‘Un país centralizado no se forma en la diferencia’

‘Un país centralizado no se forma en la diferencia’

Gestora de ‘Mujeres afro narran su territorio’, de Mincultura, rescata el valor de la palabra oral.

Liseth Johana Gómez Moreno

Liseth Johana Gómez Moreno es gestora cultural, escritora empírica.

Foto:

Catalina Gelvez/Ministerio de Cultura

Por: Liseth Johana Gómez Moreno
13 de mayo 2020 , 04:20 p.m.

El acto de clausura de ‘Mujeres afro narran su territorio’, iniciativa del Ministerio de Cultura, fue el 6 de diciembre del 2019, en el auditorio del Banco de la República en Buenaventura. Mi madre murió dos días después. Cuando terminó el evento, me desplacé al hospital y le narré a ella todo lo sucedido: le hablé de las maestras, de la ministra de Cultura, de las entidades presentes, de las personalidades y de las compañeras. Hasta di quejas como una niñita mimada, como una forma de despedida. Recuerdo que me dijo: “Tienes mucho por escribir; hay que contar las cosas que uno ha vivido para romper lo malo y engrandecer lo bueno”.

Chimamanda Ngozi Adichie, la escritora nigeriana que visitó Colombia en el marco del Hay Festival en Cartagena de Indias, fue la madrina de este programa y su presencia no podría ser más adecuada. Ella encarna la necesidad de contar las historias de todos, de las mujeres, de los pequeños relatos, y deja implícita una pregunta: ¿Cómo sería el desarrollo de los territorios afro, palenqueros, raizales, indígenas y rurales si la educación fuera una prioridad?

En la conferencia ‘El peligro de la historia única’, Adichie afirma que esa historia “genera estereotipos que no son del todo falsos, pero son incompletos. La consecuencia de la historia única es que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana y enfatiza las diferencias en lugar de nuestras similitudes”.

La construcción de nación se sustenta en el reconocimiento de la diversidad y las diferentes voces. Las historias son una necesidad humana: escucharlas, leerlas, verlas y saber cómo terminan. ¿A quién no le gusta un final feliz? 

La construcción de nación se sustenta en el reconocimiento de la diversidad y las diferentes voces. Las historias son una necesidad humana.

La ministra de Cultura, Carmen Inés Vásquez Camacho, es la madrina de este proceso que se realizó en Buenaventura y con su apoyo viví una oportunidad que se constituyó en experiencia formativa, humana y sanadora. Una vivencia que rompió las fronteras de los imaginarios edificados durante la historia del litoral Pacífico y otros lugares donde los negros, las negras, los indígenas y todas las personas tenemos un techo sobre nuestras cabezas donde las estrellas son negras. Por ende, en procesos como este, la emancipación y la resistencia vienen de la memoria del alma, que se materializa en la palabra narrada.

Y el apoyo de las escritoras Pilar Quintana, Margarita Valencia y Aurora Vergara Figueroa, directora del Centro de Estudios Afrodiaspóricos (Ceaf), fue un sendero entre las tecnologías y el lenguaje audiovisual, la creación literaria, el emprendimiento cultural, la edición comunitaria y las pedagogías afrocomunitarias.

Liseth Johana Gómez Moreno

Liseth Johana Gómez Moreno

Foto:

Catalina Gelvez/Ministerio de Cultura

Narrar en la diversidad

Mientras aprendíamos a narrar el territorio, durante tres meses, sesión tras sesión, las 35 mujeres que participamos de este proceso “nos desnudamos” y nos quitamos la máscara. Todas tenemos algo en común: somos líderes en diferentes ámbitos: cultura, educación, población LBGTI, mujeres rurales de los ríos San Cipriano, Naya, Bajo Calima y Anchicayá, del movimiento Paro Cívico y poseedoras de saberes ancestrales, así como madres, esposas, abuelas.

Esto último cuenta mucho, pero de otra manera: ¿cómo podría Maira dar teta mientras escribe o Eliana traer a sus sobrinas y Aleida a sus nietos, porque no tienen con quién estar o estudiar, y aprender a la par con su hija adolescente, y yo, pedirles a mis hijas que tomen apuntes?

Las mujeres narramos la vida diaria en el río, en la costa, en las ciudades donde se recoge agua antes de ir a trabajar. Cómo surgieron los barrios, cómo se ve el puerto, el mar y el atardecer desde la azotea de una casa palafítica. Cómo se arregla el pescado, cómo se siente el látigo con amor. La intimidad de la cama, el hecho de salir de un matrimonio triste.

La muerte de nuestra madre, cómo es ser rescatada de la Tunda, cómo se siente comer el arroz sueltico y el tapao de pescado, cómo un trago de botella curada te devuelve la vida, cómo los santos sonríen y lloran durante el alabao. Cómo alivia el agua de pipa, cómo se siente el agua del río mientras se lava la ropa. Cómo el pueblo no se rinde y narramos el dolor de la guerra; de la huida, de los desplazamientos, del abuso, el oprobio de la guerra. Todo ello y más… ese es el territorio.

En las pequeñas historias existen puntos de encuentro en los cuales es posible identificar la diversidad, aprender de ella. Ampliar la visión de nación e identificarse como persona con la otredad. ‘Mujeres afro narran su territorio’ es una acción que hacía falta para fomentar el acceso a la lectura, al libro, a las escritoras y a otras formas de narrar.

En las pequeñas historias existen puntos de encuentro en los cuales es posible identificar la diversidad, aprender de ella. Ampliar la visión de nación e identificarse como persona con la otredad

Un país centralizado no puede formarse en la diferencia y, por ende, se pierde la posibilidad de aprender y acceder a otras maneras de conocimiento. Sin el consumo de otros productos, como la espiritualidad, las creencias, los mitos y los valores, se obtiene una noción fragmentada de nación. La promoción de la lectura y la alfabetización son aún una tarea de Estado para disminuir las barreras de acceso, y así avanzar.

Se hace necesario superar esas diferencias que aumentan la pobreza multidimensional de los territorios ubicados en la periferia y la respuesta es una educación para el desarrollo, que se da fuera de la escuela y permite la innovación, la gestión de las emociones, los emprendimientos y nuevos niveles de asociación.

Este programa es bienvenido para los grupos poblacionales y etarios. Ofrece posibilidades en los diversos lenguajes artísticos, porque la dimensión del conflicto armado aún es desconocida, aún quedan más historias que cuentan cómo se rompió el tejido social, las concepciones espirituales, y cómo se re-crearon en esos tiempos.

Comprender que somos una nación pluriétnica y multicultural, que debe aprenderse, vivirse y disfrutarse, es un derecho de todos. Como persona que previene la discriminación, esta es una oportunidad para que el alma nacional crezca. 

Vida dedicada al amor por los libros

Liseth Johana Gómez Moreno es gestora cultural, escritora empírica, estudia licenciatura en Ciencias Sociales y vive en Buenaventura. Promotora de lectura del programa ‘Cajas Viajeras’ desde el 2009, recorrió la zona rural del puerto con la Biblioteca del Banco de la República. Participó en la construcción del ‘Plan especial de salvaguarda de partería tradicional’ con el equipo de trabajo de Asoparupa. Además, es mediadora de paz del programa ‘La paz se toma la palabra’, de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

LISETH JOHANA GÓMEZ MORENO

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