La fiebre de estatuas vallenatas en Valledupar

La fiebre de estatuas vallenatas en Valledupar

Seis artistas las tienen, pero ahora nadie se quiere quedar sin la suya.

Estatua de Kaleth Morales en Valledupar

El cantante vallenato Miguel Morales posa junto a la estatua en honor a su hijo Kaleth, develada del pasado 21 de diciembre de 2019 en el Parque de la Provincia, en Valledupar.

Foto:

Instagram Miguel Morales

Por: Liliana Martínez Polo
27 de diciembre 2019 , 09:22 p.m.

Cuatro o cinco días antes de que develaran su estatua en el parque de la Provincia, en Valledupar, el experimentado cantante Iván Villazón supo que había sido inmortalizado con una figura que lleva sus rasgos, su expresión cuando levanta el micrófono en un escenario dispuesto a cantar. Lo llamaron de la gobernación del César, le dijeron que le habían hecho una estatua y que la ceremonia de inauguración sería el 21 de diciembre de este año.

“Ese día develamos la estatua de Kaleth Morales también –cuenta Villazón–. Estamos cerca de la silla de Diomedes, Martín Elías y Carlos Vives. En el mismo parque, o sea que quien lo visite puede ver perfectamente las cuatro estatuas. Será un atractivo para Valledupar. La gente va y se toma fotos con uno… bueno, con la estatua”.

Por su parte, la escultura de Kaleth Morales, fallecido a sus escasos 21 años, el 24 de agosto de 2005, a consecuencia de un accidente de tránsito, evoca la pose sentada que adoptó en una de sus fotos más populares. Su padre, el también cantante Miguel Morales, y el resto de su familia posaron con ella.

Estatua de Iván Villazón en Valledupar

Iván Villazón y su estatua en el Parque de la Provincia de Valledupar. La estatua se develó el 21 de diciembre de 2019, en Valledupar.

Foto:

Prensa Iván Villazón

Las estatuas de Villazón y la de Kaleth son las más recientes de algo que parece ser una fiebre en Valledupar y en realidad fue un proyecto del gobierno saliente. Quince días antes, en la glorieta El País Vallenato, se había descubierto una estatua del vocalista Peter Manjarrés, que más tardó en develarse –con el artista presente, en coincidencia con el lanzamiento de su más reciente álbum– que en perder un dedo a manos de vándalos con segueta, según reportó El Heraldo.

Se podría decir que el punto de partida de esta historia fue La Silla de Diomedes, obra de 400 kilos de peso (con todo y silla), hecha por los escultores Jhon Peñaloza y Misael Martínez. La dupla concibió la estatua antes de la muerte del ‘Cacique de la Junta’, en diciembre del 2013, pero vio la luz en el 2017, bajo la alcaldía de Augusto Ramírez Uhía, impulsora de estos monumentos.

La entidad financió la estatua, que costó 40 millones de pesos. En ese entonces, el sitio donde fue ubicada se conocía como la glorieta de los músicos o de los juglares, en un extremo del balneario Hurtado. Su presencia, junto con el monumento conocido como Los Tres Grandes, en forma de acordeón labrado con los retratos de Diomedes, Jorge Oñate y Poncho Zuleta, causó un revuelo inesperado.

La esquina que era un lugar de paso se convirtió en punto de encuentro. La silla cumplió con demasiado éxito la intención de los escultores de motivar a la gente a interactuar con Diomedes. No pasó mucho sin que se vieran en redes todo tipo de fotografías del público posando con este Cacique de la Junta hecho de resina epóxica.

Fue noticia cuando Rafael Santos, hijo del artista, pidió respeto por la estatua, en vista de que el público hacía toda clase de gestos, algunos obscenos, junto a la imagen. Sin contar los que se le montaban encima, querían rayarla o quitarle el diente en el que Díaz, en vida, lucía un diamante.

Estatuas de Diomedes Díaz y Martín Elías

Silla de Diomedes Díaz y Martín Elías al lado. En la Glorieta de los Músicos, en Valledupar.

Foto:

Festival de la Leyenda Vallenata

Diomedes no estuvo mucho tiempo solo. En el 2018, a pocos metros, instalaron en la glorieta la de Martín Elías, su hijo fallecido en el 2017. Buses llenos de turistas empezaron a hacer parada allí, para las fotos. En vísperas del Festival se hablaba de 2.000 visitantes diarios y en temporada del mismo era imposible hacerse la selfi sin atravesar el gentío para tan solo llegar a la fila.

En abril del 2019 se inauguró, en otro lugar, un busto gigante de Leandro Díaz, compositor de temas como Matilde Lina o La diosa coronada, fallecido en el 2013. La estatua fue obra de la misma dupla de escultores.

“Es un tema del alcalde Ramírez, porque atraen el turismo –explica la periodista local y directora de Mi Diario, Yanitza Fontalvo–. Solo la de Diomedes ha traído mucha gente. El resultado es la ubicación de estos puntos turísticos para que la gente tenga fotos de Valledupar. A cada cantante lo puso a apadrinar un parque de los que hizo y les puso las estatuas a algunos”.

Valledupar es una ciudad museo a cielo abierto. Con la exposición escultórica buscamos que la gente dialogue con nuestra cultura

Cabe recordar que Valledupar históricamente ha hecho monumentos a su música y su cultura. Antes ya estaban, entre otros, El Pedazo de Acordeón, homenaje a la puya más famosa de Alejo Durán, o La Pilonera Mayor, en la glorieta donde culmina el desfile de piloneras que abre el Festival Vallenato, en las puertas del Parque de la Leyenda.

“Valledupar es una ciudad museo a cielo abierto –dice el alcalde Ramírez Uhía–. Con la exposición escultórica buscamos que la gente dialogue con nuestra cultura, que conozca a profundidad quiénes son los intérpretes de nuestra música, que quien llegue tenga un sitio que visitar, pero que conozca la cultura”.

Estatua de Carlos Vives en Valledupar

Carlos Vives posa junto a la estatua hecha en su honor en el Parque de la Provincia, recientemente inaugurado en Valledupar.

Foto:

Festival de la Leyenda Vallenata

Por eso, dice Ramírez, se hizo realidad el parque de la Provincia, en donde también es de exposición reciente, desde octubre, un Carlos Vives en bicicleta, esculpido por el artista Adolfo Jácome Camacho, que costó 100 millones de pesos.

Dicen que a Vives se le saltaron las lágrimas cuando acudió a la presentación de su imagen. Lo acompañarón su madre, Aracely Restrepo de Vives, y su esposa, Claudia Elena Vásquez.

“Vimos cómo el reconocimiento de Valledupar como ciudad creativa de la Unesco, en el ámbito de la música, ha permitido que más turistas lleguen. Eso dinamiza la oferta hotelera, el transporte, el tema comercial artesanal y los parajes ecoturísticos. Todo obedece al ADN del territorio”.

Las nuevas estatuas que refrescaron la ‘capital mundial del vallenato’ sonaron en redes sociales. Más de uno ha preguntado si le harán una a Silvestre Dangond, por ejemplo. Lo que no se asegura es la continuidad del proyecto con el cambio de gobierno local.

Se sabe también que no todo ha sido fiesta. El Diario del Cesar registró en octubre pasado que Jorge Oñate –homenajeado central del próximo Festival de la Leyenda Vallenata– protestó al darse cuenta de que la estatua que le anunciaron era solo un busto y no su estampa de cuerpo entero, como las otras, y dijo que él mismo buscaría cómo financiar su propio monumento”.

“Oñate apadrinó el parque del barrio Don Alberto, de los más grandes y lindos –dice Yanitza Fontalvo–. Le hicieron solo un busto y al principio sí dijo eso. Pero en la inauguración lo vi, estaba feliz”.

También hubo críticas. En El Pilón, de Valledupar, Iván Castro López escribió la columna ‘¿Quién quiere una estatua?’, en la que además de resaltar “el aire fresco” que le dieron a la ciudad estas imágenes y la renovación de los parques y de exaltar la estatua de Leandro Díaz , considera otros lunares: el deterioro de otros monumentos de la ciudad.

Analistas como el folclorista Beto Murgas opinan lo siguiente: “Me hubiese gustado ver primero estatuas de los que se sacrificaron al comienzo: Chico Bolaño, Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez y otros con características juglarescas, para que el turista sepa que hemos tenido un proceso de muchas épocas. Por supuesto, ver los reyes vallenatos que escalaron a otros peldaños: dos veces rey (Julio Rojas), tres veces (Alfredo Gutiérrez) o los reyes de reyes que tienen historias que la gente viene a consumir a Valledupar”.

Por lo pronto, Villazón y las familias de los homenajeados no dejan de agradecer. “No todo el mundo tiene una estatua en vida –dice Villazón–. Las estatuas son tema difícil, lo sé por experiencia. Cuando le hicieron un busto a mi papá, Crispín Villazón de Armas, fueron 4 o 5 meses mandando fotos, corrigiendo gestos. La mía tiene un aire y la expresión. Esperaría en un futuro hablar con los escultores e intentar algún retoque. Pero es un tema de poca monta, porque lo importante es el homenaje, el detalle y agradecer la distinción”.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
EL TIEMPO@Lilangmartin

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