Hablan Nicolás y los Fumadores, que inauguran el Festival Centro 2020

Hablan Nicolás y los Fumadores, que inauguran el Festival Centro 2020

La banda tocará el 23 de enero. En esta conversación exponen su manifiesto estético.

Nicolás y los Fumadores

La banda explora el concepto de la identidad bogotana en su estética y su música. De izquierda a derecha aparecen Luis Felipe 'Satán' Torres, Santiago García, Juan Carlos Sánchez y Nicolás Correa.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: Mateo Arias Ortiz*
24 de enero 2020 , 07:56 a.m.

“Como pez en el hielo” es una frase que describe a la perfección la naturaleza de la música de Nicolás y los Fumadores. Es una deformación del refrán que dice que quien se siente cómodo está “como pez en el agua” y la extrajeron de un cuento del argentino Ricardo Piglia.

Están cómodos, tanto como un pez que no se puede mover. Es paradójico, como sus letras en las que, en palabras del baterista, “por un lado, tenemos unas grandes obsesiones de tener una visión oscura de lo que pasa y, por otro, una especie de corrección natural de eso que es simplemente reírnos”.

Esa frase es el nombre de su primer álbum y es un verso de una de sus canciones más recordadas por sus seguidores: Corintios.

Nicolás y los Fumadores comenzaron en 2016, pero son amigos desde que estaban en el colegio: el Santo Tomás de Aquino, al norte de la ciudad de Bogotá. Siempre les interesó la música y por eso intentaron conformar otra banda antes que se llamaba Santiago García y los Pantalones Elegantes, un título que, al igual que el de la banda actual, incluía uno de los nombres de los integrantes. En este caso, el vocalista. Sin embargo, esta iniciativa fracasó.

Cuando parecía no haber futuro para la música de este grupo de amigos, Nicolás, el guitarrista y compositor, abandonó su carrera de Cine en la Universidad Nacional de Colombia y salvó al grupo. Sacaron su primer álbum y, en un año, pasaron de tocar en pequeños bares a abrirle a Zoe, la mítica banda mexicana, en el Movistar Arena, a tocar en el Festival Estéreo Picnic y a hacer una gira por diez ciudades. Este 2020 lanzarán su segundo álbum.

Su música (y su vida) está marcada por el humor y por dale valor a la cotidianidad. Su gran referente es Mac DeMarco, un artista indie de Canadá que mezcla guitarras eléctricas y letras en las que habla de su vida diaria. Las melodías se derivan del subgénero “surf rock”, que tiene un tono playero y eléctrico. Así suenan Los Fumadores. Sus letras y, en general, su estética, se construye con la ironía de apropiarse de lo bueno y lo malo de ser bogotanos, concepto que encaja bien en el contexto en el que se presenta esta entrevista: un festival cultural que refuerza la identidad capitalina.

Este jueves 23 de enero se presentarán a las 6 P.M. en el “Muelle” de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, en la Carrera 3 # 10 – 27. Esto en marco del Festival Centro, que se celebra hace diez años y que busca, en palabras de sus organizadores, “resignificar el espacio bogotano por medio de la colectividad, convocando un público diverso que se reúne alrededor de artistas emergentes con propuestas musicales que se encuentran sólidamente consolidadas, aunque poco conocidas".

En el festival también se presentarán artistas como Apache, el reconocido rapero venezolano; Los Patita de Perro, que hacen rock para niños desde México; Camila Moreno, de Chile, quien junto a su colectivo musicalizó 'Un violador en tu camino'; Mateo Kingman, de Ecuador; y los Wembler’s, del Amazonas peruano.

Esta banda está compuesta por cuatro integrantes: Santiago ‘El Profe’ García, vocalista; Juan Carlos Sánchez, baterista; Nicolás Correa, guitarrista y compositor y Luis Felipe ‘Satán’ Torres, el bajista, que es su integrante más joven y más reciente.

El día de la entrevista, Juan Carlos Sánchez se había comprado un Baloto por primera vez en su vida, así que la primera pregunta tuvo que ver con ese episodio.

¿Qué haría cada uno si se ganara el Baloto?

Juan Carlos: Yo me compraría un Transmilenio para mí solo. Me voy a comprar un B16 para mí solo que diga “Portal Sancho” y que nadie más se pueda subir y pase todo el día así yo no lo necesite.

Santiago G.: Yo me compraría un parqueadero. Viviría de mi parqueadero. Mi sueño es tener un parqueadero.

‘Satán’: Yo me compraría algo muy aburrido. Como un apartamento o algo así.

Nicolás: Yo el Baloto lo invertiría en más Balotos. Si gasto todos esos millones en Balotos, estoy seguro de que al menos dos más caen.

¿Qué hicieron durante 2019?

S: Empezamos a trabajar en el siguiente disco.

SG: Y la gira nacional. Fueron como 10 ciudades.

¿En todas les fue bien?

N.: En Florencia fue denso, en Pasto fue denso, en Armenia fue denso.

S.G.: Pasto fue la peor fecha. Íbamos a tocar en un festival al aire libre, en un parque y Sayco no dejó que tocáramos ahí. Entonces terminamos tocando en un bar repaila, en el barrio más paila de Pasto, con un montón de gente borracha, tarde. A la salida casi no conseguimos transporte. Además, teníamos toda la gira encima. Menos mal el organizador del festival nos pagó hotel con un cuarto para cada uno. Estábamos mamados de dormir incómodos.

S.: Yo en Manizales dormí solo media hora, por ejempo. Fue repaila.

Florencia (Caquetá) es una ciudad pequeña, lejos de la capital. Uno creería que su música todavía no ha llegado allá, ¿cómo les fue?

S.G.: Florencia fue severo paseo. Fue increíble ir allá a conocer. Nos quedamos donde los tíos de Juan Carlos y nos llevaron al río, por ejemplo. Eso fue chévere, pero tocamos en un bar de rock de esos así bien roqueros, de metaleros y todo. Claro: le valíamos chimba a todo el mundo. Estaban esperando que tocáramos Guns n’ Roses o algo así. Nosotros acabábamos de tocar en el Estéreo Picnic y nos creíamos la verga. Pero allá nadie nos conocía.

J.C.: Pero había por lo menos unas cinco personas que se sabían las canciones.

S.G.: Sí, eran su prima y las amigas.

(risas)

N.: Pero pasó algo hermoso. Después del concierto nos quedamos ahí en el bar, deprimidos. O bueno, no deprimidos, pero sí borrachos. Iba un man para el baño y nosotros nos hicimos en una mesa muy cerca al baño. Y el man se quedó mirándome resto y yo también lo miré. Entonces se me acercó y me dijo: “oiga, ¿ustedes no son Los Fumadores?” Y le dije: “Sí, sí. De hecho, acabamos de tocar”. Y él: “Uf, parce, mi amiga los ama”. El man se fue a donde la amiga y luego vinieron todos. Y la vieja así casi con lágrimas en los ojos. Parece que ella había tenido un día terrible y fue al bar a tomarse una pola y nos encontró. Luego alguien se consiguió unas guitarras acústicas y terminamos haciéndole una serenata privada.

Nicolás y los Fumadores

Los Fumadores ensayan todas las semanas en la casa de uno de sus integrantes.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

¿Y en Popayán?

S.: Popayán fue mi fecha favorita.

N.: En Popayán fue un éxito. Alquilaron un restaurante cualquiera y llegó la policía y no dejó. Era un corrientazo de barrio y nos sacaron de ahí. Y nos consiguieron un chuzo por ahí cerquita en el que dejaban hacer el toque. Había mucha gente y tocó hacer la logística de mover a todo el mundo y salir a correr cargando los amplificadores, la batería, todo.

J.C.: Todo fue loco y dramático. El mánager de otra banda que se presentaba con nosotros iba bajando las escaleras cargando un equipo y se fue de mula. Se dio en una pierna durísimo. Todo era absurdo. Pero al final tocamos encima de un andén y a todo el mundo le encantó. Una mesera nos pidió fotos y todo.

N.: La gira se llamaba “Esto solo puede salir mal” −que es un verso de Bailando triste, una de sus canciones− y efectivamente todo salió mal. Aunque pudo haber sido peor.

Además de la gira, una de las cosas más importantes que le ha pasado a la banda el año pasado fue el cambio de bajista, ¿cómo vivieron ese proceso?

N.: 'Pipex', el anterior bajista, es un muy buen dibujante. Él le dedica mucho tiempo a eso. Entonces cuando todo se empezó a formalizar con la banda, empezó a haber este tipo de espacios en los que ya no se trataba solamente de tocar por tocar. Hay que hacer entrevistas, hay que reunirnos. Es más serio el asunto. Él no se sintió cómodo con todo esto porque supongo que eso le quitaba tiempo para su arte.

S.G.: Él me decía: “Yo quiero tocar. A mí no me interesa el resto”. Él quería esto como un hobbie porque él tiene su trabajo y le quiere dedicar su vida a eso. Entonces entre todos llegamos a un acuerdo. Mientras Pipex se fue Canadá unos meses a ver qué hacía con su vida, Satán adelantó mucho con nosotros y nos demostró que era un elemento muy positivo en la banda. Así que cuando regresó nos aclaró que ya no quería seguir y eso fue lo mejor para todos. Hace dos semanas hicimos un momento simbólico en un toque en Bogaloop en el que Pipex tocó la última canción con nosotros y luego se abrazó con Satán y él siguió tocando el resto del repertorio. Fue como si le pasara la responsabilidad.

Juanes no hizo esos comerciales de Pepsi porque le pareciera una chimba Pepsi, sino porque estaba endeudado con la disquera

¿Han pensado en firmar con una disquera?

N.: Ahora, que saquemos el segundo disco, es probable que nos lo ofrezcan. Yo no lo haría. O bueno, es apresurado decirlo, pero creo que no lo haría. Muchas veces las disqueras asignan a un productor y eso implicaría transformar la música de una forma muy comercial.

J.C.: Si no tuviera esa condición, para mí estaría bien.

S.G.: Muchas bandas han muerto así. Habría que ser muy cuidadoso de no venderle el alma al diablo. Que es lo que le ha pasado a mucha gente.

Pero es innegable que esa sería una buena forma de llegar a más personas, así no sea por la plata.

S.G.: Pero es que la fama es lo paila. A mí me gustaría tener plata, pero no fama. Ahora, que hemos experimentado tan solo un poquito de eso que es ser famoso, podemos decir que no es tan chévere. La gente se hace famosa y luego tiene que hacer comerciales de Pepsi. Juanes no hizo esos comerciales de Pepsi porque le pareciera una chimba Pepsi, sino porque estaba endeudado con la disquera.

J.C.: A mí me encantaría que la plata llegara mucho antes que la fama. Que cada persona que me reconoce en la calle o en el TranMilenio representara 100 lucas.

(risas)

¿Pero entonces no quisieran aumentar su público, llevar el proyecto más lejos y poder vivir de eso?

N.: Se puede lograr con disqueras menos monstruosas que Sony, Warner y Universal. Hay una disquera que se llama Captured Tracks, que fue la que cogió a Mac DeMarco, que me llama mucho la atención. Pero si se pudiera llegar a un reconocimiento de forma independiente, me gustaría más.

S.G.: A mí lo único que me preocupa es que esto no llegue a un punto en el que yo quiera matarme. Pero mientras esté tranquilo y pueda hacer la música que quiero hacer, para mí está bien.

J.C.: Eso es lo importante: hacer la música que uno quiere hacer. Siento que cuando uno empieza a pensar desesperadamente en vivir de esto, en ser famoso, en hacerse un lugar en la historia, uno empieza a producir en favor de eso. Y todo de convertiría en algo que no debe ser. Nos olvidaríamos de eso que pasó con el primer disco: que éramos cuatro manes diciendo lo que querían decir, sin pensar en nada más. El público siente eso: uno sabe cuándo una banda le está hablando basura solo por gustar y por entrar fácil y cuándo no.

¿Y qué es lo que quieren decir?

S.G.: Pues de hecho ahora mismo tenemos un problema a la hora de hacer las letras. Porque querámoslo o no, hay gente que está esperando algo muy específico de nosotros, ¿se los damos o no se los damos? Uno se tiene que sentar a pensar ¿Qué es lo que yo quiero decir? ¿Qué es lo que realmente siento?

J.C.: Uno mismo se empieza a limitar: “No puedo volver a hacer lo mismo, tengo que hablar de otra cosa”, pero si uno tiene esa cosa está bien seguir hablando de eso. Creo que la lucha es seguir siendo lo más auténticos posibles así eso signifique lo que sea. Si eso significa decir exactamente lo mismo que dijimos en el primer álbum, si es lo que tenemos y lo que sentimos, ojalá tengamos la valentía de decir: “Nos vale chimba que sea lo mismo” y hacerlo. Y si lo que hacemos no tiene nada que ver con lo de antes, también estaría bien poder hacerlo sin miedo a que lo que la gente espere de nosotros.

S.: Igual, de lo poco que hemos escrito, debo decir que no siento que esté mal en ese sentido.

Yo aprendí a pronunciar el español oyendo a Cerati.

Sus letras se caracterizan por tener elementos de humor, a veces un poco derrotista. Se siente como algo que es por molestar, pero a la vez es muy en serio, ¿van a seguir por ahí?

J.C.: El humor es algo demasiado importante en nosotros, incluso como amigos. Es algo que está con nosotros todo el tiempo. En medio de todo, lo auténtico de ese álbum (Como pez en el hielo) es precisamente eso. Por un lado, tenemos unas grandes obsesiones de tener una visión oscura de lo que pasa y, por otro, una especie de corrección natural de eso que es simplemente reírnos. Entonces es muy jodido que no haya humor en nuestra música porque así somos, así funcionamos.

¿De dónde sacaron a Mac DeMarco?

N.: A mí me lo mostró una exnovia. Luego, estábamos en un paseo y yo le dije a Juan Carlos: “Parce, ¿quiere oír algo muy bacano? Este es un man que le escribió una canción a su cigarro favorito”. Me dijo que se la pusiera de una, la oímos junticos, con unos solos audífonos para los dos.

J.C.: Es que desde la época de Los Pantalones Elegantes nosotros jodíamos mucho con los cigarrillos. Era un chiste interno. Estábamos obsesionados con eso y de la nada Nicolás me muestra a un man que le hace una canción a un cigarro. Yo antes de oírla pensé: “Esto me va a gustar. Porque sí. No me importa cómo suene”.

S.G.: Lo que más nos inspiró de Mac DeMarco, más que la música, fue esa autenticidad, esa forma de decir las cosas. Que uno lo oiga y diga “sí, yo hablo así”. Ya llevábamos tres años tocando y fueron tres años en los que no habíamos podido escribir ni una sola letra porque no sabíamos cómo putas decir las cosas. Y de repente vimos a este man y vimos, por otro lado, a Edson Velandia.

A propósito de Velandia, en español, ¿a qué sienten que se parecen o a qué les gustaría parecerse?

S.G.: La gente que no conoce a Mac DeMarco nos dice que sonamos parecido a Soda Stéreo. Y pues yo aprendí a pronunciar el español oyendo a Cerati.

J.C.: También nos gustan Le Luthiers y Los Elefantes.


*:Mateo Arias Ortiz
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
Redacción Cultura
En Twitter: @mateoariasortiz

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