‘Por el miedo al futuro estamos dejando escapar la vida’

‘Por el miedo al futuro estamos dejando escapar la vida’

En su libro ‘La vida te está esperando’, Javier Iriondo reflexiona sobre los temores al mañana.

Experiencias

El autor nos invita a disfrutar más del presente, de lo que vivimos a diario, pero, obviamente, sin llegar a ser irresponsables o temerarios.

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Por: Omar Goncebat - EFE Reportajes
16 de noviembre 2019 , 09:45 p.m.

La protagonista, Sofía, está dedicada intensamente a su vida profesional, hasta que un día sufre un desmayo y debe ser ingresada a un hospital, donde tras una serie de pruebas médicas le dan una mala noticia.

A partir de ese momento, una vez superada la conmoción inicial y a través de sus conversaciones con su sabia y dulce compañera de habitación, esta mujer de mediana edad inicia un camino de transformación y renovación personal.

Lo que en un principio percibe como una noticia trágica se convierte en una lección de vida. Y para comunicar lo que esta experiencia le está enseñando, ella organiza una fiesta de despedida para sus amigos. Su temor por el futuro desaparece y el presente se le revela como la única fuente de plenitud.

“El presente es lo único que tenemos, pero a veces nuestros miedos y expectativas nos impiden disfrutarlo”, explica el especialista en transformación personal Javier Iriondo, quien narra la historia de Sofía en su última novela: 'La vida te está esperando'. Un título que trasmite un mensaje de optimismo y renovación reforzado por la foto de la que portada: “Un amanecer, que es el despertar de la vida” y una playa donde un reloj, sobre la arena, marca el paso de las horas, recordando que la más importante es la actual, y evocando la perenne locución latina ‘tempus fugit, carpe diem’ (el tiempo vuela, vive el momento).

“Cuando ves que esto se puede acabar, dejas de preocuparte por todas esas cuestiones sobre el futuro que tanto nos persiguen a todos y, de pronto, te das cuenta de lo que realmente importa: las relaciones personales, lo conexión humana”, señala Iriondo, que fue deportista de élite en EE. UU., país donde comenzó su andadura como conferencista internacional y director de cursos y programas de transformación personal, desarrollo directivo e intervención estratégica.

Situaciones como la de Sofía, explica, nos permiten ver que a menudo “vivimos para el futuro, para otro momento, aplazando la vida, como si la existencia fuera una lista interminable de tareas, a la que siempre se agrega algo más que hacer, conseguir, sumado a las mil y una emergencias que van surgiendo”.Le puede interesar: Un cambio de paradigma corporativo: construyamos un país de valores

“Es triste que tenga que ocurrir algo trágico para descubrir que la vida se nos está pasando, se nos está escapando sin darnos cuenta; pero ante una noticia trágica, como la que recibe Sofía, ocurre un despertar del alma y de la vida”, dice.

“Una situación de este tipo puede hacerte más valiente, porque comienzas a tomar decisiones que habías dejado para más adelante, y te ayuda a ordenar tus prioridades”, comenta.

De hecho, al propio Iriondo le ocurrió. Cuando escribía este libro le detectaron un tumor, “y ahora mismo –confiesa– tampoco sé muy bien qué va a pasar con mi vida”.

“Sentí –recuerda– tal y como yo había imaginado que se iba a sentir el personaje y, de pronto, me encontré escribiendo en primera persona, pensando ‘esto se puede acabar, ¡corre!’ ”.

“Fueron los momentos de mayor paz en mi vida, de una presencia absoluta en el aquí y el ahora”, según Iriondo, quien recalca haber tenido “la suerte” de recibir esa lección “para poner todo en orden y centrarme en lo que realmente importa”.

La base del problema

“Como Sofía, buena parte de nosotros nos pasamos toda la vida buscando la seguridad, y esto se debe a la educación que recibimos en casa, a nuestra cultura, que preconiza la idea de que hay que conseguir un trabajo que dure mucho tiempo y que dé seguridad y estabilidad”, señala el autor.

“Nuestros padres nos dan esta educación con la mejor intención, porque quieren protegernos, ayudarnos y que seamos responsables, pero esto lleva implícito un miedo al futuro que luego, sin darnos cuenta, hace que la búsqueda de la seguridad se vuelva nuestro principal objetivo” en la vida.

“Y debido a esa programación, ocurre que a pesar de tener una vida correcta y un buen trabajo, a veces somos incapaces de disfrutar del presente y tenemos la sensación de que no podemos ser felices hasta que tengamos lo que ahora no tenemos”, remata el especialista.

La figura de la situación límite que Iriondo utiliza en su libro solo busca “mostrar hasta qué punto hemos estado aplazando la vida para otro momento, que no existe un futuro seguro y que, paradójicamente, la búsqueda de la seguridad nos provoca un montón de inseguridades, al carecer de aquello que supuestamente nos haría felices”, explica el autor.

Vivimos para el futuro, para otro momento, aplazando la vida, como si la existencia fuera una lista interminable de tareas por hacer

Preguntas que hacerse

La seguridad verdadera y real, dice, viene de la confianza en nosotros mismos y de saber que los problemas van a llegar, pero podremos enfrentarlos y sacar lecciones de ellos, y que en muchas ocasiones son oportunidades disfrazadas.

Luego destaca que “no necesitamos esperar a que nos suceda algo terrible para vivir en plenitud, pero no solemos reaccionar hasta que la vida nos da un susto. Lo que sí necesitamos es pararnos para reflexionar en silencio sobre qué es importante para nosotros”.

Algunas de las reflexiones obligatorias que tenemos que hacer parten de preguntas como ¿hacia dónde voy? ¿Estoy a gusto con la dirección que lleva mi vida o necesito darle un cambio? ¿Si sigo igual que ahora, estaré satisfecho dentro de cinco años?, según Iriondo.

“Si estamos satisfechos con nuestra vida ¡enhorabuena!, pero lo que no es sano es estar quejándose continuamente, sin estar dispuesto a cambiar, echándole la culpa de nuestra situación, a todo el mundo, menos a nosotros mismos y caer en el victimismo, sintiendo que no podemos hacer nada para cambiar”, apunta.

“A partir de haberlo reflexionado, es imprescindible que tomemos la decisión radical, visceral, que nazca del corazón, de ¡quiero otra cosa, quiero algo más, quiero mejorar!”, añade.

“Es hora de decidir hacia dónde queremos ir, qué queremos hacer o intentar, independientemente de que lo logremos. Al intentarlo tendremos la victoria moral de saber que hemos dado lo mejor de nosotros, hemos sacado nuestra mejor versión y nos hemos convertido en mejores personas en ese proceso”, concluye.

OMAR GONCEBAT
EFE Reportajes
Madrid

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