Marcos Mundstock y los mundos paralelos del humor de Les Luthiers

Marcos Mundstock y los mundos paralelos del humor de Les Luthiers

El mundo despide a uno de los fundadores de Les Luthiers, legendaria voz de la comedia.

Les Luthiers

Horacio Turano, Tomás Mayer Wolf, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio y Martín O’Connor, los miembros del célebre grupo.

Foto:

Foto: Cortesía Move Concerts

Por: La Nación (Argentina) - GDA
25 de abril 2020 , 10:05 a.m.

Cuando Les Luthiers se enteraron de que eran ganadores del premio Princesa de Asturias, a la pregunta sobre qué era lo que todavía les faltaba conquistar, Marcos Mundstock respondió con una frase que tomó prestada de su amigo y compañero de grupo Daniel Rabinovich: “El Nobel de Física”.

La muerte de Marcos Mundstock el pasado 22 de abril, a sus 77 años, quizá nos haga pensar que en algún lugar de alguna dimensión se pueda volver a juntar con Daniel (fallecido en agosto de 2015) para entablar esos diálogos memorables, irrepetibles, que, a pesar del toque vernáculo, los convirtieron en artistas globales.

Desde los vertiginosos entreveros, como el de Esther Píscore, y las ocurrencias de Radio Tertulia hasta los encuentros de dos políticos corruptos que intentaban sacar ventaja de cualquier situación, hicieron del humor refinado algo muy popular e internacional. Por eso, no fue la suerte la que los llevó a ser tan famosos en países como España ni recibir un premio como el Princesa de Asturias.

Tampoco es casual que luego de hacer funciones que se contaban de a decenas en cada nueva temporada en teatros de la avenida Corrientes, podían subir al escenario del teatro Colón (Buenos Aires, Argentina) para celebrar El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns, que presentaron el 9 de agosto de 2014, como parte del Festival Barenboim, de música y reflexión, junto a la orquesta West-Eastern Divan.

Tanto en el ensayo general abierto como en el concierto de la noche, ante la primera aparición del grupo el público estalló en aplausos con una potencia absolutamente inusual para la sala del Colón. Tanto que los músicos israelíes y palestinos de la orquesta se quedaron sorprendidos ante semejante reacción de la gente (especialmente durante el ensayo general). La prueba también se manifiesta hoy con las repercusiones que ha motivado su partida, tanto del ambiente artístico como de sus propios compañeros de Les Luthiers.

El ejercicio del humorismo (...) mejora la vida. Permite contemplar las cosas de una manera distinta, lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón

Será que el humor crea mundos paralelos o formas lúdicas de interpretar una situación o un hecho; o hasta crea su propio modo de generarlos. A todo esto se refirió Marcos con el discurso que dio en 2017, en el teatro Campoamor de Oviedo, en España, antes de que el grupo recibiera el premio Princesa de Asturias, en la categoría comunicación y humanidades. Lo hizo con humor y reflexión:

"El ejercicio del humorismo (...) mejora la vida. Permite contemplar las cosas de una manera distinta, lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón. El humorismo no depende de estar de buen humor o de mal humor. El humorismo es siempre social, comunicación y humanidades. Nuestra mayor satisfacción es habernos ganado, con la ayuda de la música, unos raros instrumentos y la exuberancia y las ambigüedades del idioma castellano, un lugar en el humorismo”.

Marcos Mundstock

Marcos Mundstock, integrante fundador de la agrupación Les Luthiers.

Foto:

Juan Mabromata / Archivo AFP

En los fundamentos del premio, el jurado argumentó que el grupo es uno de los principales comunicadores de la cultural iberoamericana. Un año antes, también en España, en el programa nocturno de entrevistas Late motiv, el anfitrión, Andreu Buenafuente, conversó con Marcos Mundstock y Carlos López Puccio. Allí, en un momento de la charla, mencionó que alguna vez alguien definió a Les Luthiers como los Rolling Stones del humor, pero “sin las chicas detrás”. “La ventaja sobre los Rolling Stones –respondió Marcos– es que no tenemos agregados químicos”.

Mundstock y la música

Hijo de padres inmigrantes judíos askenazíes, Marcos nació el 25 de mayo de 1942 en la ciudad de Santa Fe. Algunos problemas económicos y la búsqueda de trabajo provocaron una mudanza familiar a Buenos Aires a los 7 años. Cuando terminó el colegio secundario estudió ingeniería; nunca se llevó un título de esa carrera, pero sí un grupo de amigos que conoció en el coro de la facultad. Aquello determinaría su futuro durante más de cincuenta años.

Es curiosa la relación de Marcos con la música. Le gustaba escucharla. Nunca estudió ni tuvo una facilidad para tocar instrumentos como sí la tuvo el resto de sus compañeros luthiers. En una entrevista manifestó que durante los primeros años en Buenos Aires su padre no conseguía trabajos estables; al no tener resto económico, a Marcos nunca se le ocurrió pedirle que lo mandaran a estudiar música.

Solo veo nuestros videos cuando tenemos que reponer una obra. Y hay cosas que me causan mucha gracia. Quizás las hice 800 funciones, pero me vuelvo a reír

Sin embargo, la afición estaba intacta y terminó en un coro. Mientras cursaba ingeniería hizo la carrera de locutor en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica. De allí salió con un título. Ejerció la carrera en la Radio Municipal hasta la mitad de la década del sesenta. Después del golpe militar que derrocó al presidente constitucional Arturo Illia en 1966, perdió su trabajo y con el dinero que recibió por meses adeudados se compró un piano y comenzó a tomar clases. Pero su destino era unívoco: ser la voz de Les Luthiers, el que marcaría el contrapunto, la tensión de muchas situaciones que permitieron que luego de creado el grupo, se rompiera el molde.

La experiencia, el ensayo y error y el trabajo tan minucioso de Les Luthiers en el armado de cada espectáculo, además de mostrar esa voz que con el tiempo se fue haciendo más grave, hicieron que la madurez transformara el desparpajo en sutileza. Si en los primeros años de actividad (Les Luthiers debutó en 1967) Marcos podía hacer versiones libres de temas del repertorio lírico que fueron famosos en voces de importantes tenores, la experiencia ganada refinó el trabajo del locutor.

Las historias de Johann Sebastian Mastropiero llevaron su sello, no solo por la inventiva de lo narrado, sino por la manera como Marcos construyó al personaje desde su voz y en tercera persona, con la solemnidad que en otras épocas caracterizó a la música clásica y la sorna que delataba a un hombre de escasa honorabilidad. En esas dos características se sustentaba el personaje tan bien tallado por la voz de Mundstock.

La actividad paralela al grupo se dio de manera esporádica. En 1974 hizo la voz en off de la película Quebracho, de Ricardo Wullicher. Años después puso su voz o tuvo papeles en Roma, No sos vos, soy yo y Mi primera boda, entre otras. Y también realizó algunas apariciones televisivas en programas argentinos.

Aunque no haya explicación, parte de la magia de Les Luthiers se demuestra cuando una persona que ya escuchó un chiste cien veces quiere volver a escucharlo. A Mundstock le pasaba lo mismo: “Solo veo nuestros videos cuando tenemos que reponer una obra. Y hay cosas que me causan mucha gracia. Quizás las hice 800 funciones, pero me vuelvo a reír”.

Durante una entrevista para el diario La Nación decía: “¿Cuándo descubro que puedo hacer reír? No lo sé, aunque hay un hecho: yo fui al colegio ídish (perteneciente a las comunidades judías), al I. L. Peretz, y ya mostraba cierta predisposición a la actuación. A mis 8 años hubo una función donde el personaje central era el maestro, que entraba y nos sorprendía durmiendo junto a otro pibe. Yo le tenía que decir en ídish: ‘Jaime, ¿estás durmiendo?’. Y cuando lo dije, hubo una carcajada en la sala. ¿Qué pasó acá? Descubrí un cierto poder que tenía que ver con las formas, la manera de decir la frase. Años después empezaría a reivindicar mis comienzos como actor infantil en el colegio ídish. Es curioso cómo habiendo luchado durante años por tener carreras más sólidas, muchos años después y ya siendo un humorista y actor de cierto prestigio, empecé a darme cuenta de que en realidad lo que me salió fácil de entrada a los 8 años era esa capacidad de actuar. Después de unos años dije: ‘Mirá vos, si me salía más o menos fácil, ¿para qué di tantas vueltas en la vida?’. No quería ese camino, entonces fui, estudié locución, ingeniería, iba con los libros bajo el brazo y pasaban años sin que metiera una materia. Estaba muy angustiado con qué sería de mi futuro. Y el grupo era una picardía de integrantes del coro. Tardé en conectar que eso era una cosa mía que la tenía desde el principio y que me salía de manera espontánea y fácil”.

Y el suceso que tuvo el grupo, durante más de medio siglo, fue por una conducta artística que ningún integrante quiso abandonar. Marcos lo explicaba de esta manera: “No se puede decir cualquier texto, no se puede tocar cualquier música, no se puede hacer cualquier sketch. Hubo una especie de buen gusto en la semilla inicial”.

La Nación (Argentina) -GDA

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