‘Detesto la impostura en el periodismo y en la literatura’

‘Detesto la impostura en el periodismo y en la literatura’

La escritora Milena Busquets habla de su último libro, de feminismo, de Messi, de política y redes.

Milena Busquets

Milena Busquets nació en Barcelona, es hija de la editora Esther Tusquets. Su segunda novela, ‘También esto pasará’, fue muy elogiada por la crítica.

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Cortesía La Nación (Argentina) - GDA

Por: Laura Ventura - La Nación (Argentina) - GDA
14 de septiembre 2019 , 10:50 p. m.

La línea del metro termina en aquella estación al pie de la montaña Tibidabo. ¿Para qué dinamitar la piedra? ¿Para qué someter la naturaleza a semejante violencia? Hacer ruido, sacudir, derribar siempre es ideal, pero la agresión, jamás. Los pasajeros descienden. Algunas calles conducen por la ladera empinada hacia el extremo de la ciudad y luego, un poco más al norte, solo habitan algunos colegios, ideas y recuerdos. Una maestra reta a un niño con la mano en alto y, ante la mirada adulta de una desconocida, baja el tono y lo obliga a ingresar en el patio del colegio. Hacer ruido, puede ser; sacudir, jamás. Un timbre, un segundo timbre, una escalera, un descanso, una segunda escalera.

“Lo he encendido para ti”, da la bienvenida Milena Busquets con una carcajada.

El ruido, siempre; sacudir, también; la agresión, nunca. Su estilo es la libertad, la rebeldía, la ausencia total de solemnidad e imposturas de una arqueóloga formada en Londres, una dama que domina el inglés, el francés, el español y el catalán. Milena Busquets es hija de la gran editora Esther Tusquets. Umberto Eco le hacía dibujos para entretenerla cada vez que, durante sus visitas a Barcelona, su madre le prestaba la casa para entrevistas. Ahora es ella la que piensa y dialoga. No responde. No espera la pregunta, sino que conversa.

“Aquí puedes hacer lo que quieras. Puedes fumar. ¿Tienes hambre?”.

En esa buhardilla hay una mesa y, sobre ella, cosméticos, crema para las manos, pastillas para la migraña, una vela encendida y el último tomo de ‘En busca del tiempo perdido’, de Marcel Proust.

En esa mesa suave al tacto (“es de Ikea, no me avergüenza decirlo”) escribe su próxima novela, el esperado regreso a la ficción luego del éxito de ‘También esto pasará’. Mientras tanto, presenta ‘Hombres elegantes y otros artículos’ (Anagrama), una selección de los mejores textos publicados en los últimos años en medios españoles.

En estos artículos está usted, sin exhibicionismo, pero con una gran sinceridad; aparece lo que le lastima, lo doméstico.

Y lo que me gusta, no solo mis desventuras. No tengo otra forma de ser. Ni como escritora ni como persona. Lo mejor que tengo es lo que doy, y no hay mucho más. Me nutro solo de mí misma, está lo que veo, lo que investigo. Hay mucho de Blanca, que es uno de mis ‘alter ego’.

No todos los autores admiten que lo tienen.

¡Claro! Es que a los escritores nos gusta pensar que somos superpoderosos y que nos lo inventamos todo. Y lo de moda es decir: ‘Creé un mundo entero’. Una de mis novelas de cabecera es ‘El extranjero’, y seguro que hay algo de Mersault en Camus, pero eso no significa que Camus haya matado a nadie. Somos muy vanidosos los escritores y nos gustaría pensar que creamos todo desde cero.

¿Qué puede adelantar de su próxima novela?

Nada (risas). No, no sé qué decirte. Sigue siendo un 'alter ego' mío. No es una continuación de ‘También esto pasará’. Hay días que me parece que será buena y otros, una mierda. Aún no la termino, me he retrasado.

Y mientras, se animó a escribir artículos.

Necesitaba limpiarme de la novela anterior, una experiencia muy fuerte. Cuando empecé, les dije a los periódicos que no quería ceñirme a la actualidad política, que en España y en Cataluña en estos dos años ha sido bestial.

Hay escritores muy literarios que, de repente, cuando empiezan a escribir en periódicos o en revistas sienten la obligación de hablar de política, de actualidad y de sociedad. Hablo de política cuando tengo algo que decir, que no es lo común, o cuando se me ha ocurrido una idea que es distinta.

Habla de cuestiones muy complejas, sin academicismo.

Eso no. Odio lo pretencioso. Sigo siendo un poco rebelde. Cuando hemos nacido en mundos formales, ya tendemos para siempre a lo contrario. Detesto la impostura en el periodismo y en la literatura. Prefiero la cosa de Michel Houellebecq, asquerosa, con mal gusto. Pero eso es un gusto personal.

Sugiere por un momento que Houellebecq es un gran romántico.

Creo que lo es. La gente piensa que si alguien habla de sexo, ya no es un romántico. En nosotros conviven las dos vertientes. A Houellebecq le gusta muchísimo provocar, escandalizar, y lo increíble es que la gente se escandaliza, y se incomoda por esto, simplemente porque escribe sobre coños viejos. ¿Quién hay que no sea romántico? En el fondo lo somos todos.

Escribe artículos muy valientes, como ‘Soraya’ (en alusión a la exvicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría, del conservador Partido Popular, a quien considera una feminista). Propone ahí que si llegara a pasar por Barcelona, que le avise para tomarse una copa.

¿Y sabe que me llamó?

¿Qué le dijo?

Me llamaron de ‘El Periódico’ y me preguntaron si le podían pasar mi teléfono. Estuve toda la tarde temblando. Esta mujer da un poco de miedo porque es tan seria, en plan Merkel. Pero es encantadora. Acá perdí amigos por esto; no amigos del alma, pero hay gente que me dijo: “¿Cómo te atreves a hablar bien de Soraya o decir que Rajoy te da pena?”.

También dice que no escribe para hacer amigos, para aburrir ni para congraciarse.

Exacto. En el caso de Soraya me pareció que no había salido nadie a defenderla como mujer. Las feministas defienden mucho a las mujeres que están de su lado. En el caso de Soraya, como es de derechas, es un poco más difícil.

Lo mismo le ocurre con el separatismo en Cataluña.

Yo no quiero la independencia de Cataluña, pero me parece mal que los independentistas estén en la cárcel tanto tiempo.

¿Se partió Cataluña con esta crisis?

No lo creo. La situación está mejor que hace tiempo. Sigue siendo un sitio bueno para vivir. Hemos discutido mucho, nos hemos peleado e insultado, pero en el medio de los dos extremos estamos nosotros.

Dice que todo autor tiene tres o cuatro temas. Los tuyos son la soledad, el paso del tiempo.

A ver, ¡te diré que no! ¡Que no has entendido nada! (carcajada). Sí, esos temas, la amistad, el amor... Creo que la vida es una combinación de ir a comprar tomates, de charlar con el vecino, de reflexiones más hondas, y después lo que pasa en el mundo. Puedes escribirlos con grandes palabras o palabras pequeñas mientras compras los yogures en el supermercado. Y también está la nostalgia de las personas que no están, o de las que están, pero que de alguna forma has perdido. Y sin darnos cuenta, porque no lo queremos ver, porque nos da miedo, nosotros también cambiamos.

¿Se imagina cómo hubiese sido como madre con una hija rebelde como usted fue?

Me encantaría tener una hija; no me da pena no haber tenido, porque tengo dos hijos fantásticos. Debería ser muy insoportable en la adolescencia. La amaría locamente porque igual sería recuperar una Milena que dejé en el camino. Me gusta mucho la gente y las mujeres, porque hay mujeres a las que no les gustan las mujeres, que compiten entre ellas. ¿Cómo podemos juzgarnos entre mujeres con tanta dureza? Me han hecho sufrir mucho más las mujeres que los hombres.

También hay hombres que no leen a mujeres.

¿Tú crees? Me parece tan increíble. Una locura. Esto lo decía mi madre, cuando tenía una charla con Carmen Martín Gaite o Ana María Matute: “Es que ellos no nos leen”. Es curioso. Me gustaría saber si está cambiando en las generaciones jóvenes. Un hombre, Jordi Évole, presentó mi libro en Barcelona.

Hablo de política cuando tengo algo que decir, que no es lo común, o cuando se me ha ocurrido una idea que es distinta

Además del hombre que lee a autoras mujeres, que escucha, que no insulta en las redes sociales, esos son los “hombres elegantes” que describe.

Me gusta el título, es un poco arbitrario, pero yo soy un poco arbitraria, lo reconozco. En este momento, el mundo es de la gente que grita más fuerte. A los que somos gentiles, se nos oye menos. La influencia de Donald Trump es bestial. Al margen de que sea un mentiroso y un pésimo presidente, no deja de estar en un puesto de poder increíble. No deja de ser el emperador repulsivo que ha dado permiso para empezar a gritar. Creo que hay que dar voz a los que hablan bajito.

Se fue de las redes sociales.

Me fui de Twitter, de Facebook y tampoco leo los comentarios del periódico. Porque, ojalá tengas razón tú que dices que soy valiente, pero una vez que he acabado el artículo y lo he enviado, empiezo a sufrir. A mí no me resbalan las críticas. Por eso me fui. Aunque tuviera grandes faltas de ortografía, pensar que alguien desde no sé dónde te reprueba de una forma tan violenta me afecta muchísimo. ¿Qué tengo que hacer? ¿Ponerme a gritar como ellos? ¿Ponerme a insultar?

Alta literatura y batidos

La rebeldía quizá sea genética. Milena recuerda que su madre publicó las memorias de Leni Riefenstahl, una de las impulsoras de la propaganda nazi. “¿Si hubiese nacido en otra época, habría sido una gran cineasta?”, pregunta Milena, se pregunta, para comenzar a pensar, no en busca de una respuesta.

Está diciendo algo quizá polémico.

Es que su elección fue errónea. No es que hiciese videos de lo que le diera la gana y después se fuese a comer con Hitler. Son videos de propaganda de un régimen.

¿Piensa que se puede ser buen escritor, promover valores y ser una mala persona?

No lo sé. No estoy segura. No lo había pensado. No sé si te pasa, pero cuando leo a alguien sé si me gustaría tenerlo o no de amigo. A veces, el talento y la bondad no van juntos. A veces, ni siquiera el talento y la inteligencia. Un escritor que no sea inteligente no puede hacer grandes libros, pero hay pintores que tienen solamente un sentido visual y estético. Esto pasa también en el fútbol.

Ama a Messi.

Amo mucho a Messi y, personalmente, quizá no sea tan interesante. Quiero entrevistarlo.

Mezcla a Messi con Proust, con Eco, con Avicii y Barenboim.

No eliges mucho qué te va a impactar. Ni la gente que te va impactar ni nada. Es negativo pensar que solo vas a leer alta literatura. A mí me gusta a veces un batido de chocolate con mucha crema encima. El mestizaje cultural creo que es bueno. No hay alto y bajo. Ni todos los que miran el fútbol son unos idiotas ni los que leen a Proust son superiores.

LAURA VENTURA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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