La gran dama de las ciencias sociales

La gran dama de las ciencias sociales

A María Teresa Uribe la designaron con ese título sus compañeros del Centro de Memoria Histórica.

La gran dama de las ciencias sociales

María Teresa Uribe se encontraba muy delicada de salud en los últimos meses y la muerte de su esposo, el 26 de diciembre pasado, desencadenó la suya.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Por: Myriam Bautista
04 de enero 2019 , 06:52 p.m.

Vivió tan solo cuatro horas y media del nuevo año y seis días más que su esposo, durante sesenta años, el ingeniero civil Guillermo Hincapié Orozco, con quien tuvo dos hijas y un hijo.

María Teresa Uribe se encontraba muy delicada de salud y la muerte de su esposo, el 26 de diciembre pasado, desencadenó la suya el 1 de enero. Un final como de cuento de hadas de dos importantes profesionales.

“La propuesta analítica de María Teresa Uribe es radicalmente crítica y heterodoxa, y se ubica, no accidentalmente, en una frontera interdisciplinaria en donde se conjuga la perspectiva histórica con acercamientos provenientes de la sociología, la filosofía, la economía y la ciencia política”, escribió su colega, amiga y una de las profesionales que más la ha estudiado, la filósofa Liliana María López Lopera, en la introducción al libro, que también editó, en el cual recoge varios ensayos de María Teresa.

Fui “bicho raro”, repetía María Teresa. Ya estaba casada, era madre de tres hijos y aunque joven no lo era tanto como sus compañeras y compañeros, que la veían como una mujer mayor en la universidad. Pronto se ganó la confianza y, sobre todo, la admiración de esos jóvenes y pasó a ser una alumna más. Eso sí, la más curiosa, la mejor lectora, aguda analista y participante de ese revolucionario movimiento estudiantil que abogaba por el cogobierno universitario.

Otro tanto le pasó cuando hizo su magíster en Planeación Urbana en la Nacional, siendo profesora de la de Antioquia. Fue la única especialización que encontró en un grupo en el que primaban arquitectos, ingenieros y economistas.

Esa especialización le amplió la mirada sobre los fenómenos sociales regionales y le aumentó su comprensión sobre el relato ‘nacional’ que, hasta los años setenta, parecía único, sin tener en cuenta lo local.

El irremplazable, hasta hoy, director del Centro de Memoria Histórica, especialista en los procesos de violencia y de paz, Gonzalo Sánchez, dijo de ella: “Dejó una huella indeleble en el diseño de nuestro plan estratégico por su extraordinaria capacidad para combinar rigor conceptual y sentido práctico. Fue una maestra de vida”.

Los demonios sueltos

Así nombró su hija Marta Hincapié Uribe, ingeniosa y preciosista cineasta, el documental que hizo sobre su madre dentro de la serie de Grandes Maestros de la Universidad de Antioquia. María Teresa llamaba demonios sueltos a los victimarios de la primera violencia, que arrasaron pueblos y veredas y produjeron ese primer desplazamiento que ella vivió y que nunca borró de su mente.

Marta tomó como su derrotero las primeras páginas que su madre escribió, por el 2014, de su autobiografía, en las que recrea los recuerdos de esa infancia que la marcaron. Fue un viaje a Uramita, occidente antioqueño, que era en esa época como viajar al pasado, a enterrar a su abuelo paterno, un patriarca lleno de virtudes y con todos los vicios de los patricios de esas épocas y de esas latitudes.

En el documental, María Teresa le responde a su hija sobre el recuerdo. “La memoria es una huella que los acontecimientos dejan en los individuos o en las colectividades. Hay huellas muy profundas para recordar los eventos de la vida y esa facultad es muy importante porque con ella se conserva la identidad colectiva y personal”.

La memoria es una huella
que dejan los acontecimientos
los individuos o en las colectividades (...) esa facultad
es muy importante porque con ella
se conserva la identidad colectiva
y personal

Lecturas y politología

Fueron variados y múltiples sus aportes. Liliana María López Lopera así lo expresó: “La obra de María Teresa Uribe no solo es rica por la pluralidad de los enfoques teóricos que utiliza, lo es también por la multiplicidad de las temáticas que aborda y por las hipótesis que ofrece y pone a prueba. En sus trabajos se puede constatar la versatilidad teórica y metodológica de alguien que ha renunciado a un enfoque hiperespecializado, como la agudeza intelectual de una autora que ofrece categorías analíticas propias... Es el caso de categorías como soberanías en vilo, soberanías en disputa, órdenes alternos y ciudadanías mestizas…”.

La obra de María Teresa
no solo es rica por la pluralidad de los enfoques teóricos que utiliza, lo es también por la multiplicidad
de las temáticas que aborda y por las hipótesis que ofrece

De marxista aguerrida que fue, solo leía a Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, pasó a leer y a seguir los planteamientos del filósofo italiano Antonio Gramsci. En sus escritos se oyen también las voces de autores tan diversos como Max Weber, Hannah Arendt, Michel Foucault, Tzvetan Todorov y, sobre todo, Paul Ricoeur, a quien requería de manera permanente. Citaba, y mucho, a Daniel Pécaut, a Gonzalo Sánchez, a Fernán González.

El exmagistrado Carlos Gaviria (q. e. p. d.) la invitó a dictar clase en el recién creado Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. “Éramos muy poquitos –dijo María Teresa en una entrevista– y aprendimos a ser muy humildes porque nos tocaba hacer de todo”.

Aguda y amena

Otra de sus virtudes fue la de escribir con fluidez sin dejarse contagiar por el acartonamiento de algunos de sus colegas. Para la muestra esta hipótesis que hace parte de uno de sus últimos ensayos, Las palabras de la guerra:

“Las guerras del presente también se libran con palabras, pero cada vez son más mudas, más prosaicas, como diría el profesor Pécaut; nadie quiere hacerse responsable de los desastres humanitarios, y aunque las retóricas no faltan, son cada vez más anodinas y menos significativas para los grandes conglomerados sociales que no se sienten convocados por ellas. Los macrolenguajes han perdido su espesor, los diferentes proyectos políticos solo parecen tener una expresión armada y los propósitos militares parecen subsumir a los políticos.

Nuestras guerras actuales son guerras sin épica, sin héroes, sin lances patéticos y con muchos villanos. La dramaturgia puesta en público por la prensa, y a veces también por los intelectuales y comentaristas, no parece conducir a la acción, sino más bien a la producción de ‘partes de guerra’ o a registrar los eventos ocurridos; una suerte de notariado para contabilizar los muertos, los desplazados, los secuestrados, las víctimas de diferente condición, sin que se logre saber muy bien qué está ocurriendo y cuáles responsabilidades le competen a cada quien. Los relatos memoriales son fragmentados, a manera de ‘memorias mosaico’, como las llama Gonzalo Sánchez, que solo reflejan la fragmentación de la vida social; o memorias rivales, en las cuales lo simbólico se convierte en un nuevo campo de confrontación”.

Profesora durante años, autora de una veintena de libros de largo aliento y coautora de otros tantos, ganadora de varias distinciones, la última de ellas doctora honoris causa de la Universidad de Antioquia. Para este evento fue invitado el colombianólogo francés Daniel Pécaut, que leyó un texto, del que extraigo estos apartes: “… Hace pocos días me entrevisté, por teléfono, con Jesús Martín-Barbero la víspera de su salida para Estados Unidos. Él me decía que consideraba que María Teresa Uribe era quien había hecho uno de los aportes más importantes a las ciencias sociales colombianas y lamentaba el provincialismo tan fuerte de la vida intelectual en este país, que ha hecho que solo recientemente se empiece a tomar conciencia, fuera de Antioquia, de lo que representa esta obra. Hace tiempo que personalmente no tenía la menor duda al respecto…

“… El último aporte de María Teresa Uribe es la forma como consigue combinar la problemática de la memoria y la problemática de la historia sin confundir la una con la otra. Muy a menudo en Colombia, lo que se llama historia es una memoria mítica y lo que se llama memoria es una historia no menos mítica. Al tomar como punto de partida las guerras del siglo XIX, ella nos obliga a pensar la historia como ciencia social que toma en cuenta tanto los hechos materiales como los imaginarios y las palabras”.

Su funeral fue el miércoles 2 de enero, tan discreto como ella. Con ella se va una de las científicas sociales más importantes de su generación.

Marta Hincapié Uribe me dijo: “Estamos, mis hermanos y yo, profundamente orgullosos de los padres que tuvimos. Personas útiles a la sociedad, a la academia, a la familia, grandes trabajadores y ejemplares ciudadanos”.

MYRIAM BAUTISTA
PARA EL TIEMPO

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