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‘Nicky Jam es normal, tiene sentimientos y a veces está jodido’
Nicy Jam en Miami

Uno de los sellos de Nicky Jam es la ropa negra. La foto es en Miami (Estados Unidos), en marzo del año pasado.

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EFE

‘Nicky Jam es normal, tiene sentimientos y a veces está jodido’

La estrella de la música urbana conversó con EL TIEMPO sobre su trayectoria y su nueva canción.

Nick Rivera ya no es un muchacho. Él mismo define su madurez, a pocos meses de cumplir 40 años, insistiendo en que cuando hablamos de Nicky Jam “estamos hablando de un hombre que ya pasó por todo: fue estúpido, probó todo, lo perdió todo y lo volvió a ganar”.

En su larga trayectoria, su identidad se ha partido en tres países: Estados Unidos, Puerto Rico y Colombia. En el primero nació. Papá boricua, mamá dominicana. Lawrence, Massachusetts, 1981. Niñez difícil. En el segundo se crió, se hizo adulto, se convirtió en cantante y tuvo éxito, por primera vez, al lado de la leyenda del reguetón Daddy Yankee.

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Luego, su vida (personal y artística) se desplomó y fue en Medellín, en 2010, en donde resurgió y comenzó a hacerse un nombre internacional.

Mucho se ha hablado de esa resurrección. Grabó, de hecho, una serie para Netflix en la que se cuenta su historia. Y es que sus méritos no son pocos: después de lograr vivir de la música una vez, se quebró y el consumo de drogas lo tenía apagado. A punta de esfuerzos, convirtió su nombre en uno de los más importantes del panorama de la música urbana actual.

Un Grammy Latino, cinco discos, dos participaciones en películas de Hollywood, una clausura de un mundial de fútbol (Rusia 2018), incontables portadas de revistas y miles de millones de reproducciones de sus temas son algunas de las cosas que ha logrado el cantante, y ha contribuido a hacer del reguetón un movimiento global.

Amigo personal de J Balvin y amante de la cultura colombiana, Nicky Jam usa palabras propias de nuestra jerga. Así lo hizo en esta conversación que tuvo con EL TIEMPO a propósito de su canción más reciente, Polvo, que canta con Myke Towers.

Usted ha visto las transformaciones de la industria musical. ¿Cómo definiría esos cambios?

Creo que las plataformas, en general, son algo bueno. Nos permiten tener más contacto con la gente. Es más fácil tener un engagement con el público a partir de la música. Al principio nos decían que esto supondría un problema y tenía que ver con la piratería que rondaba en internet. Empezó como una maldición para la industria, pero terminó siendo una bendición. Es una forma de volver a normalizar el mercado reconociendo los derechos de autor.

Ya se sabe la historia de su resurgimiento, pero han pasado diez años desde entonces. ¿Cómo ha evolucionado en este tiempo?

Wow… Muy buena pregunta, nunca me la habían hecho. Creo que mi clave es intentar dejar el ego en el piso, para no estancarme y mantenerme al día. No está mal consultar decisiones con gente más joven, por ejemplo. Así es que se avanza. Para lograr ser un artista como J Balvin o Bad Bunny hay que unirse en equipo.

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Creo que todos somos un equipo. Aunque también depende de la capacidad que se tenga de identificar qué tanto funciona ese grupo de personas con las que uno trabaja. ¿De qué serviría rodearse de gente que no evoluciona? Hace poco identifiqué que había elementos en mi equipo que no me permitían evolucionar y que me hacían alejarme de mi esencia, así que lo reconstruí y regresé ahora con Polvo.

¿Cómo logra seguir proyectando la imagen de artista joven?

Es increíble, pero la gente me ve como uno de esos artistas que pegó en los tiempos de ahora, pero en realidad soy de la vieja escuela. Yo creo que a mucha gente se le olvida el tiempo que yo llevo en la industria de la música. Pero, a la misma vez, yo no quiero que la gente me vea como un artista de la vieja guardia, porque me interesa mantener mi imagen de cantante moderno, activo en los movimientos de hoy.

¿Cuánto tiempo lleva en la industria?

Unos 25 años. Creo que lo he logrado porque he sabido reconocer mis fallas y por eso me he podido levantar de nuevo. Bueno, aunque no llevo 25 años pegado, ininterrumpidamente. Si eso fuera así, me podría retirar hoy. Ha habido caídas y levantadas.

El reguetón tiene mucho esta estética de mostrar carros y hablar de la plata y de los éxitos en las canciones. Usted se ha mantenido lejos de eso…

Sí, porque yo creo que eso no es lo que le gusta a la gente de Nicky Jam. Tengo la capacidad de hacer esas canciones bastante raperas y callejeras que hablan de eso. Puedo hacerlo: soy buen rapero, improviso bien, sé alardear en las letras. Pero creo que ese no es el Nicky que la gente quiere. Y también me mantengo lejos de eso porque evito meterme en problemas. Ese tipo de canciones siempre provocan a los otros cantantes a responder y a armarse en peleas.

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Creo que lo que el público aprecia es precisamente la transformación: yo era un muchacho que andaba metido en líos, pero que ya no está metido en eso. Esa capacidad de alejarse del bajo mundo y volverse una persona noble y tranquila es lo que produce cariño en la gente. Y es que ya estoy grande. He madurado mucho. En unos meses cumpliré 40 años. Estamos hablando de un hombre que ya pasó por todo: fue estúpido, probó todo, lo perdió todo y lo volvió a ganar.

¿A quién mira para seguir sus pasos?

A Daddy Yankee. Es otro de los arquitectos de la música urbana, como yo. Muchas veces, para resolver ciertas circunstancias, pienso: ‘¿Qué hubiera hecho Yankee en esta situación?’. Eso es lo que me ha ayudado a mantener los pies en la tierra y a no meterme en donde no debo.

Usted ha cambiado la idea de que el reguetón se canta fácil y no usa instrumentos, porque canta melódicamente y compone con guitarra. ¿Qué otros estereotipos ha roto?

No recuerdo tantas letras de reguetón que demostraran vulnerabilidad masculina: lo mal que estoy, lo mucho que fallé, el daño que le hice yo a cierta persona. Creo que era más común oír canciones que hablaran de lo contrario: tú me fallaste, ahora me voy a vivir mejor, etcétera. Creo que también impuse eso. Recuerda este verso: “Será que él te llevó a la luna / y yo no supe hacerlo así”. Yo no cumplí como hombre, no di la talla. Es un esfuerzo por bajarse del ego, por aceptar la debilidad del hombre en un mundo machista como era el de la música urbana. Ha sido un cambio para bien. Ahora hay personajes como Bad Bunny: el tipo es el más exitoso, es multimillonario y es genuino. Se viste con chanclas, dice lo que quiere. Eso es bacano. Hacen falta personajes como él.

Se trata de identificación…

Claro. Yo supongo que mucha gente ve a Bad Bunny y piensa: “Yo no sabía que había un cantante famoso que piensa como yo, que es igual que yo”. También creo que eso le pasa a algunos cuando ven a Nicky Jam. Seguramente pensarán: “Mira, Nicky Jam es un tipo normal, que tiene sentimientos, que a veces está jodido”. Eso es lo importante.

Supongo que también lo intentan hacer con las letras: echar un cuento, contar una historia.

Es fundamental que las personas sientan que las canciones también pueden hablar sobre ellas mismas. Esta canción nueva, Polvo, la escribió un muchacho que se llama Rio. Tiene un gran talento. Yo sentí que cuando escribió esta canción, él pensó en mí. Me pareció increíble.

(En video: Así es el paso a paso para crear un reguetón, según Feid).

Él ha trabajado la mayor parte de mi disco. Lo que más me gusta de sus composiciones es que me recuerdan a las que yo escribía antes, como El perdón o El amante. Son temas que hablan de un ser humano cotidiano, que recuerdan que nosotros, los cantantes, también somos personas normales. Lograr eso hace que un compositor sea bueno.

MATEO ARIAS ORTIZ
Redacción Domingo
EL TIEMPO
En Instagram y en Twitter: @mateoariasortiz

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