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La carranga de Jorge Velosa se convierte en literatura
Jorge Velosa

Jorge Velosa, músico y escritor boyacense, fundador del famoso grupo Los carrangueros de Ráquira.

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Archivo EL TIEMPO

La carranga de Jorge Velosa se convierte en literatura

El 'carranguero mayor' habla de su libro 'El convite de los animales', homenaje a la rima popular.

“Señores, un Mosco soy / y ya me voy”. Así de manera tan resuelta se presenta la mosca en el nuevo libro de Jorge Velosa, en el que animales de los paisajes boyacenses son invitados a una reunión en la cual cada uno canta sus penas y alegrías. Y aquel mosco, en un símil de su personalidad fugaz y su diminuta existencia, profiere el verso sin decir más.

Pero hay otros 104 animales. “Y yo en cambio me decía / que cuanto más las cortaran / más debería recordar pa’ qu’es que sirven las alas”. Esta es una parte del soneto del toche. Así, cada animal se presenta en el convite construido por el maestro Velosa, el carranguero y ahora poeta de Ráquira, Boyacá.

El libro es una conversación colectiva en verso. Un juglar llamado Juan Torbellino se encuentra en su camino a muchos animales, quienes lo invitan a una jornada compartida: desde el toche hasta el chirlobirlo, pasando por la comadreja, el perro, la vaca, el mosco, la chisga y el currucuy, se contarán su historia, sus recuerdos, sus orgullos, y “hasta sus pullas e indirectas”. “Animales sinceros se reúnen a contar lo que nunca han contado” empieza el prólogo, escrito por Adrián Freja de la Hoz.

El Velosa cantante saca a la luz su trabajo de cuarenta años de composición en una obra poética que expresa el lenguaje de sus animales, en una métrica acorde con la personalidad de cada uno, una forma de cantar el campo, y en definitiva, la creación de la carranga como género también literario.

(Lea además: Prólogo completo de 'El convite de los animales')

Velosa y sus reconocidas canciones como Julia Julia, La cucharita, La pirinola, entre muchas otras, son un referente del patrimonio folclórico de nuestro país, que sorprende con su llegada a los libros. Desde sus tempranos estudios en medicina veterinaria en la Universidad Nacional, Velosa se convirtió en el principal pregonero y reivindicador de la cultura campesina con la música de carranga. Siempre con ruana y sombrero, ha logrado veintitrés producciones discográficas grupales que recogen más de doscientas de sus obras en Colombia y en el exterior. Incluso, ya es tocayo de dos especies de ranas endémicas, una en Santander y otra en Boyacá, que fueron bautizadas en reconocimiento de su vida y obra: Eleutherodactylus jorgevelosai y Eleutherodactylus carranguerorum.

Este universo se presenta a través de ilustraciones que iluminan el texto con dibujos de la artista y muralista bogotana de Soma Difusa. Soma estudió Diseño Gráfico en la Universidad Nacional de Colombia. Su obra retrata temas relacionados, por un lado, con lo introspectivo y, por otro, con el territorio y lo costumbrista.

Mauricio Gaviria, el editor del libro, afirma que “la copla, en su sencillez, tiene una capacidad increíble de comunicar. En cuatro líneas ves un universo tremendo (...) la del maestro es una copla reveladora; con pocas palabras logra ponerte en la cabeza una imagen o un mensaje muy fuerte cargado de humor, ternura”.

(Además: ‘Gabo era un gran fotógrafo sin cámara’: Guillermo Angulo). 

El libro llegó a las manos de la editorial para ver la luz a fines del 2019, en un fotocopiado con ‘pastica argollada’. “Para mí fue una emoción tremenda, porque no podía creer lo bonito que era”.

Gaviria describe que la primera vez que leyó el manuscrito de Velosa, de inmediato lo imaginó en la narrativa de su óptica editorial. Lo vio en una obra de teatro representada por niños y finalmente lo formó, junto a Velosa, en libro.

Este mes publica su segunda edición, después de que se agotaron sus primeros 2.000 ejemplares, con apenas quince días de estar en las librerías. Si bien hicieron una pequeña campaña en sus redes, “el libro se agotó en un mes, en una cuestión de voz a voz”. El lanzamiento “oficial” de la obra tuvo lugar a través de la Radio Nacional de Colombia, en la cual Velosa habló de su trabajo.

Velosa respondió una entrevista escrita de EL TIEMPO, en la que habla de su poética y de la gracia contenida en la “carranga literaria”.

El libro es publicado por Editorial Monigote.

Foto:

Archivo particular

¿Cuándo y cómo empezó a escribir esta obra?

Hacia 1970, para un evento artístico, compuse un relato verseado que comenzaba diciendo: “Quien quiera saber mi nombre / yo soy Juan Pueblo Sujrido / pero cuando es pa’ echar cantas / me llamo Juan Torbellino”. Y ahi nació el personaje sabedor popular y narrador Juan Torbellino, que a la vez le dio título a esa primera versión del actual libro.

Tengo entendido que hizo unas siete versiones de la obra, antes de su publicación con la Editorial. ¿Qué era lo que lo obligaba a esperar por tantos años, así como usted dice, como lo hace ‘el buen guarapo’?

Varios elementos me llevaron a esas versiones personales a través del tiempo: diversificar los tipos de coplas y rimas, irle encontrando a Juan Torbellino distintas maneras de presentar cada personaje, dejar que algunos de los animales fueran llamando a otros y descubrir que cada uno tenía sus guardados para contar; además de la pasión por las palabras y el interés por rescatarlas y diversificarlas.

(Siga leyendo: Robert Hass: el hombre que retrata la poesía del paisaje californiano). 

Me da curiosidad saber si tiene referentes en cantores o poetas que inspiren tanto esta obra como su trayectoria.

Los poetas y los cantores campesinos y algunos clásicos universales de siempre, varios latinoamericanos, otros españoles más contemporáneos, y entre colombianos, los más cercanos a mis sonoridades palabreras. Y entonces usted me preguntará que cuáles, pero justo no lo dije porque la lista es amplia y de pronto el que no cite va y se delica.

¿Qué me puede decir sobre los distintos tipos de coplas que hay en el convite?

La primera versión, del año 70, la hice en meras cuartetas, al estilo de las tradicionales de mi crianza. Pero a medida que el relato fue creciendo, tanto en historia como en juego y personajes, también me fue exigiendo en variedad versónica, en métrica, en estructura y en estilo. De ahí que tenga pareados, tercetos, cuartetas, quintillas y por ahí derecho hasta coplas de dieciséis versos, con vehemencia en las décimas libres y espinelas. Ora que estilo romance, ora que seguidillas, o que redondillas, o una que otra manriqueña, y rimando siempre asonante o consonantemente.

El prólogo menciona la conexión que hay entre el tamaño del animal y la métrica, como el conejo con romances y el toro con décimas. ¿Cree que también los temas piden cierto tipo de verso?

Es posible. Por ejemplo, cuando el trasunto es más narrativo, inconscientemente tiendo al estilo romance, y cuando es más concreto, tiendo a la cuarteta tradicional.

El libro hace pensar en las fábulas clásicas en las cuales los animales también tenían voz y dejaban mensajes de aprendizaje a los lectores con sus historias. ¿Cree que los animales pueden hablar de cosas que los seres humanos no?

Desde muy niño jugué a garlar con los animales, especialmente con el armadillo, con el que me identifico mucho, y hablar a través de ellos fue una manera de burlar las tretas de ‘El mordazo’ y de ‘don Silencio’, tramadas a conciencia para que siempre traguemos entero, aguantemos y no chistemos ni hagamos nada y, fuera de eso, digamos que estamos felices.

Jorge Velosa, autor de canciones inolvidables como 'Julia, Julia, Julia', 'La cucharita' o 'La china que yo tenía'.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

¿En la obra hay animales que tengan un mensaje o un símbolo particular por una afección personal?

En lo personal, cambiaría afección por vivencias, y ellas están en varios personajes, por ejemplo en el Jirigüelo, el Caracol, y el Armadillo, por apenas citar unos.

Los animales citan constantemente a la esperanza en contraste de ‘El mordazo’. ¿Es una alegoría o qué representa?

El ‘mordazo’ representa al terrible y maléfico silencio que nace por los miedos impuestos o inducidos y conducidos, o por los propios recovecos de nuestros entresijos.

(Además: Robert Hass: el hombre que retrata la poesía del paisaje californiano). 

¿Por qué el libro empieza con el personaje del conejo y termina con la quincha?

No fue una decisión consciente. El conejo, él solito, fue el primero que saltó al ruedo, mientras que la quincha se dio su modo de ser la última garlante, y eso también me ha llamado la atención, porque, terminado y publicado el libro, me he venido enterando de que ella, que es el mismo colibrí, ha sido y es un ser esperanzador para varias comunidades.

Durante la obra hay varios mensajes de reclamo y queja de los animales. Es el caso del guache con el carbón o la explotación de los páramos. ¿Qué otros mensajes reclama el campo colombiano en su obra?

Todo conduce al respeto por la vida en sus distintas manifestaciones, presentaciones y representaciones; la vida tierra, la vida animal, la vida árbol, agua, ambiente, pensamiento, palabra, amor, canto, cultura, paz, gozadera y, desde luego, la vida nuestra, la única que tenemos, tan siempre expuesta y amenazada, y en peligro de extinción.

GABRIELA HERRERA GÓMEZ
*Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
@gabiiiww

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