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El financiero que un día se convirtió en escritor ‘bestseller’
Javier Castillo

El escritor español de 33 años escribía en el tren, en los trayectos de su casa al trabajo, hasta que un día decidió subir su novela a Amazon y cobrarla a tres euros.

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Cortesía Penguin Random House

El financiero que un día se convirtió en escritor ‘bestseller’

Javier Castillo escribía en el tren a su trabajo como 'hobby'. Esta es su historia. 

Han pasado ya varios años y Javier Castillo aún no se lo cree. Cuando habla por teléfono y responde las preguntas parece incrédulo de que esto le esté sucediendo a él. “A veces me despierto y tengo que preguntarme: ‘¿de verdad me está pasando esto a mí?’ ”, dice el joven escritor español de 33 años que ha tenido una carrera disparada hacia el éxito en pocos años. En 2017 publicó su primera novela, ha vendido más de 650.000 ejemplares y acaba de lanzar su cuarta novela, que tiene todo para ser otro éxito.

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Durante años, Javier trabajó como asesor financiero, tenía lo que quería excepto una cosa: cumplir su sueño de ser escritor. Desde niño fue siempre un apasionado por la novela negra y en específico por los libros de Agatha Christie. Cuando llegó el momento de decidir qué quería estudiar, le planteó a sus padres la idea de estudiar algo que tuviera que ver con escritura; sin embargo, la respuesta ante la incertidumbre que generan en su gran mayoría las humanidades fue motivarlo a elegir una carrera enfocada en la economía.

“Era bueno en las matemáticas y me gustaban, así que no vi problema”, cuenta Javier desde su casa. “No es que no me gustara lo que hacía, pero sin duda prefiero esto que estoy viviendo”.

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En los trayectos que hacía hacia el trabajo, que le tomaban unos 50 minutos en tren, Javier sacaba su portatil y se sumergía en las historias que siempre había querido escribir, estuvo así durante un año y medio hasta que un día se dio cuenta de que tenía en sus manos una novela. Decidió subirla a Amazon a un precio de tres euros y así nació: 'El día que se perdió la cordura'.

“La dejé allí y seguí con mi vida, hasta que dos semanas después fui a ver qué había pasado y resultó que mi novela era número uno en España”, cuenta sin aún creérselo.
Fue tal el éxito que las editoriales se lo peleaban. Hasta que se decidió por Suma de Letras, de Penguin Random House. Y, a su vez, al tiempo que nació su hija, renunció al trabajo que tenía y decidió dedicarse a lo que siempre soñó: ser escritor.

Ahora, años después y con tres novelas publicadas, lanza su cuarta historia.
“El mayor miedo de una madre o de un padre es que algo le pase a su hijo, y entre las opciones está que desaparezca. Que de un momento al otro nos suelte la mano entre una multitud y no lo volvamos a ver”, dice Javier Castillo. De ese miedo es de donde parte 'La chica de nieve'.

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EL TIEMPO conversó con el escritor:

Desde el primer momento, uno queda enganchado con la historia de la desaparición de la niña; es un miedo muy común en los que somos padres…

Sí, ese es el motivo por el que escribí la novela. Además, lo pongo en los agradecimientos por eso mismo, porque yo creo que el mayor miedo de una madre o de un padre es que les pase algo a los hijos, que se desaparezcan. Y escribir sobre eso hace que la novela sea mucho más poderosa. Es tan real que da miedo, y esa realidad es la que hace que el libro se convierta en una ventana para mucha gente en estos tiempos. Y, pues, esta es una ventana a Nueva York...

¿Por qué Nueva York?

Las novelas que he escrito hasta ahora siempre las he ubicado en Estados Unidos, pero por una cuestión de alejar la trama de mi entorno cercano, eso permite que para mi sea más real en el sentido de que cuanto más cercano escribo una ficción la siento menos real porque sé que es muy improbable que ocurra. En cambio, ubicándola lejos de mí y en un lugar tan emblemático como lo es la cabalgata de Acción de Gracias de Nueva York, que es un imaginario que todo el mundo tiene en la cabeza así no lo haya vivido, permite adentrarse en la historia... Lo que me gusta es que el lector se deje llevar por lo que está pasando.

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¿Le fluye escribir suspenso?

Para mí es intermedio. Lo disfruto mucho, pero, a su vez, en el transcurso de la escritura lo sufro mucho porque soy muy obseso del ritmo y de las emociones que se sienten cuando se lee la novela. Analizo mucho el ritmo, la psicología de los giros, porque hay distintos niveles de giros, puedes introducir uno que sea un cambio de personalidad o uno que sea un descubrimiento. Y todos estos ingredientes distintos tienen que ir combinándose a la trama para que tengan al lector alerta y, a su vez, para que no sepan qué esperar de los personajes ni de lo que va a ocurrir.

Es como armar un rompecabezas…

Yo de niño jugaba a una cosa muy curiosa, que era coger una revista y una foto o un artículo, lo cortaba en trocitos y luego me divertía montando de nuevo esas piezas y construyendo un pequeño rompecabezas. Luego le quitaba una parte y se lo daba a mis padres, y cuando se daban cuenta de que le faltaba una pieza quedaba ese factor sorpresa. Escribir suspenso es lo mismo, es levantar piezas y esconder otras. Y ese juego hace que tengas muchas ganas de seguir leyendo. Eso es lo que más me gusta a mí de una novela, que desde el primer capítulo se enganche y cueste dejar de leer.

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¿Cómo así que prepara las novelas en un Excel?

(Risas) Sí. De hecho, en este momento tengo al frente el Excel de la siguiente novela. Estoy puliendo dos giros concretos. Soy un poco maniático de eso porque yo creo que es muy importante no solo que ocurran cosas, sino que ocurran cosas en los momentos oportunos. No puedes introducir en una novela de 60 capítulos 60 giros porque acabas muy asfixiado, pero en cambio sí puedes alternar un capítulo en el que ocurra algo menos importante con el siguiente en el que haya un giro que sorprenda. Es un tiro y afloja para obsesionar.

A mí es que me cuestan los Excel...

(Risas) Yo es que he crecido con ellos porque antes de dedicarme al 100 por ciento a la escritura yo trabajaba de consultor financiero y estaba todo el día con el Excel abierto. Lo que pasa es que ahora lo utilizo como tabla con huecos en los que rellenar, es muy intuitiva.

Curioso que una técnica financiera la use para escribir libros de suspenso...

Sí, yo creo que eso hace que a mucha gente le guste el estilo de mis libros y se sorprendan con las tramas y cómo son de meticulosas, cómo se intercambian las historias en ciertos momentos... Y eso lo permite la planificación. Sobre todo en novela negra, o eres un auténtico genio y puedes improvisar todo, o cometes errores sin darte cuenta porque al final son muchas pistas, muchísimos detalles, muchísimos personajes con los que pasa una cosa u otra. Para mí es muy difícil improvisarlo, yo necesito el marco para intentar conseguir el mayor efecto posible para que cuando coloques la última pieza del 'puzzle' digas: ‘Wao’...

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¿Cómo fue ese paso del mundo financiero al mundo de la literatura?

Siempre he escrito relato corto desde que era adolescente. Leía novelas de Agatha Christie obsesivamente y uno de mis mayores 'hobbies' era escribir relatos cortos de suspenso: de un asesino, de alguien que miente, de un grupo de alcohólicos anónimos en el que nadie dice la verdad... ese tipo de relatos en los que uno se va dando cuenta de que esconden algo, yo disfrutaba mucho de ese 'hobby' y lo mantuve durante toda mi vida a pesar de que me dediqué a lo que la gente te dice que tiene más salida, que es la economía...

O sea, ¿quería dedicarse a escribir desde antes?

Recuerdo esa conversación con mis padres a los 17 años, que ellos me decían que no iba a estudiar nada que tuviera que ver con escritura porque eso no tenía salida... Y yo dije: bueno, se me dan bien las matemáticas, voy a estudiar Economía. Entonces decidí irme por ese camino. Pero mantuve ese 'hobby', que era lo que me llenaba durante toda mi vida y llegó un punto, a los 26 años, que tuve una idea para uno de esos relatos que fue el inicio de la novela de 'El día que se perdió la cordura', que es esta historia que arranca con un hombre caminando desnudo con la cabeza decapitada de una mujer por la calle... y a raíz de esa trama dije: venga, voy a escribir mi primera novela.

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La escribió en un tren…

Sí, vivía a 50 minutos en tren de mi trabajo. Iba todos los días y volvía, y era 1 hora y 40 todos los días de estar sentado en el tren y me llevé el computador y durante un año y pico estuve escribiendo. Cuando terminé la novela sucedió lo inexplicable. Recuerdo que el primer día que se publicó salió la segunda edición, a los tres días la tercera, a la semana cuatro ediciones, y a los tres meses llevaba cinco ediciones y a los cinco meses llevaba diez ediciones y más de 100.000 libros vendidos, que en España es algo que no suele pasar y mucho menos a un autor desconocido.

¿Ahí fue cuando renunció?

Cuando ya llevaba esas cifras vendidas y estaba encima rechazando entrevistas porque todo el mundo se preguntaba que quién era yo. Recuerdo que hice una firma de libros en el centro de Madrid. Además fue muy curioso, porque hay un día en Madrid que se hace una firma en la calle y salen muchas librerías y sale mucha gente a firmar. Recuerdo ir a la firma en agosto y había mil personas para que les firmara el libro, siendo yo un completo desconocido y que todo el mundo se preguntaba ‘quién es ese autor con tanta gente delante’. A raíz de tener que ir cancelando muchos eventos porque estaba trabajando, decidí dejar mi trabajo y dedicarme 100 por ciento a escribir, que era lo que siempre me había apasionado y que era mi sueño desde niño. Y ahora tengo la suerte de que he podido continuar con eso con las siguientes novelas y a la gente le está gustando muchísimo lo que he hecho...

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Y es que ya son cuatro novelas en cuánto, ¿tres años?

Sí, cuatro novelas y en este momento estoy delante de la quinta (risas). La primera fue en febrero de 2017, coincidió con el nacimiento de mi hija y todo sucedió tan rápido que ha sido un cambio radical de vida, es de no creérmelo. Literalmente hay días en los que me despierto y digo: ‘Estoy viviendo un sueño o esto le está sucediendo a otra persona, porque esto no es normal’. Y poco a poco voy asimilando todo lo que está sucediendo, pero todavía cuesta mucho comprender que cuando voy a una firma de libros hay 500 personas para que les firme el libro. Eso me sorprende mucho y me siento muy agradecido y sorprendido.

Javier, ¿extraña algo de su vida en las finanzas?

Nada, y no porque no me gustara sino porque lo de ahora lo disfruto mucho y además tengo la suerte de que ahora trabajo desde casa y puedo compartir con mis dos hijos pequeños. Eso compensa todo. Yo antes trabajaba 14 o 15 horas al día y ahora, aunque trabajo muchas horas, al menos estoy cerca para verlos y jugar con ellos en los descansos.

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¿Le da miedo perder la inspiración?

Por el momento no tengo miedo de que se me agoten las ideas porque tengo la suerte de ser muy creativo y como venía escribiendo relatos cortos... pues tengo una lista de historias pendientes que me gustaría escribir y es bastante larga. Lo que me da miedo es perder la ilusión. O que pase algo dramático en mi entorno cercano. Cuando uno tiene hijos, familia, el resto pasa a un segundo plano y lo único que quiero es que todos estén bien. Yo solo quiero estar tranquilo y estable para seguir trabajando.

¿Extraña escribir en un tren?

(Risas) No, para nada. Admito que antes me gustaba muchísimo ese momento de paz, pero había días en los que estaba muy motivado para escribir porque a lo mejor estaba en un capítulo súper interesante y que iba a pasar algo... Y recuerdo que llegaba una familia de turistas con muchísimas maletas y no lo dejaban a uno mover... Y no podía escribir. Yo soy de esas personas que ceden siempre el asiento, pero justo el día que quieres escribir más entra una abuelita y se pone de pie al lado tuyo, entonces le decía: ‘Señora, siéntese aquí’. La suerte ahora es que escribo en mi casa y no tengo el debate de si escribir o ser buena persona (risas).

¿Cómo va la quinta novela?

No lo puedo decir porque me matan en la editorial (risas). Pero muy bien, muy ilusionado con la siguiente historia. La verdad es que es muy llamativa y trata temas que no han tratado ninguna de las anteriores y yo creo que va a gustar mucho. Será un suspenso, pero no puedo decir ni título, ni fecha de publicación ni nada por el estilo. Me guardo el comodín (risas).

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

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