Ron Carter, la leyenda viva del jazz

Ron Carter, la leyenda viva del jazz

Habla el contrabajista que ha colaborado con leyendas como James Brown, Aretha Franklin y B.B. King.

Ron Carter

“El bajo lleva todo el peso de la melodía y da la libertad de hacer solos”, dice Carter sobre su rol.

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Juan Santacruz / Idartes

Por: David López B.
28 de septiembre 2019 , 11:11 p.m.

Cuando los dedos de Ron Carter tocaron las cuerdas del contrabajo, los más de veinte mil personas que estaban en el lugar quedaron en silencio. La tarima se había convertido en una escena de una película de los 60, y la perfecta coordinación de sonidos hizo que el público sintiera lo que se vivía cada noche en el mítico bar Half Note, de Nueva York. Fue el punto final de una fiesta de tres días.

Verlo es ser testigo de una clara declaración de amor al jazz. Cada vez que interpreta las melodías, abraza el instrumento. Es todo un ritual que delata una estrecha relación que ha desarrollado desde hace 60 años.

“No puedo describir ese vínculo. Solo espero que quien me escuche entienda cada oración, cada párrafo y cada parte de mi historia”, dijo Carter, en entrevista con EL TIEMPO, cuando, acompañado de Russel Malone en la guitarra y Donald Vega en el piano, deleitó a los asistentes en la más reciente edición de Jazz al Parque en Bogotá.

Una carrera prodigiosa

Carter incursionó en la música cuando tenía diez años. Nació en Ferndale, Michigan, en 1937. Comenzó tocando el violonchelo pero, por los conflictos racistas de la época se vio obligado a cambiarse al bajo. Se graduó en la Escuela de Música Eastman e hizo parte del Conservatorio de Manhattan. Se dio a conocer en la Orquesta Filarmónica de esa escuela y su debut musical fue con el álbum ‘Where?’, en 1961, grabado con Eric Dolphy.

Desde ese momento, empezó a recorrer un camino exitoso en el que colaboró con exponentes legendarios del jazz, como Cannonball Adderley, Thelonious Monk y Bobby Timmons. En abril de 1963 se convirtió en uno de los miembros del quinteto de Miles Davis, donde compartió con Herbie Hancock, Wayne Shorter y Tony Williams. “Era divertirse a diario –recuerda–. Cada noche me mostraba algo que antes no había aprendido”. Fue un laboratorio musical que lo llevó a participar en grabaciones como el álbum ‘E.S.P.’ (1965). Se dio cuenta, entonces, de que su rol como bajista era fundamental en los grupos. “El bajo lleva todo el peso de la melodía y da la libertad de hacer solos e improvisaciones”, explicó en una charla en la Escuela Cass Tech. Esto se convirtió en uno de los argumentos que lo llevaron a elegir los sonidos acústicos como la base de su carrera.

Era una revelación de la época. El primero de mayo de 1986, una publicación de ‘The New York Times’ decía: “Ron Carter es una figura omnipresente en la escena contemporánea del jazz de Nueva York y uno de los bajistas más solicitados de esta ciudad”. Y no había ninguna duda. Quien escuchaba los primeros compases de sus composiciones sabía que se trataba de sus sonidos. Además, fue reconocido con dos premios Grammy: uno en 1987, con la canción ‘Call sheet blues’, del álbum ‘The Other Side of Round Midnight’ (1986), y otro en 1994 por el álbum ‘A Tribute to Miles’ (1994).

Melodías únicas

Carter es duro con él mismo. Su autocrítica ha hecho que sus melodías sean únicas y sea apetecido por artistas de varios géneros musicales para que les ayude a producir o a colaborar con alguno de sus álbumes. En 2015 logró un récord Guinness al tener 2.221 grabaciones individuales.

“Mi concepto musical y el mundo de la música hicieron que fuera más fácil tocar para ellos. Ha sido llevar a otro nivel las composiciones con mi experiencia. Busco sorprender a las personas que escuchan estos discos. No los conozco a todos en absoluto. Me sorprende que, dado que varios no están en la comunidad del jazz, saben quién soy y confían en que puedo ayudarles con sus producciones”, dice.

Dentro de la lista de colaboraciones, hay artistas de la talla de James Brown, Carlos Santana, Aretha Franklin, B.B. King, Benny Goodman, Sir Roland Hanna, entre otros. “Solo busco la oportunidad de ser parte del proyecto de alguien que piense que, de todas las opciones que tuvieron para sacar adelante su proyecto, fui elegido en ese justo momento para ayudar a que tenga éxito”, agrega.

Cada puesta en escena trae una preparación exhaustiva. Lleva sus partituras en un maletín de mano y es el que indica cómo se va a tocar. No hay decisiones al azar. “Tengo un plan en mi cabeza antes de hacer el concierto. Escribo el programa para mis compañeros y confío en que sean lo suficientemente responsables para interpretarlo. Soy un líder y mi trabajo es hacer que la banda suene bien. Hago lo mejor que puedo”.

Todas sus creaciones fueron hechas con una intención y, dependiendo del contexto, interpreta las canciones. “Siempre hay una historia detrás de cada canción. Espero poder capturar el estado de ánimo de ese momento, ¿sabe? Busco la nota correcta, el acorde preciso, la velocidad indicada, para que la gente, cuando la escuche en cualquier momento, piense en cuál era la intención”.

Tengo un plan en mi cabeza antes de hacer el concierto. Escribo el programa para mis compañeros
y confío en que sean lo suficientemente responsables para interpretarlo

El maestro de vida

Carter es un hombre ocupado y casi que adicto al trabajo. Su agenda es apretada: cuando no está en conciertos, está dando entrevistas, estudiando partituras o respondiendo preguntas en Facebook. La responsabilidad es una de sus más grandes virtudes. Este año, en diálogo con el baterista neoyorquino Dom Famularo para The Sessions Panel, dijo dos frases que han hecho eco en varios conversatorios a los que ha sido invitado –entre ellos el de hace unos días en el Teatro R101 de Bogotá–: “A los jóvenes les falta entender el proceso de lo que es trabajar (…) No es solo preocuparse por buscar una pasión, sino por cómo se puede mantener y de qué forma hay que desarrollarla”.

Es un educador en todo el sentido de la palabra. Recibió dos doctorados ‘honoris causa’ del Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra y la Escuela de Música de Manhattan, y en 2002 recibió el prestigioso Premio Hutchinson de la Escuela Eastman de la Universidad de Rochester. Fue director artístico del Instituto Thelonious Monk de Estudios de Jazz y es profesor emérito distinguido del departamento de música del City College de Nueva York.

Se podría decir que los 82 años de vida del estadounidense son una obra maestra que ha marcado un hito en la historia musical del mundo. Es un profesional que se preocupa por las necesidades de su público, orienta a sus compañeros y vela por la buena música. Hace parte de una ecuación ideal en la que conjugan los sonidos que han sido testigos de diversas realidades. El jazz –como lo define– es un ‘mood’ que ha sabido entender y llevar. Sin duda, es una leyenda viva.

DAVID LÓPEZ B.
Redactor de Portafolio
@lopez03david

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