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La bruja arrepentida de Germán Castro Caycedo

La bruja arrepentida de Germán Castro Caycedo

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La mujer que inspiró una de las obras del escritor ahora dicta charlas en contra de la brujería.

Por: José Alberto Mojica Patiño, editor de Reportajes Multimedia.

Cuando el escritor y la bruja se conocieron, ella ya era una bruja arrepentida.

“Ya estaba en las manos de Dios, de la santísima Virgen María, de San José y dirigida espiritualmente por monseñor Alfonso Uribe Echeverry, por la madre Alicia Echeverry Calle y por el padre Gilberto Calle”, dice la mujer con su marcado acento de matrona paisa. Y advierte que no quiere que su nombre sea revelado porque desde que el escritor Germán Castro Caycedo escribió un libro inspirado en su historia —La bruja: coca, política y demonio— no han dejado de perseguirla. Y al autor —fallecido el pasado 15 de julio— tampoco dejaron de perseguirlo.

(Germán Castro Caycedo: una vida de reconocimientos periodísticos)

Fueron muchas las revelaciones que el también periodista hizo sobre la legendaria bruja: la más cotizada, acertada y asediada por políticos, narcotraficantes y personalidades de la vida nacional y la farándula en las décadas de los años setenta y ochenta.

"Busca a Amanda. Búscala porque ella fue una bruja avezada... Saca unos minutos libres y escúchala”, escribió al inicio de una de sus obras más populares. El que le hablaba era monseñor Alfonso Uribe Echeverry, a quien acudió para preguntarle por un episodio de brujería que había experimentado en uno de sus viajes. Amanda tampoco era su nombre; así la llamó en la novela. Y así también se llamaba el personaje interpretado por la actriz Flora Martínez en la telenovela de Caracol, inspirada en el mismo libro.

Y así describía a su musa:

“Y Amanda era un torbellino. Alta, con la cara morena y redonda, con el pelo
cortado a la altura de las orejas y cuando hablaba, increíble: lograba llevar dos
relatos simultáneamente. Y actuaba. Tenía una capacidad histriónica insuperable. Era pobre, sobreprotectora, desprendida y frentera. Cuando había que ‘braviar’, ‘braviaba’. Y rezaba al despertar, al saltar de la cama, antes de besar a Víctor Manuel, su marido, al abandonar la casa, al entrar en la oficina, al encender el primer cigarrillo…”
. Víctor Manuel tampoco era el nombre del marido.

Portada La Bruja - Germán Castro Caycedo

'La Bruja' fue publicado en 1994 por la editorial Planeta.

Editorial Planeta
Portada La Bruja - Germán Castro Caycedo

Se han vendido más de 50.000 ejemplares del libro de Germán Castro Caycedo.

Editorial Planeta
Portada La Bruja - Germán Castro Caycedo

Hasta el momento, han sido publicadas 20 ediciones de este libro.

Editorial Planeta
Portada La Bruja - Germán Castro Caycedo

La historia sirvió de inspiración para una serie de TV protagonizada por Flora Martínez.

Editorial Planeta

—¿Cómo conoció al escritor?
—Me invitaron a una reunión y me lo presentaron. Ya llevaba hablando con monseñor Uribe y con la madre Alicia hace algún tiempo por la experiencia con la brujería que había pasado, pero no me ‘preguntés’ por eso. Días después hicieron una reunión con sacerdotes y personas que habían sido víctimas de brujería, para saber qué había de malo en el ser humano—.

(Adiós a Germán Castro Caycedo, el ‘enviado especial’)

Algunos pocos periodistas colombianos relacionados con los asuntos de la fe ya saben, desde hace rato, que la bruja no es solo una bruja en el retiro sino que se convirtió en un apóstol de Dios, como ella misma se describe, y que ha recorrido Colombia y distintos países advirtiendo sobre los peligros de la brujería y de cualquier cosa que se le parezca, por inocente que se perciba: la lectura de las cartas y el cigarrillo, la interpretación de los cunchos del café y el chocolate, cualquier señal de adivinación y que suene a la nueva era y al esoterismo, las tendencias holísticas, el feng shui... “Porque todo eso, por sencillo que se crea, le abre las puertas al demonio”, dice con su acento de culebrera paisa. Y sí que menos mandar a rezar o maldecir a alguien o echarle el mal de ojo o hacer un entierro o un rito satánico o chuzar con agujas un muñeco de vudú. “Porque eso sí es condenarse en el mismísimo infierno”, sigue la mujer, que a simple vista parece una esposa, madre y abuela bonachona.

Ahora, tras la muerte de Castro Caycedo, varios periodistas que la conocen la han buscado, deseosos de conocer su relación con él. Solo accedió a hablar con EL TIEMPO, y con el autor de este texto, a quien ya le había dado una entrevista en el año 2014 y de la cual se reproducirán algunos fragmentos.

“Era un hombre súper inteligente, leal, católico, creyente, esposo ejemplar, un gran papá y sobre todo un gran escritor. Y esto lo fui conociendo a medida que lo traté y pasó el tiempo. Colombia ha perdido a un gran escritor y a un hombre de bien”, confiesa la bruja jubilada y sigue: “He llorado mucho a Germán. Nunca perdí contacto con él, a pesar de los años; nos llamábamos con relativa frecuencia”.

(Así fueron los últimos días de Germán Castro Caycedo)

En su etapa de conversión siempre ha insistido en hablar de tres personas: monseñor Alfonso Uribe Echeverry, la madre Alicia Echeverry Calle y el padre Gilberto Calle. Ellos la sacaron de ese mundo de tinieblas donde era ama y señora. Pero sobre todo, habla de la hermana Alicia, a quién también ha llorado mucho porque fue su gran salvadora en los últimos cuarenta años y hace poco se murió, de hecho, veinte días antes de la muerte del escritor cundinamarqués: el 25 de junio; “a las 3:03 p.m., el día de San José”, aclara.

“Cuando conocí a la madre Alicia tenía una faldita azul oscura y una blusita gris. No sabía quién era. Fue en una iglesia. Yo era dizque católica, iba a misa –pero a misas cortas, porque las largas me daban sueño– pero hacía brujería. Lo único que hice fue abrazarla y decirle: ‘Hermana, sálveme, yo hago brujería’. Empezó a orar y me invitó a su convento. Me pidió que rezara el rosario para que Dios nos dejara ver cosas al día siguiente. Estoy segura de que esa noche los cuadros de la casa se cambiaron de lugar. Le dije a mi marido: ‘Ve, los cuadros se están cambiando. Y me dijo: ‘Claro, son los brujos que vinieron por vos’. Cuando nos vimos, la madre oró y yo boté gusanos chiquitos por la boca. Era una mujer exitosa, amiga de políticos. Creía tener el mundo a mis pies pero me faltaba lo más importante: Dios”. Y sí: ella era una bruja altiva y arrogante pero sin alma ni fe.

Murió el reconocido escritor y periodista Germán Castro CaycedoMurió el reconocido escritor y periodista Germán Castro Caycedo.
Germán Castro Caycedo BOCAS

El cronista y escritor nacido en Zipaquirá deja obras inolvidables como 'El Karina', 'La bruja' y 'Mi alma se al dejo al diablo'.

Todas esas historias se las contó a Castro Caycedo durante las larguísimas jornadas y durante los meses —casi un año— en los que conversaron hasta sacar el libro a la luz.

“La madre Alicia me llevó a donde monseñor Alfonso Uribe. Hice una confesión de toda mi vida, pero cuando llegué a la casa me llamaron a que hiciera un trabajito y dije: ¿Cuál es la bobada mía de irme a rezar en vez de ganar plata? Volví a caer. Después de hacer mucha brujería y de visitar a tantos brujos, cualquier día acompaño a unas personas a hacer brujería y me empieza a picar el cuerpo, como si me clavaran alfileres; empiezo a sentir desasosiego, a no poder dormir. Supe que me habían hecho un maleficio. No era capaz de tragar y casi ni de hablar. Escuchaba una voz que decía: ‘Mátate’.

(Los grandes libros de Germán Castro Caycedo)

—¿Y quién le mandó a hacer un maleficio?
Cuando el padre me hizo el exorcismo les preguntó a los espíritus que me tenían poseída quiénes eran, que dijeran sus nombres, y eran dos compañeras de la universidad que no tenían por qué quererme ni por qué odiarme. Yo no voy a entrar a juzgarlas. Pudieron haber estado tan equivocadas como yo. ¿Qué las movió? Mi soberbia, porque yo me creía muy poderosa. Me las he encontrado. Una no me habla, pero con la otra sí he charlado. Están perdonadas.
—¿Y las personas a las que usted les hizo brujería?
Lo primero que hice fue llevar a esas personas a Dios. Y tuve la gran oportunidad de llevarlas a casi todas. En ese aspecto estoy muy tranquila porque les pedí perdón y traté de sacarlas de todo eso—.

(Germán Castro Caycedo: historias inéditas de sus viajes)

El día en que murió el autor fue el mismo en el que murió monseñor Uribe Echeverry: el 15 de julio; 28 años atrás.

—¡Qué coincidencia!
—Ninguna coincidencia, mijo: una ‘diosidencia’, dice ella, dejando en claro —una vez más— que no cree en nada que suene a cábala.

Castro Caicedo describía así a monseñor Uribe:

Aun cuando se había retirado de la diócesis, monseñor Alfonso Uribe Jaramillo continuaba luchando contra Satanás: exorcizaba, sanaba, expulsaba espíritus, liberaba. Ahora, a comienzos del siglo, bajo un cielo de satélites colocados por el hombre, más allá del láser y del internet, él había resuelto plantarse frente al ‘enemigo’, orando, conjurando el maleficio, pronunciando aquellos salmos que hacían encorvar a la gente y escupir gusanos, azotarse contra las paredes, destrozar con una fuerza sobrenatural lo que alcanzaran.

La exbruja lamenta mucho la muerte de la madre Alicia, pero agradece que ahora es una santa en el cielo.

“No dudamos en que es una santa y que dentro de un tiempo, si es la voluntad de nuestro Señor, será nuestra cierva, nuestra beata y nuestra santa Alicia”, dice al recordar que así, entonces, la religiosa y misionera Laura Montoya, la primera santa colombiana —canonizada en mayo del 2013 por el papa Francisco en el Vaticano— tendría una paisana en los altares.

“La Diócesis de Sonsón Rionegro (Colombia) lamentó el fallecimiento de la madre Alicia Echeverri Calle, fundadora de la comunidad Hijas del Fiat, que partió a la Casa del Padre el 25 de junio a causa del covid-19”, destacó el portal católico AciPrensa, que es como el CNN de los católicos del mundo. Semanas atrás, el mismo bicho había matado a la madre superiora de su comunidad —presente en distintas ciudades de Colombia, en México y en Italia—: la madre Judith López.

A la entonces hermana Alicia, Castro Caycedo la describía como una monja tremenda que exorcizaba y que era capaz de expulsar demonios. También conversó con ella, para preguntarle cómo ayudó a la bruja a dejar de ser bruja, y así la citó en su libro:

Me protegí primero con la Sangre de Cristo. Luego até a Satanás para que no pudiera hacemos mal (inclusive en este momento, aquí, Señor, atamos a tu Cruz cualquier fuerza del mal), porque cuando uno está tratando estos temas puede recibir un ataque (...) Es que él puede vengarse de alguna manera porque a él no le conviene que su reino sea
destruido.

(Germán Castro Caycedo habla del protagonismo aéreo en la guerra)

—¿Cómo llegó a la brujería?, le pregunto.
—Cuando era muy joven conocí a una persona que adivinaba la suerte y a la que muchos visitábamos por pasatiempo. Esa persona me enseñó. Empecé con las cartas y el cigarrillo y me convertí en una experta. Fui llevando a otras personas a que creyeran en lo mismo en lo que yo estaba creyendo.
—Y ahora es predicadora católica...
—Es un caminar hacia Dios. Y para caminar hacia Dios hay que enseñarles a los otros a elegir el camino. Mis charlas parten de una vivencia y lo único que busco es que la gente no caiga en el error en que yo caí y que no cambien al único Dios que existe por una cantidad de dioses que pululan—.

***

Hoy, ella se levanta, reza el rosario, envía oraciones y salmos en varios grupos de WhatsApp que administra y que dirige en la vida real, atiende a su familia, lidera marchas en contra del aborto y de vez en cuando se va de parranda.

Castro Caycedo —su amigo, el escritor— comprobó que la brujería y la maldad son reales. Y ella lamenta que él haya tenido que desistir de hacer una serie de programas documentales sobre la brujería. Desistió por amenazas de las que ella prefiere no hablar.

“Ni a toda hora orando ni a toda hora parrandeando. Cuando le entregas todo a Cristo y le pides que haga lo que quiera contigo, ríete: el Señor es maravilloso, misericordioso. Yo me la paso pecando, pero Dios le va quitando a uno todo, hasta que lo pule”, sentencia.

La vida de Germán Castro Caycedo

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