La huelga sexual que frenó una guerra de pandillas

La huelga sexual que frenó una guerra de pandillas

Esta historia hace parte del libro de cómic documental ‘Yo no corrí frente al miedo’ (Intermedio).

Yo no corri frente al miedo

Escena del plantón femenino frente a sus esposos. Las ilustraciones son de la artista Rowena Neme.

Foto:

Rowena Name para el libro 'Yo no corrí frente al miedo'

Por: Javier Forero y Maru Lombardo
20 de noviembre 2018 , 02:28 p.m.

“Ni un polvo mientras hablen las armas”. Eso decía el letrero que instaló Omayra en la puerta de su casa, ubicada en el barrio Villa Santana, un territorio invadido por la delincuencia y el microtráfico en la frontera entre Pereira y Dosquebradas (Risaralda).

El letrero, escrito de forma improvisada con marcador y cartulina, escondía una propuesta creativa y efectiva para combatir la violencia: negarse a tener relaciones sexuales con sus compañeros sentimentales –en su mayoría pandilleros y sicarios– hasta que abandonaran la delincuencia.

“Fue la manera de decirles a nuestros esposos que no queríamos quedar viudas y que nuestros hijos no merecían crecer sin un padre al lado”, explica Omayra, quien en 2006, año en el que se gestó la iniciativa, apenas había cumplido la mayoría de edad y tenía dos hijos, uno de los cuales había perdido a su padre en medio de una balacera.

Una vez las autoridades desarticularon los grandes carteles de la droga (en los 90), el negocio del narcotráfico en el país empezó a transformarse. Estas nuevas mafias mutaron hacia decenas de ‘cartelitos’ que a sangre y fuego se fueron adueñando de los parques y las calles en casi todos los municipios del país.

El ‘negocio’ se convirtió en el principal combustible para las pandillas que marcaban su territorio con fronteras invisibles. Una de las más cruentas luchas entre pandillas fue la que se vivió en Pereira y Dosquebradas, a inicios de este milenio.

Pereira era para el 2006 la ciudad más violenta de Colombia, según estadísticas oficiales. El 90 por ciento de los muertos en esa ciudad se producían por armas de fuego, y de esta cifra el 87 por ciento de las víctimas eran jóvenes pandilleros. Por eso, 25 jóvenes mujeres entre los 15 y los 25 años arrancaron con una idea que la alcaldía promocionó con el nombre de ‘Piernas Cruzadas’.

Yo no corri frente al miedo

Los pandilleros se vieron unidos por un hecho: el desprecio de las mujeres.

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Rowena Name para el libro 'Yo no corrí frente al miedo'

“Al comienzo nos costó mucho trabajo convencer a nuestras amigas, porque lo que les negábamos a nuestros novios en la casa lo iban a buscar por fuera, pero lentamente la idea tomó forma, cuando las demás también se fueron uniendo”, relata Omayra, quien fue también una de las manifestantes en ese momento.

‘Piernas Cruzadas’ se desarrolló en los barrios Villa Santana, Cuba, Centro y Otún, que estaban entre los sectores más vulnerables de la capital risaraldense. Más de un centenar de mujeres que temían perder a su pareja por alguna balacera se unieron a esta iniciativa.

“Tenían que entender que era preferible que el marido se emputara a tener que ir a llorarlo al cementerio. No queríamos seguir viviendo con un cadáver andante”, agrega Omayra y quien tenía como pareja a uno de los pandilleros más violentos del barrio.

Según explica el entonces secretario de la Oficina de Seguridad y Convivencia Ciudadana de Pereira, Julio César Gómez, uno de los que apoyó la iniciativa, “varios estudios demuestran que el actuar de los pandilleros se relaciona con el deseo de tener ‘estatus’ ante las mujeres”. Goméz dice que en una encuesta hecha por la Alcaldía de Pereira se descubrió “que la actividad preferida por los pandilleros es hacer el amor”, y que muchas veces están en la delincuencia “no por necesidad económica, sino por un referente de poder y seducción sexual”.

“Eso requirió también cambiarles el chip a ellas (las mujeres) porque también tenían la mentalidad de que armados sus maridos se veían más poderosos y sexualmente más atractivos”, añade el secretario.

Era preferible que el marido se emputara a tener que ir a llorarlo al cementerio

El poder de convocatoria que tuvo la iniciativa hizo que los pandilleros, antes férreos rivales a muerte, se vieran unidos por un hecho: el desprecio de las mujeres.

Omayra recuerda que en un principio el trato con ellos para hacerlos reflexionar sobre sus actos criminales no daban frutos. “Hablar con ellos (los pandilleros) sobre convivencia era como hablarle a una tabla, pero nos tomamos el poder y les dimos por donde más les dolía”, cuenta.

Yo no corri frente al miedo

El libro retrata a la gente y a los escenarios con la mayor fidelidad posible.

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Página de 'Yo no corrí frente al miedo' con ilustración de Rowena Name.

El mayor reto que se encontraron estas mujeres de los barrios populares fue mantener la paciencia. La huelga sexual estaba planeada inicialmente por una semana, pero, tras los pocos resultados y la continuación de la violencia, se extendió por cerca de un mes.

Las jóvenes involucradas en el proyecto también aprendieron a hacer respetar su cuerpo y a decidir sobre él. Jennifer, otra de las mujeres que fue partícipe del paro, había escrito un rap al respecto. La primera parte decía: “Como mujer mucho valemos/ que no nos deslumbre un hombre violento / porque con ellos, mucho perdemos / Yo elijo cómo, dónde, cuándo me entrego”.

De esta manera, la huelga pretendía enviar el mensaje de que quien no entregara las armas perdería no sólo su estatus sino a sus parejas, y así llegó el día en el que sus parejas no resistieron más. La mitad de los pandilleros de la zona accedieron a escuchar las opciones que les ofrecía la Alcaldía para que abandonaran su actividad delincuencial.

“El 50 por ciento de los pandilleros ‘víctimas’ del paro fueron vinculados laboralmente como guardas de tránsito, guías ciudadanos o inspectores de espacio público, también recibieron cursos de sistemas”, asegura Gómez.

Aunque la violencia en las comunas de la capital risaraldense se mantuvo por la presencia del microtráfico y la exclusión social, a la que están sometidos los jóvenes de los barrios fronterizos, la abstinencia sexual del 2006 logró que la guerra de varios años entre unas 40 pandillas de Pereira y Dosquebradas se redujera. Durante meses se vivieron tiempos más pacíficos y con ello la última parte del rap de Jennifer se hizo realidad: “Todas unidas lo lograremos / contra los violentos, las piernas cerremos / Paro sexual”.

Contar la realidad en ilustraciones

Una comunidad indígena que recurrió a los taitas para ‘rezar’ a las Farc, una comunidad que se protegió con un par de parlantes, un grupo de mujeres que acabaron una guerra de pandillas con una huelga sexual...

Esas son algunas de las llamativas historias de resistencia pacífica que retrataron tres jóvenes, dos periodistas y una ilustradora, y que se recogieron en el libro 'Yo no corrí frente al miedo', publicado a mediados de octubre por Intermedio Editores.

Los personajes que aparecen en este libro son seres humanos de Bogotá, Pereira, el resguardo indígena de Aponte y del pueblo de El Encanto (Nariño) que se resistieron a situaciones de violencia de forma creativa para demostrar sus ganas de vivir en paz, de recuperar su cultura y su territorio.

Las cuatro historias fueron recogidas en terreno y, junto con fotografías de archivo, fueron narradas nuevamente desde la ilustración para dar forma a un recurso conocido como cómic de no ficción o cómic documental.

Este recurso ofrece de forma gráfica la narración de contenidos reales con la veracidad que exige el periodismo y haciendo uso de elementos del arte gráfico para retratar emociones y cambios por los que pasan los protagonistas a lo largo de sus historias.

“La ilustración, además de replicar la realidad, tiene la capacidad de reconstruir un espacio a partir de emociones, sensaciones y las voces de quienes fueron protagonistas. La ilustración deja una nueva impresión de los hechos frente a los ojos de los lectores. Es una voz convertida en imagen”, dice la introducción del libro Yo no corrí frente al miedo, publicado por Intermedio Editores.

JAVIER FORERO Y MARU LOMBARDO
Twitter: @javierforero07 y @puntoyseacabo
REDACCIÓN EL TIEMPO

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