El jazz le cambió el rostro a Mompox

El jazz le cambió el rostro a Mompox

La séptima versión del festival de Jazz mostró una ciudad que avanza a pasos agigantados.

Mompox Jazz Festival

Jazz and Jam es una de las agrupaciones que participó del Festival de jazz de Mompox.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

19 de septiembre 2018 , 10:44 a.m.

Si Santa Cruz de Mompox fuera alguien, sería un hombre viejo, sabio y de carisma derrochón. De aquellos que saben dar un consejo en el momento adecuado. De barbas blancas y piel morena. Fumaría tabaco a la orilla del Magdalena, tendría siempre en su oído el susurro de un porro y sería nostálgico con los suspiros de un acordeón. Pero se pondría curioso al escuchar la tos de un saxofón. Se dejaría seducir con el sonido de una batería y un piano. Mompox no es una persona, pero tiene corazón, y es de filigrana.

Este municipio del departamento de Bolívar es una máquina del tiempo. Por su armoniosa conservación arquitectónica su centro histórico es monumento nacional desde 1959 y Patrimonio de la Humanidad para la Unesco desde 1995. Además, en el 2017 fue bautizado como Distrito, pero no conforme con todo esto, desde el 2011 es el atril de un festival de jazz que con cada versión se consolida como uno de los más importantes del país.

Santa Cruz de Mompox

El distrito, conocido como ´La Tierra de Dios’, celebra cada año el festival del jazz que reúne a un ‘río de gente’ de todo el país y el mundo.

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Milena Bernal

Tiene tres calles principales: la Albarrada, que bordea las aguas del río Magdalena y que el viernes 7 se septiembre se vistió de blanco para recibir las pinceladas de arte que uno de sus hijos más célebres, el diseñador Hernán Zajar, confeccionó en el desfile “Tejiendo Hilos de Tradición, Una Mirada al Río”. La otra vía principal de Mompox es la calle real del medio, por la que el jueves 6 de septiembre navegó un río de gente (más de 780 artistas, entre ellos silleteros de Antioquia) que despertó la admiración de aquel hombre de canas que no es más que el reflejo de los cerca de 45.000 habitantes: Gente acogedora, cálida y dicharachera.

Por último, está la calle de atrás, que no por su nombre es menos importante. Caminarla permite conversar con tranquilidad con los momposinos de a pie, quienes entienden que el festival de jazz, que acaba de presentarle al país su séptima versión, les ha transformado la vida. “Sí ha cambiado al pueblo, la gente empezó a arreglar las casitas, pintarlas, meterles platica para que se vean bonitas. Esto siempre deja, uno de vendedor ambulante algo le queda”, entona Jairo, mientras sirve un jugo de naranja, de los que vende a $ 1.500.

El porro y el jazz nacen de la misma esencia, nacen de un río, nacen de la base de un círculo armónico sobre el cual se improvisa, se meten notas plus

Y no es solo su voz la que canta sobre una ciudad diferente desde que la Gobernación de Bolívar, a través del Instituto de Cultura y Turismo, Incultur, decidió hacer de Mompox una partitura sobre la que se ponen notas de un género que se podría pensar que no tiene nada que ver con esta región: el Jazz. Sin embargo, Adriana Lucía, una de las artistas invitadas, y quien cerró el festival el sábado 8 de septiembre, aclaró que sí.

“El porro y el jazz nacen de la misma esencia, nacen de un río, nacen de la base de un círculo armónico sobre el cual se improvisa, se meten notas plus”, explicó la dueña de Porro bonito y Quiero que te quedes. Con ella estuvieron la mítica Totó La Momposina, Jacobo Fonseca y la banda Retro Jazz y la cantante ibérica María Concepción Balboa Buika. Durante este festival, que tuvo como tarima principal la plaza Santa Bárbara, también se escucharon las voces de Antonhy Coleman, Monsier Periné, Andrés Cepeda, El Gran Combo de Puerto Rico, y las muestras del grupo Jazz and Jam de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac) que por primera vez estuvo en este festival.

Otra Mompox

Pero no es solo música. Este año hubo complicidad con el Hay Festival de Cartagena, que brindó algunos conversatorios; muestras artesanales de diferentes regiones del país e incluso se develó ‘Filigrana en sí bemol’, una escultura de la artista Elmar: un saxofón que desde ahora está incrustado en el corazón de la Plaza San Francisco y de todos los momposinos. Pero, no es solo arte. Los siete años que cumplió el Festival le ha dado un nuevo aire a este municipio.

Festival de jazz de Mompox 2018

La escultura ‘Filigrana en sí bemol’ del artista Elsa María Losada está ubicada en la plaza San Francisco en el centro de Mompox.

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Oscar Fernando Murillo Mojica

“En esta versión tuvimos 1.700 artistas en escena, más de ocho actividades pluriculturales, y tenemos un parte de satisfacción porque la capacidad hotelera de Mompox estuvo al 100 por ciento, y 50 por ciento en los municipios circunvecinos. Este pueblo se sigue consolidando como destino turístico por excelencia de Bolívar”, dijo Lucy Espinosa, gerente general de Incultur, quien da las primeras pinceladas de lo que es hoy Mompox.

Su alcaldesa, Nubia Quevedo Ángel, explicó que antes del Festival, era Semana Santa la temporada que más turistas atraía, pero que ahora las dos festividades comparten privilegios. “En estos momentos Mompox se ha posicionado como destino turístico sostenible, el año pasado obtuvimos una certificación por el Icontec.

Contamos hoy con un turismo de alto nivel que ha reactivado la economía, ha permitido que los gobiernos nos ayuden en obras de infraestructura como el alcantarillado, que se está ejecutando, una serie de pavimentaciones, el hospital que la Gobernación está aportando y que es de segundo nivel regional, no solo los momposinos se beneficiarán, sino también los ciudadanos de municipios aledaños”, contó la alcaldesa.

En estos momentos Mompox se ha posicionado como destino turístico sostenible

El despertar económico también lo sienten sus habitantes. Una mujer, que fabrica el tradicional queso de capa, vende el triple de porciones de su mercancía. Otra, artesana, experta en filigrana (especialidad legendaria de Mompox) cuenta con emoción que sus joyas, hechas con maravillosa precisión, se le agotaron. La Albarrada, donde hizo su exposición Zajar, hace algunos años era un paso, según algunas personas, de miedo. Sucio. Hoy es un pasillo patrimonial que invita a tomar fotografías.

Santa Cruz de Mompox

La famosa Albarrada, llamada así por la construcción de barreras para contener las crecientes está paralela al brazo de río Magdalena y fue el punto donde se hacían las embarcaciones comerciales.

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Milena Bernal

Con esta séptima versión del festival de jazz también aterrizó el primer vuelo comercial en el recién arreglado aeropuerto de San Bernardo, ubicado a las afueras de la ciudad y se espera que a partir de diciembre próximo los viajes sean permanentes. “Queremos preservar este espacio para los bolivarenses y colombianos. Que llegue una oferta cultural gratuita y que siga siendo modelo por excelencia de turismo cultural. Los momposinos hablan de un festival que les cambió la vida y los gestores culturales hablan de un festival que abrió las puertas para que ellos puedan estar”, habló con expectativa Lucy Espinosa.

Con todo esto, parece que Mompox, aquel viejo de porros y vallenatos, se afeitó su barba. Se puso su mejor pinta y hoy, frente a su caudaloso Magdalena, le abre los brazos a Colombia y al mundo para dejarse descubrir en medio de una cálida conversación en Semana Santa, en su festival de jazz o en cualquier otro momento del año.


Oscar Fernando Murillo Mojica.
Cultura.

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