¿Lo que Santos hizo con la paz, Duque lo debe hacer con la corrupción?

¿Lo que Santos hizo con la paz, Duque lo debe hacer con la corrupción?

Juan Carlos Henao pide a los medios entender su función en la lucha contra la corrupción.

¿Lo que Santos hizo con la paz, Duque lo debe hacer contra la corrupción?

Henao posa frente a los cuatro tomos sobre la corrupción en Colombia que publicó la Universidad Externado.

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Héctor F. Zamora / EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
21 de agosto 2018 , 12:53 a.m.

Bueno, doctor Henao, nos ha sorprendido usted no con uno, sino con cuatro tomos sobre la corrupción en Colombia. ¿Por qué le dio por ahí?

Mire, esta fue una colección que yo inicié cuando arranqué en la rectoría del Externado, porque más que administrador soy un académico, y me propuse hacer algo de peso que le fuera de utilidad al país. Entonces empezamos una colección que se llama Así habla el Externado, que tuvo dos objetivos principales: uno, investigar temas de utilidad para el país, de manera seria, y dos, romper las barreras del conocimiento dentro de la universidad, porque los universitarios somos muy autárquicos; a nadie le gusta que se le metan en su conocimiento, porque siente que pierde seguridad.

Hacen el estudio de  la corrupción desde muchos puntos de vista:  el económico, el de la ciencia política, el de la filosofía, el de la sicología, el de la administración, el del derecho…

Antropología y contaduría, o sea, todas las unidades de investigación de la universidad, que son diez facultades de ciencias sociales. Todos lo leímos. Después hicimos un congreso internacional cerrado con los 70 y pico de investigadores, y trajimos a dos alemanes expertos en este tema, para debatir. Y ahí fuimos formando el libro...

Al que le dedicaron dos años y medio. Y después de todo ese estudio, ¿puedo preguntarle qué es la corrupción?

Definición legal en Colombia no hay. Pero en términos de tratados internacionales, hay dos formas de concebir la corrupción: una, más desde el ámbito de lo público, que yo no comparto, que la corrupción es aprovechar cargos públicos para efectos de tener beneficios privados.

¿Por qué no la comparte?

Porque deja por fuera la corrupción privada. Habría que agregar que la corrupción es aprovechar poderes públicos o privados para obtener beneficios individuales, que son excluyentes con la ética que se debe comportar en las relaciones. Ese es uno de los aportes de esta investigación.

Otra de las premisas de la corrupción es que necesita dos partes, la que corrompe y la que se deja corromper...

Es una obviedad del ámbito de la corrupción. La corrupción se incrustó en el país porque está tanto en las esferas públicas como en las privadas. Impresionante: encontramos que el 91 por ciento de los empresarios entrevistados considera que el soborno es una práctica usual dentro del mercado privado.

¿Cuándo y por qué se nos incrustó de esta manera la corrupción?

Esto es más viejo que la panela. En el Código de Hammurabi, año 1700 antes de nuestra era, ya había artículos dedicados a la corrupción, entre otras, judicial. Imagínese usted, desde hace casi 4.000 años. De aquí que la historia de la corrupción es tan antigua como el ser humano.

Entonces, ¿cuál es particularmente el germen de la corrupción en Colombia?

Antes la gente rechazaba más la corrupción. Había un castigo social a la persona corrupta. Hoy hay una expansión de la corrupción dentro de nuestra cultura.

Usted no está diciendo que Colombia adquirió una cultura corrupta…

De ninguna manera. No todos los colombianos, ni todos los políticos ni todos los empresarios son corruptos. Ni más faltaba. Lo que quiero decir es que dentro de la forma de actuar hoy normal de los colombianos sí se incrustó la corrupción.

No solamente se trata de la gran corrupción, de la escandalosa, de la de Odebrecht, sino también es la corrupción de los 30.000 pesitos

No solamente se trata de la gran corrupción, de la escandalosa, de la de Odebrecht, sino también es la corrupción de los 30.000 pesitos.

Como colarse en TransMilenio, o el famoso término del ‘vivo’. La semana pasada, el ‘Financial Times’ publicó un artículo muy duro sobre la justicia colombiana en el que dice que es un país sobrelegislado y, sin embargo, corrupto. ¿La solución son más leyes?

Las reformas que han habido en términos de corrupción no han tenido un impacto ni siquiera mínimamente eficaz.

La corrupción se incrustó en el país porque está tanto en las esferas públicas como en las privadas

Eso no es problema de la ley, sino de quien la aplica…

Aquí todo se ha centrado en el normativismo, o sea, subamos penas, volvamos imprescriptibles los delitos. Claro, es que tiene que haber sanción penal, ¿cierto? Pero más que la sanción penal lo que se perdió fue la sanción social en Colombia, que es mucho más importante. Y eso es lo que nos encontramos a través de la pequeña corrupción. La cultura del ‘vivo’ se reproduce en la corrupción. Porque el corrupto también se ha vuelto alguien exitoso en esta cultura colombiana, que para mí viene mucho de la cultura del mafioso. Ahí tenemos unos estudios de un ligamen del mal ético que le hizo la mafia a la corrupción en Colombia. 

Mucha gente pelechó en esas platas. Personas que le vendían felices sus propiedades a la mafia, por ejemplo…

Y entonces nos encontramos en el estudio con que el corrupto termina siendo exitoso. Piense usted en los Nule, que se paseaban en todas las altas esferas de la política, de la sociedad, de los clubes… En todos lados el corrupto ha adquirido una relevancia social, porque, vuelvo a decirle la frase para mí importante: la sanción penal no es la más importante, es la social.

¿Cómo recuperar ese espíritu de sanción social?

Ahí es donde yo creo que el presidente y Marta Lucía, la vicepresidenta, lo pueden hacer. Lo que Santos hizo con la paz, Duque lo debe hacer con la corrupción.

¿Y eso qué significaría?

Que haya una campaña muy grande, educativa; por ejemplo, que en todas las alcaldías del país se ordene que se hagan estudios o clases o discursos tajantemente en contra de la corrupción. Es otra cosa, la lingüística de la corrupción se ha perdido.

Eso es como la de los Derechos Humanos. Claro, todo el mundo está a favor de los Derechos Humanos, pero vaya y mire a ver qué… Con la corrupción hay un discurso que ya se volvió uno que no dice nada, el discurso de que hay que impedir la corrupción, que la corrupción no se vale, que la corrupción… Pero no hay por ejemplo una posición tajante de los jefes políticos, no todos corruptos, pero que sí los hay en este país, de señalar, de seguir luchando, de seguir apartando a los corruptos del ámbito social, político, económico…

¿A usted le gusta el referendo anticorrupción?

Mire, yo decidí no pronunciarme sobre ese tema, por una cosa sencilla y espero que me la entienda: esta investigación llevamos dos años y medio haciéndola; tuvimos la suerte mediática de que cayó justo en el momento en que el tema estaba candela. Pero yo no quiero volver de algo que llevamos investigando dos años y medio a un punto de coyuntura que está de aquí a una semana.

Se lo pregunto por lo siguiente –escuela del exministro y exfiscal Alfonso Gómez Méndez–: es que el país no necesita más leyes contra la corrupción, todo está escrito, lo que hay que hacer es aplicarlo. ¿Para qué legislamos más?

Yo estoy de acuerdo. El enfoque que arroja el estudio, sin perder la parte normativa, es más de atacar la deformación cultural que tenemos los colombianos.

¿Cómo se hace eso?

Por ejemplo, medios de comunicación. En nuestro estudio hay un gran capítulo sobre ese asunto. Los medios de comunicación tratan la corrupción desde la perspectiva del escándalo, pero no de la enseñanza ética. Cogieron a tal y cual... Eso no es que sea negativo, lo que pasa es que se queda solo en eso.

La corrupción se incrustó en
la forma de actuar de los colombianos. No solo se trata de la gran corrupción, también
es la corrupción de
los 30.000 pesitos

Explíquenos mejor ese aporte que podemos hacer los medios contra la corrupción…

Esta consignado en uno de los 48 artículos del estudio. Dijimos, mire, los medios de comunicación deben cambiar la perspectiva, o más que cambiarla, complementar la perspectiva de la información sobre la corrupción, en donde precisamente vaya un mensaje de tipo ético, no solamente informativo. Y esa es una función que no se está haciendo.

¿Los medios nos estamos quedando cortos en la forma de combatir la corrupción?

Hay que insistir en lo reprochable que es el acto, pero desde el punto de vista social, no desde el escándalo. Uno no les puede quitar a los medios que el escándalo hay que sacarlo, pero es complementar la chiva con una formación permanente ética de crítica a todos los actos reprochables contra la corrupción. Eso es lo que uno no ve.

¿Qué es lo que uno echa de menos? Posturas éticas permanentes y contundentes para la educación contra la corrupción. Si todos los medios dijeran: “juepucha, vamos a acabar con la corrupción”, supondría estar sacado constantemente problemas de corrupción privada, pública, chiquita, grande, pero que se hiciera un discurso permanente de ese tema y no solo limitado al momento del escándalo.

Y desde el punto de vista del Gobierno, ¿no le parece un buen comienzo este de que él no ha repartido los puestos por mermelada?

Es muy positivo, pero no es suficiente. Lo que tiene que haber es un liderazgo contundente, vehemente, claro, tajante contra la corrupción. Esa es la única forma. Si se juntan medios de comunicación, si se juntan los políticos que no son corruptos, si se juntan las universidades, si se juntan, por ejemplo, en un programa que podría ser muy lindo, que el Gobierno Nacional a través del ministerio distribuya no cátedra, pero sí por lo menos unas cartillas sobre corrupción y que empiece a generar debate en todos los países.

¿Y la internacionalización de la corrupción?

A los tipos de corrupción hay que tratarlos de manera distinta. Uno puede tener algo más de normativo, pero el otro tiene mucho más de cultural. Lo otro es la globalización. Tantos países, elegantísimos, que tienen paraísos fiscales que son una hipocresía del capitalismo. Allá es a donde van a parar las grandes masas de corrupción.

¿Es distinta la corrupción según sea la región en Colombia?

Sí. Es distinta en la Costa que en Nariño. Y eso aquí se trabaja como un todo. Pero el guajiro tiene una manera de hacer corrupción, y el nariñense tiene otra.

¿Eso nos llevaría a decir que hay lugares del país más corruptos que otros?

No. Esa afirmación a mí me choca. Yo diría que simplemente para efectos de investigar la corrupción usted debe tener en cuenta la manera de ser y la idiosincrasia de cada lugar donde se está dando.

¿Y sectorialmente?

Trabajamos el tema sectorialmente en el libro, y proponemos fórmulas matemáticas, juego de probabilidades de riesgo, y todo eso por sectores, que se empiece a trabajar acueducto, educación, porque es distinta la educación a la alimentación, y esta, distinta al acueducto.

¿Usted, al terminar de editar este monumental estudio, se siente optimista o pesimista?

Mire, quedo optimista porque veo una situación pesimista. Tenemos cultura, gente, líderes que nos pueden mostrar que hay forma de salir adelante. ¿Qué es lo que me gusta? Que esto es un aporte del Externado a la reflexión de uno de los grandes asuntos del país, para decir: “Estamos mal, pero se puede mejorar, y hay por dónde”.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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