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‘La novela es un llamado a la insurrección’: Javier Cercas
Javier Cercas

Cercas (1962) saltó a la fama con su novela ‘Soldados de Salamina’. Su obra se ha traducido a 30 idiomas.

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‘La novela es un llamado a la insurrección’: Javier Cercas

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Javier Cercas habla de Independencia, que continúa la saga de su protagonista: Melchor Marín.

En medio de tanta impunidad, solo nos queda la literatura para hacer justicia. Esa es la posibilidad que nos ofrece el escritor español Javier Cercas con su novela Independencia, que continúa el camino de Terra Alta y consolida el personaje de Melchor Marín, un policía y antihéroe justiciero que empezó siendo delincuente, acabó con cuatro yihadistas responsables de un atentado, se enfrentó a un crimen en la Terra Alta, y ahora debe resolver un delito en Barcelona. Es un hombre que ha luchado contra todo y contra todos, y ahora quiere ser bibliotecario porque le gusta la literatura y anhela pasar el resto de sus días dedicado a los libros.

Marín está armado con la espada, la pluma y la sagacidad, y sabe que con alguna de ellas encontrará una manera de redimirse o, al menos, de salvar a otros. Cercas, Premio Planeta 2019, regresa a las librerías con una nueva historia en contra del poder y del abuso, y le permite al lector cuestionarse sobre todo aquello que lo incomoda, lo destroza y lo oprime porque, como lo afirma el autor, la novela es un llamado a la insurrección.

Terra Alta es la cabeza e Independencia el corazón de una tetralogía que Cercas viene construyendo y sobre la cual habló en exclusiva para EL TIEMPO.

¿Con Independencia usted busca poner sobre la mesa el abuso del poder?

Desde que el mundo es mundo, los seres humanos funcionamos así. El poder siempre quiere más poder; el dinero siempre quiere más dinero. Esa es la esencia de uno y otro; quien lo tiene no quiere soltarlo y las élites desde siempre se han enquistado en el poder. La democracia es el mejor invento que hemos creado los hombres para protegernos de esa voracidad insaciable de las élites enquistadas en el poder. Si nos la tomamos en serio, la democracia es el mejor invento. Lo que ocurre en esta novela, en Barcelona, podría ocurrir perfectamente en cualquier lado; de hecho, ocurre a diario en todos lados: que los hombres usan el poder contra las mujeres, que los poderosos usan el poder contra los débiles. Aquí con lo que nos encontramos es con un justiciero que hace justicia.

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La novela de Cercas es editada por Tusquets.

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Archivo particular

¡Y qué gran personaje es Melchor como justiciero! ¿Por qué considera que es importante seguir tratando el tema del abuso desde la literatura y por qué lo trae a Independencia?

Es que ha surgido así; no ha sido deliberado. Uno de los temas de Terra Alta y de todo el ciclo es un tema elemental y brutal, y es el hecho de que los hombres le han puesto el pie en el cuello a las mujeres, y la mitad de la humanidad le ha puesto el pie en el cuello a la otra mitad. Esto no se lo han inventado el feminismo ni el movimiento Mee Too; esto es así desde tiempos inmemoriales, y es algo brutal. Aristóteles, uno de los hombres más sabios que en el mundo han sido, consideraba que las mujeres eran inferiores a los hombres, porque así se consideraba en su época. Y en España, como en Colombia, como en cualquier otra parte, tú pones la televisión y lo primero que ves es que un hombre ha matado a una mujer. Es un problema permanente. ¡Vivimos en ese mundo! Esto no solo implica a las mujeres, nos implica a todos, y es uno de los temas de estas novelas: la violencia que se ejerce contra ellas. Claro, lo que hace Melchor Marín no es muy adecuado para combatir esto, tomarse la justicia por su mano.

En Independencia pasa algo muy cervantino, pues se los menciona a usted y a Terra Alta, donde Melchor es el protagonista. Si él la leyera, ¿qué cree que pensaría sobre la novela?

Sinceramente, no tengo ni idea. Hay personajes que le preguntan si la ha leído y él siempre dice que no, y le creo, por supuesto, porque Melchor no miente. No le interesan las novelas actuales; como sabes, él solo lee novelas del siglo XIX. Le da igual, no es un tema que le preocupe. No lo sé… a lo mejor en los libros posteriores lo averiguo. Me parecía inevitable que, si Terra Alta se publicó en 2019, en el año 2025 haya gente que lo ha leído, y más si es un Premio Planeta, que es muy conocido; todo eso me parece natural, que un periodista muy conocido en España que se llama Lluís Bassets diga que este Cercas es un liante de cojones; que cuando dicen que todo es verdad, todo es mentira, y cuando dicen que todo es mentira, todo es verdad, y que Melchor le diga a Vivales: “Oye, me han dicho que hay una novela que habla sobre mí”, y que Vivales le diga: “¿Le metemos un pleito a este tío, a este muerto de hambre?”, y Melchor: “¿Por qué?” y Vivales contesta: “Porque cualquier excusa es buena para meter un pleito”. Cualquier excusa es buena para reírse de uno mismo. No hay novela sin humor o, al menos, sin ironía. El humor es la cosa más seria que existe, y empieza por uno mismo. Si uno no es capaz de reírse de uno mismo, no tiene derecho a reírse de nada. Eso nos lo enseñó Cervantes y no acabamos de entenderlo porque somos muy zoquetes.

Entre los hechos de Terra Alta e Independencia transcurren algunos años y esto se evidencia en otras historias y un protagonista que ha cambiado. ¿Cómo logra construir de manera verosímil esta nueva historia y este nuevo Melchor?

Es verdad, tienes razón: es un nuevo Melchor. Montaigne decía: “Hay tanta diferencia entre yo y yo mismo, como entre yo y los demás”. A lo largo del tiempo cambiamos y somos personas distintas. Efectivamente, Melchor sigue siendo él, pero también es un Melchor distinto. Para mí esto es un experimento muy raro pero muy gratificante; yo nunca había hecho una cosa así. Él va creciendo con el tiempo; han pasado cinco años, es otra persona, pero sigue siendo el mismo; evoluciona y la gente evoluciona en torno a él y en esta novela esto se me ha impuesto de una manera muy natural. He luchado para hacer la mejor novela posible, pero Melchor sigue su curso, así como los personajes en torno a él.

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¡Y sigue su curso de una manera muy bella! ¿Cómo fue el momento en que este personaje surgió en su cabeza?

Sé exactamente cuándo apareció. Fue un día del verano de 2017 cuando yo salía de mi despacho y caminaba por la calle; iba a coger el metro. Entonces se me ocurrió esta frase, que está en la primera página del segundo capítulo de Terra Alta, y es la primera vez que él aparece. Salió de mí, por supuesto… pero Melchor tiene una biografía muy distinta a la mía, que es mucho más cómoda, mucho más fácil y mucho más agradable; la suya es mucho más dura. Pero, como Flaubert dijo: “Madame Bovary soy yo”, yo puedo decir: “Melchor Marín soy yo”. Su furia es mi furia, su dolor es mi dolor, muchas de sus contradicciones son las mías. Y se me apareció así, con esta frase: “Se llamaba Melchor porque la primera vez que su madre lo vio, recién salido de su vientre y chorreando sangre, exclamó entre sollozos de júbilo que parecía un rey mago. Su madre se llamaba Rosario y era puta”. Las dos cosas, ¡pum!, de golpe. Ahí estaba todo Melchor, todo lo que lo define. Y ahí está todo muy importante lo que hace estas novelas tan distintas de las anteriores: el uso del presente, el uso de la tercera persona, el germen, la sangre, el dolor, el júbilo, la alegría, la puta, el sexo… está todo. Ahí apareció. El resto ha sido tirar de la cuerda, nada más. No sé cómo apareció; no lo sé. Iba por la calle y esas dos frases, ¡clac!

Usted me dice que entiende la literatura como placer, pero también como conocimiento, y que toda gran literatura quiere cambiar el mundo cambiando al lector. Con este asunto de la crítica y la denuncia, ¿qué quiere lograr en sus lectores?

Creo que la literatura es muy útil siempre y cuando se proponga no serlo. Si se propone ser útil, se convierte en propaganda o en pedagogía, y deja de ser literatura. Mis libros aspiran a lo que aspiran todas las grandes novelas: ser incitaciones a la rebelión, llamadas a la insumisión, a decir “no” con mayúsculas y sobre todo, a no dejarse intimidar por el poder y decirle “no”. En mi opinión, todas las novelas lo hacen, o al menos, las modernas. Por eso es que al poder no le gustan los lectores; para el poder, toda persona que va con un libro en las manos es un peligro público porque es una potencial rebelde e insumisa, gente capaz de decir “no” de verdad, no para quedar bien. Gente que es capaz de decir “no” y de aspirar a vivir una vida acorde a los propios deseos; esa es la rebelión. Insisto: la democracia, si nos la tomamos en serio, es el mejor invento que hemos creado y del que nos hemos dotado para protegernos de esas élites que aspiran a perpetuarse, y de esa naturaleza del poder y del dinero, y para vivir como queremos. Esa es la máxima aspiración; a eso aspira don Quijote y por eso se convierte en Alonso Quijano, para vivir la vida que había soñado; a eso aspira Madame Bovary, a vivir como quiere de verdad y a satisfacer todos sus deseos, y eso es lo que es siempre la novela: un llamado a la insurrección.

JUAN CAMILO RINCÓN*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
@JuanCamiloRinc2
* Periodista, escritor e investigador cultural.

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