Baudilio Cuama es la marimba de la calle Piedras Cantan

Baudilio Cuama es la marimba de la calle Piedras Cantan

El Petronio Álvarez rinde este sábado homenaje al maestro de la marimba de chonta.

Baudilio Guama, músico tradicional del Pacífico.

Baudilio Guama, músico tradicional del Pacífico.

Foto:

Cortesía Petronio Álvarez

Por: Olga Lucía Martínez Ante
17 de agosto 2018 , 08:07 p.m.

José Eloy Cuama Tenegai, de la comunidad saija, de Nariño, le dijo a su hijo Baudilio, cuando este tenía 7 años, que si quería ser un gran intérprete de la marimba de chonta, debía pasar una prueba.

Baudilio, que desde que tuvo uso de razón amó ese instrumento, le dijo que sí y lo oyó con atención. En resumen, debía dormir fuera de la casa y debajo de la marimba de chonta. Pero antes del sueño, tenía que tocar las canciones que más le gustaban y luego dejar los palos encima del instrumento.

“A eso de las 12 de la noche o una de la mañana, viene el duende y hay que ser fuerte, porque él es chiquito pero pesado. Es juguetón. Él se sube en usted y va a tocar lo que usted tocó, y lo va a inspirar para siempre”, agregó José Eloy.

“Yo viví eso como una pesadilla. Lo cierto es que yo sí sentí que llegó alguien, tocó en la marimba, dejó los palos y se fue. Ocurrió antes del canto del gallo, que cuando canta espanta al duende”, dice el maestro.

Así es la magia en el Pacífico de Baudilio Cuama, el músico al que este sábado le rinde homenaje el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que se realiza en Cali.

Baudilio Cuama Rentería nació el 8 de diciembre de 1947 en la vereda El Tigre de Buenaventura. Es hijo de Bernardina Rentería y su padre, Eloy Cuama, era un indígena que aprendió a tocar la marimba de chonta con ganas de hacer parte de los arrullos y las fiestas de su familia política afro.

“La marimba ya estaba en mi casa cuando yo nací. Claro que mi papá la colgaba como a dos metros del piso, porque si subía el río Raposo, que pasaba al lado, se la podía llevar. Yo la bajaba con la ayuda de dos amigos. Eso sí, tenía que estar pendiente de que fuera subiendo la marea, porque eso significaba que mi padre, pescador, ya regresaba, y no podía darse cuenta”, dice el maestro.

Está en Buenaventura, en su casa ubicada en la calle Piedras Cantan del barrio Viento Libre, en el puerto, a donde llegó a vivir hace varias décadas y de donde no se va, pese a que allí le mataron a dos de sus hijos, Alexander y Jiminson, ganadores del Petronio.

“Mis hijos eran músicos, como yo, y estaban enseñándoles a los policías a tocar instrumentos para que ellos, de ese modo, pudieran ayudar más en los sectores violentos, porque la música es salud y paz. Pero los muchachos equivocados pensaron que estaban delatando y me los mataron”, cuenta.

Pese a este dolor, el maestro no se fue del barrio. Allí vive, hace marimbas y otros instrumentos del Pacífico que vende, y enseña lutería y música. “Yo no sé cuántos muchachos he formado, pero creo que han sido unos 150, por ahí, tanto aquí en el barrio como en otros sectores”. Además, cuenta con orgullo que es pensionado. No de la música, pero sí de trabajar en distintas entidades sin nunca dejar la música de lado.

Tocaba y aprendía mientras estudiaba en la Institución Mattías Mulumba, de El Tigre, donde se capacitó en siembra de banano, coco y piña. También, mientras hizo talleres y fue supervisor de empresa comunitaria, “donde se trabajaba con los clanes en las granjas”, dice. Y también mientras fue inspector de policía en su vereda. No dejó de hacerlo cuando llegó a Buenaventura, donde tuvo trabajos en el área cultural y fue maestro en la Escuela Taller del puerto.

Mientras tanto, hizo familia y tuvo nueve hijos, tres de ellos, además de los fallecidos, muy buenos músicos. Dice que Alí es uno de los más aventajados, pues de niño hacía sus propias marimbitas y quería tocar.

“Mi pasión por ser mejor era tal que viajaba 12 horas tirando canalete (en canoa sin motor) solo para ensayar y aprender, entre El Tigre y Buenaventura. Tenía que coger la práctica”, comenta.

“Cuando me nombraron monitor de música en la Casa de la Cultura de Buenaventura, no solo transmití lo mío, sino que me puse a arreglar las marimbas y a enseñarles a los muchachos a que, como yo, le sacaran el jugo”, dice.

Sigue en esas. Para él es mejor que niños y jóvenes vayan a ver “tocar la marimba en vez de coger un arma. Yo digo que en vez de tirar una granada, que hagan sonar la marimba, el bombo, el guasá, que aprendan a construirlos”.

Siguiendo la tradición están, además de Alí, Jéfferson y Eloy, que este año compiten en el Petronio Álvarez con su grupo.

El maestro Baudilio no reza la chonta a la hora de construir las marimbas, pero sí tiene el sentido de conservación. “Cuando se corta hay que tenerla en una parte adecuada para que seque, son unos seis meses. Se corta en menguante siempre. Con la guadua es igual. Yo tengo a unos muchachos en Anchicayá a los que les pago para que me hagan ese trabajo, como debe ser”.

Con el duende no volvió a tener contacto. “Yo creo que él me ayudó en ese comienzo y fue su forma de decirme ‘defendete ahora vos’, porque ni más”, cuenta.

En la calle Piedras Cantan, barrio Viento Libre, está la casa de este gran ser del folclor. “La música es salud, mija. Y es paz y es vida”, dice el maestro de la marimba de chonta.

Yuri Buenaventura es palma de chontaduro

Currulaos, aguapajos, chirimías... 23 músicos en tarima. Es decir, toda su orquesta de salsa, más las cantadoras de Canalón de Timbiquí, más Esteban Kopete, nieto de Petronio Álvarez, y parte de su Quinteto Pacífico. Y él, claro, Yuri Buenaventura.

Con todo lo anterior, el músico originario de Buenaventura cerrará la jornada de este sábado en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, en Cali.

Será después de oír a los concursantes de la noche, los finalistas en las modalidades de violín caucano, marimba y cantos tradicionales, chirimía y libre, y del homenaje al maestro Gualajo, fallecido en mayo pasado, y al maestro Baudilio Cuama.

Buenaventura logra de esta manera un nuevo camino en su carrera: después de poner la salsa en escenarios franceses y de otros países de Europa y África, y de ser uno de los invitados especiales a la Feria de Cali, ahora está en el evento más importante de la música del Pacífico colombiano. “Sí, ahora le pongo marimba a la caleñidad y caleñidad a la marimba”.

Y agrega: “Como salsero he respetado mucho el folclor de mi Pacífico, porque su gente es la que le ha estado poniendo el pecho al conflicto. Es una población con muy pocas cosas, con una gran ausencia del Estado y yo no he tenido mucho tiempo para estar con ellos”.

Pero ahora hay otras dinámicas. “Entonces, desmonté la estructura de la salsa y le puse sonido del Pacífico, la reconstruí desde la rítmica de mi región”, dice.

Y recita: “Yo soy un palo bien duro, / yo me apellido Aramburo. / Soy palma de chontaduro, cultura y un ritmo puro. / Yo soy jaiba y pusandao, / de la piangüa soy melao. / Yo soy el arroz con coco / y el pepe’pan sudao.

Ese fue el resumen de su ensayo el jueves pasado, dos días antes de estar al frente de un público que ‘aplaude’ con pañuelos blancos y recibe con amor a los de su casa.
Yuri Buenaventura agrega que es la primera vez que se acerca al Petronio, y desde que fue invitado, no ha dejado de trabajar por poner lo mejor de su música al servicio de este festival.

¿Dónde y cuándo?

Este sábado, homenaje desde las 6:30 p. m. en la Unidad Deportiva Alberto Galindo. Calles 2.ª y 3.ª, entre carreras 52 y 55, Cali. Invitado internacional, Yuri Buenaventura. Entrada libre.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura y Entretenimiento

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