‘¡Que vivan Borges, Pessoa y el reguetón!’: Jorge Drexler

‘¡Que vivan Borges, Pessoa y el reguetón!’: Jorge Drexler

El artista uruguayo, de los más premiados en 2018, reflexiona sobre el estado de la música actual.

Jorge Drexler, cantante y compositor uruguayo

Jorge Drexler celebra con uno de los tres premios Grammy Latinos, obtenidos el pasado mes de noviembre en Las Vegas, Estados Unidos.

Foto:

Robyn Beck / AFP

Por: Armando Neira
15 de diciembre 2018 , 10:02 p.m.

Podría ser una redundancia afirmar que entre las virtudes del uruguayo Jorge Drexler está su voz. Pero no. Esta también tiene un brillo especial fuera del escenario. Su calidez y ritmo invitan a la conversación. ¿Será que escoge intencionalmente cada vocablo? ¿Trabaja en las metáforas, el énfasis y las pausas en sus oraciones para exponer sus ideas? Tras charlar con él durante un buen tiempo, es evidente que habla con una naturalidad seductora.

Entre sus premisas está la de mirar al otro como un igual. “Yo mismo creo que he venido para construir puentes. En mis caso, soy un puente entre dos familias muy diferentes, la de mi madre y la de mi padre, con orígenes distintos, visiones casi contradictorias y he aprendido a compaginar y a ver siempre las dos posibles versiones de las cosas”.

Nacido el 21 de septiembre de 1964 en Montevideo, su padre, Günther Drexler, era un judío alemán que escapó de su país durante el holocausto y que en una escala de casi una década se quedó en una Bolivia detenida en el tiempo. Su madre, Lucero Prada, de herencia española y portuguesa llevaba, en cambio, la energía en el cuerpo. “Todos somos inmigrantes de una u otra manera”, dice aquí en Las Vegas, Nevada, entre las pausas de la ceremonia de los Grammy Latinos, realizada a mediados del pasado mes de noviembre.

Precisamente, en este certamen él se convirtió en el gran triunfador al levantar los premios a mejor canción, mejor grabación del año y mejor álbum de cantautor. Los dos primeros por su canción ‘Telefonía’; y el último por el disco ‘Salvavidas de hielo’.

Emocionado, con un brillo en los ojos de felicidad, conversó a fondo con la prensa, entre ellos EL TIEMPO, sobre varios temas, en especial el estado actual de la música. De entrada, hizo una férrea defensa de todos los géneros y clamó por no excluir a ninguno. No es un asunto marginal porque en ese instante todas las miradas estaban centradas en J Balvin, quien ponía sobre la mesa ocho nominaciones. No era el único colombiano a quien se dirigían los focos. La expectativa gravitaba también alrededor de Maluma, tan eficaz a la hora de poner a mover las caderas como polémico por el contenido de las letras de sus canciones.

Era natural que con los premios en la mano, un autor que venera las palabras, a quien se le aplaude por la calidad literaria de sus estrofas y quien se inclina con reverencia para exaltar las virtudes de la mujer, se le preguntara su opinión sobre esa implacable dictadura reguetonera que parece gobernar en todas las audiencias.

Él se convirtió en el gran triunfador al levantar los premios a mejor canción, mejor grabación del año y mejor álbum de cantautor

¿Esa música va a acabar con el buen gusto? ¿Tiene a los cantautores arrinconados? “Para nada”, responde él con suavidad. El autor de ‘Todo se transforma’, ‘La trama y el desenlace’ y ‘Causa y efecto’, entre otras aplaudidas piezas, pide no crear brechas entre la familia de esta industria. “Yo no tengo enemigos en el mundo de la música, mis enemigos son los intolerantes, son los fabricantes de minas antipersonas: ¡Que viva el reguetón, que viva la cumbia, que viva Fernando Pessoa, que viva Borges, que viva Atahualpa Yupanqui, que viva Carmen Miranda!”.

Y, por el contrario, exige valorar el alrededor. “Disfrutemos de lo que tenemos, es un tesoro del que apenas nos estamos dando cuenta de lo que significa. Iberoamérica tiene un futuro muy prometedor”.

Los orígenes del reguetón

¿En serio? ¿Un hombre como él, que ganó un premio Óscar de la academia por su canción ‘Al otro lado del río’, hecha para la película ‘Diarios de motocicleta’ (2004), que recrea los viajes por Suramérica del joven Ernesto Che Guevara, ahora alza la voz para defender el reguetón?”. “Claro que sí”, responde.

¿Y por qué no? Se preguntó él mismo. “¿Por qué no?”, insistió. “Ese patrón rítmico ni siquiera es nuestro, no es mío, no es de Balvin, no es de Maluma, no es de ninguno de nosotros. Viene desde el siglo XI, de los burdeles de Persia, en donde lo llamaban “el ritmo del diablo”. Es un ritmo de África del norte: “pa pa papa pa” es maravilloso”, sentenció mientras con las palmas tocaba el ritmo. Por eso, él, en lugar de ubicarse en la orilla de quienes critican a los dos cantantes paisas y a todos quienes han optado por esta expresión, pide respetarlos por sus logros.

En la charla, Drexler incluso fue más allá y pidió escucharlos, gozarlos sin prevenciones. ¿Por qué? “Disfrutemos del cuerpo, disfrutemos de lo que tiene este continente para darnos”, clamó. Pero ¿qué pensarán entonces sus colegas de esta inesperada defensa que hace uno de los artistas más respetados de un ritmo que recibe ataques cotidianos? “¡Si no nos gusta algún tipo de canción, escribamos canciones mejores!”, exclamó. “No les echemos la culpa a los géneros de las cosas, es nuestra responsabilidad como compositores, cada uno tiene una responsabilidad”, aseguró. Para él, en la actualidad hay otras fracturas que deberían de inquietar más a la gente. “Abramos los brazos que el mundo ya está bastante dividido, y tiende a dividirse cada vez más, como para estar estableciendo guetos y cerrando puertas”, pidió. “Escuchar que el reguetón sigue abriendo caminos, impregnando las salas de baile de todo el mundo, es como pasó con el tango en su momento. El tango, la cumbia, la samba, el ‘blues’. Miren toda esta cadena de tierra que va desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Hemos conseguido mover los corazones y las caderas del mundo, sigámoslo haciendo, abracemos nuestra tradición en toda la amplitud que tiene. No nos restrinjamos, no establezcamos categorías”.

Para este médico de profesión –se graduó como otorrinolaringólogo para no llevarle la contraria a su padre y solo hasta cumplir 30 años optó por abrazar exclusivamente a la músicael arte y sus distintas disciplinas deben tumbar las fronteras. ¿Qué mejor que dejarse llevar por el goce y darles rienda a los cinco sentidos? En alguna ocasión, ya había proclamado su férrea defensa del baile: “El baile y la música nos definen como especie. Se han encontrado instrumentos, flautas de hueso, de hace 45.000 años. Y todavía antes existían la voz y las palmas. Sin embargo, la agricultura solo está datada desde hace 8.000 años. Olvidamos que antes de que existiera un lenguaje articulado ya existía una comunicación melódica y mediante el movimiento. Por eso quiero reivindicar el baile”.

Leer para componer

A los 54 años y con dos hijos, el cantante se muestra exultante y agradecido con la vida. ¿Cuál es su mensaje para esos jóvenes que están aprendiendo a tocar un instrumento? “Estamos parados sobre los hombros de gigantes literalmente, tenemos una tradición previa de gente que ha escrito canciones, que ha escrito poemas, que ha escrito grandes melodías”. ¿Entonces? “Escuchemos, investiguemos, hay muchas cosas en las que basarnos. No creamos en todo lo que brilla, en la superficie de las cosas que llegan más fácilmente. Investiguemos, tomémonos el trabajo, seleccionemos, busquemos”, les señala la ruta a seguir.

En esta línea, él mismo se pone de ejemplo. “Cuando Joaquín Sabina en su momento me dijo que escribiera una canción en décima, yo no tenía idea, yo estudié medicina, yo no tengo formación literaria. Me fui a investigar, me fui a abrir libros, me fui a estudiar con Alexis Díaz Pimienta, me fui a leer a los decimistas antiguos. Tenemos un tesoro en nuestras manos, no usarlo es un desperdicio. Vayamos a las bibliotecas, viajemos, conozcamos el continente”, pide.

Para Drexler, el viraje que dio en su vida cuando puso a un lado la medicina y optó por navegar por el mundo de la música, le abrió unas puertas fascinantes en las que valora muy especialmente la posibilidad de recorrer la piel de nuevas geografías. “La canción me ha dado muchos regalos”, sentencia. “Pero el regalo más grande que me ha dado es Iberoamérica, es el hecho de sentirme en casa en Temuco en Chile, es sentirme en casa en Badajoz. El hecho de comunicarme con la gente en portugués o en español, el sentirme en casa en Porto Alegre, de escuchar a Tom Jobim y sentirlo propio. Escuchar a Atahualpa Yupanqui, a Chabuca Granda y sentirlos como propios”, enumera.

El conocer escenarios tan disímiles, comunidades tan lejanas, lo han hecho un ser humano plural, de mente abierta y defensor de la inmigración, uno de los grandes fenómenos de este año que termina. Él cuenta que vio con inquietud ese éxodo masivo de africanos tratando de entrar en pateras a Europa, venezolanos dispersándose por el resto de América Latina y centroamericanos caminando hacia la frontera de Estados Unidos a pesar de las amenazas del presidente Donald Trump para rechazarlos.

“Yo soy un inmigrante, un inmigrante muy privilegiado. Me fui de Uruguay persiguiendo un sueño y llegué a España. Mi hijo el mayor es un inmigrante, ya vive fuera del país. Mi padre es un inmigrante, nació en Berlín. Cuando todas las cancillerías estaban cerradas, Bolivia las mantuvo abiertas y él pudo vivir en Oruro ocho años como inmigrante, como refugiado, huyendo del horror del nazismo. Luego entró en Uruguay y conoció a mi madre, que también venía descendiendo de inmigrantes”, relata. “Mi abuelo por parte de padre nació en Polonia y entró en España. Es decir, ¿quién no es inmigrante? Mirémonos un segundo. Les recomiendo una cosa muy importante: hagámonos el examen genético de los ancestros, démonos cuenta de que todos somos parte de todo”.

“Hace cuarenta mil años estábamos todos en África, nuestra especie no hace otra cosa que migrar para vivir mejor, para que sus hijos tengan acceso a lo que uno no les puede dar en el sitio en el que está”, asegura. Por eso, exige a la comunidad internacional voltear a mirar a los migrantes con solidaridad. “La migración nunca es un acto banal, nunca es un acto ligero. Inclusive, yo que he migrado en la mejor de las condiciones siento el dolor de estar lejos de Uruguay. Tengamos respeto y sepamos que la historia es circular; quienes hoy piden asilo, pueden ser quienes mañana nos lo den”.

¿Quién no es inmigrante? Mirémonos un segundo. Les recomiendo una cosa muy importante: hagámonos el examen genético de los ancestros, démonos cuenta de que todos somos parte de todo

Un 2018 brillante

Volviendo al tema de la música, el artista reconoce que este 2018 ha sido bastante bueno para él. En el balance queda un final brillante con tres premios Grammy.

¿Qué significan para usted estos reconocimientos?

“Los premios significan un aliciente muy importante. Pero, al igual que pasa con la Gorgona (en la mitología griega era un monstruo femenino protectora de los conceptos religiosos más antiguos) que no se puede mirar a los ojos directamente porque uno se transforma en piedra, hay que tratarlos lateralmente, no hay que mirarlos mientras uno escribe, no hay que escribir pensando en los premios, sinceramente lo digo”, señala.

¿Cuestión de cábala? Para nada. Cree que solo con trabajo arduo y constante se avanza. Entonces confiesa una intimidad. “Tengo la suerte de haber tenido muchos, y algunos muy importantes. Pero no los tengo en el lugar en el que escribo, ni quiero saber de ellos cuando escribo”.

Lo dicen un artista que tiene un don para la palabra, pero a quien paradójicamente le cuesta, casi es un suplicio, sentarse a escribir las letras de sus canciones. “Cada vez es más difícil escribir para mí”, confiesa. Entre otras razones, porque a la hora de poner en la balanza la posibilidad de escribir o de disfrutar de los detalles cotidianos de la vida, no tiene dudas. “Llevo un año y medio sin escribir un verso, pero no me preocupa porque eso suele pasarme. Yo solo escribo cuando no tengo más remedio, cuando siento que es algo ya imperioso. Por lo general cuando estoy de gira no escribo, me gusta mucho disfrutar de la gente, de la gira, de los lugares, de la gastronomía, de los paisajes”, relata. Es, en síntesis, un maravilloso conversador.

Aunque, por las dudas, se le pregunta: ¿Dificultades para concentrarse? “Es complicado cuando estoy de gira. Necesito parar, llevamos cien conciertos desde que salió el disco (‘Salvavidas de hielo’), así que no he podido escribir en este tiempo ni he tenido la necesidad”, responde.

¿Entonces? ¿Para cuándo un nuevo trabajo? “No lo sé. No entro a picotear la composición así como así, cuando entro lo hago en serio porque no es un proceso fácil y menos para mí”. Lo dice un compositor que sin importar el facilismo del reguetón ahora sale en su defensa. Paradiando a Andrés Caicedo: ¡Que viva la música!

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura de EL TIEMPO
Las Vegas*
@armandoneira
* Por invitación de Turner

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