Historia de bolsillo de nuestra música de diciembre

Historia de bolsillo de nuestra música de diciembre

Evolución de industria discográfica hasta llegar al repertorio que resurge cada año en esta época.

Billos Caracas Boys

Los Melódicos, de Renato Capriles (Venezuela).

Foto:

Archivo Particular

Por: Humbero Vélez Coronado*
13 de diciembre 2019 , 08:54 p.m.

Con el surgimiento de la radio y los discos fonográficos a principios del siglo XX, la celebración de nuestras navidades cambió drásticamente, al hacer posible su amenización sin necesidad de contratar un conjunto musical o de tener músicos en la familia.

De los muchos éxitos que estos inventos comenzaron a imponer en el gusto popular, la gente escogió incluso algunos que ni siquiera hacían mención del natalicio de Jesús, abriendo un boquete en la tradición de los villancicos tradicionales del estilo de Tutaina tuturumaina, A Belén pastores y Nanita nana, entre tantos otros.

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Desde entonces la música popular decembrina, con sus más destacados intérpretes, viajó a través de las décadas y sigue presente en estas fechas. Son el repertorio obligado sin el cual puede decirse que no hay Nochebuena ni llegada del Año Nuevo.

Los primeros éxitos

Antes de la Segunda Guerra Mundial se destacaron en Colombia e Hispanoamérica El botecito, tema estadounidense en la voz del mexicano Tito Guízar, que difundió la disquera CBS para toda la América Latina; el porro Linda mujer del tumaqueño Nano Rodrigo y su orquesta, agrupación del nivel de las de Xavier Cugat y Eric Madriguera, aunque nunca tocó en Colombia, y El ventarrón, de autoría del colombiano Alfonso Haya, grabado en Chile por la orquesta de Porfirio Díaz, que pasó a la historia como el primer aire tropical llevado al acetato en el Cono Sur, según lo relata Hernán Restrepo Duque en su libro Lo que cuentan las canciones, de 1971.

La lista se amplió enormemente al empezar Toño Fuentes, en 1943, a prensar sus propios discos en su natal Cartagena. El 12 de marzo de ese año inauguró su estudio de grabación y prensaje en la calle de la universidad. Fue memorable porque se grabó el primer disco de 78 r. p. m. fabricado totalmente en Colombia con Guillermo Buitrago, el jilguero de la Sierra Nevada, como artista invitado.

Así lo recordaba el clarinetista Juancho Esquivel Camargo, director de Los Trovadores de Barú, en entrevista concedida al investigador Manuel Antonio Rodríguez, el 20 de enero del 2005.

Esquivel fue el arreglista de Las mujeres no me quieren y El compae Heliodoro, ambas de la inspiración de Buitrago, y de muchas otras, entre ellas las celebradas La víspera de año nuevo, de Tobías Enrique Pumarejo; El año viejo, de Crescencio Salcedo, y Arbolito de navidad, de José Barros, que fue integrante de Los Trovadores.

Desde Argentina, Alemania y México

De Argentina nos llegó, en 1946, El yo-yo, interpretado por Matilde Díaz y el cartagenero Bob Toledo (ya famoso en Argentina), que Lucho Bermúdez grabó con la RCA Víctor, junto con 60 producciones más, cuando viajó por primera vez al país austral a cumplir un contrato de seis meses con una orquesta integrada por músicos gauchos, a quienes les enseñó a tocar el porro y la cumbia, como lo cuenta José Portaccio Fontalvo en su obra Carmen Tierra Mía (1997).

Lo mismo aconteció en 1947 con los temas Toño Miranda en el valle y Yo bailo vallenato, en las voces del dúo Fortich y Valencia, que viajaron a Buenos Aires requeridos por la citada casa disquera que, enfrascada en una competencia feroz con su rival, la Odeón argentina, buscó vincular el mayor número de intérpretes colombianos.

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Para ese mismo año, de Alemania llegaron El barrilito, primer puesto en el hit parade de Estados Unidos, y Cervecinas calientes, unas polkas ejecutadas por Will Glahe y su orquesta, que rápidamente engrosaron la lista de títulos navideños al lado de porros y cumbias. México, en 1950, nos envió Amarga Navidad, un clásico de José Alfredo Jiménez, en la voz de Miguel Aceves Mejía.

En el interior del país y especialmente en Bogotá, en 1955, pegó muy fuerte Navidad, canción de autoría de Leopoldo González, que se conoció entre nosotros como Campanitas que vais repicando, en la voz de Julio Jaramillo.

A Luis Carlos Meyer, en 1945, y a Carmencita Pernett, en 1952, les correspondió emigrar a Ciudad de México en busca de mejores horizontes. Contaron con la buena suerte de ser acogidos por la orquesta de Rafael de Paz, con cuyo invaluable concurso se catapultaron internacionalmente, como los monarcas de la cumbia y el porro.

De allá vinieron, por esos años, sus interpretaciones, que quedaron para siempre en la memoria popular de la música que reviven cada fin de año, como parte de la discoteca decembrina: Micaela, La puerca, La historia y La vallenata, entre otras. Del aporte de la cartagenera Matilde Díaz se mantienen incólumes, junto con muchos otros temas suyos, Ay cosita linda, Sebastián rómpete el cuero, del también cartagenero Daniel Lemaitre, Qué rico amor y Ven,ven,ven (... que ya la fiesta va a empezar).

El ganancioso Tony Camargo

El único que supo capitalizar esta ola creciente de aires tropicales poco conocidos en la tierra de los hijos de Moctezuma fue un mexicano, el hoy nonagenario Tony Camargo.

Siendo escogido por la decisión inapelable del público, para reinar sin rivales a la vista, grabó un espectacular 'long play' en 1953, que se quedó indeleble en el tiempo, al reciclar con una nueva y pegajosa versión el antiguo número de Crescencio Salcedo: El año viejo, que desde entonces empezó a llamarse en México Yo no olvido el año viejo, “Esa canción se grabó en 1953 y hasta hoy funciona, por decirlo de alguna manera; en muchos hogares se sigue despidiendo el año con ella”, relató Camargo el 12 de febrero del 2014, en Barranquillla, cuando fue invitado al Carnaval de las Artes y pisó, por primera vez, la tierra de Crescencio.

De los hornos de la disquera Sonolux salieron los números Algo se me va, de 1958, de la cantante argentina afincada en Medellín Lita Nelson, en 1961 la juvenil de Amparito Jiménez impuso Pepe, de Daniel Lemaitre, y por último, en 1962, Cristóbal Pérez nos puso a bailar con La negra Celina.

Llegan la Sonora y la Billo’s

En ese periodo las casas disqueras en ascenso y las grandes orquestas tomaron conciencia de la tremenda importancia que ofrecían las festividades navideñas y de fin de año. Así, comenzaron a pedirles a sus creativos la producción de temas alusivos a dichas conmemoraciones.

En 1958 y 1960, la Sonora Matancera grabó una veintena de títulos decembrinos en las voces de Celia Cruz, Carlos Argentino y Celio González, con gran éxito por toda Latinoamérica: Rumba en Navidad, En la nochebuena, Recuerdos de la Navidad y Cuando llegue la Navidad, entre otros temas.

Para ampliar aquella ofensiva desde Cuba, la orquesta venezolana Billo’s Caracas Boys lanzó al mercado, en 1965, un LP con el título: Fin de año, con sus vocalistas estrellas Cheo García, Memo Morales, y El Puma, del que sobresalieron Año nuevo, Cantemos con alegría y Canción de Navidad. Por allí pasaron Alfredo Sadel y Felipe Pirela, los más grandes intérpretes venezolanos. Les compitieron Los Melódicos, de Renato Capriles, que tuvieron en su primera línea a figuras enormes como Doris Salas, Víctor Piñeros, Argenis Carruyo y Perucho Navarro.

No podemos olvidar que en la costa Caribe sonaron duro, y se quedaron, Quiero amanecer, de 1960, y Las 4 fiestas, de 1965, en las voces de las ya fallecidas Sarita Lascarro y Nury Borrás. Y por último, en 1966, Como se acaban las velas, conocida con el nombre de Los amores de Petrona, en la voz del cartagenero Luis Gómez, que sigue prendiendo el baile como desde el primer día.

El vallenato y la salsa

Tan solo a partir de la década de los setenta el vallenato empezó a imponerse de manera generalizada en todo el país, fenómeno que introdujo nuevos clásicos navideños como Diciembre alegre, de los Hermanos López (de 1971). Bendito diciembre, de Los Betos (de 1984), y por último 25 de diciembre, en la voz de Diomedes Díaz, de 1986.

Para esos mismos setenta irrumpió con estrépito con un boom tan profundo como extenso el género salsero, el producto de la fusión entre los ritmos afroantillanos y las tendencias musicales latinas, asentadas en Norteamérica, a lo que se añadieron sonidos del jazz y del muy popular, toda vía en aquella década, rocanrol. Desde entonces su impacto no ha cesado.

Temas tempranos como El asalto navideño, del Gran Combo de Puerto Rico, fueron grabados ya en 1963. Luego vinieron, en 1971, Aire de Navidad, en la voz del inmortal Héctor Lavoe, y Bella es la navidad, de 1974, de Richie Ray y Bobby Cruz, entre otros.

En 1976 nos llegaron dos regalos inesperados de Venezuela, que a la sazón estaba en pleno crecimiento en su producción musical bailable: El burrito sabanero, del arpista Hugo Blanco con el grupo La Rondallita, y de la imborrable Tania, con su La parranda de Navidad.

La influencia del conjunto

Hemos querido dejar para este último apartado la huella indeleble en la música navideña de Gustavo el ‘Loko’ Quintero, con los Teen Agers y luego Los Graduados, y Rodolfo Aycardi, con Los Hispanos, sin cuya presencia, ella estaría incompleta.

Surgidos desde los comienzos de los años 60, en los bailes de clubes en la capital de la montaña se los recuerda de manera casi religiosa para esta temporada, con Besito de año nuevo y Feliz nochebuena, respectivamente, ambas de 1968, y muchas otras composiciones que se salían del tema navideño, pero son de obligado recuerdo en estas épocas.

Tanto Los Graduados como Los Hispanos generaron un sonido novedoso y una fuerte tendencia en la música bailable, que la industria supo acoger y desarrollar, dando lugar a agrupaciones como Los Ocho de Colombia, evolución de los antiguos Teen Agers, Los Golden Boys, Los Claves, del bajista y cantante Jaime Ley y tantos otros que la historia sabrá recuperar.

En el mismo sitial, pero más relacionado con el sentimiento navideño, debemos poner a un intérprete de Venezuela que nos legó un tema imperecedero, que abre y cierra las noches de estas festividades. Hablamos del superéxito de 1963 Cinco pa’ las doce, del compositor Oswaldo Oropeza, interpretado por la voz señorial de Néstor Zavarce, que en la costa Atlántica es conocido pero en el arreglo de Aníbal ‘Sensación’ Velázquez.

HUMBERTO VÉLEZ CORONADO
*Investigador cultural sucreño
Para EL TIEMPO

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