Poesía para ampliar las conversaciones sobre la salud mental

Poesía para ampliar las conversaciones sobre la salud mental

Fermina Ponce publica ‘Poemas sin nombre’, libro en el cual recoge vivencias con trastorno bipolar.

Fermina Ponce

Fermina Ponce, en su libro de poesía, explora las enfermedades mentales.

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Cortesía Fermina Ponce

Por: Catalina Gallo Rojas
21 de mayo 2019 , 10:01 p.m.

Hace 12 años, el primer diagnóstico que recibió Fermina Ponce fue una depresión posparto después del nacimiento de su segundo hijo. Meses después, el diagnóstico fue depresión clínica y, años más tarde, depresión bipolar.

A partir de ese momento, comenzó para ella un aterrador sube y baja de estados de ánimo que duró cinco años por cuenta de las diferentes combinaciones de medicamentos que le recetaron siete psiquiatras y que no funcionaron.

El trastorno bipolar es una enfermedad mental producida por un desbalance químico en el cerebro y otros factores ambientales y sociales con el cual la persona vive estados de ánimo cambiantes fuertes que pueden ir desde la depresión profunda (que puede llevar al suicidio) hasta la hiperactividad, que lleva a la hipomanía, la manía y a actuar sin uso de razón.

Parte del tratamiento para llevar una vida organizada y productiva incluye el uso de medicamentos, pero a veces, dependiendo de la persona y del psiquiatra, el proceso para encontrar los indicadores y dosis justas puede ser largo y tortuoso.

Esto fue justamente lo que le pasó a Fermina. Durante cinco años pasó por depresiones en las que no se quería levantar de la cama durante tres o cuatro días, sin arreglarse y sin comer, y luego llegaban tres o cuatro días de extrema actividad en los cuales prácticamente no dormía. Y cada vez que subía más alto, caía más bajo y las depresiones e hipomanías eran más fuertes.

También tuvo momentos de tremenda ansiedad, como aquel en el que su esposo la encontró tirada en la cocina, sin poderse mover, sintiendo que no podía respirar, temblando y llena de miedo porque iba a morir.

Por cuenta de estos ensayos sin éxito con los remedios, Fermina estuvo hospitalizada dos veces, es decir, iba durante el día al hospital psiquiátrico y dormía en su casa, y entre una y otra, estuvo hospitalizada tiempo completo por 10 días.

Esos fueron los 10 días más difíciles de mi vida, porque es muy duro. Desde la forma como te visten y te desvisten, como si fueras un preso, hasta tener derecho a una o dos llamadas y una sola visita media hora al día y, obviamente, atender las terapias. Tienes que lidiar con otras personas con algo más severo que lo tuyo y tienes que ver cosas que te aterran, de pronto a alguien le da un ataque esquizofrénico, lo tienen que inyectar y llevar a otro piso”, cuenta la escritora colombiana, quien vive en Aurora, a 45 minutos de Chicago (Estados Unidos), con su esposo y sus dos hijos.

Fue en ese momento, mirando las paredes de este centro y un pequeño rayo de luz que se colaba entre ellas, cuando decidió que debía escribir su poemario. Para entonces ya había publicado otros dos libros de poemas en Colombia, Al desnudo, con el cual obtuvo reconocimientos en Los Ángeles, y Mar de (L)una, y un cuento breve en la colección Cuentos TRANS, de Magma editorial (España).

“Fueron tan dolorosos, tan duros esos 10 días, que yo miraba las paredes y la gente con esas miradas tan perdidas, y de repente pensaba en Lorca o en libros que había leído, alrededor del concepto de la muerte, las caídas, la agonía, aunque tenía también momentos felices y eso se ve también en el libro”, precisa Fermina.

Poemas sin nombre no tiene orden, porque, explica la autora, los estados de ánimo tampoco lo tienen. “Ellos aparecen y desaparecen cuando les da la gana”.

Poemas sin nombre no tiene orden, porque, explica la autora, los estados de ánimo tampoco lo tienen

La estabilidad

Finalmente, en diciembre del año pasado, después de una hospitalización parcial que duró desde el 10 hasta el 23 de ese mes, Fermina encontró a su octavo psiquiatra, que logró estabilizarla.

Cuando ya comenzó a sentirse mejor, Fermina pudo terminar su poemario cuya escritura había sido varias veces interrumpida por la enfermedad y lo lanzó en la reciente Feria del Libro de Bogotá. “Más importante que exorcizar y que la catarsis, es contar mi historia a través de mi lenguaje natural, que es la poesía, y a través de esos versos, del prólogo, generar conversaciones alrededor de las enfermedades mentales”, dice.

Asegura que en los países iberoamericanos el tabú, el estigma, el juicio y la vergüenza previenen a las personas de expresar libremente lo que están sintiendo “y eso desencadena situaciones más dolorosas, como que la persona se vuelva amargada, se vuela violenta, termine por suicidarse o abandone a su familia.

Fermina espera generar conversaciones en el interior de las familias para que las que han tenido parientes o familiares que se han suicidado hablen del tema; conversaciones en las que quienes tienen una enfermedad mental no se escondan y pidan ayuda, en las que las familias ayuden a sus enfermos, “porque uno necesita del apoyo así sea para mantenerse agarradito de un hilo”, explica.

También desea que estas conversaciones se den en los núcleos sociales, para que se rompa el miedo a ser señalado o juzgado. Es necesario hablar y pedir ayuda. “Si no contamos nuestra historia, las personas no tienen valentía para abrirse ellas también a contar la propia”.

Fermina ya ha generado esta valentía en otros. El día del lanzamiento de su libro, una persona se le acercó para decirle que había tenido dos intentos de suicidio y ella era la primera persona que lo sabía, y que gracias a escucharla iba a pedir ayuda.

Fermina también quiso esconder su enfermedad al principio, que no saliera de su casa, que se quedara entre ella, su esposo y sus hijos. Ahora que la ha hecho pública, se siente fuerte, porque dice: “La vulnerabilidad nos hace más fuertes”.

CATALINA GALLO ROJAS
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