿Cree que la lectura es el mejor antídoto contra la soledad?

La mejor medicina contra la soledad es probablemente vivir en un pequeño pueblo italiano rodeado de un montón de niños ruidosos y vecinos habladores y ancianos sensibles. (Risas). La lectura es, digamos, la segunda mejor medicina contra la soledad. Es una manera de viajar fuera de nuestras propias vidas y de nuestro propio tiempo, fuera de una atmósfera de realismo castigador, para que podamos, como el escritor estadounidense W. E. B. Du Bois escribió en 1903: “Movernos brazo a brazo con Balzac y Dumas, donde hombres sonrientes y mujeres acogedoras se deslizan en salas doradas”. En las páginas de la literatura obtenemos conocimiento, compañeros, modelos para seguir y objetos de deseo; así como humor, intensidad, ingenio y belleza. Al leer –esa gran comunión– nos perdemos, incluso mientras nos encontramos a nosotros mismos.

Se describe en su libro el caso de la escritora Zora Neale Hurston, que luego de escuchar a su profesor leerle en voz alta un poema de Coleridge, supo que quería ser escritora. ¿Al exponer a un niño a la lectura en voz alta podemos estar formando a los escritores del mañana?


¡Sí! Y tengo otra historia para ti, una que escuché de un miembro de la audiencia en un discurso que di a comienzos del año pasado (¡oh, cómo extraño interactuar con las personas!). Este tipo, un maestro, había estado en la escuela de posgrado y quería tomar el curso de escritura de más alto nivel que podía encontrar. En el primer día de clase, su profesor dijo: “Miren, todos ustedes ya son escritores decentes. La única manera de que se conviertan en escritores aún mejores es marinándose en el trabajo de los grandes”. Así que, durante todo el curso, ese profesor se dedicó a leer en voz alta a sus estudiantes. ¡Creo que eso te da tu respuesta!

(Le puede interesar: Libros para que los niños de todas las edades lean en cuarentena)

Si algunos padres nunca tuvieron el hábito de la lectura ni libros en la casa, no es exagerado suponer que no les van a leer a sus hijos y que estos mismos niños no serán lectores asiduos al crecer. ¿Cómo se puede romper esa cadena? ¿Cómo educar adultos que tienen opiniones ya arraigadas e inflexibles y que posiblemente consideren los libros como una pérdida de tiempo?

Bueno, creo que aquí tenemos que hacer algunas distinciones. Algunos niños criados sin libros se convierten en ávidos lectores –lo sabemos por la historia–, mientras que algunos niños que crecen rodeados de libros pueden no seguir leyendo hasta la edad adulta, especialmente si se dejan engañar por las tentaciones de la tecnología. Esta situación se está desarrollando en todo el mundo. Cuantas más personas se habitúen a las pantallas, más perderán la capacidad de participar en la lectura profunda. La neurobióloga Marianne Wolf ha escrito un libro maravilloso pero doloroso sobre esto, “Reader Come Home” (Vuelve a casa lector), así que creo que es importante reconocer que leer en voz alta no es garantía de un romance de por vida con el acto de leer. Es, sin embargo, una manera maravillosa de disfrutar del lenguaje y la literatura en una compañía humana cálida y agradable. Para el oyente no implica ningún esfuerzo ya que el lector está convirtiendo la palabra impresa en discurso, y el habla es muy fácil de entender para cualquier persona. El habla viene naturalmente a nosotros; es, en los aspectos más importantes, nuestro primer idioma.

¿Y sobre los adultos con opiniones arraigadas?

En cuanto a los adultos que tienen opiniones arraigadas e inflexibles sobre la lectura... Mi sospecha es que esos adultos que no ven ningún valor en la lectura nunca han tenido el placer de ello. Eso es triste, y una pérdida cultural. ¡Esos adultos necesitan que alguien les lea!

Como narro en el libro, he visto multitudes enteras de personas que disminuyen la marcha y se detienen y giran con interés y una especie de alegría naciente cuando escuchan a una persona leyendo en voz alta. Realmente hay algo cautivador en esta antigua práctica.

¿Cree usted que en la vida moderna, con tantas distracciones y entretenimientos, se ha perdido la capacidad de escuchar realmente al otro, en especial dentro de la familia?

Creo que es algo que está pasando, y me apena decir que me está pasando a mí. Cuanto más uso mi teléfono y mi computador, más siento que parte de mi mente está siempre en Internet, de modo que nunca estoy tan presente en el momento como solía estar o quisiera estar. En el libro hablo de las formas en que los niños se sienten borrados y negados, como si no fueran nada, cuando sus padres se apartan de ellos para prestar atención a las máquinas. Digamos que un niño y su madre están haciendo algo juntos y la madre se detiene a responder un mensaje: su rostro se queda en blanco y se afloja –nuestros rostros hacen eso, cuando estamos absortos en nuestras pequeñas pantallas–; esto resulta angustiante para los niños. Los bebés se molestan mucho cuando las caras de sus padres se quedan así en blanco. En estudios sobre los efectos de la tecnología se puede ver a los bebés retorciéndose y gritando para tratar de llamar la atención de sus padres. Es desgarrador. Los niños necesitan nuestra atención total al menos por un tiempo cada día. Leer en voz alta es una manera maravillosa de darles ese tiempo: estás sentado con un niño y dedicando todo tu ser a compartir imágenes e historias con ese pequeño, y a los niños les encanta, absorben toda la experiencia. Esta es una de las razones por las que digo que leer en voz alta nos devuelve algo de lo que la tecnología nos está quitando.

(Lea además: Antes de leer fui oidora de las historias de abuelas: Yolanda Reyes)

Los índices de lectura en América latina son más bajos que en países como Estados Unidos. Los libros son muy costosos y las bibliotecas no están tan bien dotadas como sería lo ideal. ¿Qué puede hacer un padre que quiera fomentar la lectura en sus hijos pero no tenga plata para comprar libros ni acceso a una biblioteca?

Sí, esto es un desafío y no hay una respuesta fácil. Entiendo que en América Latina los padres pueden no tener el hábito de dejar que sus hijos jueguen con los libros; que los libros tienen un estatus elevado y son tratados como objetos preciosos. Ahora, yo estoy de acuerdo en que son objetos preciosos, pero también existen para darnos conocimiento y placer, y para conseguir eso necesitamos tocarlos. Si advertimos a los niños que no toquen los libros, pueden llegar a asociar la lectura con el miedo. En cambio, cualquier cosa que podamos hacer para asociar los libros y la lectura con placer y alegría ayudará a la causa de la alfabetización. Los libros son lo ideal, pero en su ausencia podemos también leer otras cosas que están en nuestro entorno. Los padres pueden usar revistas, letreros de almacenes, carteles publicitarios… cualquier combinación de palabras e imágenes se puede utilizar de una manera lúdica para que los niños conozcan el lenguaje y las ideas que vienen con las imágenes.

PABLO CONCHA*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
*Escritor colombiano, autor de los libros de cuentos 'Otra Luz' y 'La piel de las pesadillas' ,y colaborador literario en Libros & Letras y otros medios culturales.

Otras noticias de libros:
Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.