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La historia de la lengua española y el origen de los diccionarios
Adan y Eva

Rabinos del judaísmo aseguran que el idioma de Adán y Eva (foto) fue el cananeo, una antigua lengua hebraica. Estatuas en Varallo Sesia, Italia

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La historia de la lengua española y el origen de los diccionarios

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Asurbanipal, último emperador de Mesopotamia tuvo la prodigiosa idea de crear el primer diccionario.

Dígame una cosa: ¿qué idioma hablaban Adán y Eva? Esa pregunta me ha estado dando vueltas en la cabeza desde que asistía a la escuela primaria en San Bernardo del Viento.

Como ustedes recordarán, hace ya una semana que celebramos el Día del Idioma. Con ese motivo he recibido mensajes de los lectores desde diferentes regiones del país –entre ellos los enviados por colegas periodistas– en los que me proponen que averigüe y les cuente la historia de nuestra lengua, cómo fueron naciendo las palabras, cuál fue la cuna en que se meció nuestro diccionario. En fin, una especie de biografía del idioma.

Aquí voy con esa auténtica epopeya. Porque meterse en los entresijos del lenguaje, remontar las aguas de su vida, navegar por sus entrañas y rebuscar en los entrepaños de su alma, es como una aventura llena de sorpresas emocionantes. Una odisea, mejor dicho.

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Vamos a empezar por sus orígenes. Así como ocurrió con diferentes idiomas, entre ellos el portugués, el francés y el italiano, la lengua española también proviene del latín, del cual es hija legítima. Los conquistadores romanos ocuparon el territorio de lo que hoy es España cuando todavía faltaban doscientos años para el nacimiento de Cristo.

Empezaron por imponer su lengua, que era el latín, y fue así como a esa nueva colonia la llamaron Hispania, de ahí que ‘hispaniolus’ fuera el gentilicio de sus nativos. Ellos, los españoles, hablaban en ese momento diversos dialectos, casi tantos como regiones tenía el país: asturiano, leonés, gallego, vasco, catalán. Castellano era el que se hablaba en la provincia de Castilla.

Un nuevo lenguaje

Setecientos años después de haber llegado a España, el imperio de los romanos se derrumbó estruendosamente y tuvieron que regresar a su propio suelo, lo que hoy es Italia.

Es en ese momento cuando surgen las primeras versiones del idioma español propiamente dicho, que en su mayoría se basaban en el dialecto de Castilla, pero también tenía palabras provenientes del griego y el alemán. Ya era prácticamente un nuevo idioma con vida propia. Entonces llegaron los conquistadores árabes.

Esa era la influencia que faltaba. Los musulmanes duraron casi ochocientos años en España. Por eso, en nuestro idioma, hoy hay casi siete mil palabras cuyo origen es árabe, entre ellas las que empiezan por al, como algodón, alcalde, alberca, alfajor, alcantarilla, almíbar, almacén, aljibe.

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Hasta que la reina Isabel de Castilla y su marido, Fernando de Aragón, no solo descubrieron América en 1492, al contratar a Cristóbal Colón, sino que lograron unir a las diferentes provincias y expulsaron a los invasores. Desde entonces la lengua castellana, que era la de sus libertadores, se fue tomando todo el territorio español

No solo había nacido un nuevo país sino, también, un nuevo idioma que se extendió a un nuevo mundo llamado América. Miren esta curiosidad: la primera palabra americana que ingresó al diccionario español fue canoa, procedente del dialecto caribe que hablaban los indios taínos de las Bahamas.

Cuarto en el mundo

Desde hace muchos años se ha desatado una polémica para establecer si el nombre correcto de nuestro idioma es español o castellano. La Real Academia ha dicho que ambos son acertados porque se trata de sinónimos. Tanto así que la propia Constitución Nacional de España dice que el idioma oficial de su país es el castellano.

A propósito: los primeros colonos que llegaron a América eran de Castilla, por lo que en estas tierras se ha preferido siempre llamarla lengua castellana.

En este momento, nuestra lengua es la cuarta más hablada del mundo, tras el idioma mandarín de la China, el inglés y el hindi, de la India. Para mencionar solo el caso de los Estados Unidos, cuya lengua oficial es el inglés, allí hay 40 millones de personas que hablan castellano.

Del total de personas que hablan español en el mundo, que ya llegan casi a 600 millones, se calcula que un poco más del 70 por ciento vive en América.

¿Y el diccionario?

Con la noble intención de que las palabras no mueran ni desaparezcan, les inventaron un hogar para que tengan donde refugiarse, donde comer y dormir. Esa casa acogedora se llama diccionario.

También esta palabra se origina en el latín antiguo, en el cual dictio era el verbo decir o expresar, y la terminación ario se refiere a un lugar para guardar cosas, como ocurre con armario o acuario.

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¿Cuál fue el primer diccionario que existió en la historia de la humanidad? ¿A quién se le ocurrió eso? ¿En qué año fue?

Aunque hay varias teorías que no logran ponerse de acuerdo, las más confiables sostienen que el primer diccionario nació hace alrededor de 2.600 años.

Un rey admirable

Mesopotamia era el reino más importante de aquella época. Quedaba en el corazón de Asia y era tan grande que cubría lo que hoy son varios países, como Siria, Irak, Turquía y Kuwait.

Babilonia fue su capital. Y desde allí reinaba el último emperador que tuvo Mesopotamia. Se llamaba Asurbanipal. Poca gente conoce hoy aunque sea su nombre y eso es una terrible injusticia porque se trata de un personaje admirable e imprescindible en la historia de la cultura humana.

Era sabio, científico, militar exitoso, héroe de su pueblo, gobernante justo y uno de los pocos monarcas de la antigüedad que sabía leer y escribir.

Pues bien: en la mitad de su período real, Asurbanipal tuvo la prodigiosa idea de proponerles a unos eruditos que escribieran en unas tabletas de arcilla el significado de las palabras del idioma que sus súbditos hablaban en ese momento, que era el arameo.

Así lo hicieron, valiéndose de la caligrafía que se empleaba en aquella época, llamada ‘cuneiforme’ porque se escribía sobre la arcilla con la punta aguda de cuñas y clavos.

Ese fue el primer diccionario que conoció el género humano, genuino tesoro antiguo y prodigioso que se conserva hoy en el Museo Británico de Londres.

Pido a Dios que algún día me permita viajar por allá para ir a saludarlo.

El diccionario español

Como si fuera poco, Asurbanipal hizo construir en la ciudad de Nínive la primera biblioteca que recuerda el mundo, compuesta por una infinidad de obras en tabletas de arcilla.

Y así, andando el tiempo entre reyes sabios y monarcas belicosos, llegamos a los comienzos del siglo diecisiete. Fue exactamente en 1611, hace ya cuatrocientos diez años, cuando apareció en Madrid un libro titulado Tesoro de la lengua española o castellana. Era el primer diccionario de nuestro idioma.

Lo escribió un sacerdote sabio que se llamaba Sebastián de Covarrubias. Había sido confesor del rey Felipe II, canónigo en la catedral de Cuenca y un auténtico historiador y erudito que duró cinco años investigando el sentido de las palabras.

La primera palabra americana
que ingresó al diccionario español fue canoa, procedente del dialecto caribe que hablaban los indios taínos de las Bahamas.

Su diccionario contenía once mil vocablos, que eran los usados en la época. La última edición de la Academia, de hace siete años, contiene 93 mil.

No aguanto las ganas de soltarles una curiosidad: la letra que más palabras encabeza, la reina del diccionario, la emperatriz del idioma, es la letra A. En este momento la A ocupa, ella sola, las primeras 255 páginas del diccionario de la Academia Española.

Y ya que hace un momento mencionamos las bibliotecas, también vale la pena informar a ustedes que la primera que hubo en territorio americano fue construida, para alegría de nuestros corazones, por los gobernantes de la época colonial española, en Bogotá, en la misma sede del Colegio Mayor de San Bartolomé.

La primera de toda América. El virrey Manuel de Guirior inició su construcción en el año de 1773 y destinó un sueldo para su primer bibliotecario.

La terminaron cuatro años después con unos 13.800 libros que venían, en su mayoría, de los colegios de frailes jesuitas, los mismos que poco después serían expulsados por los españoles de todas sus colonias.

Volvamos al comienzo

Se me estaba olvidando contestar la pregunta que hicimos en la primera línea de esta crónica: ¿qué idioma hablaban Adán y Eva?

Las distintas religiones no han logrado ponerse de acuerdo sobre ese tema tan apasionante. Por ejemplo: en Estados Unidos la iglesia mormona sostiene que en el paraíso terrenal Adán y su mujer se comunicaban con el mismo idioma que hablaba Dios, y por eso la llaman ‘lengua adánica’.

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La Biblia, por su parte, sostiene que ese lenguaje se perdió para siempre cuando ocurrió la catástrofe de todos los idiomas en la Torre de Babel. Los rabinos del judaísmo, a su turno, sostienen que Adán y Eva hablaban el antiguo lenguaje hebraico, que también se conoce como cananeo.

Total que hasta el día de hoy no se ha podido saber, con absoluta certeza y sin que quepa un lugar a dudas, cuál fue el lenguaje de nuestros primeros padres. Solo Dios sabe en qué idioma se le declaró Adán a Eva. Y cuáles fueron los adjetivos regañones que les dijo el día en que el diablo les dio a comer la manzana de su perdición. Y la nuestra.

Epílogo

Ya en otras ocasiones les he contado a ustedes que el diccionario y yo nacimos el mismo día, que somos hermanos gemelos y que nos mecieron en la misma cuna.

En la naturaleza hay animales herbívoros, que son los que se alimentan de hierbas; también los hay carnívoros, que son los que comen carne, como los seres humanos; existen los insectívoros, como la serpiente, que comen moscas y mosquitos, y los hay omnívoros, que devoran cualquier cosa que encuentren en el camino.

Pero yo pertenezco a otra especie: yo soy verbívoro porque mi alimentación son las palabras. Desayuno un plato apetitoso de sustantivos, almuerzo un delicioso sancocho de gerundios y por la noche, antes de acostarme, me sirven una taza caliente de subjuntivos.

Cómo será de apasionante el lenguaje, y de juguetón, lleno de ironías y de asombros, vibrante y vigoroso, que hasta hace apenas un año la palabra más apetecida y afirmativa del idioma español era positivo.

Pero en cambio ahora, con los estragos de la pandemia, la palabra más añorada es negativo

JUAN GOSSAIN
Especial para El Tiempo

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