Edward Rutherfurd, el escritor que quería salvar el mundo

Edward Rutherfurd, el escritor que quería salvar el mundo

El británico, autor de una serie de novelas sobre países y ciudades, estará en la Feria del Libro.

Edward Ruthrfurd

El escritor lanzará este año ‘China’, su primera novela sobre un país asiático

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Olga Watkin

Por: Yhonatan Loaiza Grisales
26 de abril 2019 , 10:34 p.m.

Aunque los protagonistas de sus relatos son imaginarios, el escritor británico Edward Rutherfurd busca encontrar sus ecos en las piedras de los lugares que describe. El autor acostumbra a dar paseos por las calles de las ciudades, imaginando qué tipos de edificaciones estaban en ciertos lugares en determinados momentos de la historia. Pero, más allá de esos recorridos, prefiere alejarse de los lugares mientras está escribiendo, pues, si viviera allí todo el tiempo, empezaría a tomar “las cosas por sentado”.

Es algo que el poeta William Wordsworth calificó como “Emoción recolectada en tranquilidad”. “Uno no describe el lugar mientras lo mira, sino que evoca el lugar que se ha creado en la imaginación, que en realidad es más vívido”, le respondió Rutherfurd a EL TIEMPO en un cuestionario.

Los lugares se van convirtiendo en los protagonistas de las novelas del escritor, que por lo general bordean las 1.000 páginas y mezclan elementos de ficción con una detallada descripción histórica. Así han nacido 'Sarum', sobre la historia de Inglaterra; 'Russka', sobre Rusia, y 'Nueva York', 'Londres' y 'París'.

Rutherfurd, nacido en la ciudad de Salisbury –cuya catedral resguarda una copia de la Carta Magna–, es uno de los invitados a la Feria del Libro de Bogotá y habló con EL TIEMPO sobre su proceso de creación.

¿Por qué quiso que los personajes principales de sus novelas fueran ciudades o países?
Fui demasiado afortunado de nacer y pasar mis primeros años en una ciudad medieval. Vivíamos junto a una catedral; a unas cien yardas de nuestra pequeña casa había hermosos edificios viejos que pertenecían a diferentes siglos, desde el XII hasta el XX. ¡Incluso el edificio de mi guardería tenía cerca de 800 años! El fuerte de la colina celta junto a la ciudad tenía más de 2.000 años, y viajando unas millas estaba Stonehenge, de 5.000 años.

Simplemente estaba acostumbrado a vivir en medio de la historia. Las primeras caminatas que tomé a los dos años fueron en la catedral y en su claustro, y con todas las historias que me contaban acerca de La canción de Roland, Robin Hood, El Cid y otros héroes de la Edad Media, las efigies en las tumbas medievales, que podía tocar mientras pasaba, me parecían tan reales como mis propios abuelos.

Pero también hay una respuesta técnica: cuando tenía diez años, estaba empezando a pensar que podría escribir, y un día mi padre, que estaba leyendo la novela The Source de James Michener, ubicada en un sitio arqueológico en la Tierra Santa, se volvió hacia mí y me dijo: ‘Tal vez puedas escribir algo así algún día’. Y un par de décadas después tomé su consejo, lo que muestra que los hijos escuchan eventualmente a sus padres.

¿Cómo selecciona cada ciudad sobre la que va a escribir?
Las razones varían; Sarum fue sobre el lugar de mi nacimiento y de mi infancia formativa. Nueva York era un tema sobre el que mi editor americano me venía pidiendo que trabajara durante años. Yo no quería porque hay tanta diversidad ahí que no creía que pudiera construir el libro, pero al final me rendí, y para cuando terminé estaba muy contento con lo que tenía.

Russka llegó porque yo había estado fascinado con Rusia desde que era un niño; mi abuelo inglés había vivido allí durante tres años en la época zarista. Por la misma razón aprendí algo del idioma ruso en la escuela. Creo que en mi adolescencia tuve la idea de que tal vez sería un diplomático y ayudaría a salvar el mundo. No era lo suficientemente inteligente para ser un diplomático, y nunca salvé el mundo, pero saqué un libro de eso.

Creo que en mi adolescencia tuve la idea de que tal vez sería un diplomático y ayudaría a salvar el mundo

Usted escribió que las novelas históricas pueden ser peligrosas, por el reto de mezclar ficción y realidad, ¿cómo encuentra el balance en esa mezcla?
La dificultad es técnica. Yo trato de dar una explicación justa de los antecedentes históricos de mis novelas, eso hace parte de la ética de lo que hago. Pero la historia es muy desordenada, y construir una narrativa que funcione dramáticamente puede ser muy difícil.

A veces hay un problema personal también: cuando uno está escribiendo, está viviendo en las vidas emocionales de los personajes. Por ejemplo, gran parte de la historia y de la vida cotidiana histórica de Rusia es mórbida. Encuentro muy difícil no sentirme abrumado por eso en ocasiones.

¿Por qué escogió contar la historia de las ciudades a través de generaciones de familias?
En muchos lugares, las ciudades y los campos locales han cambiado poco durante los siglos. Donde me criaron hay registros claros, incluidos registros judiciales de delitos de caza furtiva, de ocupación familiar continua durante ochocientos años. Una casa antigua en el área ha estado en la misma familia durante 25 generaciones. También descubrimos, a través del análisis de ADN, que las familias han vivido a menudo en el mismo lugar durante miles de años. Todo el paisaje que vemos hoy es en realidad una creación orgánica, ancestral. Me encanta eso.

También puede ser que mi propia familia me ha atraído a esas largas sagas familiares. Mi padre se casó un poco tarde debido a la Segunda Guerra Mundial; era casi el más joven de una gran familia, y también lo era su padre. Mi tía más vieja, a quien conocí muy bien cuando chico, tendría 132 años si estuviera viva. Ella recordaba a su abuelo, que hoy tendría más de 200 años. Por eso, todo mi sentido de familia como una memoria viva se remonta cómodamente hasta finales del siglo XVIII.
Incluso ahora, cuando las familias son normalmente más pequeñas, he descubierto que para el momento en que tenga mi edad, mi propio hijo probablemente habrá conocido ocho generaciones entre mi familia y la de su madre.

En ‘Nueva York’, uno de los temas más impactantes y dolorosos son las historias sobre la esclavitud. ¿Cómo fue para usted escribir sobre eso?
Fue tan interesante como triste. Descubrí que al principio, muchos de los colonos eran realmente sirvientes contratados, lo que en la práctica no era muy lejano a un estado de esclavitud. Algunos de los peregrinos que viajaron en el Mayflower, en realidad, eran sirvientes contratados. Luego llegaron los esclavos negros desde África y, de manera gradual, especialmente en las plantaciones en los estados sureños, la idea de esclavo llegó a significar persona negra. A medida que pasó el tiempo, para explicar por qué este grupo de personas sin libertad eran todas negras, la gente empezó a decir que era natural porque eran una raza menor.

Traté de dejar que las historias en el libro siguieran estos contornos. En un punto de inflexión, un esclavo que cree ser parte de la familia es azotado de forma humillante. Esa fue una historia particularmente conmovedora para mí. Pero la clave es que la naturaleza humana no cambia mucho; mira lo que les pasó a los antiguos esclavos después de que los liberaron, todo eso también está en el libro.

Muchos de los colonos eran realmente sirvientes contratados, lo que en la práctica no era muy lejano a un estado de esclavitud

De alguna manera, sus libros se convierten en un espejo que refleja los horrores de nuestro pasado...
Nunca busco el horror, pero sí investigo y trato de dar un recuento tan balanceado como pueda. Realmente no hablo sobre buenos y malos; casi nunca tengo un personaje que sea totalmente bueno o malo porque nunca he conocido a alguien así en la vida real. Y si uno explica una persona mala simplemente diciendo que era mala, que era un monstruo no humano, entonces estás haciendo algo muy peligroso porque asumes que un ser humano ordinario no puede convertirse en un monstruo malvado, y desafortunadamente no creo que eso sea cierto. El corazón humano contiene mucha oscuridad.

Este año se publicará ‘China’, su primer libro sobre un país asiático. ¿Qué significó ese viaje a esa cultura?
Tal como el proyecto de Rusia, esto se remonta a mi adolescencia cuando creí que aprendería sobre las dos culturas y luego salvaría el mundo. De hecho, tomé algunas clases de chino durante la universidad, y estudié arte chino. Y, aunque por supuesto era muy infantil en esa edad, admito que esperaba, en mi modesto rol como artista, que podría tener una pequeña contribución a la comprensión general de por qué China es hoy como es.

¿Ha pensado en hacer un libro sobre una ciudad o un país latinoamericanos?
Sí, el primer libro que traté de escribir, cuando todavía estaba en mis veinte años, estaba ubicado en el periodo clásico de la civilización maya. Realmente no supe cómo armar la novela y me rendí en ese momento. Pero terminó siendo bueno, porque los historiadores han reevaluado completamente a los mayas desde entonces, y mucha de la investigación que había hecho resultó ser totalmente equivocada. Pero Latinoamérica me fascina y podría intentar una novela latinoamericana algún día.

Uno de los aspectos más importantes de sus novelas es la riqueza de detalles con los que describe los espacios en diferentes épocas. ¿Cómo es el proceso de investigación para lograr eso?
Leo para tener una idea general, luego consulto con historiadores y, siguiendo sus direcciones, leo mucho más. Camino por el lugar, trato de educar mi imaginación, y entonces hago una gran sinopsis. Pero no lleno todos los detalles, es mejor dejar que la historia tome sus propias direcciones algunas veces. Entonces empiezo a redactar en orden cronológico, y cuando llego a un nuevo periodo de tiempo, vuelvo a investigar en mayor detalle. Algunos de los días más difíciles son cuando uno está tratando de lograr que los hechos históricos y la historia dramática marchen juntos en el orden correcto. Ese tipo de microgestión requiere un trabajo infinito.

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YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
En Twitter: @YhoLoaiza

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