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El nuevo disco de Mabiland: quebranto, rebeldía y brillo
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El lanzamiento de ‘Niñxs rotxs’, el nuevo álbum de Mabiland, coincidió con el mes del orgullo LGBTI.

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Andrea Moreno. EL TIEMPO

El nuevo disco de Mabiland: quebranto, rebeldía y brillo

El lanzamiento de ‘Niñxs rotxs’, el nuevo álbum de Mabiland, coincidió con el mes del orgullo LGBTI.

Se consagra una de las voces más importantes de la escena del R&B y del pop en Colombia. Entrevista.

Es mujer. Es afrocolombiana. Es gay. Es chocoana. Su nombre real es Mabely Largacha, y acaba de sacar Niñxs rotxs, su segundo larga duración, y el mejor álbum de R&B que se ha hecho en Colombia. Porque es difícil encontrar un álbum de ese estilo en nuestro país, pero a Mabiland le fluye, le viene bien, por quién es y de dónde viene, y todo lo que eso representa.

Esta es la conversación con una de las mujeres más importantes del pop alternativo en Colombia.

¿Cuántos años tiene?

25

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¿De qué habla Niñxs rotxs?

Niñxs rotxs es un álbum que fue muy difícil de construir porque yo tenía que estar de gira hasta comienzos de 2021, y todo se cayó por el covid. Yo me fui cayendo emocionalmente en la medida en que se empezaron a caer las fechas de la gira. No tenía un plan para eso. Nadie tenía un plan. Pausé, no estaba escribiendo al principio. Tenía muchas canciones ya para otro proyecto, que era regresar a mi tierra, metida en mi ciudad con la gente. Postergué ese proyecto, pero dije: ‘ok, no quiero hacer un disco por hacerlo. Quiero hablar de estos sentimientos desde la ruptura y el renacimiento’.

Mabiland, Mabely Largacha, nació en Quibdó en 1995 y es una de las artistas con mayor proyección del país.

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Andrea Moreno / EL TIEMPO

Cómo me rompo cuando veo que todo mi trabajo se cae. Cómo me rompo cuando estoy triste, cuando me deprimo. Cuando me siento un poco ansiosa y no sé qué hacer con las ideas, cuando no duermo, cuando veo todo lo que pasa en un país como este. Y llegó el momento en que dije: ‘parce, esta es una paleta de colores de lo que es este roto y de cómo asumo esa ruptura y esos quebrantos’. Cuando un vaso se rompe y lo reconstruyes, no vuelve a ser el mismo. Siguen siendo pedacitos. Sentí la necesidad de respirar. Y así comienza el disco. Respirando.

Hablemos de la colaboración con Piso 21 y de otras colaboraciones. ¿Cuántas otras veces ha colaborado en lo que va corrido de la pandemia y la cuarentena?

Yo creo que, bajito, he hecho 20 colaboraciones que ya están grabadas y que sé que van a salir. Sin embargo, yo no me meto a un estudio con todo el mundo. Respeto mucho eso de la energía. Con los Piso 21 fue muy loco porque en enero de 2020 estábamos en el Super Bowl y conocí al DIM (David Escobar), a Lorduy y a muchos otros artistas colombianos con los que se empezó a hablar de música.

Mi abuela sí dijo: ‘Ah, muchacha, yo la amo a usted, cada quién verá’. Me pareció impresionante porque es una mujer que ya este año tiene 100 años

DIM es una persona muy respetuosa y me dijo que deberíamos hacer algo y yo dije que sería una grandiosa oportunidad.

Intercambiamos ideas y me dijo que si me quería montar a una canción para el disco que ya tenían casi terminado. Fue un sí porque me gustó el color y siento que ellos están intentando experimentar mucho. Es muy lindo ver que no se están queriendo quedar en la fórmula.


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¿Está contratada? No quiero meterme mucho en ese tema tan serio, pero la siento muy empoderada en el tema del negocio...

Como dicen los dominicanos, a mí me gusta mucho ‘josear’ (viene de hustler, que significa apostar, luchar). Yo empecé muy pequeña en esto; desde los 16 años, y me dio muy duro. Tuve un mánager que solo aparecía para cobrar. Cuando entré a la universidad, me enfoqué en producción. Ahí fue donde aprendí un montón sobre derechos de autor, sobre la ejecución de proyectos; ahí fue donde empecé a trabajar en el primer álbum. Muchos me ofrecían el cielo y pues, mucha gente no lo sabe, pero yo vengo de una familia de clase media de Quibdó y, por supuesto, lo primero en lo que pensamos fue en la plata. Sin embargo, mi familia también tiene mucho que ver con el derecho y empezaron a ver un montón de problemas legales.

Me senté tranquila, sin afán, a leer, y me fui de gira. En ese momento estaba con OneRPM como distribuidor y un tiempo después decidí crear mi propia disquera, aunque ahora todo se firma bajo Mabiland, ADA me hace la distribución digital… En esta industria, a mucha gente se le vende el sueño desde el arte y desde la música, pero no se les vende el asunto de la instrucción: de educarse, leer bien qué se está firmando, conocer los derechos de nosotros… Ese ha sido mi objetivo durante los dos últimos años. Esto es importante porque llega un punto de tu carrera en que se te va a hacer muy difícil llegar más arriba si no tienes una maquinaria o un equipo muy fuerte.

Me decía que aprendió mucha cosa de derecho en la familia. ¿Sus papás son abogados?

Vengo de familias que están muy sumergidas en el conocimiento de los derechos de uno y del otro, y de este juego de política, que en el Chocó lastimosamente no es el mejor. En el colegio tenía intenciones de estudiar derecho y mis dos medios hermanos son abogados. Me gusta mucho hablar de esto porque hay mucha gente joven saliendo del colegio a hacer esto, y hay que empezar a leer sobre el asunto. Conozco muchas carreras que están ‘paradas’ porque no supieron cómo manejar estos asuntos.

¿Dónde estudió audiovisuales?

En la Universidad de Medellín. No he terminado, pero lo haré por mis padres y por lo que le queda a uno en la cabeza.

¿Cree en la universidad como mecanismo educativo?

Creo en la academia. Creo que hay mucho ‘relleno’ que podría enseñarse en semilleros o seminarios; tres años son una cantidad de tiempo prudente para graduarse, desde mi punto de vista, como artista audiovisual. No me voy a meter en carreras como la medicina o las ingenierías, pero en otros casos definitivamente hay que meterles mano a esos procesos educativos. A nadie le sobra conocimiento.

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¿La música se aprende más en la calle o en una academia?

Yo me hice empíricamente. Yo me hice en la calle, y la calle tiene un sazón que la academia no te da. Me quedo con la calle.

Cuando llegó a Medellín, ¿qué recuerda de esa experiencia como artista?

Yo era una muy buena estudiante en el colegio, pero en el primer semestre de audiovisuales iba perdiendo una materia y tenía susto porque mis papás me habían dicho que me devolvían si eso pasaba. Finalmente me conversé al profesor y él me dijo que había un proyecto de la facultad para compositores y cantantes y que pasara una canción a la convocatoria; la canción la escogieron, pero yo la tenía que cantar, y yo con ese problema de pánico escénico… El caso es que yo tenía 17 años y cerraba el evento, que era en el teatro de la Universidad de Medellín, donde había entre 500 y 1.000 personas. Antes de subirme, me tomé un shot de algo y solo me acuerdo de la energía de la gente, las cosquillas en el estómago y la adrenalina. Ahí me di cuenta de que quería hacer esto toda la vida.

A su papá no le gustó cuando decidió abrirse sobre su sexualidad. ¿Cómo lo recibió? ¿Qué dijo?

No, eso fue una locura. Ese man se alocó. Pensé: ‘O me quedo aquí, tratando de explicarle, o bendición y sigo con mi vida’. Yo soy hija única mujer del lado paterno y soy hija única del lado materno. Entonces, obviamente, para los dos fue como... yo creo que mi mamá ya sospechaba, pero venimos todavía de generaciones a las que les cuesta. Mi mamá, al principio, me apoyó mucho, luego tuvo su crisis. Yo le dije: ‘¿Sabe qué, parce? Bendición y hablamos cada que se sienta capaz de hablar de la vuelta’.

Con mi papá siempre ha sido como una relación mucho más distante porque siempre he vivido con mami y con la abuela. Mi abuela sí dijo: ‘Ah, muchacha, yo la amo a usted, cada quién verá’. Me pareció impresionante porque es una mujer que ya este año tiene 100 años. Ese nivel de sabiduría es como ¡guau! Con mamá fue un proceso de más aceptación, de presentarle parejas. Con mi papá siempre ha sido como: ‘Amor, ¿estás bien? Bendición’. Igual no dejo que se metan mucho en mi privacidad ni que se metan a opinar. A mí, en todo caso, eso me dio mucha fuerza. Vamos a ser lo que somos, porque igual es lo único que tenemos, ¿no?

¿Hay alguna figura musical a la que siguiera y que influyó en esa determinación y en esa valentía?

No sé si haya sacado mucha música, pero Grace Jones... en mi casa había un vinilo de ella. Y yo siempre lo miraba y pensaba ‘¿esta vieja qué onda?’. Recuerdo mucho un personaje que nunca supe si era hombre o mujer, era ‘amigue’ de mi papá. Y se vestía como de traje, y no entendía muy bien... no sé si esté por ahí. Pero eran repeticiones de vueltas que yo decía como ‘oh, hay otras formas de...’. También recuerdo mucho una versión que hizo Celia Cruz de I Will Survive de Gloria Gaynor. Yo veía esa canción y veía los festivales de Río, e iba entendiendo un montón de vueltas que no te explican en la casa o en la academia, porque no parecen una opción... y luego pues está todo lo que pasa con el pop.

La bandera es una combinación de luchas de tiempo atrás, de gente que ha dado su vida. La plata va y viene. Pero las luchas son una vuelta de toda la vida

También Missy Elliott y su forma de vestirse, sin sexualizarse, verla como se paraba muy duro, con su rap. Esas referencias, de salirse de estereotipos, de hablar de otras dinámicas. Soy muy fanática de Rihanna, de sus discursos, que he tenido siempre muy presentes. El mismo Frank Ocean. Ahora Lil Nas X. Hay mucha gente parándose duro, diciendo: ‘Yo estoy siendo yo, usted sea usted y no joda’, básicamente.

¿Influye eso en que lanzara el álbum en junio?

Sí. No quería que saliera después del mes del orgullo. Hay un asunto dinámico en ser una mujer y poderles dedicar canciones a mujeres. Durante el mes del orgullo hay que hablar mucho del tema, pero también sentar un precedente y decir: ‘Parce, no haga playlists solo para el mes. Apoye a los artistas de la comunidad por el talento que tienen y por su sexualidad, no solo en el mes del pride’.

¿Cómo siente que va a evolucionar el mes del pride? ¿No le preocupa ese oportunismo de marcas, corporaciones y servicios de streaming frente a una celebración de un mes nada más?

Se ha logrado acordar una bandera de muchas luchas, y las luchas que vienen de pueblos y comunidades se convierte en algo grotesco. Es este asunto de que ‘pongo la bandera, vendo mercancía con la bandera y ya hice mi trabajo’. La pregunta es, entonces: ¿estás contratando hombres gays y mujeres lesbianas, personas trans porque te interesa de verdad? ¿En realidad te interesa tener a alguien diverso en tu empresa o en tu equipo? ¿O solo estás poniendo la bandera porque vende?

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Obviamente, la bandera es espectacular, porque la comunidad LGBTQI+ es espectacular, pero se trata de que respetes a la gente, de que respetes la diversidad. Esa es la discusión que viene. Todavía hay empresas que tienen problemas contratando a una persona queer, o a un gay que no se ajusta a la masculinidad. Y la bandera es una combinación de luchas de tiempo atrás, de gente que ha dado su vida. La plata va y viene. Pero las luchas son una vuelta de toda la vida.

-ALEJANDRO MARÍN*
Para EL TIEMPO
(*): Experto musical, ‘podcaster’ y autor del libro ‘Historia secreta de la música’ (2019).
Escuche el pódcast ​de esta entrevista en la web de La X: www.laxmasmusica.com. Y vea el programa de televisión de Alejandro Marín, ‘#ElPodcast’, todos los lunes, a las 10 de la noche, por el Canal Trece.

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