‘Nos salvarán las ciencias, no las armas’: Savater

‘Nos salvarán las ciencias, no las armas’: Savater

El filósofo español Fernando Savater reflexiona sobre cómo enfrentar la pandemia como sociedad.

Fernando Savater

Fernando Savater (San Sebastián, España, 1947) es profesor de filosofía y escritor de ensayos y novelas.

Foto:

Milton Díaz. Archivo EL TIEMPO

Por: Redacción Domingo
16 de mayo 2020 , 09:50 p.m.

Cuando era joven estudié en un colegio de curas —aunque no se me note demasiado—, y nos llevaban ejercicios espirituales. Íbamos a un lugar durante cuatro o cinco días y nos daban charlas y meditaciones. La idea era que eso nos ayudara a cambiar de vida. Esta situación se parece un poco.

Estamos oyendo a muchos predicadores laicos que quieren salvarnos y nos quieren hacer mejores. Yo no pienso cambiar de vida. De hecho, añoro la que tenía. Creo que deberíamos aprender a disfrutarla como era. Mi único propósito es ese: disfrutar más y quejarme menos.

Si hay que hacer una enmienda, podría ser en el orden de las prioridades que teníamos. Dábamos mucha importancia a cosas que se la merecen menos de lo que parece, a pesar de que en el mundo son muy reputadas: el dinero, el prestigio. Esas cosas dependen únicamente de la mirada de los otros: como vemos que los demás les dan importancia, nosotros nos empeñamos en dársela.

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Nos une la vulnerabilidad

En cambio, hay cosas sencillas, elementales, como la ternura de una caricia, una palabra amable, un chiste contado a tiempo, la conversación. Todas esas cosas ahora las vamos a valorar más. Y, por supuesto, los paseos. Sean al campo, al borde del mar o con amigos en la ciudad.

Vamos a aprender hasta qué punto es importante nuestra semejanza con los otros, sobre todo en la vulnerabilidad. Somos propensos a sufrir. Somos frágiles. Somos mecanismos ingeniosos, inteligentes, con grandes posibilidades, pero frágiles. Nos estropeamos con facilidad. Y, como sabemos, tarde o temprano nos estropeamos del todo.

La solidaridad es una forma de egoísmo inteligente. Ser solidario con los demás es lo mejor para nosotros mismos

Esa vulnerabilidad nos tiene que dar simpatía, proximidad con los otros. La sociedad es el mejor instrumento que tenemos para luchar contra nuestra vulnerabilidad. Juntos nos defendemos mejor. Fíjense que somos sociables hasta el punto de que nuestras enfermedades lo son: las epidemias son enfermedades sociales y por eso para cortarlas hay que aislarnos, hay que separarnos.

Por eso es importante la solidaridad. Hay que intentar aliviar la vulnerabilidad de los demás en espera de que ellos alivien la nuestra. La solidaridad es una forma de egoísmo inteligente. Ser solidario con los demás es lo mejor para nosotros mismos. Eso es más seguro y cómodo que vivir en un escenario en el que cada cual esté pendiente solo de sí mismo.

Primero, el conocimiento

La solidaridad permite que una muchedumbre se convierta en una auténtica sociedad. Las muchedumbres son peligrosas. Van en bandada, cada cual ve por sí mismo. Se dejan asustar y por eso atropellan y patean.

No podemos vivir sin solidaridad de la misma forma que no podemos vivir sin conocimiento. Los políticos dicen que esta es una guerra y debemos aplicar métodos de guerra. Ellos siempre están pensando en eso para ver si se engrandecen y se convierten en grandes generales o campeones. Esto no es una guerra. Es un peligro que no tiene nada de bélico. Los desastres naturales no pertenecen a ese campo.

Los peligros naturales no se combaten con armas, sino con ciencia. La vida se hace humana cuando aplicamos la ciencia

Las guerras dependen de la maldad de unos enemigos. Aquí no hay adversarios. Nos enfrentamos a algo que no tiene ningún tipo de aprecio o de desprecio por nosotros. Simplemente sigue un proceso de la naturaleza, que es un mecanismo admirable en muchas cosas, pero a la vez implacable. No tiene piedad: destruye y tortura a los seres como ninguna otra cosa. Si tenemos que esperar algo de piedad, es de nuestros semejantes, no de la naturaleza.

Los peligros naturales no se combaten con armas, sino con ciencia. La vida se hace humana cuando aplicamos la ciencia. Me refiero no solo a las ciencias físicas y la tecnología, sino al conocimiento en general. La literatura y el arte son una forma de ciencia.

Tenemos que vivir a propósito, no simplemente de forma automática, rutinaria, instintiva, como un mecanismo natural que funciona sin más, como los demás animales. Debemos hacerlo deliberadamente, eligiendo nuestras opciones. Y esa vida tiene que basarse en el conocimiento.

Por supuesto, también en sentimientos y en movimientos del corazón, que aportan intensidad y encanto. Pero lo que realmente orienta la preservación de la vida humana, cuando está amenazada por una epidemia, por ejemplo, es el saber. De modo que no debemos escuchar a los militares, sino a los científicos, que son los que realmente conocen.

Sobre el confinamiento

Hoy estamos obligados a vivir en el interior, y eso no siempre es malo. Podemos vivirlo a nuestro favor. Hay que sacar provecho.

Tenemos libros que nunca hemos tenido tiempo para revisar, porque estamos tan ocupados cobrando dinero que se nos olvida leer. Tenemos tiempo para ver esas viejas películas que nos gustaron en su momento. Tenemos esas series de televisión actuales que hay gente a la que tanto le gustan.

También hay que rescatar la conversación. Si tenemos la suerte de tener a personas con nosotros en nuestro encierro, podemos conversar con ellas. Muchas veces convivimos con personas a las que apenas saludamos. En nuestras charlas podemos reflexionar sobre lo que es vivir, sobre lo que significa estar juntos, sobre nuestros miedos y alegrías.

Cuando uno ha perdido a alguien amado, alguien con quien ha vivido momentos de intimidad, nada se echa tanto de menos como las conversaciones. Aquellos momentos en los que se descubrían pequeños secretos del otro o se hacían bromas. Y es que el humor es la gran complicidad entre los seres humanos.

Podemos desarrollar el arte de vivir y no pasarnos el tiempo lamentando lo que no podemos hacer.

La virtud del agradecimiento

Sobre todo hay que desarrollar la virtud de la gratitud hacia las personas que son como nosotros y nos ayudan: los médicos, los sanitarios. También hay que dar las gracias a las personas que nos cuidan de otras formas, como los que amasan el pan, los que están en una tienda vendiendo las cosas imprescindibles, los que fabrican todo aquello sin lo cual viviríamos mucho peor o no podríamos vivir. Podemos ser encerrados, pero agradecidos.

El propósito tiene que ser quejarse menos y disfrutar más. Sobre todo en compañía de los demás. Deseo implementar esa conclusión en mi vida y también se las deseo a todos ustedes.

Por otra parte, cuidémonos y sigamos las instrucciones científicas que nos dan para evitar los males mayores de la pandemia, que pronto pasará. Dentro de poco nos veremos delante del mar.

REDACCIÓN DOMINGO** Adaptación, editada, de la charla que dio Fernando Savater para el Hay Festival y BBC Mundo.

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