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Capítulo 1: Como en los tiempos de la peste
Fernando Quiroz

Fernando Quiroz, escritor colombiano.

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Claudia Rubio/EL TIEMPO

Capítulo 1: Como en los tiempos de la peste

Novela 'Ni tu ni aquella gente', de Fernando Quiroz.

No es la primera vez que al despertar debo tomarme un tiempo para reconocer si vengo de una pesadilla o si me muevo hacia una verdad que parece inspirada en las películas de terror, probablemente en un ejercicio de invertir el orden de las cosas: la realidad como fruto de la imaginación. Los hechos ciertos y probados como una consecuencia de la fantasía. La ficción como ama y señora de la existencia.

Aunque solo haya durado unos cuantos segundos, esta mañana estuve convencido de que todas las barbaridades que desfilaban de prisa y de manera desordenada por mi cabeza no eran más que los estertores de un sueño. Me senté en la cama, como si pretendiera alejar el aturdimiento y alcanzar la conciencia, y empecé a reírme tímida y silenciosamente de las entelequias que es capaz de crear el cerebro: aunque corría el año 2020, andábamos todos confinados en las casas. Todos: los sanos y los enfermos, los jóvenes y los ancianos, los creyentes y los descreídos, los juiciosos y los necios. Todos. Como en los tiempos de la peste. Todos. Y no solo en esta Bogotá que era difícil de imaginar vacía de puertas para afuera –vacía en las calles, en los teatros, en los parques, en los cafés– sino en la suma de las ciudades del mundo: vacía la Roma que siempre anda saturada de turistas, vacío el Madrid en el que adoro caminar por la calle de Manuela Malasaña al lado de centenares de paseantes, vacíos los cafés de Buenos Aires en los que la algarabía habla de una multitud que necesita contar sus historias. Vacíos los restaurantes de Nueva York, las plazas de Lisboa, los templos de Estambul, los burdeles de Manizales, los estrechos callejones de Sevilla, las parrillas de Montevideo y las librerías de viejo de Barcelona. Me puse de pie cuando aún se dibujaba una sonrisa en la palidez de mi cara, una sonrisa que se burlaba de las fantasías que somos capaces de producir mientras dormimos… una sonrisa que se fue perdiendo a medida que avanzaba hacia la ventana. Cuando corrí la cortina, allí estaba el silencio que imaginé como la banda sonora de un sueño que no fue.
*Cortesía de autor

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