El lenguaje y los cuerpos de Cristina Morales

El lenguaje y los cuerpos de Cristina Morales

La escritora española habla de su novela 'Lectura fácil'.

Cristina Morales

Cristina Morales, escritora española.

Foto:

Cortesía: María Teresa Slanzi

Por: Andrea Uribe Yepes
10 de junio 2019 , 11:47 a.m.

La española Cristina Morales (Granada, 1985) es bailarina, abogada, politóloga y escritora, y cada oficio llegó a su vida en ese orden; entre todo eso, y de forma implacable, es anarquista y feminista. Su ocupación principal es la de escribir libros que unan todas esas cosas que fue o es, y en ese camino ha publicado novelas como La merienda de las niñas (2008), Los combatientes (2013), Malas palabras (2015) y Terroristas modernos (2017). Además de eso hace parte de un colectivo de baile en Barcelona, ciudad donde vive, llamado Iniciativa Sexual Femenina, en el que busca habitar la danza contemporánea desde una perspectiva feminista, libertaria y antiacademicista.

Su más reciente novela es Lectura fácil, del 2018, con la que recibió el Premio Herralde. En ella cuenta la historia de cuatro mujeres discapacitadas que viven juntas en un apartamento en Barcelona, y las usa como excusa para cuestionar su propia cotidianidad. La escritura de la novela fue para ella, según dice, un ejercicio politizador en el que entendió sus propias capacidades, las del oficio, las de su cuerpo, y con el cual entendió que no era tan vulnerable ni tan inofensiva. “Estos cuatro cuerpos me sirvieron como metáfora de la opresión a las que estamos todas sometidas en el día a día. Estos cuatro personajes son vigilados de día y de noche por la administración público-privada, pero sus cotidianidades y preocupaciones no difieren mucho de las de cualquier persona. Quería llamar al lector a darse cuenta de que los padecimientos y las opresiones que sufren estas personas discapacitadas están muy cerca o son lo mismo que lo que sufre una persona normalizada. Lo que pasa es que las discapacitadas, como no están socializadas en la normalidad, logran cuestionar más cada una de las cosas que les está siendo impuesta”.

La novela también le sirvió para afinar su concepción del feminismo y reconocerse en el que ella prefiere, un feminismo radical que ve a quien se reconoce como mujer de forma integral. “La tradición feminista en la que yo me crie y la que me enseñaron académicamente en Andalucía era una tradición muy intelectualizada en la que la emancipación de la mujer se cifraba en su capacidad para trabajar fuera de su casa, ser una profesional brillante, ser capaz de crear obras de pensamiento, ser artista; algo muy referido a la faceta de cualquier ser humano en el orden intelectivo –dice–. Ese tipo de feminismo mayoritario que es el feminismo de la igualdad y el que busca la equiparación en derechos, por tener un objetivo político, no puede preocuparse de lo que supone el goce. Pero esta tarea de pensar el cuerpo no la ha hecho el feminismo de la igualdad, sino el radical”.

Además del libro, Morales ha hecho de su propia experiencia, de su participación en comunidades y asambleas, de sus viajes y de sus lecturas, un proceso de formación mediante el cual sigue reafirmando que es el cuerpo el primer momento para el activismo: “Al leer a María Galindo en Ninguna mujer nace para puta y ¡A despatriarcar!, feminismo urgente, me sorprendí cuando dijo que el feminismo, para ser útil para las mujeres, tiene que empezar por preocuparse por el presente, y el presente es el placer y el gozo, y eso está en los pelos, en el cuerpo”. Morales cree que son sobre todo los feminismos latinoamericanos los que hay que leer y observar para entender la importancia del gozo y el cuerpo, “por ejemplo, el twerk y el perreo son una revelación que ha venido de Latinoamérica a enseñarnos a las europeas que moviéndonos así estamos más cerca de la emancipación y de nuestro propio gozo no mediatizado por el varón”.

Cristina Morales

Lectura fácil es una publicación de Anagrama.424 páginas. $ 65.000.

Foto:

Archivo particular

Además del cuerpo, la escritora utilizó el lenguaje como una herramienta para cuestionar las palabras que han sido impuestas por otros, el poder que tienen y los verdaderos significados: “Me interesaba desnaturalizar la retórica, desnaturalizar el lenguaje impuesto por la socialdemocracia y llamar las cosas por su nombre y apellido. Creo que la novela lo consigue porque las protagonistas no están socializadas en ese lenguaje burocrático y utilizan las palabras de un modo más salvaje o inocente. Deja claro que la palabra ‘democracia’ o la palabra ‘mujer’ o la palabra ‘casa’ nos han sido dadas y no son construidas por nosotros como sociedad”.

Para lograr cuestionar el uso de las palabras y el lenguaje utilizó la técnica de lectura fácil, que consiste en hacer textos muy elementales donde no son admisibles las metáforas ni las analogías: “La técnica de lectura fácil me ayudaba del todo porque una de sus reglas es que hay que explicar todo los conceptos no coloquiales”, dice Morales. “La protagonista que escribe en lectura fácil explica qué es gobierno y no lo hace con el lenguaje del derecho o la política, sino con sus formas, y dice, entonces, que el gobierno son los políticos que mandan, y esa definición tan plana y sencilla lo que revela es que son instituciones de orden y mando y despoja el concepto de toda esta retórica democrática”.

Y aunque su novela Lectura fácil fue una especie de condensación de su credo activista, otros de sus libros, como Malas palabras, también muestran la destreza de Morales para moverse entre la institucionalidad y cuestionarla siempre: “Malas palabras fue una gran coincidencia. Esa novela fue un encargo de Lumen como yo pensaba que no se hacían. Me pedían que retratara una época de Santa Teresa de Jesús, pedían un tono determinado y qué temas se podían tocar y cuáles no. Era un encargo muy limitado al que yo tenía que adaptarme mucho. Lo que me ocurrió fue que al ponerme a investigar, ella se había visto en la tesitura de hacer muchos encargos literarios que eran a la vez su confesión y a los cuales tenían acceso sus confesores para tenerla controlada. Tenía que escribir sin expresarse con toda la libertad que hubiese querido y, sin embargo, utilizaba las circunstancias, el poder y el lenguaje para escribir obras que desafiaban todos esos límites. En ella había una habilidad pavorosa para encajar en los lineamientos y a la vez reírse de ellos, cosa que yo hice con el encargo y algo que pasó en Lectura fácil en las partes escritas en esa técnica, que usé una forma de escritura propuesta por el Estado para hacerle una crítica a él”. Finalmente, ambos ejercicios literarios han moldeado la postura desde la que Cristina Morales escribe, donde hace de la capa un sayo y de lo opresivo una oportunidad para la rebelión. L

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.