Viaje al exótico mundo de la esgrima con machetes del Cauca

Viaje al exótico mundo de la esgrima con machetes del Cauca

El escritor payanés Juan Cárdenas rinde tributo a este arte en su libro 'Elástico de sombra'.

Juan Cárdenas

Cárdenas (Popayán, 1978) es también traductor de clásicos como Faulkner.

Foto:

Abel Cárdenas/EL TIEMPO

Por: Juan Camilo Rincón
02 de diciembre 2019 , 09:28 a.m.

Hay cuerpos a los que, así se les quiera borrar su memoria, perduran, “porque en ellos residen las marcas”. En especial, los que practican esa tradición del esgrima con machetes en el Cauca. Cuerpos que en un movimiento particular y en una serie de trazos ejecutados con destreza recuerdan el mundo perdido del que fueron despojados cuando se les arrojó en los barcos negreros.

Estos son los cuerpos que Juan Cárdenas recupera en su nueva novela 'Elástico de sombra'. La trama surge a partir de un recorrido que el escritor payanés hizo por el territorio caucano en el marco de una investigación a la que dedicó alrededor de cinco años, gracias al apoyo del Instituto Caro y Cuervo. Allí pudo profundizar sobre la esgrima del machete, arte marcial de origen desconocido y que la Academia de Esgrima de Machete de Puerto Tejada, entre otras, rescata.

Con una fértil prosa, como “una especie de masa sonora”, que incorpora –cadentes, resueltos y ligeros– los coloquialismos del pueblo caucano, el autor construye desde la literatura “un decir plebeyo que capte el mundo como hecho intelectual” de comunidades ancestrales. Además, ofrece un texto con planos de realidades diversas que se entrelazan y se tejen en un hilo narrativo en el que los macheteros, artistas de la esgrima, reivindican su saber hacer como arte de una lucha centenaria.

Con una fértil prosa, que incorpora –cadentes, resueltos y ligeros– los coloquialismos del pueblo caucano, el autor construye un decir plebeyo que capte el mundo como hecho intelectual.

De la mano de don Sando y de Miguel Lourido, macheteros sabedores, el autor revela la esgrima como resistencia del cuerpo ante la esclavitud física y mental. Descubre el conocimiento del otro y la lectura predictiva de sus movimientos como estrategia de juego; el dominio de lo visual como táctica infalible, el saber del cuerpo mismo, que es sabor, movimiento y conocimiento.

Cárdenas nos habla también de la minga negra e indígena como lucha colectiva y universal, como apuesta política frente a la máquina de muerte que “coloniza nuestro lenguaje y nos domina hasta que consigue hablar por nosotros, en nuestro nombre”.

En 'Elástico de sombra', los cuerpos rebeldes y sabios, entre brujas y duendes, en medio de ríos y noches de lluvia, y tocados por el viche y los violines negros caucanos, resisten, poderosos, frente al hombre blanco.

En conversación con EL TIEMPO, Cárdenas cuenta cómo hace visibles y tangibles esos territorios geográficos y mentales, para muchos desconocidos, de un país que aún no se reconoce en la diversidad ni la asume como una manera de comprenderse en sus múltiples identidades. Los mitos desmitificados se hacen carne, pelean con machete y danzan porque se rehúsan a desaparecer.

¿Existen registros de los macheteros sobre la historia, técnicas y experiencia de esta esgrima?

Se ha escrito relativamente poco sobre la esgrima, a pesar de que se trata de un arte marcial muy antiguo. El maestro Miguel Lourido, protagonista de la novela, pero también un intelectual juicioso que lleva mucho tiempo recuperando documentos sobre la historia negra del norte del Cauca, es quien más referencias ha recogido. Desde 'El machete', un cuento de Julio Posada de la década del 10, hasta las breves menciones en Carrasquilla o Bernardo Arias Trujillo. Miguel y su maestro, Héctor Elías Sandoval, también han recuperado manuales y cartillas de esgrima de machete, algunos de mediados del siglo XIX.

¿En qué momento la esgrima pasa de ser una técnica de ataque a una disciplina de defensa artística?

La esgrima fue siempre un arte marcial, es decir, algo al filo entre el entretenimiento, la danza, el 'performance' y una técnica de lucha.

¿Quiénes crean los desafíos macheteros (estrofas que se improvisan)?

Hay algunos desafíos transmitidos en verso, bastante conocidos entre los macheteros, pero eso no quiere decir que no se improvisen. Hace un par de meses, viendo a unas jóvenes macheteras de Suárez, el maestro Héctor Elías improvisó estos versos: “La maldad no tiene sexo/ no conoce compasión/ la mujer tiene que armarse/ con machete y con bordón”.

¿Cómo se construyen los códigos ‘éticos’ de la esgrima?

Creo que la novela intenta contar eso: no se trata solo de códigos éticos, son códigos de conocimiento del cuerpo, del territorio, una teoría del movimiento, del lenguaje; o sea, existe una dimensión política asociada a la esgrima. Si pudiera resumirlo, no habría escrito la novela.

¿Las mujeres han ocupado siempre los mismos espacios en la cultura de la esgrima o es más reciente?

Las mujeres han tenido un vínculo permanente con la esgrima, desde tiempos inmemoriales. En mi investigación han ido apareciendo cada vez más historias de macheteras que ya contaré en novelas futuras.

La esgrima fue siempre un arte marcial, es decir, algo al filo entre el entretenimiento, la danza, el performance y una técnica de lucha.

Juan Cárdenas

El libro es publicado por la Editorial Sexto Piso.

Foto:

Archivo particular

¿Qué acciones puntuales se están desarrollando para el rescate de este arte marcial?

Hay un tímido renacer de la práctica, sobre todo gracias al trabajo de algunos maestros en Buenos Aires, Suárez, Santander de Quilichao y Puerto Tejada. Hay algunos jóvenes de ambos sexos que se están convirtiendo en grandes macheteros. Espero no pecar de optimista, pero creo que la esgrima se salvará y tendrá un futuro esplendoroso.

En el libro también toca esa relación de las comunidades negras con el pueblo nasa...

Las relaciones entre indígenas y negros en el Cauca son complejas, pero yo diría que, a pesar de los muchos conflictos territoriales hay una alianza estratégica que está por encima de las diferencias.

En su libro se pone de presente el asunto político desde la resistencia. La minga indígena y negra como lucha de todos...

Este es un texto sobre todo militante. No tengo miedo de que me acusen de panfletario. El miedo a ser panfletario ha producido libros insoportablemente mediocres en las últimas décadas en Colombia, libros sin alma y a la vez incapaces de plantear ningún desafío formal, novelas que son en realidad borradores para series de Netflix. 'Elástico de sombra' es un libro situado en la tradición de las vanguardias –políticas y estéticas–, como todas mis novelas, solo que esta vez hay un acento aún más pronunciado en los elementos populares.

¿Cómo se dio la incorporación de los fenómenos y elementos naturales (el sol, el viento, el agua, el río, la noche) como personajes con voluntad propia y que asumen características humanas que fortalecen la historia?

Eso es algo propio de todas las tradiciones de cuentos populares en todo el mundo, esa especie de humanización de los elementos y seres de la naturaleza. Los relatos que rodean a la esgrima de machete no son la excepción.

En su libro, usted refleja poderosamente la riqueza de la oralidad que nace del cara a cara y la vivencia de lo cotidiano. ¿Cómo logra articular en un texto único esas múltiples voces, pensares y sentires, sin que lo oral pierda su fuerza?

No se trata de lo oral, sino de la invención de la lengua vulgar, de la lengua plebeya. La "oralidad" es una categoría problemática, ligada a un reparto de saberes y prácticas entre blancos y pardos, entre ricos y pobres, entre lo rural y lo urbano. En ese sentido, la escritura sería solo para los señoritos y la oralidad para los de ruana. La literatura tal como la conocemos hoy, y esto es algo en lo que Carolina Sanín lleva muchos años insistiendo, nació con la invención de la lengua vulgar, la lengua materna, en oposición al latín, que era la lengua del poder eclesiástico y jurídico. Todas mis novelas están atravesadas por esa voluntad de construir literariamente -esto es, en una cierta puesta en escena política de la escritura- un decir plebeyo que capte el mundo como hecho intelectual.

¿Cómo logra incorporar los coloquialismos sin que se sientan forzados?

Quizás no se sienten forzados porque yo vengo escribiendo así hace años. En mis novelas hay una serie de procedimientos para que las voces de distintas procedencias se entremezclen y creen una especie de masa sonora. Me gusta pensar que mi escritura se lee como quien se sienta delante de un bosque o del mar a escuchar cómo aparecen los sonidos y el caos sonoro va creando un orden secreto, misterioso. Podemos decir que no hay oralidad, pero sí auralidad, una traducción escrita del ruido organizado.

JUAN CAMILO RINCÓN*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
@JuanCamiloRinc2
* Escritor, periodista e investigador cultural

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