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Marlon Brando y su fiesta de tambores cartagenera
JJ Junieles

Junieles recrea en la ficción literaria cuando Marlon Brando estuvo en Cartagena.

Foto:

Archivo particular

Marlon Brando y su fiesta de tambores cartagenera

J.J. Junieles recrea en libro cuando el actor grabó la película 'Quemada', en Cartagena.

El tiempo en Cartagena de Indias no debería medirse con relojes; esa sucesión de días y noches mejor tendría que distinguirse a la luz de los recuerdos y su vivacidad. Quizás por eso se ha escrito tanto sobre esta ciudad, en cuyas calles, plazas y patios se han filmado cientos de películas y donde la gente no para de contar historias sobre aquellas. Es la misma gente que, cegada como por un repentino rayo de sol, se pone a bailar delirante en cualquier esquina hasta que el cuerpo aguante. Es la ciudad donde viven muchos que todavía no conocen el mar y donde, como lo afirma J.J. Junieles, “se aprende a bailar antes que caminar, y los niños vuelven tambor cualquier cosa que caiga en sus manos”.

En su nueva novela 'El hombre que hablaba de Marlon Brando', Junieles, escritor sucreño criado en Cartagena, revela ese talante del que Cortázar habló alguna vez: “Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia.”

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Y en este rincón de la Tierra también pasan cosas, como parece reflejarlo el autor en este libro. Se trata de un Caribe delirante que emana desde las primeras líneas, un vaho de marisma y garzas, que atrapa a un lector consciente de estar sucumbiendo y que, sin embargo, sigue avanzando en las páginas.

Con 'El hombre que hablaba de Marlon Brando', nos encontramos entonces ante un 'thriller' con profundas raíces en lo histórico y elementos de suspenso, enmarcado en la filmación de la película 'Quemada', una experiencia que, como lo señala el escritor, “tiene más cuentos que 'Las mil y una noches' ”.

Uno de los más grandes actores del siglo XX y dos veces ganador del Oscar, Marlon Brando, se asomó a estas costas para dejarse llevar por sus tambores entre callejones estrechos y murallas hispánicas.

Junto a él, hizo gala de sus espontáneas dotes actorales un joven negro venido de las entrañas del mítico San Basilio de Palenque. Es Evaristo Márquez, vaquero analfabeto, que actuó buena parte de los 132 minutos de esa película junto a un Brando “heroico, bello y auténtico”, adjetivos con los que Lionel Trilling lo definió.

A través de una narración profunda, cálida y pausada, sin afanes innecesarios, la ya conocida tropa del Caribe nos regala, a través de la prosa de J. J. Junieles, a uno de los mejores representantes vivos de la literatura Caribe. Con una dosis perfecta de ficción y realidad, nos presenta a Santiago Barón, un juicioso periodista que va construyendo una crónica sobre el rodaje del filme. Apoyado en el suspenso, nos pone frente a la muerte de Evangelina Saumeth, que cantaba el 'Ave María' de Schubert mejor que los ángeles.

JJ Junieles

Junieles nació en San Luis de Sincé (1970), creció en Cartagena y vive en Bogotá. Fue escogido en la primera edición del proyecto Bogotá 39.

Foto:

cortesía del autor

¿Qué tanto hay de cierto y qué tanto es ficción en lo que relata sobre la filmación de la película 'Quemada'?

Te cuento que a veces siento mi cabeza como una olla llena de grillos y muchas voces que me hablan al mismo tiempo, y entonces debo concentrarme para saber lo que están diciendo. Soy un lector que escribe, por eso tengo el instinto para identificar los hechos que parecen mentira, aunque existan pruebas de ellos, pero que nadie va a creer, y también reconozco esas mentiras que ayudan a revelar sombras y embellecen nuestra visión del mundo. Ocurrieron tantas cosas en relación con 'Quemada', que llegó el momento en que me volví un profesional de la incredulidad, ante los testimonios que me daban, y por eso pasé casi cuatro meses investigando en los diarios de la época (1968 - 1969): 'Diario del Caribe', 'Diario de la Costa', 'El Universal', entre otros; para confirmar muchas cosas que me parecían desmesuradas y producto de ese baile mágico de la realidad con los sueños. A veces, cuando escribo, siento que recuerdo cosas que nunca he vivido, y también eso hace parte de la magia.

¿Como reconstruyó el personaje de Marlon Brando?

A lo primero que acudí, por supuesto, fue a la autobiografía de Brando 'Las canciones que me enseñó mi madre', en donde dedica ¡10 páginas! a la experiencia que vivió en Cartagena, y entre varias cosas dice: “Creo que hice la mejor actuación de mi vida en la película 'Quemada', que fue filmada en Cartagena de Indias, una pequeña ciudad del Caribe que parecía estar muy cerca del infierno. Hacer esa película fue algo ¡salvaje!”.

Antes de él, los actores eran marionetas en manos de los directores. Me asomé a varias biografías sobre el actor, concentrando mi atención en la etapa de filmación de 'Quemada'. Por supuesto, me quedé con aquellos aspectos que me servían para ambientar las escenas de la novela y precisar datos.

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No sé por qué contaré esto; debería guardar silencio, pero me parece revelador, y es que llegué a un grado de unidad espiritual con este libro, que un día cualquiera mi hermano Germán me envió una foto de Elías, mi sobrino menor, en la que el niño está señalando una libélula sobre la hoja de un árbol. Cuando vi eso me estremecí, porque ese mismo día había pegado, en la pared ante la cual trabajo, una foto en la que Marlon Brando también tiene, posada en uno de sus dedos, una libélula, y eso me puso a llorar, por razones que tampoco quiero explicar, porque todo el que explica pierde.

JJ Junieles

Junieles recrea en la ficción literaria cuando Marlon Brando estuvo en Cartagena.

Foto:

Archivo particular

Uno siente que el motor de la novela es, entre otras cosas, la intención de reivindicar a los “olvidables”. ¿Hay algo de eso en su libro?

Sin duda alguna. Quería mostrar algo más que las estrellas que participaron, y por eso, en un principio, quería titular la novela 'Marlon Brando y los mortales tocan canciones de amor', pero me di cuenta que era muy extenso. Nadie quiere irse del todo, ser olvidado, y eso creo que toca a mucha gente anónima, que está detrás de los grandes proyectos humanos, que siempre termina olvidada o en segundo plano, y que tiene mucho por contar. Me acuerdo del gran Robert Bresson, quien decía: “Haz visible aquello que, sin ti, permanecería oculto”. ¿Quiénes son esos que no aparecen en las fotos o aparecen en ellas con la cara rayada? Yo siempre me pregunto eso. Hay una alquimia secreta en las cosas arraigadas. Hay que cuidar a las cosas del polvo.

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¿Qué tanto de Santiago Barón hay en usted, y qué tanto de usted en este personaje?

Todos nacemos, crecemos y vivimos con la carga de ser aquello que los otros esperan que seamos. Me gusta escribir porque es otra forma de vivir, aunque no lo suficiente como para hacerlo todos los días, porque en realidad me gusta más leer; eso sí es la felicidad, y bailar con mis amigos hasta caerme después de diez horas haciéndolo. Yo escribo para que mis amigos siempre quieran volver a verme. Todo aquel que practique algún tipo de arte, tiene el deseo de encarnar la esencia de algo, el alma de alguien, de un momento especial en la vida, con la ilusión de que ese tiempo dure para siempre. En cuanto al personaje narrador de la novela, Santiago Barón, siento que a veces la vida te pone en posiciones en donde debes decidir de qué lado estás, y eso le pasa a él, quien se ve envuelto en una situación peligrosa, como en la realidad les ocurre a muchos periodistas, que son los que realizan mucho del verdadero trabajo investigativo que ejerce justicia en el mundo.

JJ Junieles

Marlon Brando y Evaristo Marquez en una escena de Quemada.

Foto:

cortesía de JJ Junieles

¿Por qué hacer ficción a partir de una historia real tan rica como fue el rodaje de la película 'Quemada'?

A nadie le importa una mentira si es entretenida. Hay una canción que dice: “Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes”; de la misma forma yo me pregunté, ¿quién era esa gente de la película de la que todavía todo el mundo habla? Nuestra vida es una película con muchos episodios aburridos y por eso se dice que el arte es necesario, porque la vida no es suficiente. Me parece que en Cartagena desde siempre se vive en una película, que se parece mucho a los sueños de su gente, porque también necesitamos soñar cuando estamos despiertos. Todos los que hemos vivido en esa ciudad y muchos viajeros, sentimos que en ella acontece algo que está más cerca de la vida que de la pobreza y la muerte que acecha a muchos; algo tan humano y lleno de esperanza, que merece la pena luchar por eso, a pesar de que los ricos siguen siendo más ricos y los pobres más pobres. Una novela como esta de Brando busca no solo ser una ventana hacia otros paisajes, sino una motivación para derrumbar paredes y seguir abriendo en torno a ella nuestras ventanas interiores. Pero, ¿de qué paredes hablamos? Hay en Cartagena una clase política y empresarial egoísta, incapaz de pensar una felicidad colectiva para toda la hermosa gente que vive ahí, con tantas capacidades y talentos. Lo que he intentado con esta novela es aportar al derrumbe de esa pared. ¿Qué paisaje habrá del otro lado? Eso es algo que solo el lector, cada lector,  tendrá que descubrir por su cuenta.

¿Usted piensa que esta novela puede ser una vacuna contra la peste del olvido?

Yo creo que hay que olvidarse un poco de la camisa de fuerza de los géneros, el cuento, la poesía, la novela, etc. y quedarse con la poesía, que está presente de muchas formas en todas partes visibles e invisibles. Y en cuanto al mundo, hoy es demasiado tarde para ayer, pero todavía no es mañana. Es triste que todos sepamos hoy que la especie humana está destinada a desaparecer por causa de su ambición de poder y control desmesurado. Algunos días todos podemos llegar a ser solo un montón de polvo sin memoria y testigos, pues hoy no estamos haciendo lo que debemos para evitar ese destino. Todavía estamos a tiempo de impedirlo, antes de que empiecen a rondar los lobos y las plegarias no sirvan de mucho.

JUAN CAMILO RINCÓN*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO* Periodista cultural y escritor.

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